Argentina, Estados Unidos y la coyuntura

Se abre un interregno

“(…) el verdadero problema de Milei será la probable derrota de Trump en las elecciones legislativas de mitad de mandato que se realizarán en noviembre. Hoy por hoy, todas las encuestas y los analistas coinciden en que Trump será derrotado antes de fin de año. El presidente norteamericano está siendo analizado (…) por algunos políticos, incluidos algunos que fueron cercanos a él, y por los medios periodísticos para establecer si su salud mental lo pone en condiciones de seguir gobernando. Varios se han referido, incluso, a la enmienda 25 de la Constitución de los Estados Unidos, que prevé la destitución del presidente en caso de incapacidad para ejercer el cargo” (J.M. Solá, La Nación, 15/04/26)

Informe al reciente Comité Central del Nuevo MAS del autor de esta nota.

El sistema-mundo capitalista del siglo XXI es un caleidoscopio de tendencias progresivas y regresivas que cada vez adquiere más complejidad.[1] A diario se puede apreciar que hay una creciente complejidad, porque, para lo bueno y para lo malo, se están superando ciertos umbrales de la experiencia humana.

1- Guerras, tecnología y sociedad

Umbrales regresivos, en el sentido del desafío que plantea cotidianamente el capitalismo para los explotados y oprimidos (la extrema precarización laboral, entre otras regresiones, en los primeros puestos), y también tendencias progresivas que al pasar ciertos umbrales pueden salirse del control humano (reversibilidades en uno y otro sentido). Por ejemplo, la inteligencia artificial es una fuerza productiva que puede revertir fácilmente en fuerza destructiva (EEUU utilizó por primera vez IA en los bombardeos a Irán) y que ha abierto todo un debate de en qué medida podría salirse del control humano, de ciertos “umbrales éticos” (la administracion Trump quisiera liberar a la IA de todo control, pero existen empresas que se niegan a ello).

En el terreno de la guerra hay un conjunto de datos nuevos, como los drones, el uso de IA, los sistemas de rastreo de adversarios, el terrorismo de Estado. La guerra, como expresión de las relaciones sociales, como anticipo, incluso, de ellas –como definía Marx y también Naville–, adquiere rasgos nuevos. Al mismo tiempo, la guerra sigue siendo una expresión de relaciones sociales que están detrás de ella: “La guerra se ha desarrollado antes que la paz: [hay que] mostrar la manera en que ciertas relaciones económicas tales como el trabajo asalariado, el maquinismo, etc., han sido desarrolladas por la guerra y en los ejércitos antes que en el interior de la sociedad burguesa. Del mismo modo, la relación entre las fuerzas productivas y relaciones de tráfico [es decir, relaciones de circulación y vínculos humanos en general] se presenta particularmente visible en el ejército” (Marx, “Introducción general a la Crítica de la economía política, 1857”, Cuadernos de Pasado y Presente, 1: 1984: 59).

Y agrega Marx en una carta a Engels de la misma epoca: “La historia del ejército pone de manifiesto, más claramente que cualquier otra cosa, la justeza de nuestra concepción del vínculo entre fuerzas productivas y las relaciones sociales (…) Por ejemplo, fue en el ejército que los antiguos desarrollaron por primera vez un sistema completo de salarios (…) La división del trabajo dentro de una rama se llevó a cabo también en los ejércitos. Toda la historia de las formas de la sociedad burguesa se resume notablemente en la militar” (carta del 25/09/57, ídem: 114).

La primera guerra industrializada fue la Primera Guerra Mundial (Traverso), con la guerra de Crimea como antecedente (1856). Las del siglo XXI son las primeras guerras donde tienen un peso descomunal los elementos cibernéticos que nombramos antes (es común que la tecnología militar luego se traslade a la civil, así ocurrió en la Segunda Guerra Mundial). Al mismo tiempo, el capitalismo no encuentra un punto de equilibrio claro. Hacia las masas es puro ataque, y la gestión caótica estilo Mad Man de Trump alimenta todavía más el desorden.

