La Oposición de Izquierda no podía sobrevivir físicamente a la derrota de la clase obrera mundial frente a la contrarrevolución en Europa, fenómeno efímero es cierto, pero de una duración considerable a escala de la vida humana,.

En un primer momento, fue el rigor del régimen de detención infligido por la GPU a los hombres y a las mujeres de las organizaciones debilitadas lo que golpeó más duramente las filas de la Oposición: fueron condiciones materiales realmente horrorosas y un aislamiento cada vez más férreo.

La lista de muertos no hizo sino aumentar . El primero fue Koté Tsintsadzé. Inmediatamente después le llegó el turno a otra vieja militante bolchevique georgiana, Elena Tsulukidzé. Luego el de dos héroes de la guerra civil: Aleksandr Rosanov y Boris Zelnitchenko. Las informaciones que se filtraban no eran a menudo más que alarmantes informes de salud. Boris M. Eltsin apenas sobrevivía, Lado Dumbadzé tenía los dos brazos definitivamente parali­zados, Iossif Eltsin se moría de tuberculosis, al igual que Filip Schwalbe que escupía sangre de los pulmones, y la compañera de Pevzner a la que su tío hizo – demasiado tarde – que la trasladaran a Crimea. Incluso los jóvenes fueron alcanzados por esta situación: EB Solntsev, tras los años de aislamiento y de muchas huelgas de hambre, sufría de escorbuto Mussia Magid estaba obligada a guardar cama de forma permanente, tuberculosa desde Verkhne­uralsk, como Vassu Donadze y NI Mekler.

En esta acción de aniquilación tan sistemática como hipócrita, dos hombres fueron particular­mente golpeados, Sosnovsky y Rakovsky. El primero, tras la ejecución de sus camaradas de la GPU que lo habían apoyado por un momento en su combate, fue literalmente enterrado vivo. Ese gran enfermo – diabético – se vió impedido a seguir el régimen alimentario que hubiera podido salvarlo temporalmente. Stalin, que temía su acerada pluma y su lenguaje popular, no tuvo ningún remordimiento por los métodos: todo lo que se sabia de Sosnovsky después de 1930 era que ese notorio enfermo iba a morir.

Rakovsky, después de Astrakán y Saratov, estuvo en Barnaul bajo unas condiciones materialmente abominables para su enfermedad cardíaca, donde el rigor del invierno llegaba a alcanzar durante semanas enteras los 50 grados bajo cero. No obstante, logró trabajar allí, haciendo llegar a Trotsky y a Sedov cartas llenas de ardor, combatividad y sabiduría, y logrando hacer llegar al extranjero un voluminoso trabajo sobre ”Los problemas económicos de la URSS” , centrado en el fracaso del Plan quinquenal y en la necesidad de una ”retirada económica”. Sin embargo el silencio rápidamente también rodeó a su figura, sólo interrumpido por los rumores periódicos que anunciaban, como para Sosnovsky, su muerte en el exilio, lo que algunos esperaban pero que muchos temían, incluso en los círculos del poder. Se cree saber, por los lazos que Trotsky mantenía en Prinkipo con el nieto de Rakovsky, médico de París, que el viejo luchador, convencido de que no podría resistir indefinidamente a la máquina de reventar a los hombres más indestructibles, decidió finalmente jugarse el todo por el todo en una tentativa de evasión que lo conduciría hasta Mongolia exterior, Preso nuevamente, gravemente herido, habría sido trasladado a Moscú y curado, sometido al mismo tiempo a insoportables presiones, a las cuales habría resistido, condenado nuevamente al exilio, esta vez a Yakutsk, en la región de la noche polar.

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Fue finalmente en 1934 cuando los dos hombres, tan salvajemente perseguidos durante años, se hundieron definitivamente.[117] Capitularon con algunos días de intervalo y fueron llevados nuevamente a Moscú.

Con esta capitulación – una muerte política que no era en realidad más que una etapa en medio del calvario- aceptaban de allí en adelante renegar de lo que había sido toda su vida. ¿Se explica solamente por la atroz persecución a la que habían sido sometidos estos dos hombres ya viejos, por el agotamiento moral y psíquico de personas enfermas a las que la vida no les dio descanso? El debate está abierto. Pero, irrefutablemente, el tono y los acentos de la primera declaración de Rakovsky lo sugieren, un factor importante de su decisión fue su apreciación – sobre la base de las informaciones recibidas – de la situación internacional: los dos hombres tenían conciencia, en efecto, desde hacía años, del peligro mortal que significaría para la Unión Soviética una victoria de Hitler en Alemania y de sus inevitables consecuencias mundiales.[118]

El obrero oposicionista armenio Arven A. Davtian, antiguo oficial del Ejército Rojo, contaría un poco más tarde que, en la misma época, él solicitaba su reingreso en el partido, comprome­tiéndose a silenciar definitivamente sus ideas, y que adoptaba este gesto en nombre de la necesidad de la unión sagrada contra los fascistas.[119] Víctor Serge, por su parte, contó como el obrero ucraniano Iakov Byk, uno de los antiguos miembros del comité de huelga de Verkhneurulsk, recibiendo la declaración de Rakovsky y considerándola digna, creyó en la posibilidad de un compromiso, el reconocido derecho de la Oposición de servir sin renegar de su pasado. Así lo transmitió a las autoridades locales que lo mandaron en avión a Moscú. Allí, cuando comprendió lo que se le proponía, solicitó simplemente volver al lugar de donde había venido.[120]

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La reacción que suscitó la capitulación de los dos veteranos sólo afectó al parecer a Byk, y un error de apreciación idéntico, rápidamente corregido, fue el que cometieron, según Víctor Serge, al mismo tiempo los dos Eltsin, padre e hijo.[121] Las tres primeras olas de capitulaciones, en 1928-1929, habían templado definitivamente a los hombres de la segunda generación bolchevique-leninista, que con razón conocían bien la fuerza del mecanismo que había quebrado a sus antecesores. Por lo demás, como señaló Ciliga en Verkhneuralsk, ”Rakovsky no jugaba ningún rol autónomo en la Oposición, pues ésta reconocía como jefe sólo a Trotsky. Rakovsky era escuchado sólo como representante de Trotsky”[122]. En resumen, Rakovsky y Sosnovsky no sellaron más que su suerte personal.

 

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[117] La declaración de Rakovsky fue publicada en las Izvestia del 20 de febrero de 1984, la de Sosnovsky el 27 de febrero.

[118] La frase clave del telegrama de Rakovsky era: ”Ante el ascenso de la reacción internacional, dirigida en último análisis contra la revolución de octubre, mis antiguos desacuerdos con el partido han perdido su sentido”.

[119] Declaración de Tarov ante la subcomisión de París, La Commune, 27 de agosto de 1937.

[120] Serge, Memorias…, p. 336.

[121] Carta de Serge a Trotsky, 27 de mayo de 1936, Biblioteca del Colegio de Harvard, 5013.

[122] A. Ciliga, op. cit., p. 103.

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