El escenario electoral

    Manuela Castañeira marca agenda por la izquierda

    Ingresamos en la recta final hacia unas PASO atípicas marcadas por fuertes contrastes y difícil previsión.

    Dirigente y teórico de la corriente internacional Socialismo o Barbarie.


    “Más rarezas a desentrañar. ¿Adónde va el voto joven? Los sondeos indican que se radicaliza. Una parte, desencantada con Juntos por el Cambio, prefiere a José Luis Espert o a Javier Milei. En el caso de este último, es más notorio el esfuerzo por ofrecerse como un castigo a toda la dirigencia política. También la izquierda trotskista se beneficiaría con esta marcha hacia los extremos. En algunas encuestas pasaría del 3 o 4% de las últimas elecciones a alrededor del 8% (…) Sin embargo, esta fuga hacia las puntas del dial ideológico tendría un límite: la polarización kirchnerismo/antikirchnerismo y macrismo/antimacrismo sigue organizando el espacio electoral. Algunos observadores bendicen esa tensión: ‘La confrontación convencional empobrece el debate, infantiliza la política, pero también evita la fragmentación. Gracias a la grieta en la Argentina no se verifica la descomposición que se ve en otros países’. Es la opinión de un dirigente que fue clave en la gestión de Macri”

    “Las encuestas presagian un cisne negro”, Carlos Pagni, La Nación, 26 de agosto del 2021

    Ingresamos en la recta final hacia unas PASO atípicas marcadas por fuertes contrastes y difícil previsión. Por un lado, en el círculo amplio de los votantes se ve cierta desafectación política; cierto rechazo a toda política –además de bronca por la situación social, evidentemente. El país –y el mundo- vienen de dos años consecutivos de pandemia, un factor reaccionario desde el punto de vista político y social, y si bien las condiciones están lentamente “normalizándose” (de momento, una “nueva normalidad” anormal), el papel de la pandemia ha sido atomizar socialmente a la gente, y esto no podrá dejar de tener consecuencias políticas y electorales.

    Esta es la base material de dicha desafectación, de ciertos fenómenos que podrían darse como el no voto, el voto en blanco o, incluso, cierto giro electoral a derecha de algunas franjas. Entre amplios sectores de masas la discusión cotidiana se mueve como entre dos carriles: por un lado, sigue siendo motivo de conversación la pandemia, el impacto que tuvo en las familias, la falta del colegio para los hijos/as, qué vacuna uno se aplicó y cuantas dosis, etcétera. Este factor, repetimos, es en general de efecto conservador.

    Sin embargo, y como contra tendencia entre los amplios sectores, también se hace presente la discusión por la situación económica, la miseria salarial, la precarización laboral, etcétera. Con esto, la campaña de Manuela Castañeira conecta y da voz con el reclamo de salario mínimo de 100.000 pesos –una propuesta de amplio impacto objetivo en la campaña- y que va en un sentido contrario a la desafectación política: conecta estos amplios sectores con una parte del debate electoral.

    Las fuerzas principales del centro burgués –Frente de Todos y Juntos- se han cuidado siempre de no hacer campañas excesivamente politizadas; que los comprometa en un sentido u otro (sin ir muy lejos, recordemos los globos de colores de la campaña presidencial de Macri). Una de las pocas cuestiones políticas de las cuales habló Tolosa Paz hasta este momento fue un cierto cuestionamiento a la “matriz impositiva” que impera hoy en el país sólo para desdecirse inmediatamente… Por su parte, Juntos ha concentrado el fuego sobre la foto de Olivos, el juicio de responsabilidades a Alberto Fernández y cosas así (el único tema sustancial que toma, aunque sea de manera hipócrita y demagógica, es la educación[1]).

    Que el Frente de Todos no pueda hablar de nada sustantivo se entiende porque no está dispuesto a tomar ninguna medida que vaya más allá de la mediocridad y las medias tintas social liberales en la antesala del acuerdo con el fondo sobre la deuda[2]. Incluso el supuesto debate interno en el Alberto-kirchnerismo sobre el acuerdo con el fondo no es más que eso: una maniobra para no aparecer firmando en medio de las elecciones. Cuando no se está dispuesto a encarar grandes transformaciones, cuando se dice que nada se puede y sólo domina un exangüe posibilismo, es imposible remediar esto en la campaña electoral (algo que explicaría las expectativas a la baja con las que llega el Frente de Todos al 12 de septiembre, lo que estaría indicando que con la campaña de vacunación no les alcanza para hacer una buena elección[3]).