Estuvo la crisis de 2008; pero sobre todo definimos que fue la pandemia la que nos metió de lleno en un “nuevo mundo”. Ahora estamos en pleno siglo XXI, caracterizado por un conjunto de problemáticas propias de este nuevo siglo: desastres ecológicos, peligros pandémicos, competencia geopolítica renovada que acerca el umbral de una tercera guerra mundial como hace décadas no ocurría, explosión de la IA, etc.

Es en este marco que podemos colocar la reciente misión Artemis II, que hace palpable una cosa impresionante, que igualmente tiene dos lados. Por un lado, una humanidad que puede alcanzar una radicación extraterrestre. Antes creíamos que los extraterrestres eran los “marcianos” que venían acá, pero resultó que los extraterrestres somos nosotros

Lo profundo es eso que distingue a la humanidad: su capacidad de reactuación consciente sobre la naturaleza para transformarla. Trotsky decía, en plena medianoche del siglo pasado, que no hay lugar para el escepticismo: “si la humanidad se elevó desde el mono a la Komintern, puede elevarse desde la Komintern al socialismo genuino, auténtico”. Bueno, la humanidad se elevó desde el mono hasta la posibilidad de establecer una base permanente en la Luna, aunque sepamos que va a llevar años. Eso es pasar un umbral muy grande en la acción consciente sobre la naturaleza, que es lo que caracteriza a la humanidad. Y aparece como un mensaje de esperanza en medio de la situación que se está viviendo.

Además, el proyecto es de la NASA, una entidad estatal, no de Elon Musk; los capitales privados tienen una participación minoritaria, son contratistas, etc. Esto le da un carácter distorsionadamente colectivo al proyecto. Y los astronautas son woke, no son MAGA: un blanco, un negro, un canadiense y una mujer; falta una astronauta trans y cartón lleno. Y ellos se pusieron en ese rol: cuando les habló Trump no le dieron ni pelota.

El “lado B” es que todo esto ocurre en un contexto, que es una sociedad dividida en clases, con una crisis internacional aguda, en una carrera geopolítica entre China y EEUU a ver quién llega primero. Y dicen que la participación privada va a aumentar, lo cual es de esperarse: las fuerzas productivas están cruzadas por las relaciones de producción explotadoras y expoliadoras del capitalismo voraz que estamos viviendo.

Lo cierto es que se está viviendo una auténtica revolución científico-tecnológica que es propia del capitalismo (ya señalaba Marx en el Manifiesto comunista que el capitalismo se caracteriza por revolucionar constantemente su modo de producción), en una época en la que hay una dialéctica muy íntima entre fuerzas productivas y destructivas a un nivel superior; hay una dialéctica entre progreso y regresión. Convivimos con un desarrollo de fuerzas productivas desigual pero descomunal, y al mismo tiempo suceden bajo las relaciones de producción capitalistas. Entonces tenemos un algoritmo utilizado para la superexplotación, para extraer plusvalor absoluto. Como señalamos en otras notas, utopía y distopía se dan la mano de una manera descomunal en este siglo XXI.

La contemporaneidad de nuestra corriente nos hace capaces de entender estos fenómenos. Por ahora, en cuanto a Artemis II, está dominando el “lado A”, aunque es posible que en un tiempo empiece a dominar el lado B.

2- Trump como “gran perdedor” (o el experimento de extrema derecha puesto a prueba)

El dato principal es que estamos en una etapa mundial donde el capitalismo es voraz y no quiere dar concesiones, se agigantó la disputa geopolítica y hay una división en la burguesía occidental, que fue la dominante en los siglos XIX y XX: ¿retrocedemos en orden o nos hacemos los “machos”? A veces hay que retroceder en orden y volver a preparar un relanzamiento; y a veces ganan los “machos” (el reciente cruce entre Leon XIV y Trump expresa la división de la cual estamos hablando).[2]

