En busca de financiamiento

El BCRA aumenta la emisión para cubrir el déficit fiscal

El pasado martes 6 de julio, el Banco Central emitió 80.000 millones de pesos que giró al tesoro. Fue la segunda emisión de semejante magnitud en pocos días, luego de los 90.000 millones de la semana anterior. 

Redaccion
Redacción de IzquierdaWeb.


El pasado martes 6 de julio, el Banco Central emitió 80.000 millones de pesos que giró al tesoro. Fue la segunda emisión de semejante magnitud en pocos días, luego de los 90.000 millones de la semana anterior.

En el primer semestre del año, el gobierno logró mantener la emisión monetaria en niveles relativamente bajos. Durante el 2020, la emisión había escalado al 7,4% del PBI. En los primeros meses del 2021 (anualizados) la emisión fue de tan sólo el 1,2%. Es que, con el aumento de la recaudación impositiva, los gastos fiscales habían podido cubrirse sin echar mano de la emisión de moneda. Esto se debió en primer lugar al aumento de la cotización de la soja, que generó un superávit comercial de 6.500 millones de dólares. Por otro lado, y en menor medida, las recaudaciones aumentaron también a partir del tributo extraordinario a las grandes fortunas. En este escenario, la gestión económica de Martín Guzmán logró agregar 3.000 millones de dólares a las reservas.

En la primera mitad del año la emisión de moneda llegó a 410.000 millones de pesos y significó el 51% del financiamiento del gasto público. El restante 49% (es decir, $394.000 millones) provino del endeudamiento en el mercado. Pero ya ha terminado la recaudación proveniente del tributo a los capitalistas y el precio de la soja comienza a bajar ante el aumento de las expectativas del stock de granos soja en la cosecha estadounidense. Así las cosas, el gobierno debe buscar nuevas formas de afrontar los gastos del Estado, y pareciera estar encarando el problema a través de la emisión monetaria.

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Rápidamente, los analistas económicos de la derecha salieron a anunciar que la emisión derivará inevitablemente en una disparada de la inflación. Sin embargo, no es necesariamente así. Esto depende del desarrollo de la actividad productiva durante los próximos meses y de la cotización del dólar. La economía argentina está pasando por un período de relativa re – activación posterior a la caída estrepitosa que significó el cierre con razón de la pandemia.

Esto está muy lejos de significar que la emisión no tenga impacto en la inflación. Las sostenidas subas de los precios son uno de los más problemáticos frentes de crisis del gobierno y la recuperación respecto al año pasado no implica que estemos frente a una economía pujante.

Menos claras están las cosas respecto al dólar. Durante el último semestre el fernandismo logró estabilizar su cotización (que se mantiene alrededor de los $100, más allá de fluctuaciones menores), hecho casi inédito tras el largo historial de devaluaciones de los últimos años. En esto el gobierno contó con la ayuda de esos 3.000 millones de dólares que ingresaron a las reservas por el alza en la cotización de la soja. También ayudó el haber estirado los plazos de pago con el FMI, quitándole presiones al dólar.

Sin embargo, la caída del precio de la soja para el segundo semestre podría hacer menguar el ingreso de divisas y generar una presión devaluatoria sobre el peso. Si esto ocurriera sí podríamos hablar de ir hacia un escenario de alza inflacionario, en la medida que la subida del dólar termina siempre trasladándose a los precios del mercado interno.

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En todo caso, hay dos cosas seguras. En primer lugar, que el gobierno tendrá, fruto de la menor entrada de divisas, un menor margen económico para controlar el déficit fiscal tal como lo requiere el FMI. El país no marcha necesariamente hacia una disparada inflacionaria, pero es probable que sí a uno de mayor incertidumbre económica sobre la base de que la inflación se encuentra en un piso ya bastante alto (rondando el 50% anual durante varios años consecutivos). Esto resulta especialmente significativo en el contexto de una economía ya golpeada como la argentina y de un año electoral, cuando los «ajustes fiscales» a las condiciones de vida de la población trabajadora son un tema especialmente sensible para cualquier gobierno.

En segundo lugar, es claro que el problema de las divisas y del déficit fiscal radica sobre la decisión del fernandismo de pagar en tiempo y forma la deuda con el FMI, así como sobre su negativa a financiar los gastos de la crisis económica con medidas de recaudación impositiva reales sobre las ganancias capitalistas. El tributo a las grandes fortunas, que el gobierno anunció con bombos y platillos como una medida progresista y democrática, en los hechos prácticamente no existió. Para reactivar realmente la economía argentina y salir de la crisis en la que el país está inmerso hace es necesario golpear las ganancias de la clase capitalista.

 

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