Apuntes sobre la coyuntura argentina

Radiografía de un país en una olla a presión

“Lo que falta decir es que esto [es decir, el “modelo” mileísta] no es simétrico, no es mitad una cosa y mitad otra. En un caso, el segmento ganador (extractivista, energía, campo) apenas araña el 20% de la economía (PBI) (…). Por otro lado, el segmento perdedor ronda el 50% (industria, comercio, construcción) con fuerte heterogeneidad negativa en su interior. El resto del PBI es neutro, muy difícil de interpretar en las cuentas nacionales y sus cálculos, y de escasa sensación térmica en la calle. Por lo tanto, lo de dos velocidades, que da una idea de simetría no es cierto. No hay dualidad. Hay fragmentación regresiva.”

Carlos Melconian, La Nación, 25/04/26

 

“En «El materialismo histórico», Bujarin, por ejemplo, habla de la «sociedad» como si, de hecho, esto fuera una materia, una materia muerta [y no como lo que es, una realidad viva].”

Raya Dunayevskaya

La coyuntura argentina está caracterizada en este momento por una suerte de dialéctica entre dos términos: a) la apertura de un interregno en el dominio de la extrema derecha (es decir, la posibilidad del desplazamiento del péndulo político algo más al centro) así como, b) la contraofensiva de esta misma extrema derecha ante los frentes de conflicto que se le han abierto.

En cierto modo, un hilo invisible unifica la situación de la extrema derecha y Trump en el mundo occidental con lo que está pasando en el país, porque podría afirmarse que en los EEUU también se ha abierto una coyuntura similar entre la caída de la popularidad de Trump y la reacción del trumpismo para manipular las elecciones de noviembre, entre otras “iniciativas” bonapartoides.[1]

Hay varios ángulos a tomar para este análisis, que, en cierto modo, es también el de los analistas burgueses –aunque desde un punto de vista que no es el del marxismo–: ellos lo ven como las tensiones e interrogantes en el pasaje de un “modelo” a otro; nosotros lo vemos desde el punto de vista de las relaciones de fuerzas entre las clases, que, lógicamente, tiene apoyatura material en lo que pasa tanto en las esferas estructurales y económico-sociales, como superestructurales: Estado y régimen político (entre estos últimos, el régimen de partidos políticos que el gobierno pretende avasallar con su nuevo proyecto de ley electoral).[2]

Desarrollemos entonces someramente nuestros elementos de análisis.

1- ¿Interregno o reafirmación reaccionaria? 

El primer dato más coyuntural es que el gobierno intenta una reacción frente a la sensación de crisis política, económica y social, y de apertura de un interregno (el interrogante de si el gobierno seguirá o no después del 2027, para decirlo de manera resumida).[3] El gobierno venía eufórico de su triunfo con la reforma laboral en febrero pero, posteriormente, marzo fue un mes para el olvido. En primera instancia la ley laboral fue suspendida (aunque ahora dos camaristas revirtieron dicha suspensión y la apelación contra la ley fue a parar a una cámara favorable al gobierno); Adorni quedó contra las cuerdas por su manifiesto enriquecimiento en el poder (aunque el mileísmo está jugado a sostenerlo), la marcha del 24M por el 50 aniversario del golpe militar fue histórica y reafirmó el Nunca Más contra el negacionismo oficialista. Y, sobre todo, la crisis económica y social se comenzó a hacer sentir de manera dramática: la mayoría de la sociedad no puede “vivir en paz” bajo las condiciones de una estanflación que no tiene fin y de un ajuste fiscal que intentar llevarse puestos servicios esenciales del Estado.[4]

Paralelamente, en la escala internacional, Trump se empantanó en Irán, fracasó en gran medida en sus objetivos (tirar abajo el régimen y capturar la reserva iraní de uranio enriquecido), así como hubo otros datos malos para la extrema derecha como la rotunda derrota electoral de Orbán en Hungría.

