Las contradicciones feroces de un gobierno anormal «normalizado»

Apuntes sobre la coyuntura nacional.

“(…) debajo de los numeros que exhibio Kicillof [que reunio a los intendentes de la provincia de Buenos Aires para decir que no tiene fondos] anida un problema mucho mas profundo: el programa economico de Milei no tiene previsto ningun horizonte de prosperidad para el cordon industria bonaerense, simplemente porque no está contemplado. El conurbano es el pato de la boda del modelo libertario que incluye una perspectiva promisoria para el corredor andino y su mineria prometedora, para la region patagonica y su desarrollo en petroleo u gas, y para las provincias agropecuarias del centro del pais. Para el conurbano el unico mensaje en el discurso oficial es reconversion o muerte”

Jorge Liotti, La Nacion, 5/04/26

La misión Artemis II es un nuevo horizonte para la humanidad. A pesar del capitalismo voraz en el que vive la humanidad y de la guerra geopolítica, desde el punto de vista de las fuerzas productivas plantea una humanidad potencialmente interplanetaria. Es un salto en calidad, una nueva frontera humana. Las relaciones sociales que son el marco en el que vivimos, las relaciones de explotación y opresión del sistema, ponen utopía y distopía a competir, y refuerzan la necesidad de un mundo emancipado.

Por otra parte, la “tregua” en la guerra contra Irán aparece claramente como un retroceso o derrota de los EEUU. El régimen resistió más de lo esperado y el frente interno de los Estados Unidos no aguantó esta nueva bravuconada de Trump. El voluntarismo no puede resolver su retroceso estratégico. Lógicamente, nuevos capítulos están por delante, y lo que señalamos acá son solo pinceladas que dan marco a la coyuntura nacional.

Hay un nuevo elemento de incertidumbre alrededor del experimento de extrema derecha internacional, que da muestras de cierto “ahogo”. Se abre en la burguesía internacional el debate de si no es mejor pasar a una suerte de “retirada en orden” de los problemas geopolíticos y económicos abiertos por el voluntarismo trumpista. Todo esto debe ser verificado en los próximos desarrollos de las cosas, y acá solamente lo podemos enumerar.

Lo que sí está claro es que se reafirma la reapertura de una nueva etapa mundial de crisis, guerras, reacción y (potencialmente) revoluciones. Es una nueva etapa de polarización extrema que no se reduce a las peleas geopolíticas: detrás de ellas están las y los explotados y oprimidos. En esta etapa irrumpen, aquí y allá, la lucha de clases y los elementos de guerra civil, y se actualiza la necesidad de una perspectiva socialista y anticapitalista.

Yendo a la coyuntura nacional, una aguda contradicción está sobre la mesa: el gobierno se está “normalizando” demasiado para las tareas “anormales” que tenía planteadas. Milei llegó con una agenda reaccionaria global, pero para su aplicación no hay unidad burguesa. Lo que se expresó en las calles el histórico 24 de marzo pasado es que no hay consenso popular ni unidad burguesa para saltearse el régimen democrático burgués. Tampoco hay unidad burguesa para derogar el aborto legal ni para dejar de considerar femicidios a los femicidios. Tampoco para cuestionar el concepto de educación pública, aunque esté totalmente desfinanciada. Para nada de esto hay margen por ahora, salvo que Milei sea reelecto y pase a una contraofensiva.

Además, y sobre todo, no hay calle para esta agenda reaccionaria. No venimos de movilizaciones reaccionarias grandes como supo haber en la previa del gobierno de Macri diez años atrás o con el paro del campo en el 2008.

Eso entra en contradicción con algo para lo que sí hay unidad burguesa, que es “destruir” a la clase obrera. Pero incluso para eso hay mediaciones: si se presupone el régimen democrático burgués y al mismo tiempo quieren destruir a la clase obrera, tienen que pasarles por arriba a las mediaciones. Eso es lo que no está pudiendo hacer el gobierno –o no está pudiendo hacerlo del todo, más precisamente–. Por ejemplo, el gobierno logró amplio consenso para votar la ley laboral en el Congreso, pero la Justicia burguesa suspendió 86 artículos: ¿en qué quedamos? Lo mismo ocurre con la Ley de Glaciares, que será judicializada. Si bien es verdad que, a pesar de la interna que también tiene la Corte Suprema, sus integrantes han dejado trascender que validarían ambas leyes. Pero todo el tramiterío legal lleva tiempo, y dos leyes de esta importancia votadas de espaldas a la sociedad les quita legitimidad y, sobre todo, seguridad jurídica: lo que se consigue de arrebato no tiene la consistencia de lo que logra consenso real. Sobre todo si el régimen político (aun en una versión más reaccionaria, que es lo que estamos viendo) se mantiene esencialmente inalterado.

Acá aparece la principal contradicción del gobierno mileísta, que marcamos desde nuestros primeros análisis del fenómeno en el segundo semestre del 2023: la contradicción entre que haya fracasado (aunque lo haya intentado) en llevarse puesto al régimen político y la declaración de guerra contra la clase obrera que implica su gobierno. La contrarreforma laboral no es un mero “ajuste”: es un programa de precarización y descalificación global de la clase trabajadora (que viene sucediendo de hecho durante todos los gobiernos desde la dictadura militar).

La reforma tiene la contradicción de que “viene atada” a un modelo de país para el que no hay acuerdo entre la burguesía. La industria es la gran perdedora del “modelo Milei”, y no está claro si la mayoría de la burguesía ya da por hecho que esto vino para quedarse y tienen que adaptar sus negocios, o si podrían asomar otras alternativas. Esto tiene potenciales reverberaciones electorales. Pensamos que desde el punto de vista económico, la burguesía está dispuesta a acomodarse a un modelo como el de Milei, pero desde el punto de vista político mucho no se lo aguantan y podrían mirar hacia otro lugar.

Esto nos lleva al tercer problema, que es el más estructural de la coyuntura: en lo que más crisis hay (y que no es sólo a causa de Milei sino que viene de hace décadas, como señalamos arriba) es en la degradación social de masas, lo que llamamos la crisis social. Empezó con el menemismo, pero siguió con el kirchnerismo, con Macri y ahora con Milei.

El trasfondo del marzo horrible que tuvo el gobierno, y que continúa, es el deterioro en las condiciones de vida: la inflación dejó de caer, cerraron 22.000 pequeñas y grandes fábricas (Fate entre ellas), el salario está por el piso, hay temor creciente al desempleo, viajar en transporte público en GBA y CABA es un calvario, etc.

Hay regiones del interior del país que están mejor, pero los agregados suburbanos están todos en crisis: “(…) la provincia [de Buenos Aires] sufrió el mayor impacto en materia de empleo. De los 270.000 puestos de trabajo formales que se perdieron en los últimos dos años, 160.000 fueron en territorio bonaerense, es decir el 60% del total, pese a que en términos demográficos representa el 38% de la población del país. En cuanto a la cantidad de empresas, en el periodo evaluado bajaron la cortina casi 22.000 firmas, de distintas dimensiones y categorías. Si se mira la geolocalización de este retroceso, resalta la fuerte concentración de cierres que se produjo en la zona del conurbano [donde habita la mayor concentración poblacional del país: 12.000.000 de personas]” (Liotti, ídem).

En el marco anterior, en estas últimas semanas hubo dos hechos políticos que pusieron al gobierno a la defensiva. Uno fue la ya señalada jornada del 24 de Marzo, que fue más allá de una efemérides. Trazó una raya (o expresó una raya): que las libertades democráticas no se tocan, que nadie quiere saber nada de los militares genocidas. Además de las marchas multitudinarias en todo el país, las encuestas mostraron que entre el 70 y el 80% de la población está a favor de la “democracia” y no quiere saber nada con la vuelta de los militares.

El otro elemento es el caso Adorni, transformado ya en un peso muerto para el gobierno. El caso explotó porque la afirmación de que iba a “deslomarse” a Nueva York se volvió un vehículo de la bronca por la crisis social: ¡un poligrillo se transforma en millonario, adquiriendo propiedades de forma “oscura” a partir de ser funcionario del gobierno! Uno de los canales de expresión de la “crisis Adorni” fue la facultad de Filosofía y Letras con el ¡Ya Basta! a la cabeza.

