El lunes 29 de junio, una delegación de la dirección del Nuevo MAS nos presentamos en el Foro de Debate del FITU para ofrecer, a las direcciones de sus partidos y a la militancia, nuestra carta abierta La izquierda ante la oportunidad histórica de unificarse y ser alternativa para millones. Como es de público conocimiento, en ella expresamos la intención de participar del debate, tomando la propuesta pública del PTS a “incorporar a otras agrupaciones políticas que quieran participar del debate”, cuestión que nos fue negada junto con la posibilidad de dar lectura a la carta luego del panel.
Aun así, asistimos como oyentes al debate, cuyos límites enormes quedaron expuestos a la vista de toda la militancia y que puede repasarse en la publicación de los videos.
Desde el NMAS nos hicimos presentes en el foro de debate del FITU sobre las perspectivas y posibilidades de la izquierda, con una comitiva de nuestra dirección. Lamentablemente no nos han dejado participar en el mismo, pero hemos estado de oyentes y repartido nuestra carta.… pic.twitter.com/QfrK2sftsn
— Juan Cruz Ramat (@juancruzramat) June 30, 2026
En esta nota, queremos dar cuenta de algunos de los problemas irresueltos en el debate e ir más allá de estos encuentros cerrados a la participación exclusiva de los integrantes del FITU, partiendo de que las oportunidades planteadas para la izquierda argentina se dan en una nueva etapa internacional, considerando el impacto y asimilación en el país. Someramente, podemos decir que:
– La reapertura de una etapa de crisis, guerras, barbarie y revoluciones, planteada por el intento de reconfiguración del capitalismo en su forma neoliberal mediante el retorno a formas más desnudas del imperialismo territorial y de expoliación, con el objetivo de resolver la relación de fuerzas política y económica entre Estados Unidos y China, además de la Unión Europea y Rusia.
En definitiva, se reabrió la batalla por el dominio del planeta y sus recursos naturales y sociales, cuyo reverso dialéctico es la posibilidad del retorno de la guerra mundial y, así mismo, de la revolución, como demostró Lenin tempranamente en 1914.
– La emergencia de sectores de extrema derecha que fuerzan los regímenes democrático burgueses con elementos bonapartistas y, cuya virulencia contra los trabajadores y las mayorías sociales, ponen en crisis consensos conquistados mediante la lucha de clases y las relaciones de fuerza entre las clases sociales. Además, en el caso de los países dependientes—como Argentina bajo el gobierno de Javier Milei—, atacan la estructura social y económica del país, y su relación con los imperialismos y el mercado mundial.
– Una coyuntura reaccionaria, atravesada por una enorme inestabilidad e indefiniciones propias de un momento de interregno, en que la extrema derecha no logra afirmar un nuevo orden mundial y que, aún con los embates permanentes, da lugar a eventos de la lucha de clases como respuesta. A su vez, deja abierta la posibilidad de no ser refrendada electoralmente y perder su continuidad de gobierno (como el caso de Trump en próximas elecciones intermedias o Milei que se jugará la presidencia el 2027).
– La crisis de representación expone a un peronismo sin programa alternativo que actúa como garante de la gobernabilidad frente a los sectores de vanguardia. Al mismo tiempo, evidencia su carácter de partido de Estado con una orgánica de masas, y con dirección de centrales obreras, sindicatos y centros de estudiantes. Esto requiere de un abordaje unitario del conjunto de la izquierda en el plano político, sindical y electoral para ofrecer una alternativa al peronismo, cuestión que no puede ser resuelta por una figura “salvadora” ni por un sólo partido de izquierda en lo inmediato.
– Lo anterior deja planteado a la izquierda revolucionaria local tareas muy importantes que no son las de ser gobierno en lo inmediato, cuestión que requeriría además de una orgánica muy superior y de un ascenso de masas. Se trata de desarrollar iniciativas fundamentales para construirse como factor de organización política (además de electoral) ante la posibilidad eventual de una ruptura de sectores acaudillados hasta el momento por el peronismo, y de otros sectores sin partido defraudados por el centro político.
– Dichas tareas suponen, como punto de partida, unir a la izquierda y sus simpatizantes en un Frente Único Anticapitalista para superar los límites orgánicos de cada partido por separado y, así, proyectar una alternativa para millones. E impulsar desde ese F.U.A canales de auto-organización y coordinación para miles de activistas y sectores de vanguardia amplia defraudados por el peronismo, huérfanos de organización y/o representación política.
Una medida así daría respuesta al reclamo de miles de simpatizantes de izquierda para terminar con el divisionismo artificial que impone el FITU y parte de lo electoral, se extiende por voluntad de sus partidos a una división política forzada (ausencia absoluta de canales de diálogo político con organizaciones ajenas el frente electoral, incluso más allá de la existencia de coincidencias existentes), y que impiden incluso recuperar organismos gremiales, impulsar polos de referencia en la lucha de clases, acordar o mínimamente debatir abordajes para conflictos de suma importancia.
Un Foro ultimatista
“El FIT no alcanza. Es una respuesta rutinaria, sin ambición.”