Es sobre la base de estos hechos políticos ocurridos básicamente en marzo pasado que comenzó a vivenciarse, en cierta forma, la apertura de un interregno: un desplazamiento de la dinámica política de derecha al centro que podría preanunciar una suerte de “final anticipado” del experimento de la extrema derecha, experimento marcado por su regresividad pero también por su confusión estratégica en todos los órdenes (económico, político, geopolítico, etc.).[5]

Sin embargo, en las últimas semanas hubo un cambio en lo que tiene que ver con la apertura de este interregno. En las discusiones en el seno de nuestra corriente señalamos, correctamente, que este interregno recién comienza frente a opiniones que veían la cosa como avanzando de derecha a izquierda de manera más mecánica.

La realidad contextual no debe perderse de vista para no marearse frente a los cambios coyunturales o iniciales de tendencias: la coyuntura larga internacional es reaccionaria, y la etapa que abrió Milei en 2023 también lo es. Esto significa que una de las tendencias de fondo del periodo político es ese, el reaccionarismo, y en todos los órdenes, y por lo tanto, cualquier análisis que hagamos no puede perder de vista ese elemento (aunque tampoco hay que absolutizarlo, claro está, como hacen los analistas que hablan del carácter “fascista” de estos gobiernos o de que ya hay no se sabe qué “derrota”. La realidad es que, aunque se han dedicado a mordisquear el régimen político de la democracia burguesa, en ningún caso –hasta ahora– han logrado traspasarlo poniendo en pie regímenes lisa y llanamente bonapartistas).

Sobre la base de dichas tendencias agregadas reaccionarias, de que detentan gobiernos, de que todos los aparatos políticos juegan a su modo a la reacción (las recientes elecciones conservadoras de la Universidad de Buenos Aires con sus grados escandalosos de arbitrariedad tomando de rehén al movimiento estudiantil, lo acaban de demostrar), etc., es lo que le permite al gobierno ensayar una contraofensiva, que si no le resolverá sus problemas de fondo, muestran cómo se arman y desarman mini-coyunturas marcadas ora por el interregno ora por la contraofensiva de la extrema derecha para resguardar sus posiciones. Tal es la bipolaridad de esta situación de polarización extrema que vive el mundo y la Argentina y que marca los desarrollos en todos los terrenos: económico-social, político, geopolítico, a nivel de la lucha de clases, etc. Polarización extrema que marca la apertura de una etapa de crisis, guerras, reacción y, eventualmente, revoluciones en pleno siglo XXI.

Milei acaba de reafirmar que “la ortodoxia no se toca”, lo que significa que para sostener el superávit fiscal, por ejemplo, sigue dispuesto a incumplir las leyes aprobadas en discapacidad y universidad. También se han jugado a sostener a Manuel Adorni a como dé (a estas horas acompañándolo al Congreso Nacional a dar su informe de gestión); consideran que ceder esa ficha es un gasto político mayor que dejarlo caer. Por otra parte, han presentado un conjunto de proyectos de ley al Congreso Nacional donde destaca, por su archireaccionarismo, la ley electoral, donde se establecen ítems brutalmente antidemocráticos de los cuales nadie habla: las condiciones para formar partidos y sostenerlos se hacen casi imposibles por fuera del peronismo y LLA en su circunstancia actual, como ya señalamos (no sólo la izquierda puede ser afectada por cláusulas inalcanzables de sostenibilidad partidaria incluso actuando en frentes, sino también otras formaciones burguesas).

Lo importante acá es que la reafirmación del gobierno en el contexto de su caída de popularidad y de la bronca creciente entre la población bajo el trasfondo de una crisis económica y social imparable, pone a la coyuntura en una olla a presión que puede derivar en un estallido social (aunque sea de otro orden, no queremos olvidarnos acá de la crisis en la universidad, los paros lamentablemente pasivos, y la marcha del 12/05 que se adelanta inmensa).

La contradicción más profunda de la actual coyuntura es, precisamente, el choque entre la reafirmación oficialista y la crisis económico-social que progresa día y noche, sin fin. El temor de medios serios como La Nación expresado en sus columnistas –como se ve en esta nota– es que la sociedad explote sin control durante los próximos meses a pesar de la contención del peronismo, es decir, antes de que el encaminamiento electoral dé un cauce a tanto malestar.

