Diego Armando Maradona

Diego o el fútbol, el arte y la geometría del conjunto

Con esa maldad propia de intentar molestar con algunos juicios propios, aún a amigos que queremos mucho, le enrostramos a uno de ellos: “Sí, el cine será el séptimo arte, pero los comics y el futbol son los octavo y noveno”. Quizás por eso de que cuando uno discute o quiere “contagiar” (palabra top en este año) cierta pasión, tiende a exagerar los argumentos. Hiperbólicamente diríamos.

Norberto Gonsals

Seguramente algo de eso había cuando el joven Gramsci recién llegado al norte italiano escribía que “el fútbol es el reino de la lealtad humana ejercida al aire libre”, con la salvedad que el sardo no pudo conocer la mercantilización escandalosa y oprobiosa que ese deporte adquiriría después. Si Midas convertía lo que tocaba en oro, el capitalismo todo lo que toca (si no le ofrecemos resistencia) lo convierte en objeto de ganancia. Y el futbol no podía ser la excepción.

Pero retornemos al noveno arte que es el propósito de esta nota. Por supuesto que cualquier artista, como decía un antifutbolero de raza como Borges, debe ser juzgado por sus mejores obras. Porque las hay de las otras, las mediocres, las insulsas, las comerciales en el peor sentido, tanto en la literatura, en el cine y … en el fútbol.

Ya otros artículos de este Portal abordaron, y muy bien, las “luces y sombras” de Maradona, su anclaje social, sus disputas (y sus connivencias) con el poder (es). Aquí sólo queremos recordarlo por la belleza que desplegó en un campo de juego o simplemente por ese encantamiento que provocaba cuando le “tiraban” algo esférico (o no necesariamente una circunferencia perfecta como aquella naranja en un vestuario italiano) y hacía malabares que sólo un artista podía realizar.

En el día de hoy muchos “periodistas deportivos” hacían hincapié en su personalidad dentro de la cancha, su bravura y su rol de líder, todas cosas que son necesarias y ciertas. Sin embargo para el pibe o la piba que comienzan a patear una pelota (proletarios, de sectores medios o incluso garcas de todo pelaje, con esa transversalidad malsana que tiene el futbol) quieren verse reflejados e imitar los goles, las gambetas y los tiros libres que conformaban el principal ADN de Diego. O sea, repararan y con razón, en la belleza de dicha manifestación artística.

Será ese segundo gol con los ingleses, “el de la mano de su botín zurdo”, con todas las connotaciones que el contexto histórico tenía y que no repetiremos ahora, el que está ya definitivamente colocado en el museo (fea palabra) de los grandes hitos del arte universal (¿se acuerdan que hablé de lo hiperbólico?)

Mirá también:  Europa: ascenso y caída de la Superliga

Nadie, y hubo varios, supieron expresar artísticamente también, en forma tan encantadora como el Negro Fontanarrosa (uno de los mejores cuentistas de este país, sin hipérbole alguna) aquel momento. Con ese relato culminamos el artículo. Y de esa manera el círculo se cierra casi con naturalidad. El rosarino escribió:

Una milésima de segundo después, la geometría del conjunto ya ha cambiado. El Negro Enrique, que estaba a su derecha, se escondió tras un rubio. El Burru dejó de estar junto a la raya y los dos grandotes se le cierran ahora por el medio.

Su computadora de última generación le ordena sacar la lengua y girar con el pie zurdo sobre la bola para salir disparado hacia otro lado. Lo hace así, y la pelota va tras él, magnetizada, como el papelito atraído por la energía estática de un plástico. Ahora corre por la banda derecha, el pecho inflado, la pelota como si fuese una protuberancia natural de su tobillo izquierdo.

Y lo ve todo. Lo ve a Jorge tranqueando largo por la izquierda, al grandote que le cierra el camino por la línea, a Bilardo que ha empezado a parpadear, incontrolable, allá en el banco y a cada uno de aquellos 120 mil espectadores del Azteca, incluyendo al que clama, feroz, porque lo bajen.

Ya tendrá su respuesta pública ese boludo. Como la tuvo el pelado Gorbachov, que se largó a opinar más de la cuenta. De pronto, tuerce el rumbo de carrera hacia la izquierda, hacia su pierna, dejando al grandote de cara a la tribuna.

Y decide allí, en el momento, que tendrá que cantarle la justa al Havelange, que ahora le gusta lo que no le gustaba ayer del loco Gatti. A la izquierda, sigue Jorge en su carrera, pero Diego sabe que no se la va a dar desde aun antes de salir de su campo. Lo sabe desde que salió de allá, de Villa Fiorito.

Ya cambió de nuevo la realidad virtual del juego y otro rubio acecha en la puerta de las 18, dispuesto a todo. Diego amenaza con su perfil natural de zurdo, pero la roba cortita hacia la diestra y se mete de cabeza al área grande.

Habrá que contestarle muy duro también al rey Pelé, va pensando, en tanto atisba cómo el arquero se le viene encima como un tren eléctrico, tapando el arco. Otra vez se largó el negro buchón a hablar pavadas, como también el Papa, sin ir más lejos. Diego mide a Shilton y sabe todo.

Su computadora alberga en la memoria una jugada igual, allá en el Wembley, pero en dos baldosas en vez de treinta metros. Aquella vez eligió el palo más largo y la bola, cruel, se le fue afuera. Ahora, mientras recuerda el rostro demudado del sociólogo al que puso en su lugar alguna vez, hace ya mucho, en Catanzaro, opta por un nuevo enganche de zurda hacia su diestra, muy finito, para dejar atrás al guardapalos que pide perdón a gritos por haber invadido las Malvinas.

Y entonces, Diego, mientras cae sacudido por el trancazo postrer del último pirata, mientras imagina el rictus amargo de la Thatcher mirando la TV allá en su reino, le da a la pelota un empujón cordial con el empeine, bien rastrero, y le dice ‘metete allá’, entre las redes, antes de caer sintiendo el gusto verde del césped entre los labios.

Y es cuando muchos, casi todos, digamos todos, pensamos que no se equivocó nunca, pero nunca jamás, a lo largo de toda la jugada.

Print Friendly, PDF & Email

Colaborá con la izquierda


Nuestra actividad se mantiene con el aporte solidario de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Suscribite para que podamos seguirte brindando la mejor información y análisis.

Me quiero suscribir




Recomendadas

Internacional

Lectura recomendada

“(…) Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quien él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento” Engels, “Discurso ante la tumba de Marx”, cementerio de Highgate, Londres, 17/03/1883   ...

Trabajadores

Las Rojas

Últimas noticias

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre