Difíciles negociaciones en El Cairo  



     

    Una situación en que los “éxitos” militares de Israel socavan su legitimidad

     
    “Israel sale con un balance muy negativo en cuanto a legitimidad. Principalmente de su política, pero también, más profundamente, de su legitimidad y su derecho a existir como estado racista y genocida.” (Socialismo o Barbarie Nº 299, 07/08/2014)
     
    “«Tregua»” en la carnicería sionista en Gaza: ¿por cuánto tiempo?” La semana pasada, en Socialismo o Barbarie Nº 299, titulábamos así nuestro principal artículo sobre el ataque desatado por Israel. En estos siete días, las negociaciones no avanzaron. La “tregua” fue interrumpida por Israel para hacer una nueva matanza, como de costumbre centrada en el bombardeo a escuelas, centros de refugiados y hospitales. Se estableció luego una nueva “tregua” y se reanudaron negociaciones… que igual que la semana pasada, corresponde preguntarse: ¿por cuánto tiempo…?
     
    En El Cairo volvieron a negociar en estos momentos una delegación de Israel y otra palestina, en la que se ha confirmado la presencia de representantes de Hamas. El nada imparcial gobierno egipcio hace de “correveidile” entre ambas. Es que los angelicales autores del genocidio de Gaza no toleran sentarse en la misma mesa con “terroristas” como Hamas. Sin ninguna duda, estos “terroristas” son culpables de tratar de defenderse con cohetes caseros de los aviones y misiles último modelo que fabrica Israel o provee Estados Unidos.
     
    Y, por supuesto, sobre este escenario sobrevuela el Departamento de Estado, pero en una situación regional y mundial de “desorden” geopolítico, en que ya no es el árbitro indiscutido e inapelable de otros tiempos… aunque siga siendo “el primero entre sus iguales”.
     
    Las posiciones son difíciles de acercar. Por supuesto, los detalles de la negociación no son públicos. Sin embargo, los trascendidos coinciden en lo siguiente:
     
    Por un lado, Hamas, representando en esto los sentimientos y exigencias de los palestinos de Gaza, exige el fin no sólo de los bombardeos sino también del bloqueo, lo que incluye el derecho a tener un puerto.
     
    El inhumano e ilegal bloqueo de Israel sólo se diferencia de sus bombardeos en que se trata de una muerte lenta. Una muerte más silenciosa y no instantánea. Va desde reducir la provisión de agua a dos horas por día, hasta obstaculizar la pesca, la provisión de alimentos y medicinas, prohibir la recepción de ayuda internacional y la entrada y salir de personas, impedir que Gaza tenga un puerto y funcione un aeropuerto, etc., etc. Todo indican un plan de exterminio, parecido al que los nazis aplicaron inicialmente a los guetos judíos en la Segunda Guerra Mundial, antes que se decidieran por la “solución final”.
     
    Por su parte, Israel no quiere saber nada con el cese del bloqueo, aunque Hamas haría al mismo tiempo concesiones de fondo. Al “reunificarse” con la Autoridad Nacional Palestina –dócil a EEUU e Israel– el control “político” de Gaza y de sus relaciones con el exterior quedaría en manos de la ANP. Con esta concesión, el argumento de Israel de la necesidad sostener el bloqueo para “defenderse” de los supuestos “terroristas” de Hamas, queda liquidado.
     
    Pero esto no garantiza, por supuesto, que se llegue a acuerdo alguno. Israel viene “negociando” durante décadas… y todo lo que hace es “correr el arco”, para que nunca entre la pelota.
     
    Difíciles acuerdos
     
    El dificultoso predecir, entonces, si saldrá algo del embrollo de El Cairo, en cuanto a acuerdos de fondo. Ni siquiera es posible prever si, cuando entre en prensa esta edición, Israel no volverá a bombardear y masacrar, reanudando el genocidio del pueblo de Gaza. Si esto dependiese exclusivamente de ciertos factores “internos” del Estado racista –que analizaremos en otro artículo próximamente– y de las ideologías hoy reinantes allí, sin duda Israel trataría de consumar la “limpieza étnica” total de la Franja, asesinando y/o expulsando a la población palestina que reste con vida.
     
    Esto no es una conclusión “teórica”. Es lo que propone públicamente gran parte de la dirigencia política –como el vicepresidente del parlamento, Moshe Feiglin, dirigente del Likud, el partido de gobierno[[1]], o el ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman–. Y es también lo que corean las “movilizaciones populares” orquestadas en su respaldo, que en la calle celebran con cánticos la masacre de la niñez palestina, festejando que en Gaza ya no se abrirán las escuelas porque no quedarán niños vivos[[2]].
     
    Sin embargo, aunque en el plano militar la desigualdad de fuerzas es abrumadoramente favorable a Israel y la mayoría de su “opinión pública” ha sido adoctrinada para aplaudir la consumación de un genocidio, la cosa no es tan fácil.
     
    En primer lugar, la resistencia palestina no ha sido doblegada. Y una cosa es bombardear impunemente y otra ocupar territorio. Eso no sale gratis, como lo viene comprobando no sólo Israel sino sus padrinos de Washington.
     
    En juego, la legitimidad internacional de Israel
     
    Pero, en estos momentos, quizás lo más importante es que la cuestión no se decide sólo allí. Hay un contexto internacional que no implica “vía libre” para hacer cualquier cosa. Hay factores circunstanciales a favor, pero también otros más de fondo que juegan en contra.
     