Esa hegemonía del capitalismo occidental, que duró dos siglos, es lo que está en crisis (dicha hegemonía se apoyó en los cimientos de la Revolución Industrial y la Revolución Francesa; y es, precisamente, a finales del siglo XVIII cuando suele fecharse el declive de China, hoy potencia re-emergente). Europa es el “paladín” de las conquistas sociales y democráticas del capitalismo occidental (hoy machucadas en grado variable en cada país europeo), y América latina está muy influenciada por Europa: ese paladín está en crisis, lo que podríamos resumir en la fórmula capitalismo neoliberal más democracia burguesa, imperialista o no (ver al respecto el ensayo de Marcelo Yunes “La crisis de la Unión Europea”, izquierda web).

La extrema derecha es una expresión reaccionaria de reafirmación del dominio de la “civilización capitalista” liberal o neoliberal occidental pero en clave racista y homofóbica, que está mostrando rasgos voluntaristas, que exceden sus fuerzas, que no pueden circunscribirse a la cuestión militar porque la cuestión militar es un factor siempre derivado del poder material: “La contundente victoria de Peter Magyar [en Hungría] marca un punto de inflexión que trasciende las fronteras del país y se proyecta como un caso de estudio para las democracias occidentales. Durante años, el primer ministro Victor Orban había consolidado un sistema de poder centralizado por la concentración institucional, la erosión de contrapesos y un control creciente sobre la vida política, mediática y judicial. Sin embargo, ese esquema que parecía inexpugnable terminó siendo derrotado en las urnas y abrió interrogantes sobra las claves del éxito opositor y sus posibles réplicas en otros contextos” (The New York Times, citado por La Nación, 15/04/26).

Trump acaba de hacer de payaso mundial en Irán, expresando la impotencia del voluntarismo. The Economist, en su ultima edición, abril 11-17 de 2026, afirma que en las guerras puede que no haya un ganador claro, pero siempre hay un perdedor, y el gran perdedor es Trump: “No todas las guerras tienen un ganador. Pero toda guerra tiene al menos un perdedor y si –un gran si– el cese el fuego marca un final de la guerra en Irán, el gran perdedor será Donald Trump. El conflicto ha hecho retroceder sus principales objetivos de guerra [la caída del régimen y su apropiación del uranio enriquecido] y ha revelado la superficialidad de su visión acerca de una nueva forma de ejercer el poder americano” (¡claras definiciones en pocos renglones!).

El régimen iraní no es un perdedor; las masas iraníes sí (pero de todos modos no podrían ser emancipadas desde afuera y siendo bombardeadas). Pero Irán como Estado, como nación, como régimen, no cayó y no le sacaron el uranio enriquecido. Netanyahu es un asesino serial y tampoco es el gran perdedor, es un monstruo que hizo una guerra propia. China, aplicando el refrán “no molestes a tu enemigo mientras se equivoca”, tampoco es obviamente un perdedor (más bien lo contrario). Es evidente que el gran perdedor es Trump, salvo que cambie algo en el interín de un conflicto que todavía no puede darse por terminado.

Además de Trump, el otro gran perdedor son las masas iraníes, de las que se olvida todo el resto de la izquierda, que ha perdido todo criterio de independencia política.[3] Es lo que expresa el grupo Roja: todas las pulsiones emancipatorias que había en Irán contra el régimen, que no son pro Sha ni pro Trump, es imposible desarrollarlas mientras son bombardeados.

¿Por qué es Trump el gran perdedor? Por un lado, hubo una resistencia de Irán mayor de lo que se esperaba: el régimen de los ayatolas no es el de Maduro (es el producto indirecto y distorsionado de la revolución de 1979); por otro lado, el más importante para nosotros, el frente interno de EEUU no se banca la guerra de Trump, no tiene legitimidad en EEUU. Agreguemos que la economía mundial no se banca el bloqueo al estrecho de Ormuz (que tendrá consecuencias duraderas sobre los precios del petróleo, los fertilizantes, etc., y que en cierto modo aún no ha terminado). El otro factor fue la OTAN, que al decir de TE nunca estuvo más cerca de romperse: “las recriminaciones sobre Irán han aumentado los riesgos de una ruptura de la organización militar”, afirma. Y Macron, por su parte, le acaba de marcar límites a Trump (al igual que Meloni): “No es seria una persona que dice una cosa un día y al día siguiente dice lo contrario”.