(Laura Liff, dirigenta del PTS)
El foro expuso ante unas 650 personas presenciales y unas 14 mil que han visto el debate por Youtube a la fecha de hoy, las discusiones que se procesan de forma fraccional entre los partidos del FITU. La misma lógica que se expresó durante 15 años en la división de la izquierda por medio de la exclusión de nuestro partido y de otras organizaciones, y con la que hoy se dirimen las relaciones de fuerza al interior de la propia coalición.
Junto con esto, una de las primeras conclusiones es que el PTS de Bregman ha reafirmado y sellado como definitivo el carácter estrictamente electoral del FITU, dejando en claro que dicho frente no será un factor de organización política ni de lucha para sectores simpatizantes de la izquierda y otras organizaciones y partidos.
Esa reafirmación del frente como mera “cooperativa electoral”, de la que oportunamente se beneficiaron los partidos que lo componen, ha sido elevada a máxima por el PTS que dirige la orientación del FITU. La lógica cooperativa se vuelve ahora contra sus ‘socios menores’ ante el ascenso de la figura de Bregman.
Así, la oportunidad que tiene el conjunto de la izquierda revolucionaria (todos sus partidos y organizaciones) de ocupar un lugar no solamente electoral de mayor envergadura, sino de constituirse como un factor de organización política y para la lucha de miles, queda preso, en primer lugar, del debate internista del frente (la oportunidad es mía y sólo mía dice a el FITU de conjunto) y, en segundo lugar, de la orientación de su corriente dominante (la oportunidad es mía y solo mía reafirma el PTS).
Más allá de las propuestas del PO, IS e incluso del MST, de impulsar comités únicos del FITU (aclaremos que para ser unitarios requeriría ir más allá de los muros del frente) cuyo objetivo sería organizar a sectores más amplios, el PTS dejo claro que “el FIT no alcanza. Es una respuesta rutinaria, sin ambición.” Y que para lo que no es estrictamente electoral (reservado como tarea exclusiva al frente que debe impulsar a Bregman) el PTS lleva adelantes comités partidarios. Ese ha sido el resultado del no debate del Foro. Una discusión clausurada antes de empezar.
En ese marco, quedaron en evidencia también una serie de propuestas falsas o simplemente maniobras impulsadas por el PTS, como la del “movimiento por un partido único”. Como hemos dicho en repetidas oportunidades, no es real que sea condición obligatoria para ponerse a la altura de las posibilidades planteadas para la izquierda que exista un sólo partido, algo que suena a pasar por encima de la experiencia de las y los trabajadores, de las direcciones, los militantes y las organizaciones construidas, de manera ultimatista y estalinista.
El público simpatizante reclama la unidad de la izquierda, no la existencia de un sólo partido que suena a propuesta de aparato. Escuchar las necesidades que plantea nuestra clase es (o debería ser) elemental para cualquiera que se reivindique socialista y revolucionario, en la medida que la relación entre el partido y las masas implica un metabolismo en que el partido hace a la dirección consciente y estratégica para la lucha por el poder, pero que requiere de un procesamiento de la experiencia junto con las y los trabajadores, al mismo tiempo que se nutre de su clase. Este elemento de sensibilidad (que hace al ‘arte de la insurrección’, pero también al arte y la ciencia de la política revolucionaria), es clave en la concepción estratégica de nuestra corriente internacional SoB y de nuestro partido el Nuevo MAS.
Se trata de la concepción estratégica basada en la experiencia revolucionaria del siglo XX y las concepciones clásicas del marxismo revolucionario, para las cuales sin el protagonismo de la clase obrera, sin su rol de dirección y control sobre la planificación de la economía y la política mediante sus organismos y junto a sus partidos, no hay Estado Obrero ni transición al socialismo posibles. Sólo así se comprende en su dimensión profunda la frase de Marx de “la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”. Vale decir que aún sin ser esta la concepción del resto de la izquierda argentina ni de sus corrientes internacionales —que asimilan de manera economicista la transición socialista y el Estado Obrero a la mera expropiación de la propiedad privada bajo control de los partidos y el Estado en exclusión del control y la dirección la clase obrera autoorganizada— esta diferencia estratégica y programática no desecha la posibilidad, e incluso la necesidad, de proponer ámbitos de actuación y espacios políticos y de coordinación conjuntos.
La voluntad de emprender un camino de Frente Único Anticapitalista, que parta de la independencia de clases y ponga en valor los puntos en común que tiene la izquierda, surge como respuesta a la necesidad de un ámbito de intercambio y de elaboración política común, además de un canal de organización de miles de simpatizantes. Un espacio, desde el cual se puedan impulsar otros ámbitos de frente único para la lucha, sin condición de filiación política de izquierda, a la cual se integren sectores masivos dispuestos a luchar consecuentemente contra el gobierno de Milei. Una respuesta ambiciosa y no rutinaria para un problema y una necesidad real, que sería perfectamente realizable y sin pretensiones de imponer a nadie ninguna cosa que no se desprenda de la experiencia de la lucha de clases ni de una necesidad real, como ocurre con el partido único.