La preocupación de la burguesía en este instante no es el régimen político (lo prefieren incluso para arbitrar contra Milei cuando es necesario). Sí les preocupa que al gobierno se le termine la “nafta reformista” y, sobre todo, les preocupa la economía, que no se recupera, que es muy heterogénea, etc. Así como al FMI le preocupa el pago de la deuda, dado que entre este año y el que viene vencen 30.000 millones de dólares y el BCRA sigue en reservas negativas por casi 14.000 millones de dólares.

Desde nuestro punto de vista, la variable más independiente de la situación política es la crisis social, que es el factor más descontrolado. No hay grandes luchas más allá de la histórica pelea contra el cierre de Fate, así como conflictos docentes en el interior del país. En la Universidad, es demasiado “agónico” el formato de paros pasivos de los docentes, que no le da un papel protagónico al movimiento estudiantil, lo que es un escándalo, amén de la maniobra reaccionaria del adelantamiento electoral por parte de los radicales en la UBA.

En materia de dinámica compiten, entonces, dos tendencias: a) la tendencia al descontrol de la crisis social (aunque no habría por ahora en los barrios del GBA un ambiente como el del 2001); b) aunque falte tiempo, el encaminamiento hacia las elecciones.

Lo más importante es que el gobierno se “normaliza”, no porque se quiera normalizar, sino porque las relaciones de fuerzas se lo imponen en el terreno político del régimen. ¡Fuimos con el ¡Ya Basta! de Filo a hacerle un piquete a Adorni, la policía no los pudo sacar y encima les sonríe, y las vecinas salen a golpear la cacerola!

Es un lío para Milei que su gobierno se normalice, porque si quiere imponer sus planes tiene que ser un gobierno anormal. Es un gobierno de extrema derecha “melonizado” (es decir, normalizado más allá de su carácter reaccionario), aunque el grupo de gobierno mileísta siempre vaya a ser una banda de marginales. No pueden imponer su agenda reaccionaria más allá del terreno económico-social. Ahora anunciaron un proyecto de ley de “salud mental” que seguramente es una aberración y que se verá qué andadura tiene.

El ataque social sigue con todo, aunque la burguesía no tiene claro qué hacer con el país. Parece que su única lógica de competitividad –como viene ocurriendo hace décadas– no es realmente la inversión, ni directa ni en las condiciones generales de la acumulación capitalista –infraestructura–, sino seguir exprimiendo el plusvalor absoluto (precarización laboral, superexplotación, etc.).

En el mundo, tampoco la burguesía internacional tradicional decidió si el ataque de la extrema derecha es beneficioso o perjudicial. ¿Trump fortalece a EEUU en la pelea con China o lo debilita? Que vuelvan los Bolsonaro a Brasil, ¿es deseable o no? Lo mismo se aplica a que siga Milei: tuvieron la idea de adelantar las elecciones pero se bajaron porque están mal ahora.

Esa dialéctica de un gobierno que se normaliza pero que está pasando una crisis política, aunque las elecciones no se adelanten, adelanta un clima de disputa electoral en el que todos los aparatos salen a cuidarse: los radicales adelantaron las elecciones en la UBA para cuidar su aparato allí.

La fuerte disputa en la izquierda también está vinculada a las elecciones: el aparato de la dirección del PTS no quiso hacer frente en Filosofía y Letras de la UBA, tratando así de regalarle por sexto año consecutivo la conducción al peronismo. Lo hacen porque es evidente que, si se gana ese centro de estudiantes estratégico, el ¡Ya Basta! pega un salto nacional imparable y, además, se viene una presión enorme de nuestro partido por la unidad de la izquierda en 2027.

¿Cuál es la resultante de esta coyuntura para el partido? Pelea enmarañada en todos los frentes, con el FITU y también con el peronismo. Necesitamos la capacidad de aprender a hacer acuerdos tácticos con otras fuerzas para avanzar en nuestras posiciones, para maniobrar frente al “cerco” reaccionario del FITU contra nuestro partido.