Trump no está resolviendo la crisis de la hegemonía norteamericana, la está agravando. La definición general que puede unir todo es esta: el experimento mundial de extrema derecha está siendo puesto a prueba. El mundo occidental está basculando entre ese experimento y la vuelta al centro político; no se sabe si la extrema derecha va a pasar la prueba. Amenazó las libertades políticas, pero no pudo cambiar los regímenes políticos. Y, dicho con los cuidados del caso por la dramática ruptura del tejido social que se aprecia urbi et orbi, no hay derrota (al menos, no en los principales países de Occidente; Rusia y China son otro cantar).

Trump tiene elecciones en noviembre: si fueran hoy, ya lo vimos, las pierde. Orban acaba de perder por paliza en Hungría. En Brasil no se sabe, porque Flavio Bolsonaro está bien posicionado. Morales Solá acaba de escribir que en los próximos meses “Milei se está jugando la reelección”, por ahora no se sabe si gana o no.

Entonces, para completar la definición de que el mundo es un caleidoscopio que no encuentra un punto de equilibrio, agreguemos que el intento de encontrar una estabilización reaccionaria está cuestionado, tiene problemas; más políticos que económico-sociales, terreno en el cual avanzan más (bajo la lógica del capitalismo feroz que destruye todo a su paso).[4]

Como vemos en la Argentina, hay más unidad burguesa alrededor de hacer picadillo a la clase obrera, que alrededor de hacer picadillo los regímenes políticos, que también son un check and balance para que la burguesía pueda arbitrar (ejemplo de esto es cómo el diario La Nación saca la espada todos los días en defensa de la libertad de prensa). Otro ejemplo: un juez de la Corte yanqui metió dos amparos judiciales exigiendo que los periodistas puedan entrar libremente al Pentágono y caminar libremente sin que nadie los siga por los pasillos, porque a The New York Times no lo estaban dejando entrar (una manera del gobierno trumpista de esconder sus chanchullos en la guerra contra Irán).

No es un momento de desborde de los regímenes por izquierda (más allá de la experiencia de Minneapolis, que lo hizo en cierto modo); es un momento donde las libertades democráticas y los check and balance están en alerta frente al intento de desborde por extrema derecha. Si el experimento de extrema derecha fracasa, la situación internacional gira más al centro político; esto desde el punto de vista de la lucha de clases, dejando de lado la cuestión geopolítica. Lo de Artemis II juega a favor en ese sentido, contra el escepticismo y el llanto de los progres: la humanidad no es todo mugre, perdió Trump y estuvo Artemis.

3- Se abre un interregno

Por ahora, y yendo a la Argentina, la coyuntura depende del rumbo político del país, y no está claro si Milei sigue o no. Ese es un problema político, económico y social descomunal, porque además de que la Argentina es un país en crisis, el gobierno mileísta está en la mitad del río y no se sabe si llega a la otra orilla o se hunde.

La coyuntura de Milei es muy mala: está golpeado en el frente externo y en el interno. En el frente externo por los desastres de Trump; en EEUU el 60% está en contra del Estado sionista, y no está claro cuántos en la Argentina apoyan a Israel, que se legitimó con el atentado de 2023 y se deslegitimó con la destrucción de Gaza.

En el frente interno, un gobierno anormal normalizado es una contradicción. El gobierno sufrió una gran derrota en el último periodo: amenazó con desbordar el régimen político, y el régimen político se lo comió, lo disciplinó. Empezó su gobierno hablando de espaldas al Congreso, había un peligro de que avanzara sobre las libertades democráticas, y el régimen político se impuso como expresión distorsionada de las relaciones de fuerzas.