2- Fragmentación regresiva

El trasfondo más importante de esta dinámica de “explosión o implosión social” (Jacquelin) es la crisis económica y social, que se ha hecho imparable. Su base no es solamente, ni básicamente, el reaccionarismo político del gobierno, que hasta ahora no ha podido cuestionar el régimen democrático burgués, aunque lo intente nuevamente con la ley electoral; su principal aspecto reaccionario es el económico y social, que tiene además como base material la crisis económica.

Connotados periodistas como Jaquelin y Liotti, e incluso reconocidos economistas del establishment como Carlos Melconian, vienen insistiendo con una grave preocupación: que el “modelo” económico mileísta responde al 20% del PBI y deja afuera el otro 50%. Es decir, atiende a las provincias y localidades energéticas, mineras y agropecuarias, pero se desentiende de los agregados poblacionales principales del país, que son los agregados suburbanos. El GBA, parte incluso de CABA (que el PRO abandona porque no lo votan) y otros centros suburbanos de la Argentina dependiente semi-industrializada (sea de primera generación de los años 30/40 como la hoy obsoleta zona sur del GBA, o de segunda generación de los años 60 como la zona norte del GBA o el gran Córdoba), están sufriendo un abandono descomunal.

Se trata de agregados poblacionales con elementos de megalópolis, no solamente marcados por la precarización laboral extrema, la miseria salarial, los despidos cada vez más masivos, etc., sino además por servicios públicos colapsados (viajar en transporte público en el GBA es una odisea cada día).[6] Jorge Liotti señala que “Las asimetrías entre los diferentes sectores productivos empezaron a intuirse en los primeros días de la gestión libertaria como fenómeno emergente, pero ahora se están cristalizando como rasgo estructural. La última medición del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) (…) fue una demostración muy clara. El informe correspondiente a febrero exhibió una caída general de la actividad del 2,1% interanual y 2,6% respecto de enero. Una nueva señal de que el primer trimestre ha sido muy árido para la economía argentina” (La Nación, 26/04/26).

Liotti agrega que el tono está dado por la disparidad absoluta entre los distintos rubros relevados, en rechazo de las afirmaciones livianas de Luis Caputo de que “al país se le vienen los mejores 18 meses en su historia” (sic). “Por un lado, aparecen los ganadores: la pesca subió el 14,8% interanual; la minería, 9,9%; la agricultura, 8,4%; y los bancos, el 6,6%. Por el otro, los perdedores: la industria manufacturera, con una caída interanual del 8,7% y el comercio con un retroceso del 7%. De un extremo a otro hay diferencias de más de 20 puntos de actividad. Es un paisaje que se tornó habitual, aunque no esté claro hasta qué punto es sustentable en el tiempo, porque como señaló Carlos Melconian (…), mientras el sector ganador «apenas araña el 20% de la economía», el perdedor «ronda el 50% del PBI». Por eso desestima la idea de una economía en dos velocidades, «porque da una idea de simetría», y prefiere hablar de una «fragmentación regresiva»” (Liotti, ídem).

Esto significa que la economía argentina no sólo está sumida en una estanflación, sino que, incluso para economistas burgueses de nota, el “modelo” económico de Milei es “regresivo” y “fragmentador”; podríamos decir que no responde a un “modelo de nación” sino que hunde al país como tal, porque un país no es sólo su economía en el sentido estricto del término: en un mundo globalizado pero todavía marcado por Estados nacionales, uno no puede hacerse cargo de una parte de su población y abandonar la otra. Ese es el camino más directo, tarde o temprano, a una explosión social. El Estado capitalista gobierna para los capitalistas, pero no puede desentenderse de la sociedad, de la gobernabilidad, porque entonces pierde los atributos característicos de un gobierno.

Y esto es precisamente lo que está ocurriendo bajo el mileísmo: como señaló anticipatoriamente hace un par de años en el programa de TN “A dos voces” nuestra compañera Manuela Castañeira en la cara de Milei, en su economía no cabe la sociedad.