Porque, además, hay espacio, hay orfandad, hay crisis de representación en todos los planos: una parte del peronismo sufre esa crisis a cielo abierto.

En este marco, el conflicto de Fate está dificilísimo, en gran medida porque la conducción del PO y la Negra no lo abordan como un conflicto de la lucha de clases, sino como algo superestructural-administrativo. Quieren cuidar el aparatito aunque la lucha se pierda (¡no es Milei sino el PO el que se ha transformado en un gatito mimoso!).

El peronismo se cuida del pasillo abierto entre ellos y la izquierda, que muestra canales de ida y vuelta tanto en el terreno electoral como en el orgánico. En las elecciones nacionales pasadas habíamos hablado de ese pasillo entre el peronismo y la izquierda, que además es capilar, orgánico, no solo electoral. Aunque también es, sobre todo, electoral.

El peronismo quiso copar el 9 de Marzo y el 24 de Marzo, quiere copar jubilados con el aparato, pero ese movimiento tiene elementos preventivos de contención –igual que el PTS y el FITU con el Nuevo MAS–. Si la izquierda no fuera nada, no habría ningún copamiento, ¿para qué?, a la nada no hay que coparla. Si hay ese movimiento preventivo es porque hay una preocupación con la izquierda, que se expresa distorsionadamente en la idea de que Bregman sea candidata del peronismo (a otra escala se expresa también en la simpatía que recibe a diario nuestra compañera Manuela Castañeira). Pero por abajo se expresa en que la construcción está abierta para todas las corrientes y es una pelea feroz (con un PO muy reducido orgánicamente y a la defensiva en todos los frentes).

La “normalización” del gobierno es un elemento de presión hacia la izquierda en la situación política. ¿Cuánto a la izquierda? No sabemos. ¿Puede haber una expresión electoral de eso que después se traduzca en crecimiento orgánico? Puede. Entonces, hay un doble movimiento preventivo: uno del peronismo en relación a la izquierda en general, y otro del PTS y el FITU en relación al Nuevo MAS.

El “pasillo” está lleno de interrogantes, y lo más importante es el trazo más grueso: la normalización del gobierno no significa que se fortalece el régimen en sí mismo, eso sería una visión conservadora de las cosas. Lo cierto es que estaban en peligro conquistas democráticas: si avanzaban en arrebatar el derecho al aborto hubiera sido una derrota. La “normalización” abre espacios a la vida política a pesar de las condiciones sociales terribles que juegan en contra. Abre espacio a determinadas luchas, como en Córdoba, donde hay un desborde docente desde hace años.

Está la actitud preventiva, y la actitud activa frente al pasillo. El partido le molesta mucho al FITU, no aguantan nuestra existencia porque los desbordamos. Ahora el PTS agarró el perfil antiimperialista, sin sujeto, de derecha; nosotros somos anticapitalistas. Y al resto de las corrientes del FITU les molesta que nos mantenemos firmes mientras ellos capitularon todos.

Se trazó una línea con las libertades democráticas y eso es importantísimo. Para el problema social, hay que trazar una línea anticapitalista. Están destruyendo al país, porque en esta etapa el capitalismo es una máquina de destruir.

El 24 de Marzo fue histórico porque trazó esa línea de la que hablamos, pero la contradicción es que el peronismo lo controló. Eso hace difícil pasar a una necesaria contraofensiva para derrotar ahora mismo al gobierno mileísta sin esperar al 2027. Al mismo tiempo, la gente está consumida por el día a día, por pagar las cuentas, lo que dificulta el desborde a la CGT. Sin embargo, hay que dar cada pelea que se plantea por abajo, como Fate, y también las estratégicas peleas por la representación del movimiento estudiantil como la que se viene en la UBA, por la organización del millón de trabajadores y trabajadoras de reparto con el SiTraRepA, los no-docentes, etc.

El partido y el ¡Ya Basta! tienen oportunidades históricas por delante y hay que tomarlas en nuestras manos: ¡resolver nuestro pasaje a partido de vanguardia y de ahí lanzarnos a la pelea por la influencia de masas!

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