Es una contradicción, porque Milei necesitaba avasallar el régimen, lo que significaba cuestionar el derecho al aborto y la ESI, llevar a las catacumbas a la educación, reivindicar la dictadura militar, el protocolo, etc.; todo un plan global que se le fue –por lo menos por ahora– al cuerno: no pueden ni usar el protocolo para 60 chicos y chicas del ¡Ya Basta! de Filo que le fueron a gritar a Adorni a la casa.

Hay unidad burguesa alrededor de atacar a la clase obrera, pero no alrededor de cuestionar el régimen político, como dijimos más arriba, y eso es una contradicción tremenda, que se expresó en una jornada, controlada por el peronismo pero inmensa, que fue el 24 de marzo.

La normalización del gobierno anormal de Milei es una expresión de crisis del ensayo de extrema derecha; la burguesía está empezando a pensar qué hace, si sigue con Milei o no. En el terreno económico, hay un proceso de destrucción de la capacidad instalada, y hay voces del empresariado que le piden al peronismo “un candidato moderado como alternativa frente a Milei”.

El gran interrogante del que pende la coyuntura nacional es si Milei sigue o no: si sigue se reafirma el peligro, si no sigue se reabsorbe. Expresión de eso es la crisis de Adorni, que ya es un peso muerto, tendría que volar.

La base material del gobierno, y la contradicción de todo el análisis, es que hay una crisis económica y social descomunal, y esa crisis es con lo que más les cuesta medirse a las masas, porque es dispersa, no está centralizada. A las masas les resulta más fácil medirse con los ataques al régimen político, que son centralizadores, tipo la marcha del 24/03, que medirse con la crisis económico-social –en condiciones de contención por parte del peronismo y la CGT: uno de los triunviros de la CGT no tuvo mejor idea recientemente que afirmar que “defendemos el capitalismo y la propiedad privada”; sobran las palabras para estos entregadores–.

La crisis económico-social es el elemento más reaccionario del gobierno de Milei en estos momentos; en ese punto ha avanzado y es ultra reaccionario porque coloca el peligro de la desorganización y la fragmentación social. La crisis social es el ataque generalizado a las condiciones de vida de los trabajadores: la inflación que no baja sino que aumenta, los salarios que no alcanzan, los cierres de plantas, los despidos, el elemento desorganizador de que no haya transporte, eso es peligroso y reaccionario. Crea mal humor social en relación al gobierno, pero también crea una desorganización social peligrosa. No sirven los análisis objetivistas, porque la crisis social es desorganizadora y es una vía para intentar derrotar a la clase obrera argentina: si no lo logran por el lado político, les juega a favor la “ley natural” de la descomposición social. Si no fuera por esto, se habría terminado la etapa reaccionaria, y no terminó.

Sin embargo, y al mismo tiempo, el elemento desorganizador llama al organizador: lo que no hace el Estado, lo que desorganiza el “sector privado” (por ejemplo el cierre de FATE con la fábrica ocupada hace dos meses), pide a gritos un elemento organizador fuera del Estado: es lo que alertaba Lenin en septiembre de 1917 en su famoso texto “La crisis que nos amenaza y cómo enfrentarla”, donde transmitía su angustia de que la revolución en curso se deteriorara por la crisis social y les exigia a los bolcheviques que se lanzaran al poder. Lógicamente, la situación actual en la Argentina no es esa, no hay una revolución en curso, pero la etapa reaccionaria podría girar “a la vuelta de la esquina” a pre-revolucionaria, como escribimos desde el inicio de Milei en 2023.

Es complejo el análisis porque estamos en una situación de interregno, nacional y mundial: bascula Trump y bascula Milei, y todavía no decantó; y es difícil que decante por el lado de la lucha de clases en la Argentina porque hay mucha contención.