El concepto de “fragmentación regresiva” es interesante porque pesca un aspecto profundo de lo que está ocurriendo en el área económico-social, un aspecto reaccionario en dicho terreno. Ejemplos que tienen que ver, además, con que el Estado se desentiende de los intereses comunes (es propio del Estado tener un carácter de clase, pero eso no quita que a su obtusa manera burguesa no deba atender intereses generales –el Estado es una necesidad hasta cierto punto, y hasta cierto momento histórico, afirmaría Engels en su texto El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado–.[7]

Pruebas al canto. PAMI se hunde y deja sin atender a millones de jubilados y jubiladas, no importa. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) es desmantelado y supuestamente sería “reemplazado por máquinas automatizadas”, no importa si se pone en riesgo la seguridad de la población en general y del servicio aeroportuario en particular: “ATE SMN cuestionó la idea de «ahorro» presupuestario utilizada por el ministro para justificar las 140 desvinculaciones, especialmente tratándose de un servicio crítico: «Es ignorar el rol del SMN en la seguridad de la población. Alertas tempranas, aviación, navegación marítima y fluvial, producción agropecuaria y gestión de emergencias dependen de un sistema robusto, no de uno reducido al mínimo y sin capacidad de respuesta ante fenómenos severos y un cambio climático que sí existe (…) Según el sindicato, las estaciones automáticas (…) no reemplazan completamente el trabajo humano: «No sustituyen la observación humana, la complementan»” (La Nación, 26/04/26).

La economía se hunde en una grave recesión, el dólar está atrasado, la inflación de todos modos no perfora la sideral cifra del 3% mensual; no importa: todo se sacrifica en el altar del supuesto “principio científico” del superávit fiscal, por lo demás amenazado por la caída de la recaudación y de la nula emisión monetaria, como si dicha emisión fuera un factor independiente de la marcha económica general y de la productividad agregada de la economía.

3- Entre la contención y el desborde social

Esta fragmentación regresiva de la economía ha encendido todas las alarmas en el terreno social. No hace falta ser marxista para verla; advierten sobre ella los mismos editorialistas y economistas burgueses que estamos citando en este artículo y que nadie podría decir que tienen simpatías por el anticapitalismo y la izquierda.

Cuando hablamos del PAMI estamos hablando de millones de jubilados y jubiladas. Lo concreto es que el PAMI, desfinanciado y sin poder pagarles a los prestadores, acaba de anunciar que, lisa y llanamente, dejará de atender a cientos de miles o millones de usuarios en cuatro provincias. Por lo demás, en la zona Oeste del GBA sanatorios enteros del PAMI se están cerrando por el mismo motivo.

La crisis social de la olla a presión del “modelo” mileísta –acompañado por los desaguisados de todos los gobiernos burgueses anteriores, peronistas y macristas por igual– es tal que se comienza a hablar de que está irrumpiendo una situación social similar, aunque no idéntica, a la del 2001 o el 2023, sobre todo en el centro del país –en el interior la situación no es la misma– (es evidente que las respuestas no fueron las mismas en el 2001 que en el 2023, una afectada por la desocupación masiva y la otra por la hiperinflación masiva; tampoco las respuestas sociales son las mismas aunque no se puede anticipar qué ocurrirá en este caso, qué mix de respuestas sociales puede haber, y tampoco cómo seguirá jugando la contención peronista y cegetista que, hasta este momento, está funcionando).

La vida cotidiana de millones es dramática. Quienes tienen trabajo deben llevarlo a cabo en dos o tres lugares a la vez para intentar llegar a fin de mes. El trabajo en muchísimos casos se ha precarizado. Llegar al trabajo es otra aventura diaria. El consumo se ha restringido al mínimo. Vivir o más bien sobrevivir, es una odisea: “(…) el área metropolitana bonaerense, donde se da la mayor concentración social del país y, al mismo tiempo, los mayores efectos negativos de la política económica, empiezan a estar bajo la lupa. Su condición de caja de resonancia con altísima visibilidad obliga a esa mirada (o a esa escucha) (…) Hay una sensación generalizada de imposibilidad: aunque uno se esfuerce, no logra salir adelante. Se registra una tensión constante entre la penuria y la resistencia activa: se rechaza la idea de la resignación, pero se reconoce que el margen se va achicando. El enojo le empieza a ganar a la angustia y el clima empieza a parecerse al que llevó a Milei al poder (…)” (Liotti, La Nación, 27/04/26).