Esos puntos en común son los que nos permiten actuar juntos en muchos eventos de la lucha de clases, pero que por acción consciente del resto de la izquierda no se constituyen en mojones de partida para construir un factor de organización permanente impulsado por nuestros partidos.
Por el contrario, el planteo de un ‘movimiento por un partido único de los trabajadores’ se ha mostrado como una discusión falsa, además de rutinaria y sin ambición (son años del mismo planteo). En palabras de Castillo en el propio foro: “si tenemos diferencias programáticas, los límites políticos para avanzar (en un partido común) son complicados”. Pero esas diferencias programáticas son justamente las que explican el surgimiento y la existencia de partidos y corrientes distintas en Argentina, y en cualquier lugar del mundo. Cuestión que, además y más allá de las pasiones que suscitan esas diferencias, son condición elemental de la democracia obrera. Entonces, si es muy difícil “avanzar en un partido común cuando existen diferencias programáticas”, ¿para qué plantear de manera ultimatista que hay que unificar a partidos?
Esta premisa mañosa no se entendería sin el segundo supuesto, que es proponer comités no sólo por Bregman —cuestión a la que el resto del FITU parecía dispuesto a conceder con algunos agregados—, sino además por un partido único como condición excluyente, para lo cual no hay condiciones según sus propios dirigentes. Mediante este giro ultimatista disfrazado de “debate estratégico”, el PTS transforma los supuestos comités abiertos en su coto de caza particular, en el cual la participación requiere, ya no sólo ser parte del FITU y del apoyo a Miryam Bregman, sino además de la coincidencia en la necesidad de un ‘movimiento por un Partido de la nueva clase trabajadora’, cuyo programa excluyente es el del PTS. Así las cosas: ante una oportunidad histórica, el PTS aparece dando vueltas sobre sí mismo, como el perro que se muerde la cola.
Desde ese punto de partida, la propuesta de “mesas de coordinación” del ‘Chipi’ Castillo en nombre del PTS como “coordinación de los sectores en lucha, para movilizar a miles” e “ir reorganizando a la clase obrera”, aparece como una salida sindical, sin link político con la oportunidad para la izquierda de la que venimos hablando. Si se reduce el Frente Único a un mero frente electoral que excluye al resto de la izquierda; se reducen los “comités” a ámbitos de construcción partidaria, cuya condición de participación es tomar como propio el programa del PTS; y se proponen ámbitos de coordinación de las luchas por separado, el resultado es electoralismo, por un lado, y sindicalismo, por el otro, reduciendo a las y los trabajadores a “votantes” los años impares y “luchadores sindicales” lo pares. Mientras “la política” queda limitada a la existencia de cada partido por separado.
Dos callejones sin salida y un camino a explorar
En ese marco, existen a grandes rasgos tres posiciones en la izquierda respecto de cómo aprovechar dichas posibilidades. La del sector políticamente minoritario del FITU (PO, IS y MST aún con sus diferencias y matices), cuyo planteo parte de mantener la exclusión a aquellos partidos y organizaciones apartadas del frente electoral, y desde esa plataforma impulsar, ¡ahora sí!, la organización de sectores no organizados, pero en el estrecho marco de un frente que no superó los límites de cooperativa electoral.
La posición del PTS, que en el foro dio por cerrada la discusión y legalizó lo que ya era un hecho desde su origen: que la coalición sólo tiene un rol electoral, imponiendo al resto la orientación interna mediante la figura de Miriam Bregman. Por un lado, azuzando el divisionismo aplicado hacia afuera del FITU en el propio frente y reduciendo toda orientación política a la estricta construcción del PTS mediante comités de su propio partido.
Por otro lado, proponiendo canales de ‘auto-organización’ o mesas meramente sindicales de coordinación de luchas, excluyendo a las y los trabajadores de la posibilidad necesaria de encontrar ámbitos de organización políticos y de actuación común bajo un frente de delimitación anticapitalista y de independencia de clases. Mas allá de esto, la propuesta de Castillo pareció reducirse a un mecanismo de debate interno más que una propuesta real, por el énfasis sobre conformar “una coordinación no entre dirigentes, como es hoy el PSC que reivindican los compañeros (Po e Is), sino de cientos de laburantes y luego de miles”.
Por último, dejamos planteada la posición del Nuevo MAS que, eventualmente, podría ser también la de otros sectores de vanguardia e intelectuales con preocupaciones reales sobre cómo debe actuar la izquierda en este contexto. Se trata de apostar a la construcción de un Frente Único Anticapitalista, que contenga a todos los partidos del FITU y el nuestro, pero también a todas las organizaciones políticas de independencia de clase y que sea canal de organización política para miles de simpatizantes de izquierda y la amplia vanguardia sin organización, a la vez que impulse una expresión electoral común.
Junto con esto, que proponga ámbitos de organización para sectores más amplios —peronistas desencantados y sectores sin partido—, dispuestos a pelear contra todos los ataques del gobierno de Milei. Sólo de esta manera, en nuestra opinión, se ponen en debate seriamente las posibilidades de la izquierda y las tareas que se desprenden.
Dejamos estos elementos planteados para el debate en la vanguardia amplia, los simpatizantes de izquierda e intelectuales, y los partidos del FITU.




