Milei: la unidad nacional y el uso de Malvinas al servicio de Trump

“Este tema demanda una pausa, que hagamos nuestras armas a un lado y mostremos un frente unido ante el mundo como nación y como sociedad. Hay causas que están por encima de cualquier diferencia política y Malvinas es una de ellas”. (Javier Milei, discurso 3/9/26)

Son varios los motivos de fondo que empujaron a Milei a una retórica cínica de la soberanía. Entre ellos se amalgaman la crisis de legitimidad que aqueja al gobierno —cuyo desprestigio social se disparó luego de la derrota de la ley de extranjerización de las tierras, y que no para de crecer bajo la presión de la crisis social y el derrumbe de las condiciones de existencia de las y los trabajadores—, y el intento de subordinar la enorme crisis social y económica, que amenaza con explotar en la medida que encuentre canal de expresión, a una causa “por encima de cualquier diferencia política”, según sus propias palabras. A esto se suma la apelación a la unidad nacional para imponer la presión del nacionalismo al amplio arco político y la sociedad, un abordaje reaccionario de las causas justas de los países oprimidos, con el fin de someter a las y los trabajadores a la dirección política del gobierno de extrema derecha tomando como excusa las Malvinas. Y el sometimiento político a Estados Unidos de Trump, que ha reflotado la doctrina Monroe cuyo objetivo es delimitar el continente como zona de influencia yanqui.

Un discurso de contenido reaccionario que hurga en el nacionalismo de las fuerzas capitalistas  y empezó a cosechar simpatías incluso en el peronismo, y que pretende instrumentalizar el legítimo sentimiento soberanista que afloró con el evento político deportivo entre Argentina e Inglaterra del último Mundial, mientras crece el odio al gobierno por la carestía de la vida.

La maniobra no parece haber tocado hasta el momento las fibras sensibles de la sociedad, a la vez que las medidas prácticas en relación a la soberanía sobre el territorio son nulas, o de limitadísimas sanciones económicas. Una cortina de humo, cuyo abordaje requiere del anclaje estratégico anticapitalista como única política antiimperialista consecuente, frente a las fuerzas capitalistas como el “peronismo no mileista” que denuncian la “galtierización” de Milei, pero sostienen al “Galtieri” libertario y contienen el odio social para evitar sobresaltos en la continuidad del régimen de democracia de los ricos, y la izquierda bregmanista que se identifican con el antimperialismo a secas, y cuyas posiciones terminan presas de la perorata nacionalista.

Separar la paja del trigo y el humo

 “Los efectos concretos de lo comunicado por Milei respecto de la cuestión de la soberanía sobre las Islas asoman, sin embargo, difusas y no parecen encaminadas a tener solución en el corto y mediano plazo, según coinciden diplomáticos y académicos especializados” (Claudio Jacquelin, 3/9/26).

Días atrás, Donald Trump hizo declaraciones para presionar a Inglaterra a que aumente el presupuesto militar al 3% del PBI para 2030, cuestión que ha sido rechazada por el primer ministro laborista Andy Burnham. Esta presión se da en el marco de un mundo en combustión en el que el peligro de un conflicto mundial se ha incrementado, bajo el el reordenamiento del orden mundial impulsado por Trump que busca reposicionar a Estados Unidos como país hegemónico y dominante ante el avance del imperialismo de China, y la amenaza de Rusia a la Unión Europea. Por esta vía, Trump le exige a Inglaterra, y a sus pares de la OTAN, elevar el presupuesto militar cuyo mayor aporte recae actualmente sobre Estados Unidos con el 60% del presupuesto. Entre otras cosas refirió a que revisa la posición de “neutralidad” que ha tenido su país históricamente respecto del asunto Malvinas. Sumemos a esto, el hecho que el gobierno británico a través de la empresa Sea Lion (compuesta por capitales de origen israelí e ingleses) busca comenzar la explotación de los yacimientos petrolíferos de la Isla.

Ante esta situación, el gobierno de Milei hizo al menos tres anuncios: “Dar celeridad» a las leyes 26.659 y 26.915 que imponen sanciones a la exploración y explotación de recursos en las islas, leyes que existen desde el 2011 y fueron impulsadas por Pino Solanas bajo el gobierno de Cristina Kirchner. Paradojas de un gobierno desesperado.

El segundo anuncio fue “crear” una Base Naval en Ushuaia, que en realidad fue impulsada bajo el gobierno de Alberto Fernández y comenzó a construirse en el 2022, sin embargo, el actual gobierno interrumpió su desarrollo bajo el mandato del déficit fiscal cero. Esta medida se entrelaza directamente con los intereses geopolíticos de Estados Unidos: desde hace algunos meses, el gobierno nacional intenta conseguir financiamiento de EE.UU para la construcción de la Base Naval sin recurrir a fondos públicos, y abrir por esta vía la posibilidad de cooperación técnica y militar con el imperialismo yanqui. Esta zona tiene enorme interés para el imperialismo estadounidense por su acceso al océano Atlántico, la Antártida, el pasaje Drake que (al igual que el estrecho de Magallanes) conecta con el Pacífico. A esto se le agrega la proximidad a las Islas Malvinas con recursos petrolíferos que se calculan en 300 millones de barriles y más.

Esto se enmarca en la redefinición geoestratégica de Trump respecto de América Latina mediante la reactivación de la Doctrina Monroe (apodada Donroe por Donald Trump), la cual posiciona al continente como área de influencia exclusiva de Estados Unidos en su disputa con China. Bajo este marco se impulsaron el golpe en Venezuela, el estrangulamiento de Cuba y las declaraciones de intenciones de colocar bajo control directo el Canal de Panamá, además de los reclamos sobre Canadá y Groenlandia en el norte. Esta ambición territorialista de Estados Unidos frente al imperialismo chino condensa intereses hegemónicos, de vasallaje político sobre los países del continente y motivaciones económicas vinculadas a los recursos naturales y al tránsito comercial y militar.

Queda claro que el discurso “soberanista” de Milei no es más que humo con el que intenta instrumentalizar una causa justa de soberanía bajo un discurso reaccionario de unidad nacional, mientras que pretende someter al país al imperialismo trumpista. La lógica de su modelo económico y político tampoco deja dudas al respecto: la “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada” —frustrada por la movilización independiente del 6 de agosta en repudio a la extranjerización de la tierra—; la modificación de la Ley de Glaciares para la explotación de zonas periglaciares como complemento del RIGI, y el ahora pausado Super RIGI; el pacto “Escudo de las Américas” —que impulsa el uso de la fuerza militar de Estados Unidos en la región con el pretexto del narcotrafico y el terrorismo—; y el acuerdo de cooperación militar para la compra de drones y el abastecimiento de combustible a buques militares yanquis, firmado entre el ex jefe del Ejército y actual ministro de Defensa, Carlos Presti, y el embajador Peter Lamelas, lo cual da la pauta del caracter cipayo de las propias Fuerzas Armadas.

Todas estas medidas, que buscan someter al país a los intereses políticos de Estados Unidos y regalar los recursos minerales y acuíferos a las multinacionales, dan cuenta del carácter reaccionario del palabrerío del gobierno, empeñado en reducir el país a una republiqueta al servicio de Trump y la economía a una despensa de recursos naturales para el saqueo imperialista.

Y, por último, un proyecto de ley de “Defensa Nacional” que impulsaría la creación de un Consejo Nacional de Seguridad integrado por las Fuerzas Armadas, el Servicio de Inteligencia, Cancillería y el Ministerio de Economía, todo bajo control del mismo oficialismo que impulsó la venta sin límites de tierras para capitalistas extranjeros. Sumemos al contenido reaccionario del discurso el intento de revalorizar la desprestigiada institución de las Fuerzas Armadas, responsables de genocidio bajo la última dictadura, y de la derrota militar del país frente a Inglaterra en la guerra del 82 bajo el gobierno de Leopoldo Galtieri. Un desprestigio que es conquista histórica del movimiento de masas y sus organizaciones en la lucha por los 30 mil desaparecidos, los Derechos Humanos y las libertades democráticas.

Detrás del humo: el fuego social, el bombero loco y el bombero peronista 

 La nueva coyuntura surgida de la ruptura de la mayoría de la sociedad con el gobierno vuelve a poner en escena la enorme capacidad de contención de todo el régimen institucional y político. Si los cachetazos que recibió el oficialismo el 6 de agosto no se tradujeron en una crisis política es fundamentalmente por el rol de bombero del peronismo, que intenta moderar la temperatura social para que el odio existente contra Milei no se exprese en las calles, sino en las urnas dentro de un año. Juegan a que la crisis social deje tierra arrasada sobre la cual posicionarse como opción electoral por descarte.