Liotti afirma que hay más clima de implosión que de explosión social, pero, evidentemente, este es un par dialéctico que puede ir para cualquiera de los dos lados, dependiendo de una multitud de factores: estallido social o encaminamiento electoral previo paso por la contención peronista.

Por lo demás, el propio periodista subraya que uno de los economistas más apreciados por el gobierno, Ricardo Arriazu, está llamando la atención por “la alta velocidad de la destrucción y la lenta capacidad de construcción de la transformación en marcha”, y agrega que el economista Roberto Frenkel advierte que “si no hay modificaciones, entre otras en el tipo de cambio, «esto no es sostenible ni durable»” (ídem).

El ensayo de la extrema derecha está puesto en cuestión en el mundo y en la Argentina. Cuando hablamos de que se abrió un interregno, lo que queremos decir es que el péndulo puede comenzar a desplazarse desde la extrema derecha al centro y a la izquierda. La globalización liberal-social está puesta en tensión por su competencia con la emergencia de China pero, al menos, tiene cierta coherencia interna. El proyecto territorializado de Trump aún no dio ningún resultado palpable y encontró su striptease internacional en su incapacidad de vencer al régimen de los ayatolas. Por lo demás, Trump tiene una cuesta arriba para las elecciones de medio término en noviembre, y a pesar de todas sus bravuconadas, podría quedar como un pato rengo. ¿Es sostenible pelearse con sus aliados de la UE, Japón, la OTAN, etc., para enfrentar el desafío chino? ¿Es ese el mejor camino? ¿Es sostenible desafiar las instituciones centenarias de la democracia imperialista estadounidense? ¿No es mejor dar un paso atrás para dar dos adelante de manera más coherente?

En la Argentina la división burguesa también está a la orden del día. Hay ganadores y perdedores. Toda la patronal apoya la contrarreforma laboral, pero no todos están de acuerdo con un tipo de cambio ultra atrasado, por ejemplo, que quita competitividad cuando no se la gana por ningún otro lado que no sea el salario y la precarización laboral. ¿Qué pasa con la obra pública? ¿Qué competitividad puede tener un país si el Estado jamás invierte en infraestructura? Si hasta las rutas que existen se caen a pedazos. ¿Hasta cuándo se puede garantizar la gobernabilidad cuando los agregados suburbanos se quedan sin ninguna contención social?

Estas son algunas de las dudas que asaltan a la burguesía cuando piensa en 2027. Además, todo un sector está perdiendo plata, el afincamiento nacional del empresariado, incluso el multinacional, sigue siendo una realidad, lo mismo que el capital enterrado en el país; por lo tanto, no da igual si ese país explota o no, si se queda sin gobernabilidad o no, si da confianza en la inversión a largo plazo o no, y de ahí el interrogante sobre la “sostenibilidad” del “plan” Milei.

4- ¿Minnesota en el futuro argentino?

Acá es donde entra el rol de contención del peronismo. Su lógica es “cuanto peor, mejor”. El calendario electoral de la gobernabilidad respeta que en el medio se destruyan el país, las universidades, el PAMI, a los discapacitados, o lo que sea, con tal de que no haya desborde social. Todo suma con tal que la cosa se canalice hacia el 2027 para tratar de derrotar electoralmente al mileísmo.

El peronismo hace oposición de puertas para adentro del Congreso Nacional; hacia afuera, en el terreno material de las cosas, no mueve un dedo. Tan es así que dejaron pasar, incluso, la oportunidad que se les abrió en septiembre pasado cuando Kicillof triunfó en provincia de Buenos Aires.

Por su parte, la CGT activó un paro pasivo pero masivo en febrero contra la reforma laboral, pero la dejó pasar. Su “estrategia” fue la judicialización. Pero ahora resulta que ese es, evidentemente, un camino muerto, porque la patronal y el régimen están a favor de la reforma laboral (¡el poder judicial arbitra en este caso a favor de la contrarreforma laboral!).