4- Una batalla tras otra

En cuanto a la economía, hay un plan económico que está descalibrado. La inflación está en el 3% y no baja; la razón principal es la de siempre: la productividad agregada y la estructura social de la Argentina siguen en contradicción. El desaguisado económico del país, con unas relaciones de fuerzas no resueltas y con una productividad muy baja en comparación con la modernidad de sus relaciones sociales, se traduce en inflación. Las sociedades sin inflación, o son muy estables o son cementerios: Perú no tiene inflación porque es un cementerio, cambia de gobierno como de camiseta y no pasa nada.

Argentina, evidentemente, no es un cementerio, y tiene que pagar 30 mil millones de dólares en los próximos dos años: ¿de dónde los van a sacar? Hay tenencia negativa en el Banco Central de 14 mil millones de dólares, que son encajes de los depósitos en dólares que están blanqueados en el sistema bancario, no es plata del Banco Central. Todo lo que recaudaron este verano, que es un montón, fue a pagar deuda, e igual hay que pagar 30 mil palos verdes más. Además, hay recesión en muchos sectores de la economía.

O sea, hay crisis en el gobierno y la burguesía no sabe bien qué hacer, y al mismo tiempo hay contención y no hay ascenso (aunque sí una conflictividad variable, sobre todo en el interior). Le decimos “coyuntura de interregno” porque la burguesía está mirando a ver qué hace (las masas también). Y, en cierta forma, no se lo bancan a Milei aunque por ahora sea su principal apuesta, un Milei que sacó mil tuits el fin de semana pasado y acusó a Morales Solá de “inmundicia humana”: ¡es demasiado! Milei no es directamente “su” gobierno; no termina de hacer lo que hay que hacer; pasa reformas judicializables; no puede pasar la reforma tributaria ni la jubilatoria: ¿qué van a hacer con el país? ¿A qué modelo de país se va? ¿A cuánto de la burguesia contiene?, etc.

Hacer negocios extractivistas está bien para la burguesía, pero hay que dirigir un país (la burguesía, atención, como clase explotadora y dominante, es tanto clase económica como política). Liotti se pregunta qué van a hacer con los agregados suburbanos, donde viven millones de personas y son los que más hundidos están por la destrucción del empleo, y donde no tienen ningún plan de inversión.

Responde Luis Caputo: “«Cambió la música, hay que cambiar el paso. Bueno, algunos no lo quieren cambiar», dijo Caputo. El caso FATE fue presentado como el contraejemplo. Su dueño, dijo el ministro, optó por cerrar ante la apertura de la competencia. «Si no caza más en el zoológico, cierra», resumió. Lumilagro, en cambio, dijo que eligió competir [despidiendo a medio mundo]. Ante la irrupción en el mercado de los termos Stanley, la empresa no se replegó «sino que invirtió, mejoró su producto, ganó competitividad y hoy registra récord de ventas y exportaciones»” (La Nación, 15/04/26).

Y a pesar de que Luis Caputo promete que “el país crecerá más que cualquier otro en los próximos 30 años” (delirante), la burguesía podría dividirse, algo que todavía no ocurrió: un sector seguirá defendiendo a Milei, otro comenzará a inclinarse por un candidato opositor moderado que frene la “destrucción del tejido industrial”, como señalamos más arriba. Posiblemente esto se defina en los próximos meses.

El complejísimo interrogante es: ¿qué van a hacer con un país sin rumbo en un mundo sin rumbo? Un mundo donde al mismo tiempo la ofensiva capitalista sigue siendo feroz y la coyuntura larga sigue siendo reaccionaria, pero no logran cepillar el régimen democrático burgués, al que necesitan acá también para ponerle límites a Milei.

Estamos en un interregno de tendencias contradictorias que no se definen y que difícilmente se definan –en lo inmediato– en la Argentina por la lucha de clases, sino más en el terreno electoral. La campaña electoral no empezó, pero en parte ya empezó. (Los reflejos de todas las fuerzas políticas están condicionados por ella, y llegan incluso, vergonzosamente para la izquierda, hasta las elecciones estudiantiles en Filosofia y Letras de la UBA, donde el FITU dividió para tratar de impedir que el ¡Ya Basta! llegue a la presidencia del centro.)[5] El peronismo vuelve a respirar porque la crisis social es tan enorme que empieza a horadar la base de Milei, que tiene una imagen negativa muy alta; empieza a aparecer el “me mintieron” en los votantes de Milei. Al mismo tiempo, hay vasos comunicantes entre el peronismo y la izquierda y en el seno de la izquierda (volveremos sobre esto enseguida).