    Nada de esto quiere decir que la elección –al menos en las PASO- se resuelva en un escenario de polarización: lo que perdiera una parte de la grieta K/anti K, la ganaría la otra. Esto no es así. Lo que se aprecia hacia el domingo 12 es cierto escenario de fragmentación electoral, así como un –cierto- corrimiento hacia los extremos: es factible que tanto el voto de derecha como, quizás, el de izquierda, crezcan al menos en las PASO (Pagni, dixit).

    Esto se conecta no solo con los elementos de desafectación que podrían expresarse en las PASO, sino con un fenómeno inverso –aunque se verá su amplitud-: la politización de la elección en determinados sectores. La desafectación política y cierto desplazamiento a derecha convivirían de esta forma con una tendencia en sentido contrario: el crecimiento en determinados círculos del debate político-ideológico.

    Las razones para esto son variadas. Entre otras, una fundamental es que los grandes grupos económicos y los grandes medios –TN y La Nación, por ejemplo- le están dando un inmenso espacio a personajes como Milei, Espert y López Murphy con el objetivo de condicionar el debate político y económico por la derecha.

    La racionalidad de esto es que los grandes grupos económicos no ven que las coaliciones centristas burguesas mayoritarias tengan “uñas de guitarrero” para aplicar las contrarreformas que ellos quieren (los objetivos electorales se contraponen con el ajuste a fondo), y, entonces, si logran buenas votaciones para estos personajes, podrían legitimar estas recetas y presionar por derecha tanto al gobierno como incluso la propia campaña de Juntos (algo de esto Vidal ya lo comenzó a hacer[4]).

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    Sin embargo, esta no es la única razón por la cual crece el debate ideológico. Entre otras razones, está el hecho de que aumenta internacionalmente el cuestionamiento al capitalismo. Uno de los elementos –sistémicos- que más se asocian a la crítica al capitalismo tiene que ver con el cambio climático; tema que, no casualmente, Milei presenta como un “invento del marxismo cultural” (muchas de las definiciones de este personaje son un calco de Bolsonaro[5])…

    Esto es lo que explica, por ejemplo, las enormes repercusiones de la polémica en “A dos voces” protagonizado el miércoles pasado entre Javier Milei, Manuela Castañeira y Fernanda Vallejos. Un debate que giró en torno a la explotación del trabajo, la defensa de Milei de dicha explotación en nombre de la “libertad”, la timidez de Vallejos de circunscribir la cuestión a un mero debate “económico” postulando al Estado como factor mediador y con Manuela Castañeira desnudando al personaje fascistoide espetándole que “en tu economía no cabe la sociedad” y que se programa es un calco del de Rafael Videla[6].

    De la combinación de las tendencias dominantes en estos dos círculos –el público masivo y el más politizado, amen de las determinaciones de clase del voto- vendrá la resultante electoral, que siempre es una expresión más conservadora que la realidad de la lucha de clases cotidiana en la medida que la “encuesta electoral” disuelve los sectores más activos y politizados en la masa del “una persona un voto” (el voto universal es tanto una conquista como un mecanismo de dominación conservador que hace pesar lo más atrasado sobre lo más avanzado[7]).

    De resultas de todas las tendencias agregadas no parece que en estas PASO estemos en presencia –dominante- de algunos de los mecanismos habituales como el voto castigo –aunque al oficialismo le estaría yendo peor de lo que se esperaba- ni, aún, de voto útil –aunque esto podría cambiar para noviembre en beneficio del oficialismo-. Más bien, lo que podría estar presentándose, repetimos, es una “paleta de colores político-electoral” que no es habitual en la Argentina.

    El círculo de la desafectación política es sin duda mayor que el círculo politizado -el primero es de amplias masas y el segundo es de vanguardia de masas-, lo que podría explicar algunas de las resultantes del domingo 12. Sin embargo, en una paleta electoral fragmentada el peso de cada factor puede tener cierto valor independiente. Por ejemplo, que se dé una redistribución de los votos en los distintos espacios incluyendo la izquierda. Por esta razón, antes que anticipar cualquier conclusión, es mejor esperar a ver qué imagen nos devuelve la elección en vez de perder el tiempo en –imposibles- especulaciones numéricas finas (especulaciones sobre agregados de masas donde es muy difícil hacer previsiones y más en este contexto pandémico).

    Es a partir de este escenario político y electoral tan complejo, en condiciones tan atípicas, que se desprenden las preocupaciones de algunos periodistas como Carlos Pagni, que afirma que no pueden descartarse “cisnes negros”. Es decir: fenómenos inesperados o atípicos el domingo 12/09. No solo Pagni sino todo un conjunto de analistas insisten en que las encuestas están “vacilantes”, que siquiera se puede encuestar al modo tradicional, etcétera. Por no agregarle que todas las encuestas son pagas, son herramientas de campaña y no de análisis científico…

    En este contexto podemos enmarcar –muy someramente- nuestra campaña electoral (¡no hace falta desarrollar mucho porque habla por sí misma![8]). Desde el punto de vista político, la misma viene siendo un éxito tremendo. Existiendo otras coaliciones de izquierda con más aparato, sin embargo, la que viene marcando agenda es nuestra campaña (esto ha venido ocurriendo semana tras semana).

    Y esta es una tarea de primer orden en la campaña. Porque si Espert y compañía señalan que su objetivo es intentar marcar agenda por la derecha, la tarea de la izquierda, evidentemente, es aprovechar la campaña electoral para intentar hacer lo mismo pero por la izquierda: legitimar políticamente reclamos desde los trabajadores, las mujeres y la juventud que condicionen la agenda política del país, que conecten con la lucha de clases cotidiana, que politicen a más amplios sectores.

    De entre los impactos de nuestra campaña estuvo primero la propuesta de salario mínimo de 100.000 pesos, de enorme impacto popular. Dicho impacto se expresó –entre otros medios- en un reportaje viralizado en la página web de Clarín. Luego estuvo el reportaje en Infobae, con la propuesta de “aumento de las retenciones al agro al 50% y dejarse de joder”, que también se viralizó. Y, nuevamente, el debate en TN con Milei y Vallejos, que alcanzó una inmensa difusión y se viralizó también (tiene, por ejemplo, 650.000 vistas en el IG de TN).

    Desde ya que cada una de estas propuestas programáticas y/o posiciones en debate remiten a cuestiones de fondo. Aparecen como consignas mínimas –el salario mínimo o las retenciones- pero, dado el contexto económico del país, una economía en devaluación y ajuste permanente mientras los sectores concentrados se la llevan en pala, adquieren elementos de consignas de transición: son disparadores que nos llevan a los debates de fondo.

    Nuestro partido siempre ha planteado las campañas electorales para intentar introducir cuestiones de fondo; para ayudar a un progreso en la conciencia política de clase (entre otros objetivos, claro está). Y de ahí que uno de los ejes generales de nuestra campaña –más propagandístico, evidentemente- sea el anticapitalismo, cuestión que dialoga con un fenómeno específico de esta campaña que es la aparición de candidatos ultra capitalistas y liberales (dictatoriales), además del crecimiento de la sensibilidad anticapitalista en la juventud internacionalmente.

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    Desde ya que una cosa es el éxito político de la campaña y otra distinta es quebrar el 1.5% en la provincia de Buenos Aires, una cuestión que remite a otras determinaciones (determinaciones de aparato). Es decir: la provincia de Buenos Aires es el distrito electoral más grande del país. Los programas políticos de la TV los ve una minoría; la mayoría sigue el futbol y los magazine, donde en general no invitan a la izquierda. Por lo demás, el territorio está dominado por los grandes aparatos políticos de la burguesía: el Frente de Todos y sus caciques, el PRO y los radicales. Incluso en el seno de la izquierda los recursos de los que dispone el FITU y su aparato son evidentemente mucho mayores que los nuestros.