Acá hay dos problemas “conceptuales” de fondo: por un lado, este tipo de formaciones liberal-sociales o social-liberales “progresistas” juegan sólo el “juego institucional” mientras la extrema derecha es simultáneamente institucional y extrainstitucional; por otro lado, pueden diferir en el “modelo” de gobernanza internacional o en el modelo económico del país, pero siendo rehenes de los márgenes del capitalismo voraz actual no tienen perspectiva antiimperialista y, muchos menos, anticapitalista. Al ultracapitalismo mileísta le oponen un vaciado “estatismo” que no tiene bases materiales de sustentación porque no cuestiona siquiera el pago de la deuda externa, que hace décadas se lleva toda la renta nacional que recauda el Estado.

Por lo tanto, el peronismo y la CGT deshojan la margarita porque no tienen programa alternativo y mientras tanto hacen lo que saben hacer: sumarse al reaccionarismo, al imperio de los aparatos, atarles las manos a los explotados y oprimidos, tomar de rehén al movimiento estudiantil como acaba de ocurrir en las elecciones de la Universidad de Buenos Aires, y un largo etcétera.

La vivencia de un periodo reaccionario es tal cual lo vive la mayoría de la población: como metida en una olla a presión. Y se entiende: el gobierno apoyado por el régimen y la patronal a pesar de sus divisiones, ha metido a la sociedad en la olla a presión de un “cambio de modelo” que hace imposibles las condiciones de vida. “Hasta ahora se pueden identificar tres tipos de asimetrías que tienen raíces profundas en el tiempo, pero que se visibilizaron como derivaciones propias del actual programa económico. Por un lado, la que surge de observar el desempeño dispar de los distintos sectores productivos, entre los que encontraron mayores facilidades en la apertura comercial y los que la padecen, y entre los que tienen una proyección global y los que dependen del mercado interno. La segunda marca divisoria emerge entre los grupos sociales, con una clase alta y media alta que aceleró sus compras en dólares y que se beneficia con el tipo de cambio, y clases media-baja y baja que consumen menos y tienen dificultades importantes para llegar a fin de mes. Y la tercera bifurcación es la geográfica (…) La nueva Argentina se está construyendo sobre estas tres líneas de fractura. Se trata del intento de reconversión más profunda de la concepción del país desde que se agotó el modelo de sustitución de importaciones a mediados de los 70” (Liotti, La Nación, 26/04/26).

Las asimetrías presentadas acá desde el punto de vista de la burguesía, significan lo que estamos señalado: extendida precarización, salarios miserables, despidos crecientes y cierre de plantas, derrumbe de los servicios públicos, etc. La situación es un poco como el famoso texto de Lenin de septiembre de 1917: “La catástrofe que nos amenaza y cómo enfrentarla”.

Es verdad que en 1917 había en curso una revolución en Rusia, cosa que por ahora no ocurre en nuestro país. Sin embargo, ante el agobio económico-social y el derrumbe del Estado zarista, la “receta” que planteaba Lenin es la que emergió en Minneapolis (¡tampoco hay en curso una revolución en los EEUU!) y podría emerger en la Argentina ante cualquier giro en el camino (amén de la necesidad de la unidad de la izquierda en la eventualidad de un encaminamiento electoral): ¡el desborde del Estado no solo por la derecha sino por la izquierda! Es decir, frente al desmantelamiento estatal mileísta, la tarea estratégica, la perspectiva, es que la sociedad tome las tareas colectivas en sus manos (¡tal cual lo están haciendo heroicamente los obreros de Fate hace más de dos meses ocupando pacíficamente la planta!).

Los periodos como el que estamos viviendo tienen esa doble dialéctica: implosión o explosión social. Peligros, pero también ¡eventualidades revolucionarias! Y en la Argentina, a pesar de todos los ataques, no hay derrota, como se apreció el 24M. Una etapa reaccionaria puede virar en prerrevolucionaria en cualquier giro de los acontecimientos, y eso es lo que les preocupa a los editorialistas burgueses: ¿hasta cuándo el “modelo” mileísta será sostenible?