Los elementos de peligro tampoco se han disipado. Si la movilización permite la expresión política de la crisis social y muestra sus debilidades, cuando esa misma crisis no encuentra canal de expresión el gobierno —y en particular Milei— actúa como atizador de los ánimos, y provoca una y otra vez tirando nafta al fuego. Busca que la crisis social se repliegue al ámbito privado, (al “cada uno con sus problemas”) y se canalice por la vía de la implosión social: la violencia en los barrios y en el ámbito familiar; el todos contra todos; la descomposición social; el desánimo y la falta de perspectivas, entre otras. La crisis social requiere de un canal de expresión para poner en movimiento la fuerza social que existe por abajo, la cual, al manifestarse deja al desnudo al gobierno de Milei. En otras palabras, debe elevarse al plano político para lograr irrumpir y cuestionar al gobierno de extrema derecha.

En este sentido, si bien el problema de la mora y la deuda que arrastran millones de trabajadoras y trabajadores logró estatus político por la presión social y el debate instalado en los medios de comunicación y el Congreso, como tal requieren de un vehículo para desbordar el manejo de los tiempos laxos y la irresolución de los problemas de fondo, propias del parlamentarismo. La oposición convocará a una sesión en Diputados el 9 de septiembre para tratar la mora y la situación de los sectores de discapacidades; sin embargo, en esa sesión no se tratarán resoluciones, sino un emplazamiento para fijar fecha en las comisiones donde deben discutirse los proyectos previamente, según el reglamento del Congreso. Esto refleja un desacompasamiento absoluto entre la política institucional —a la que tributan todas las fuerzas políticas capitalistas a excepción del propio gobierno que tanto respeta como desconoce las leyes a propia conveniencia— y los tiempos “políticos” de la vida de la sociedad. Ese vehículo para elevar la crisis social al plano político no es más que la movilización, tal como ha quedado demostrado en las numerosas jornadas de movilización masiva del último año.

En este sentido el conjunto de la izquierda debería convocar el próximo miércoles 9 a una movilización a la Plaza Congreso para abrir un canal de expresión a la bronca social, que no puede esperar a las elecciones ni a actos electorales. El Foro de Discapacidades, que nuclea a las organizaciones y trabajadores más representativos, ha convocado a una concentración frente al Congreso para ese día, además de los jubilados que se movilizan todos los miércoles. No es posible construir una alternativa para millones dándole la espalda a las necesidades de las mayorías sociales.

Organización, organización y más organización

La construcción de una alternativa requiere de sensibilidad política para no disociarse de las enormes dificultades que aquejan a la mayoría de la sociedad, y en particular a la juventud. Pero a su vez, requiere de realismo. La izquierda de conjunto no tiene la objetividad suficiente para convocar a su propio gusto a movilizaciones masivas, que permitan la irrupción social y cuestionen al gobierno, poniendo fechas de calendario sin relación con los eventos políticos más generales. En este sentido, la convocatoria al acto que impulsa el PTS de Myriam Bregman y otras organizaciones de izquierda ha quedado extemporánea y con fecha para un día sábado. En nuestra opinión, las organizaciones que nos reuniremos el próximo 5/9 en Parque Lezama deberíamos convocar a una enorme marcha para el próximo miércoles 9 como hemos dicho antes. Tenemos una oportunidad política frente a nosotros y no debemos dejarla pasar por motivaciones electorales que no resolverán de fondo los problemas de las y los trabajadores.

Los vaivenes de la coyuntura, por otro lado, nos imponen una tarea inmediata pero de carácter estratégico: impulsar la organización permanente contra la política de Milei que apunta a la desorganización y el repliegue social al foro interno, con la colaboración del peronismo. Miles de activistas y sectores de vanguardia son arrastrados cuando la movilización merma, y vuelven a irrumpir en la escena acompañados de sectores de masas cuando las calles vuelven a cobrar protagonismo. Resulta entonces fundamental pelear la conciencia de amplios sectores de vanguardia sobre la necesidad de consolidar una organización permanente, para impactar con mayor fuerza cuando la ola vuelva a crecer y, así, ser cada vez más determinantes en los eventos políticos.

Con este interés, el ¡Ya Basta! impulsa su segundo Plenario Nacional contra Milei y los fachos en la Facultad de Filosofía y Letras, para abrir sus puertas a la juventud y construir una enorme fuerza militante. Desde el Nuevo MAS, y junto a Manuela Castañeira, apostamos a que este evento sea una referencia para les jóvenes, las y los trabajadores, y todos aquellos que quieran sumarse a construir una organización política que sea referente de la lucha contra el gobierno y por una salida anticapitalista.

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