Las masas están metidas en la ratonera de la Argentina y del mundo capitalistas. La ratonera consiste en que, aunque haya expresiones electorales de izquierda, no emerge todavía una salida anticapitalista. La situación mundial y nacional no termina de radicalizarse: la burguesía duda y dudan las masas.

¿Se rompió la esclusa del régimen? No, y en lo inmediato no parece que se vaya a romper: las cosas se van a jugar en el encaminamiento electoral y en las elecciones mismas, donde puede haber elementos a izquierda. La actividad cotidiana del partido se parece más a “una batalla tras otra” (como la película de Di Caprio). Como todavía no hay ascenso, todo se juega en los “aparatos”: la interna del peronismo, la interna de la derecha, la interna de la izquierda.

Y hay otro elemento reaccionario que es el reino de la arbitrariedad: los radicales adelantaron las elecciones en la UBA para despegarla de las nacionales, y porque al realizarlas apenas comienza el año, intentan despolitizarlas: nos metieron elecciones en abril con las facultades recién abiertas; y además querían meter una especie de veda. Está llena de esquirlas la vida política; decir sólo que el gobierno está mal es equivocado y objetivista. No decimos que ya terminó el ensayo de la extrema derecha, decimos que está puesto a prueba, que no es lo mismo. No decimos que ya terminó la etapa reaccionaria, decimos que ha encontrado límites en la lucha de clases y en el régimen político.

Hay una crisis política descomunal, por ahora contenida dentro del régimen y de una carrera electoral en cierto modo anticipada, porque condiciona los movimientos de todas las fuerzas políticas, incluyendo a la izquierda.

Cuando hablamos con peronistas o radicales, nos dicen “digan la verdad, van a ir en un frente en Filo”. Nadie puede creer que la izquierda le vuelva a regalar al peronismo el centro más importante de los que la izquierda puede ganar. Pero no, porque el PTS decidió que no, y nadie lo cree porque es una decisión internista, no responde a criterios de objetividad elementales.

5- Cuando se rompen las esclusas

Hay un desafío enorme que es el Sitrarepa. Con la destrucción de la industria, en el mundo entero la explosión del sector de servicios es descomunal. Se viene el II Congreso Mundial en Los Ángeles; venimos de tener un papel protagonista en Brasilia en voltear el decreto-ley 152 que pretendía consolidar como autónomos a los repartidores, y el Sitrarepa es el vocero del sector en la Argentina. Además, no se habla ya del repartidor en bicicleta, esa es una imagen de la pandemia; el CEO de Uber dice que un millón de personas están manejando coches para Uber en el país. ¡El sector explota en el mundo y en la Argentina!

Sucede que el plan social no contiene, salvo que estés en la indigencia, entonces los planes se están hundiendo, y la remisería es una cosa del siglo pasado. La gente busca alternativas, y el reparto o el Uber es una. En los market se ven cientos de repartidores en la puerta, y hay que rompernos la cabeza para que el Sitra pegue un salto constructivo cualitativo y conquistemos el sindicato.

También está el conflicto de Fate, que no se ha cerrado. No es sólo difícil para los laburantes, es también difícil para Madanes: nadie quiere pagar el costo político del cierre de la planta y Madanes no puede, por sí mismo, desalojar. Así que hay que estar alertas porque podría haber novedades, y no solo desfavorables para los trabajadores respecto de este conflicto, que ya es histórico y que lleva dos largos meses de ocupación, y que se instaló como una causa nacional en gran medida gracias a los esfuerzos de nuestro partido.

Por otra parte, los vasos comunicantes entre la izquierda y el peronismo existen. También hay pasillo entre el peronismo y el Nuevo MAS, expresado en múltiples ejemplos que no podemos desarrollar acá. Y si el peronismo está en ebullición, el FITU también: su internismo permanente hace que el 1° de Mayo, en vez de hacer un acto todos juntos por Fate y las demás luchas y por una alternativa de independencia de clase, se lancen a actos divididos aparantemente.

Hay una especie de elección adelantada distorsionada en la UBA, donde, además, los radicales dicen que el mileísmo va a sacar bastantes votos, no en Filo ni en Sociales, pero sí en Derecho, Medicina, etc., pero también podría crecer el voto para la izquierda y el ¡Ya Basta!

La vida cotidiana del partido se juega en estas coordenadas, en una lucha cuerpo a cuerpo. Tenemos por arriba al FITU, pero al mismo tiempo por abajo son un queso gruyere: ¡hay un ambiente constructivo de ascenso partidario! La cosa no es correr todo el tiempo, hay que pensar y organizar para poder capitalizar ese ambiente de construccion favorable que tenemos, y que expresa los vasos comunicantes con el peronismo y la izquierda de los que venimos hablando.


[1] El concepto de “sistema-mundo” fue establecido por el geógrafo marxista Immanuel Wallerstein y sirve para entender el mundo no como una suma de países sino como una totalidad histórica global.

[2] León XIV salió a la palestra últimamente contra Trump, aunque mencionándolo de manera indirecta. Una de sus recientes ponencias para la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales se titula “Los usos del poder: legitimidad, democracia y la reescritura del orden internacional”, texto difundido el martes 14 de abril pero firmado el 1/04/26.

[3] Entre una nación imperialista y una independiente, estamos con la nación independiente, cualquiera sea su régimen. Pero jamás apoyamos a su conducción política y, menos que menos, a los ayatolas asesinos de su propio pueblo. El resto de la izquierda argentina no puede afirmar lo mismo, porque apenas se le ha escuchado palabra posicionándose de manera independiente. (El dirigente del PTS argentino, Emilio Albamonte, ha dado un reportaje recientemente para Izquierda diario donde se extendió largamente en consideraciones sobre las guerras en Irán y ¡apenas se le escuchó palabra sobre el pueblo iraní!) Respecto del resto de la izquierda internacional, no hemos podido revisar con cuidado sus posiciones para este artículo, aunque posicionamientos como los de Kevin Anderson y otros no se han olvidado del pueblo iraní, lógicamente que comenzando su abordaje por el repudio a Trump y su guerra contra Irán.

[4] Hay que seguir más la economía mundial, el sustrato material de los desarrollos. La contradicción básica que se aprecia es que las novedades en el terreno tecnológico no están dando de momento lugar a un relanzamiento de la acumulación capitalista de conjunto. Esto mismo es lo que hace más aguda la competencia geopolítica interimperialista entre EEUU y China, que no sería tan crecientemente acérrima si hubiera lugar para dos hegemones en el mundo.

De ahí la combinación de elementos de expoliación y explotación que estamos viviendo. Expoliación de los recursos naturales y explotación vía plusvalor absoluto y relativo. Las dificultades en materia de la acumulación capitalista se expresan, entonces, en términos generales, en un redoble de la expoliación de la naturaleza y la explotación del trabajo, amén de la competencia geopolítica incrementada que se comienza a trasladar al espacio exterior.

[5] Esto es así, pero la agrupación es una potencia orgánica tan grande que puede aspirar a ganar de todas maneras. El PTS se juega de afuera para adentro en un momento de alta instalación de la figura de Bregman pero con un declive marcado de su trabajo orgánico en general; nuestro partido se juega, por así decirlo, “de adentro para afuera”, con el desafío de transformar la influencia de masas orgánica que tiene nuestra agrupación en la facultad en influencia electoral, cosas que no son lo mismo: ¡lo orgánico y lo electoral se conectan pero son terrenos distintos y responden a leyes propias que deben ser seguidas en ambos casos!

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