Francia

El debate estratégico sobre los contornos de la izquierda revolucionaria

En las últimas elecciones municipales, el Ministerio del Interior estableció la clasificación de La Francia Insumisa (partido de izquierda reformista) como una organización de extrema izquierda (término con que en Francia se designa a la izquierda independiente y revolucionaria). Desde ese momento, se abrió un debate estratégico sobre los contornos de la izquierda revolucionaria, entre «extrema izquierda» y «izquierda de ruptura». Una vez finalizada la secuencia electoral de las elecciones municipales, aportamos reflexiones sobre el estado de la izquierda revolucionaria en Francia.

Traducción del francés al español realizada por Víctor Artavia

La Francia Insumisa: «¿Extrema izquierda»? «¿Izquierda de ruptura»?

En el marco de las últimas elecciones municipales, el Ministerio del Interior propuso una clasificación de las listas para orientar a los electores y electoras. La atribución de los «matices de listas» clasificó las candidaturas entre extrema derecha, derecha, centro, izquierda o extrema izquierda. En una situación política que ya hemos calificado de reaccionaria, donde los discursos de extrema derecha se propagan, especialmente tras la muerte de un militante neonazi en Lyon que los medios presentan como un mártir de la violencia de la extrema izquierda y del antifascismo, la clasificación de 2026 dio de que hablar. Es en este contexto que el Ministerio del Interior situó a La Francia Insumisa (LFI) en la extrema izquierda.

LFI impugnó por sí misma esta clasificación presentando recursos ante el Consejo de Estado. Según el interlocutor, los insumisos e insumisas desean o no ser encuadrados como un partido de extrema izquierda. Según la situación, apelan a la noción de anticapitalismo y a veces no. Durante las elecciones, no quisieron ser clasificados como parte de los «extremos». La respuesta del Consejo de Estado fue el rechazo del recurso. De esta manera, la clasificación de LFI como extrema izquierda para las elecciones de 2026 quedó confirmada.

Una primera pregunta se impone desde un punto de vista revolucionario: ¿cómo se define lo que es la extrema izquierda? Y en segundo lugar: ¿es el Ministerio del Interior o el Consejo de Estado quien define lo que es la extrema izquierda?

El criterio indispensable para el análisis de lo que constituye una organización de extrema izquierda es el de la independencia de clase. Para considerar si una organización es de extrema izquierda, debe afirmar su independencia de clase y hacerlo mediante el rechazo de toda alianza con la clase dominante, sus organizaciones y sus representantes. Esto es válido cuando se considera, de forma marxista, que hay dos clases en lucha: la burguesía y el proletariado.

Constatamos que el debate político y mediático está actualmente demasiado orientado hacia la derecha. El giro a la derecha legitima no solo la existencia de la extrema derecha, sino que también fuerza ciertas conclusiones, como considerar simples posiciones de izquierda como planteamientos extremos. Esto no significa que un programa reformista se vuelva mecánicamente revolucionario. El miedo a la extrema derecha no puede ser la única brújula de la orientación política en el período.

Tal perspectiva es susceptible de hacernos caer en la trampa del posibilismo. A medida que no vemos concretarse victorias y constatamos retrocesos en nuestras condiciones de vida como miembros de la clase oprimida, empezamos a pensar que no es posible pasar a la ofensiva y que solo podemos contentarnos con la lógica del mal menor. Esta perspectiva pierde de vista el reverso de la medalla de los ataques reaccionarios del período, que constituyen las enormes resistencias en la lucha de clases a nivel internacional.

No somos sectarios: comprendemos las condiciones y las experiencias concretas que llevan a las personas a este tipo de conclusiones. También, discutimos cotidianamente con personas de base que miran con simpatía o militan puntualmente en campañas electorales de LFI, e incluso que votan o han votado por ellas en las municipales. Pero insistimos en algo diferente: el posibilismo y la lógica del mal menor no pueden demostrar que los reformistas logren destruir el capitalismo o hacer retroceder a la extrema derecha de forma duradera.

La definición propuesta por La Francia Insumisa para sí misma es concebirse como una izquierda de ruptura. ¿De qué ruptura hablan? Su proyecto de Sexta República no propone en ningún momento una ruptura con el capitalismo ni con el imperialismo francés. La reflexión sobre la falta de ruptura también es constatada por otros analistas. Frustration Mag publicó esta semana un artículo sobre el tema. El artículo de Rob Grams plantea cuestiones interesantes sobre ciertos aspectos de la reflexión. Estamos de acuerdo con un elemento afirmado por el autor: hay un abandono de la noción de clase en el sujeto que impulsa el desarrollo de la Historia en la concepción actual de La Francia Insumisa. Su concepción del «pueblo» responde principalmente a una lógica electoral, en la cual las fronteras de clase se desdibujan.