    La actual “operación masacre” del sionismo aprovecha, por un lado, la oportunidad de que las rebeliones árabes han desembocado en una coyuntura de retrocesos contrarrevolucionarios. Por el otro, que los imperialismos de Occidente (y EEUU en primer lugar), como siempre, vienen apañando incondicionalmente los crímenes de Israel. Siguen usando como justificativo legitimador el Holocausto, el genocidio de los judíos europeos a manos de Alemania nazi… un crimen en que los palestinos no tuvieron la menor responsabilidad…
     
    Pero eso que podríamos llamar el “capital de legitimidad” de Israel (que facilitaba al resto del mundo hacer la “vista gorda” de sus crímenes), viene en baja mundialmente. De ese capital han gastado demasiado. Ahora, la consumación del genocidio de Gaza podría llevar este negocio político al borde de la bancarrota. De este peligro vienen advirtiendo a Israel sus partidarios más lúcidos.
     
    Un “caso testigo” entre muchos, es el del escritor Mario Vargas Llosa. Es un neoliberal conservador acérrimo y un devoto incuestionable de Estados Unidos y, por supuesto, de su ahijado Israel. Vargas Llosa es incondicionalmente pro-sionista… pero también con unos dedos más de cerebro que los colonizadores provincianos a los que defiende.
     
    En su artículo “Israel, debilitado por la violencia de sus ataques”, publicado en La Nación de Buenos Aires, El País de Madrid y otros medios, dice, entre otras cosas:
     
    “Netanyahu se ha declarado satisfecho («misión cumplida», ha dicho) con los resultados del mes de guerra contra los gazatíes, pero lo segundo –una paz definitiva entre Israel y Palestina– es, por el momento, una pura quimera…
     
    “[…]Nadie puede negarle a Israel el derecho de defensa contra una organización terrorista que amenaza su existencia, pero sí cabe preguntarse si una carnicería semejante contra una población civil, y la voladura de escuelas, hospitales, mezquitas, locales donde la ONU acogía refugiados, es tolerable dentro de límites civilizados. Semejante matanza y destrucción indiscriminada, además, se abate contra la población de un rectángulo de 360 kilómetros cuadrados al que Israel, desde que le impuso, en 2006, un bloqueo por mar, aire y tierra, tiene ya sometido a una lenta asfixia, impidiéndole importar y exportar, pescar, recibir ayuda y, en resumidas cuentas, privándolo cada día de las más elementales condiciones de supervivencia. No hablo de oídas: he estado dos veces en Gaza y he visto con mis propios ojos el hacinamiento, la miseria indescriptible y la desesperación con que se vive dentro de esa ratonera…
     
    “[…] El desfalleciente Hamas sale revigorizado de esta tragedia, con el rencor, el odio y la sed de venganza que la diezmada población de Gaza sentirá luego de la lluvia de muerte y destrucción que ha padecido durante semanas. El espectáculo de los niños despanzurrados y las madres enloquecidas de dolor escarbando las ruinas, así como el de las escuelas y las clínicas voladas en pedazos («Un ultraje moral y un acto criminal», según el secretario general de la ONU, Ban Ki–moon) no va a reducir sino multiplicar el número de fanáticos que quieren hacer desaparecer a Israel…
     
    “[…] El gobierno israelí, desde los tiempos de Ariel Sharon, está convencido de que no hay negociación posible con los palestinos y que, por lo tanto, la única paz alcanzable es la que impondrá Israel por medio de la fuerza. Por eso, aunque haga rituales declaraciones a favor del principio de los dos Estados, Netanyahu ha saboteado sistemáticamente todos los intentos de negociación…
     
    “[…] Esta política tiene, por desgracia, un apoyo muy grande entre el electorado israelí, en el que aquel sector moderado, pragmático y profundamente democrático (el de Peace Now, Paz Ahora) que defendía la resolución pacífica del conflicto mediante unas negociaciones auténticas se ha ido encogiendo hasta convertirse en una minoría casi sin influencia en las políticas del Estado.–
     
    “[…] Cegados por la indiscutible superioridad militar de Israel sobre todos sus vecinos, y en especial Palestina, han llegado a creer que salvajismos como el de Gaza garantizan la seguridad de Israel. La verdad es exactamente la contraria. Aunque gane todas las guerras, Israel es cada vez más débil, porque ha perdido toda aquella credencial de país heroico y democrático…
     
    “[…] La sociedad israelí no puede imaginar, en su ensimismamiento político, el terrible efecto que han tenido en el mundo entero las imágenes de los bombardeos contra la población civil de Gaza, la de los niños despedazados y la de las ciudades convertidas en escombros y cómo todo ello va convirtiéndolo de país víctima en país victimario.
     
    “Para Occidente, lo ocurrido con el Holocausto judío en el siglo XX fue una mancha de horror y de vergüenza. Que no lo sea en el siglo XXI la agonía del pueblo palestino.”
     
    Estas palabras, por venir de un neoliberal y pro-sionista incondicional, son doblemente significativas. Con toda razón, se desespera porque sus estimados colonizadores están ciegos al no ver, a nivel mundial, las consecuencias que tendría la consumación de un genocidio en Gaza… y las que ya tienen las masacres de hoy.
     
    [1].- Ver “Israel en Gaza -Aplicando la «solución final»”, Socialismo o Barbarie Nº 298, 31/07/2014.
    [2].- Ver “Gaza es un cementerio”, Socialismo o Barbarie Nº 298, 31/07/2014.

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