    Sin embargo, entre aparato y política existe una tensión dialéctica que se puede romper para uno de los dos lados: para el lado de los aparatos o, también, dadas determinadas circunstancias, para el lado de que la política sea más fuerte que el aparato (el marxismo clásico y revolucionario ha insistido mil veces en esta última idea donde el aparato fracasa muchas veces porque no conecta con las necesidades que vienen desde abajo)…

    En todo caso, está visto que las PASO son un instrumento electoral del régimen burgués ya consolidado (es un error divagar alrededor de que podrían ser eliminadas o suspendidas algún día). Tienen una doble funcionalidad política: por un lado, les permite a la burguesía ordenar sus coaliciones principales. Por el otro, les permite despejar el camino hacia las generales para monopolizar la representación (así como inundar de listas fantasmas las PASO mismas como factor mediador). Fueron concebidas por los esposos Kirchner para evitar fugas electorales, y está pensadas hasta en sus mínimos detalles: por ejemplo, que el voto en blanco se cuente como voto válido en las PASO (¡lo que las hace más proscriptivas aún!), pero que esto no sea así en las generales (es decir, a la hora de la repartija de los cargos)…

    Quien la diseño conocía, evidentemente, las reglas de juego del “mercado electoral”: de ahí que sean una barrera tan eficaz a terceras fuerzas. Desde el 2011 el FIT se ha valido de esta herramienta contra nuestro partido. Armó una coalición electoral conservadora, estanca, que no refleja los movimientos reales de fuerzas en el seno de la izquierda (o los refleja de manera muy distorsionada). Desde su formación, el FIT ha sido una coalición contra los partidos patronales pero, también, contra nuestro partido. Y en esta oportunidad también busca valerse de las mismas contra nosotros, de ahí que su planteo de la “unidad” haya sido una pura maniobra mentirosa y que Del Caño haya escabullido una y otra vez al desafío de Manuela Castañeira a debatir (¡el colmo es que Tolosa Paz llama –supuestamente- a debatir a todos los candidatos mientras que Del Caño se esconde debajo de la cama ante cualquier idea del mismo tenor!).

    En estas condiciones es muy difícil anticipar qué resultado tendremos en la provincia de Buenos Aires el domingo 12. Quebrar el piso proscriptivo en la principal provincia del país, la más populosa, el principal distrito electoral, donde imperan los grandes aparatos, es muy difícil pero, al mismo tiempo, venimos realizando, quizás, la campaña electoral más importante desde la fundación del Nuevo MAS; veremos qué resulta de las tensiones contrapuestas que planteamos en este análisis.

     

     

    [1] Es de esperar que si Milei y Espert hacen buena elección, su discurso se radicalice más hacia la derecha. Así funciona la derecha extrema en el mundo: tracciona más a la derecha las coaliciones conservadoras.

    [2] Está prácticamente confirmado que los DEG recién llegado desde el fondo como asignación para el país del orden de los 4000 millones de dólares se utilizaran exclusivamente para pagarle al FMI dos cuotas del préstamo a Macri que vencen antes de fin de año (es decir: la discusión de los senadores k y la propia Cristina de que “se utilicen para las necesidad del país” y son puras afirmaciones pour la galerie).

    [3] Al inicio de la campaña electoral todos los analistas indicaban que el gobierno las ganaba por 10 puntos; hoy serían solo 3 o 4 puntos e incluso hay algunos que anticipan que podría salir derrotado…

    [4] Desde las usinas de Patricia Bullrich su ufanan de que finalmente Vidal se apioló de que debe girar su discurso más a derecha.

    [5] Ideas como la crítica al “marxismo cultural”, el escandalo de la profesora de la Matanza para forzar “las escuelas sin política” o sin partidos, el ataque de Milei a los sindicatos, etcétera, son un calco de las políticas de Bolsonaro.

    [6] Ver a este respecto La Chispa capítulo 4 (por izquierda web) donde se muestra el primer discurso de Martínez de Hoz, a la sazón Ministro de Economía de la dictadura, anunciando la libertad de cambios, la libertad de exportaciones, la eliminación de todos tipo de subsidios, etcétera (¡liberalismo extremo y dictadura un solo corazón podríamos decir!).

    [7] La lucha de clases cotidiana y las elecciones se paran sobre determinaciones completamente distintas: si en la lucha de clases valen las relaciones de fuerzas más o menos directas, colectivas, las elecciones son la panacea de la atomización liberal y, por lo tanto, del imperio de los aparatos (de ahí que las dominen las grandes empresas y los grandes medios amén de los aparatos de masas como el peronismo, el macrismo y el radicalismo).

    [8] Se puede seguir nuestra campaña en las redes de Manuela Castañeira o en nuestro portal, izquierda web.

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    1 COMENTARIO

    1. Compañero; no me queda claro, si estoy afiliado al Nuevo Mas o al Partido Manuela Castañeira.
      Los Personalismos jamás fueron saludables.
      Quizás me dormí y me perdí de algo.

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