Otro elemento que plantea interrogantes y que evidencia el límite del carácter potencialmente revolucionario de LFI es el siguiente: su nacionalismo. En el contexto actual de marcha hacia la guerra, las posiciones nacionalistas allanan el camino para el apoyo a la carnicería de la guerra entre potencias imperialistas bajo el pretexto de la defensa nacional. Francia no es una nación oprimida. Su rearme, ya sea demográfico, como sugirió el comentario machista de Macron, o material, solo anuncia posibilidades destructivas para la población francesa y para el conjunto del planeta. Esta marcha hacia la guerra francesa es peligrosa para las naciones oprimidas que corren el riesgo de sufrir, en el siglo XXI, las pretensiones imperialistas de Francia.

Lecciones históricas sobre el reformismo

El debate sobre el reformismo en Europa no es nuevo. Rosa Luxemburgo ya combatió las orientaciones reformistas de su partido, el Partido Socialista Alemán, a comienzos del siglo XX. Los diversos partidos socialistas europeos actuales han adoptado las concepciones de Kautsky sobre la posibilidad de desmantelar el capitalismo mediante reformas. Desde hace más de 100 años demuestran que su reformismo se contenta cada vez menos con reformas y que constituyen un freno a la revolución y a la posibilidad de una sociedad libre de opresiones.

La Francia Insumisa intenta decir que solo el «malvado PS» es el partido que traiciona, que está adaptado a las instituciones y que renuncia al proyecto revolucionario y al derrocamiento del sistema. Sin embargo, LFI es la primera en acudir en auxilio del PS y en proponer la reanimación de su cadáver. La Francia Insumisa propuso la creación de la NUPES, luego del Nuevo Frente Popular, para permitir a los socialistas reconstruir una reputación ya perdida, evidenciada por su 1% en las elecciones presidenciales de 2022. No es cierto que exista solo el «malvado PS» y que LFI represente la única forma de vencer a la extrema derecha. El proyecto de La Francia Insumisa, pese a la confianza de muchas personas con esperanzas honestas, es la construcción de la Sexta República y el refuerzo de Francia como potencia imperialista.

No existen experiencias históricas que puedan demostrar que la vía reformista nos lleve a vivir mejor o incluso a lograr la derrota real de la extrema derecha. Para ello, no necesitamos buscar ejemplos del siglo pasado. Incluso en el período reciente, otras experiencias en Europa nos han mostrado la imposibilidad de esta estrategia. La experiencia de la traición de Syriza en Grecia y del fracaso de Podemos en España, nos demuestran el enorme riesgo que entraña confiar en las vías parlamentarias e institucionales.

La tarea del período: afirmar y construir una verdadera extrema izquierda revolucionaria

A escala regional, los camaradas del NPA-Anticapitalista ya han tenido la experiencia de apoyar tanto el reformismo en Grecia como el reformismo en España a través de sus secciones internacionales. El balance en Grecia es catastrófico en términos de retroceso de las condiciones de vida. En España, la táctica de diluirse dentro de Podemos no implicó la construcción de perspectivas revolucionarias para la clase obrera española. Por el contrario, muchas personas que se movilizaron en las manifestaciones masivas en la Puerta del Sol y en la plaza Sýntagma pueden dar testimonio de su desmoralización actual.

Desde hace años en Francia, los camaradas del NPA-Anticapitalista han intentado imponer dentro de su partido este tipo de orientación. Su obstinación por una estrategia que ya se ha traducido en fracaso en países vecinos, los llevó a la liquidación de su partido. El NPA se fragmentó, posteriormente, en varias partes y contribuye actualmente a la fragmentación de nuestro “campo social”, haciendo más difícil la respuesta que podemos y debemos proponer. Actualmente, el papel de seguidismo del NPA-A respecto a LFI lo sitúa en una posición de desaparición del panorama político.

En la extrema izquierda francesa también existe Lutte Ouvrière (LO). Consideramos que los votos por esta organización reflejan la voluntad de un sector de la población de apoyar listas de independencia de clase (así como los votos por listas de independencia de clase, como RP, PT, NPA-R).. A nuestro juicio, LO presenta límites a la hora de dirigirse a las fuerzas dinámicas de la clase obrera. Estas limitaciones se corresponden con las concepciones que tienen sobre el desarrollo de las luchas, basadas en ideas que a menudo se denominan «class first». Esta concepción impide considerar que existan otras luchas, aparte de la que ellos imaginan como «obreras», que sean necesarias en este periodo o incluso para la organización de la clase obrera.

Existe un espacio para construir una verdadera alternativa de extrema izquierda. Se trata de un espacio que fue ocupado por el NPA anteriormente, pero que actualmente está vacío. Tenemos la oportunidad de dirigirnos a las personas que quieren luchar por el fin del capitalismo y por una perspectiva revolucionaria. Tenemos la responsabilidad de no abandonar a nuestra clase en las trampas del reformismo y del posibilismo. No solo porque la experiencia histórica del reformismo ya ha tenido lugar, sino porque las condiciones de vida se deterioran y la crisis del capitalismo ofrece cada vez menos otra perspectiva que la guerra. Con una perspectiva de independencia de clase y un internacionalismo vivo, militamos para estar a la altura de los desafíos del período y poder, en una era de crisis y guerras, construir la revolución en el siglo XXI, afirmando y construyendo una izquierda revolucionaria.

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