5- El desafío de la izquierda

En este marco se plantean las tareas de la izquierda revolucionaria en la Argentina. Empecemos con lo que no hay que hacer. Por un capricho internista, el PTS le regaló el centro de estudiantes de la facultad más importante de la izquierda, Filosofía y Letras de la UBA, al peronismo (está claro que el PTS es el amo y señor del FITU; el PO actual no es más que un pálido reflejo de lo que era 15 años atrás). Entre el 27% que obtuvo el FITU (¡cayendo 13 puntos desde 2022!) y el 13,5% que obtuvo el ¡Ya Basta! (creciendo 4 puntos desde la elección anterior y con la agrupación militante más grande y cotidiana en la facultad)[8], se podría haber ganado el centro aun en las condiciones conservadoras de la elección en la UBA. ¡Era importantísimo ganarla para que Filo fuera un polo en la pelea en las calles por la defensa de la universidad!

Los estudiantes fueron tomados de rehenes entre las autoridades y la Franja Morada, que adelantaron las elecciones a abril, es decir, sin que el estudiantado pueda hacer la experiencia del año de cursada, y con paros pasivos que no los convocan como sujetos.[9]

Tras cartón, la provocación al ¡Ya Basta! como respuesta al retroceso: las campañas electorales del FITU en toda la UBA (en algunos casos unificados y en otros divididos) fueron una vergüenza: no militaron las campañas de manera orgánica, no tuvieron agite, no disputaron seriamente el voto, concibieron la campaña como una “lluvia de votos” por la “popularidad de Myriam Bregman”, una lluvia que nunca llegó.

Así las cosas, el PTS orquestó una provocación a partir del domingo 26/05 con una acusación falsa contra todo el ¡Ya Basta!, es decir, se pusieron a “militar” una vez terminada la elección…

Es verdad que la extrema derecha se metió en la interna de la izquierda. Pero eso fue utilizado por el PTS como una amalgama estalinista para tapar lo que no se puede tapar: ¡que su balance es malísimo porque en vez de unificar en Filosofía y Letras volvieron a dividir regalándole el centro al peronismo!

Y mediante esta provocación y amalgama quieren tapar que el ¡Ya Basta! se alzó como la única agrupación de la UBA que creció en estas elecciones: contra viento y marea, en las condiciones adversas de la elección, el ¡Ya Basta! creció no solo orgánicamente sino electoralmente.

La amalgama consistió en que, en lugar de pasar un balance honesto del resultado electoral para construir un camino de unidad, hicieron lo opuesto: salieron a atacar al ¡Ya Basta! con un video apócrifo de la extrema derecha y que incondicionalmente repudiamos en el acto.

Por otra parte, el internismo del FITU los está devorando. Regalaron el centro de Filosofía y Letras y ahora van divididos al 1ro de Mayo, ¡justo en momentos en que hace falta la mayor unidad en defensa de Fate y las demás luchas! Nuestro partido planteó un camino opuesto: una intervención unificada el 30 abril en el acto de la CGT y/o un acto unificado alrededor de la defensa de FATE y demás luchas el 1ro de Mayo.

Es decir, cuando presiona la etapa reaccionaria que puede girar al centro o a la izquierda, en vez de unificar a la izquierda se hace todo al revés: ¡se pone en práctica un método de provocación permanente en el seno de la izquierda! (con piñas inclusive contra nuestros compañeros de parte de la Lista Negra de Fate).

Y todo esto, además, reenvía a una cuestión de fondo en el plano constructivo (cuestión que ya discutimos respecto del PO y ahora lo haremos someramente respecto del PTS). Lo que se aprecia en el PTS es una concepción de “influencia de masas” desde arriba, no orgánica. Se llenan la boca con el balance del viejo MAS de hace 30 años, pero parecen no haber sacado ninguna conclusión de eso: ¡la influencia de masas debe ser orgánica para ser tal; si es a costa de la construcción orgánica, algo está mal!

Nuestro partido es de vanguardia, no tiene todavía influencia de masas. Sin embargo, tenemos un orgullo inmenso de que el ¡Ya Basta! de Filosofía y Letras tiene elementos de frente de masas, es orgánico, y es la punta de lanza de la construcción del ¡Ya Basta! como la mayor juventud anticapitalista de la izquierda argentina.

Y ser orgánicos quiere decir estar involucrados en todos los problemas de la facultad, ser las y los mejores alumnos, tener presencia física en todos los rincones de la facultad, saber lo que pasa en cada lugar de ella, tener un programa anticapitalista real para la universidad, etc.

El atajo táctico de la maniobra y la provocación jamás pueden valer más que la política revolucionaria y la construcción orgánica: son un camino de derrota, tal cual el FITU en Filosofía y Letras de la UBA.

La calumnia y la amalgama contra nuestro partido no van más. Tampoco la división de la izquierda. Si la izquierda pretende ser un canal para una eventual ruptura del peronismo, para un ascenso de la lucha de clases, debe buscar un camino de unidad sobre bases principistas y estratégicas, es decir, anticapitalistas y socialistas.


[1] Las elecciones en los Estados yanquis son estrictamente de su competencia. Pero ahora resulta que para noviembre próximo el gobierno federal, es decir Trump, está buscando manipular las elecciones en varios Estados y condados, condicionar a las autoridades electorales de ellos, exigir la revisión federal de padrones, etc., todos mecanismos amparados nuevamente en las denuncias de supuesto “fraude” en las elecciones del 2020. Se trata de un caso evidente de avasallamiento de las reglas de juego de la democracia burguesa (en este caso, imperialista).

[2] El nuevo proyecto de ley de “Reforma Electoral Integral” es un mamarracho bonapartista que pretende, básicamente, suprimir casi todos los partidos políticos. Es, en realidad, un mamotreto de tres leyes en una: Ley de Partidos Políticos, Ley electoral de las PASO y Ley de Financiamiento de los Partidos Políticos, que, nadie lo dice, pone condiciones para la formación y sostenimiento de los partidos que prácticamente sólo el peronismo podría cumplir.

[3] La propia patronal tiene esta duda además de estar dividida alrededor del modelo mileísta. Hay sectores incondicionales, pero otros, como Paolo Rocca de Techint, están quejándose de la “destrucción del entramado industrial” y reclaman una “apertura inteligente”.

[4] “Una de las particularidades que surgió de los grupos [focus groups] y que llamó la atención de los encuestadores fue la dificultad para conciliar el sueño que se expuso espontáneamente y que se registró sin diferencia de edades y segmentos. «De noche la cabeza da vueltas con preocupaciones económicas», es una de las conclusiones del informe. Y se destaca la mención extendida al «consumo de alcohol y ansiolíticos como auxiliares para dormir, así como la decisión de recurrir a la atención psicológica». A eso, Vilker agrega: «Aparece en la narrativa el concepto de que la crisis atraviesa el cuerpo y lo afecta. Eso no lo habíamos visto en focus anteriores” (Jaquelin, La Nación, 27/04/26).

[5] Con “confusión estratégica” nos referimos, por ejemplo, al confuso ordenamiento internacional que pueda tener en su cabeza el trumpismo, así como al “modelo de nación” del mileísmo que deja a la mitad más uno de la nación afuera. Volveremos sobre esto.

[6] Según el geógrafo marxista Mike Davis, las megalópolis se caracterizan por ser enormes agregados poblacionales urbanos con sus medios de transporte colapsados. Esto se puede apreciar, por ejemplo, tanto en la India como en la Argentina, por el transporte en trenes obsoletos que en las horas pico tienen gente no solo dentro de los vagones, sino en los techos de los mismos o de las locomotoras.

[7] Ver a este respecto nuestro análisis en “Engels antropólogo”, en izquierda web.

[8] Decimos cotidiana porque la gestión maneja el padrón y trajeron a votar a un montón de gente que ya ni pisa la facultad, mientras que el FITU hizo lo propio a su medida.

[9] La elección estudiantil de la UBA fue a gusto de los aparatos: realizadas cada dos años y a comienzo del año de cursada, es evidente que el estudiantado llega frío y no puede hacer la experiencia con las condiciones reales de la universidad y sacar sus conclusiones antes de votar.

Seremos directos: Te necesitamos para seguir creciendo.

Manteniendo independencia económica de cualquier empresa o gobierno, Izquierda Web se sustenta con el aporte de las y los trabajadores.
Sumate con un pequeño aporte mensual para que crezca una voz anticapitalista.

Me Quiero Suscribir

Sumate a la discusión dejando un comentario:

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí