Memorias de una generación que eligió luchar para transformarlo todo

Apuntes sobre el movimiento estudiantil secundario en Lomas de Zamora (2015-2018). Historias de lucha y resistencia por parte de una valiosa generación de activistas del ENAM, ante la partida anticipada de quien fuera uno de sus referentes.

A nueve años del femicidio de Anahí Benitez, esta nota busca reconstruir y ordenar una serie de reflexiones sobre el movimiento estudiantil secundario del cual Anahí fue parte.

Vamos a hablar de una breve franja de tiempo y de un terreno particular: el movimiento estudiantil secundario de Lomas de Zamora, y del ENAM de Banfield en particular.

Motiva también estas reflexiones el reciente fallecimiento de Agustín Daffunchio Gerardi, el Coreano, con quien también compartimos estas experiencias. Conjuntamente nos tocó aguantar situaciones muy ásperas siendo muy jóvenes, y él nunca dejó de dar la cara y poner el pecho por les demás, sin distinciones. Dedicamos a su memoria estas líneas, y también a todes les que siguen exigiendo verdad y justicia por Anahí Benitez.

El objetivo de este texto es hacer una síntesis de las lecciones y aprendizajes que nos deja la experiencia de esa camada de activistas independientes de la que fuimos parte desde Tinta Roja. Esperamos que las reflexiones de este artículo puedan ser de utilidad para toda una nueva generación de estudiantes secundarios que quieren organizarse y plantarse para transformarlo todo.

Una generación irreverente

Hacemos referencia a una irreverencia que fue propia de esa generación: parte de los procesos de desborde que se vivieron en los años que referimos se apoyaron sobre una juventud que nunca tuvo miedo de decir lo que pensaba (aunque derivara en discusiones tensas con compañeres, docentes o hasta directivos) ni actuar en línea con sus ideas. Desde ese momento ya se sentía en el aire que ningún referente ni dirigente (ni siquiera un presidente de un Centro de Estudiantes) tenía la vaca atada. El peronismo podía ganar elecciones con campañas financiadas por el municipio, pero la referencia política del movimiento estudiantil se disputaba todos los días.

Me encontré por primera vez con ese activismo del ENAM un viernes de septiembre u octubre de 2015, en una noche de elecciones del CEENSAM, que terminaría con el Peronismo Militante (PM) recuperando la conducción del Centro. Quien escribe estas líneas integraba el Centro de mi escuela (el ILZ) y me había sumado a la agrupación Tinta Roja hacía unos pocos meses, que se presentaba en aquella elección.

Al año siguiente, la conducción impulsó una reforma al estatuto del Centro completamente antidemocrática. Ya hacía muchos años que el peronismo apostaba a la despolitización de los espacios gremiales, pero ese proyecto (montado sobre discursos similares al del gobierno recién asumido de Macri y Vidal) prohibía explícitamente que las agrupaciones políticas organicen actividades por fuera de la campaña electoral del CEENSAM, en un momento en el que la única agrupación independiente que realizaba actividades todo el año era, pues… Tinta Roja.

Era evidente que el objetivo principal del peronismo era borrar de la escuela a nuestra agrupación, lo que generó un pequeño clima de polarización. Ocurrió que un sector importante de les estudiantes independientes comprendieron, junto con nosotres, la verdadera profundidad del problema: la utilización del estatuto como instrumento para prohibir cualquier expresión política de les estudiantes que no contara con la aprobación de la conducción del Centro.

Quizás en esos meses del 2016 vi por primera vez ese fenómeno que más adelante sentiría como algo natural: estudiantes independientes que parecían sueltos y dispersos, que pensaban de muchas maneras distintas (a veces, con alguna ensalada en la cabeza) de golpe estaban discutiendo la reforma en asambleas maniobradas, repudiando las provocaciones montadas por el peronismo contra Tinta Roja, y hasta incluso cuando parecía que la conducción se imponía sin problema, se peleó hasta la última instancia y se pudo ganar, y se echó por tierra la reforma antidemocrática.

Ahí, todavía sin ser multitud, algunes adolescentes que se transformarían con el tiempo en referentes estudiantiles, demostraban tener seguras 2 cosas: 1) que los ataques al conjunto hay que enfrentarlos en conjunto; y 2) que las peleas se dan hasta el final.

Escuela tomada

Para 2016, el PM dirigía el CEENSAM y varios centros más, pero por momentos parecía que se le escapaba la dirección del movimiento estudiantil. Incluso aunque probablemente, la mayoría de les estudiantes se reivindicaran peronistas, el activismo se expresaba de maneras tan diversas, que por momentos todo era un descontrol hermoso. En ese descontrol fue que muches de nosotres hicimos nuestras primeras armas.

En los primeros meses del macrismo una marcha que las organizaciones peronistas agitaron con bombos y trompetas a la plaza Grigera terminó siendo una gran ronda bajo los árboles sin siquiera cortar Manuel Castro (calle frontal de la municipalidad). A pesar de resultar aburrida, la discusión se llenó de estudiantes que expresaban un único consenso: “hay que luchar, porque Macri viene por todos nuestros derechos”.

Entonces en septiembre, el PM (y germinalmente la Cámpora) intentaron recuperar la batuta en las escuelas con un programa que hoy podríamos considerar… un tanto imprudente: impulsar la toma de establecimientos contra el primer Operativo Aprender de Macri (exámenes estandarizados que pretendían calificar a las escuelas y valerse de eso para atacar la educación pública). La idea de estos pichones de burócratas era promover y dirigir tomas de escuela desde arriba y sin participación de la base, sin procesos, sin asambleas donde les estudiantes se pudieran expresar, limitando los efectos a la cancelación de las pruebas escuela por escuela y sin irrupción del activismo. En retrospectiva: algo así como agitar una antorcha frente a una pradera seca y pretender que nada se incendie.

¿El inevitable resultado? Asambleas masivas, pibxs de todas las edades opinando sobre política nacional, aunque las conducciones insistieran, una y otra vez, en que la lucha “no era contra nadie”, visibilidad de las tomas en la escena mediática, y estudiantes de escuelas de todos los colores y de todo el país escrachando sus pruebas para sumarse al rechazo. En esa toma del ENAM (la primera en 20 años), el corazón de la medida fue les activistas independientes, que impulsaron iniciativas para llenar la toma de contenido. Esa experiencia independiente comenzó a replicarse en otras escuelas, como por ejemplo el ILZ, donde una sentada en la calle paralizó las evaluaciones y una asamblea masiva ese mismo día tomó la escuela por primera vez en 25 años. Les estudiantes del ENAM se acercaron a cada una de las tomas.

El proceso culminó con asambleas en las principales escuelas que convocaron a una marcha para el tercer día de evaluación al Palacio Pizzurno, que el PM más tarde intentó desarmar. Se podrían escribir libros con los argumentos que inventaron las conducciones de algunos centros y “federaciones” para mandar a les estudiantes a sus casas y cancelar la manifestación, pero una asamblea espontánea, autoconvocada, e interescuelas en la Plaza Grigera ratificó 3 veces la marcha.

La tradición de tomar la escuela, al menos en el ENAM, se prolongó años, y para cualquier estudiante o activista relacionado en la última década, es imposible imaginar la escuela tomada sin la figura del coreano sosteniendo algo.

Luchar para transformarlo todo

En mayo del 2017, les estudiantes de la zona venían de realizar una experiencia acompañando el conflicto docente, pero el clima se empezó a enrarecer el día en el que 4 estudiantes que estaban fuera de la escuela, ingresaron corriendo al establecimiento un mediodía, perseguidos por efectivos de la policía local y bonaerense.

En pleno cambio de hora, fuerzas de seguridad ingresaban al ENAM para llevarse estudiantes detenidos sin causa. Forcejeos entre docentes y auxiliares, gritos, tumultos y una voz que se impuso sobre las demás: una vicedirectora permitió a la policía llevarse a los estudiantes detenidos. Con acusaciones delirantes e infundadas, e ingresando a una escuela pública sin ningún tipo de autorización, la policía los retiró del establecimiento.

La respuesta no se hizo esperar. Les estudiantes salieron de la escuela decidides a evitar las detenciones, llegando incluso a sacar a un compañero de los patrulleros por la fuerza, y obligaron a la policía a retirarse.

Cuando salí de la escuela, fui corriendo al ENAM. En la puerta, los directivos pretendían que el día continúe como cualquier otro, todo el mundo al aula y el turno mañana “taza taza”. Pero nada ni nadie pudo evitar la asamblea que se autoconvocó en el patio de la escuela esa misma tarde, el levantamiento de prácticamente todas las cursadas, y el ingreso y participación de activistas y miembros de otros Centros de Estudiantes de la zona.

Allí, un puñado que respondía al municipio y/o a los directivos pretendió naturalizar la violencia institucional. La lógica era que, como el gobierno era muy violento, era inevitable que estos ataques sucedan. Entonces teníamos que hacer talleres para que les pibxs sepan cómo responder a los controles y los aprietes de la policía, y esperar a las próximas elecciones para votar mejor.

Claro que para ese momento se habían forjado tradiciones, y el activismo no solo era prácticamente incontrolable, sino que había dado luz a referentes independientes propios en las asambleas, y les estudiantes acababan de vivir una experiencia de resistencia intensa, que les impulsaba a salir a buscar responsables por el ataque que habían sufrido los compañeros.

Dimos la pelea y se votó casi por unanimidad una marcha a la municipalidad de Lomas, aquella que según un puñado era “de todos”.

El desarrollo de la semana, algunas maniobras del PM y de la recién aparecida FELZ (Federación de secundarios municipal dirigida por la Cámpora), y la apertura de causas judiciales por resistencia a la autoridad contra los compañeros, llevaron a que la marcha se realice, en vez de al municipio, a la fiscalía de Banfield donde cayeron los casos.

La provocación de la policía y la justicia de iniciar causas penales contra estudiantes fue, quizás, la gota que rebalsó el vaso. Mientras el PM y la FELZ disputaban un inexistente “control” de la marcha, organizamos por abajo una radio abierta que dio voz a todos los Centros de Estudiantes y espacios gremiales y políticos que acompañaron la protesta, y les estudiantes irrumpieron con cantos y consignas que algunos podrían tildar de escandalosas: contra la avanzada represiva del gobierno y llegando a exigir la renuncia de la vicedirectora que había dejado actuar a la policía en la escuela. Las causas se cayeron y el movimiento estudiantil comenzaba a forjar un carácter mucho más combativo, con sus propios referentes que abrazaban los intereses del conjunto, y expresaban sensaciones que empezaba a aparecer entre les estudiantes: un profundo descontento con la situación social y política, y una chispa rondando en nuestras cabezas de que la salida era luchar por transformarlo todo.

Ese día nos regaló 2 imágenes: Una, la foto con la que el CEENSAM actual recordó al coreano, fiel reflejo de la jornada; otra, la imagen de Anahí con su pancarta de “Las balas que vos tiraste van a volver”, que más adelante quedaría grabada a fuego en la memoria colectiva e histórica de la escuela y de la zona.

Los ataques al conjunto se responden de conjunto

Doy un pequeño salto en el tiempo. En abril de 2018 la gobernadora Vidal cerró entre gallos y medianoche casi todas las secundarias nocturnas para adultos de la provincia. El gobierno pretendía reducir la cantidad de escuelas nocturnas, atacando fuertemente a la educación pública de adultos y echando a perder muchos cargos docentes.

Era un conflicto difícil y aislado, pero surgió un proceso inicial con una asamblea en la Plaza Grigera integrada principalmente por estudiantes del ENAM, pero con la presencia de muchas escuelas de la zona. Allí, antes de saludar, el PM desde la conducción del CEENSAM propuso tomar su escuela al día siguiente, ¿por qué? Resultaba que el ENAM no dejaba de ser el centro de la educación pública en la zona, y el PM veía su chance de recuperar la batuta abriendo una negociación directa por migajas con el gobierno, y llevándose algún triunfito. Esto no lo inventamos nosotres, los “compañeros” confesaron: Se les escapó decir que ellos iban a tomar la escuela al día siguiente, con la consigna de continuidad de la escuela nocturna del ENAM. Esto indignó y alertó al activismo allí presente. Quedaba claro que había un ataque del gobierno al conjunto de la educación pública, y de ninguna manera íbamos a aceptar que la lucha se debía dar escuela por escuela. La conducción del Centro quería cortarse sola y negociar rápido, e ir a la toma sin ningún proceso abierto implicaba dejarles la traición servida.

Al día siguiente, la asamblea en el patio del ENAM la organizaba la conducción del centro, pero el activismo se preparó y múltiples intervenciones desarmaron las mentiras del peronismo. Sabiéndose perdedor, el PM hizo una maniobra muy sencilla: demorar la votación hasta la salida al recreo y en la confusión contar sus manos 2 o hasta 3 veces. Así la conducción dio por aprobada la toma de la escuela y se sentó en el piso, sin ver venir la espontánea respuesta de les estudiantes: entre gritos y escándalo, la asamblea se rompió y la mayoría de les presentes salieron de la escuela, mientras la comisión directiva quedaba prácticamente sola en el patio fingiendo demencia. Una furiosa asamblea autoconvocada en la esquina del ENAM votó, valga la redundancia, autoconvocarse nuevamente en el gimnasio de la escuela esa misma noche para levantar la toma. La conducción del centro salió a exigir que todo el mundo acate su maniobra, pero no obtuvo ni una respuesta favorable. El activismo hacía la experiencia de desconocer la autoridad de su propia conducción gremial.

Esa noche fuimos al gimnasio, me tocó cerrar la lista de oradores y el coreano leyó la única moción: levantar la toma fraudulenta e impulsar una lucha general contra el ataque a la modalidad de adultos, votada por unanimidad. La conducción del CEENSAM preparaba un volantazo en la vereda, y ni bien finalizó la asamblea (de unas 70 personas), entró el grupo de 10 o 15 que estaba “tomando” la escuela. Lo sucedido a continuación escaló rápido (excusas, provocaciones, gritos). Exagero un poco, pero quizás fue lo más cerca que estuvimos de vivir enfrentamientos físicos entre el activismo estudiantil de la zona por esa época, pero el activismo se mostró firme y unificado. Las puteadas y los gritos terminaron con el grupo que tomaba la escuela atrincherado en un aula. Capaz que ese día conocimos algo de la lucha de tendencias, y que a veces intervenir bien en las asambleas no alcanza para ganar.

Redoblamos para el día siguiente, pero el escenario era más difícil: La burocracia de SUTEBA ya había intervenido en el conflicto. Se acercaron las autoridades de inspección a la escuela, y firmaron un acuerdo con la conducción del Centro por la continuidad de la modalidad de adultos nocturna en el ENAM. La burocracia docente montó, junto con la conducción del Centro, una nueva asamblea para esa noche, en la que en principio pretendieron no dejar pasar a nadie que no hubiera participado de la toma. Por medio del escándalo (y algún que otro forcejeo en las puertas), pudimos ingresar. Pero luego manejaron la lista de oradores y prohibieron hablar y votar a cualquiera “que no fuera de la comunidad educativa del ENAM”. Finalmente, vendiendo la propuesta como un triunfo y en una votación aún muy apretada, lograron que la asamblea acate la propuesta, con la oposición de todo el activismo estudiantil independiente.

El activismo independiente siempre vio, en mayor o menor medida, el problema de que la conducción del CEENSAM estuviese en manos del peronismo, pero su amplitud siempre lo llevó a formar varias listas distintas. Sin embargo, nada de eso evitó que en septiembre de ese año el PM saliera tercero en la elección, y nunca más volviera a integrar la comisión directiva del centro.

La lucha es hasta el final

Para cerrar volvamos al 2017, porque más allá del comentario, la discusión sobre la dirección del Centro de Estudiantes no ocuparía nunca en los años posteriores el centro de la escena. El lunes 31 de julio les estudiantes volvían a la escuela de las vacaciones de invierno con un problema que no tardaría en estallar: Anahí Benítez llevaba un día y medio desaparecida. Ana era una activista del Centro de Estudiantes, de les que no temía levantarse para expresar su descontento con este mundo como está y que la salida era luchar para transformar todo de raíz. Su desaparición y, finalmente su femicidio, atravesado por la negligencia estatal y la complicidad policial, generaron un auténtico estallido en el ENAM y en toda la zona irradiada por la escuela.

Voy a tratar de no meterme mucho en el proceso, solo decir que la lucha por verdad y justicia por Anahí Benítez, que está cumpliendo 9 años, estuvo atravesada, sobre todo en los primeros años en los que sus compañeres de curso y de año todavía concurrían a la escuela, por un sinfín de problemas, presiones y maniobras, que pretendieron empujar a les estudiantes y activistas a la desmoralización, a echarse para atrás o hasta a abandonar. Hubo activistas que se abocaron (por momentos, casi por completo) a la tarea autoimpuesta de acompañar y contener al conjunto de les compañeres de su curso, que para muches era el mismo que el de Ana, e incluso de todo el activismo estudiantil (y hasta docente) de la escuela.

Esa generación tan valiosa de activistas cargó con su propio dolor y el del conjunto, soportó durísimas presiones que nunca les correspondieron y sufrieron el silencio cómplice de un Estado que hizo todo para no dar una sola respuesta sobre qué pasó con su compañera los días que estuvo desaparecida; y a pesar de tanta mierda, jamás abandonaron la perspectiva de algún día dar vuelta la historia y pelear hasta el final por verdad y justicia.

Con todas las idas y vueltas, hasta el último juicio nos encontramos con ese activismo en la puerta de tribunales, mientras nuevas generaciones de estudiantes del ENAM levantaban las cursadas y marchaban. En mayo de 2023, luego de años de vaivenes y provocaciones conquistamos una condena a perpetua para Villalba y que el fallo reconociera toda la información que falta para saber realmente qué pasó con Anahí.

Evidentemente, la lucha siempre es hasta el final.

El futuro llegó, hace rato

Hoy los voceros del gobierno nos dicen que la juventud se volvió de derecha, y en los pasillos de algunas escuelas con tradición de la zona, se llega a decir que les estudiantes ya no se involucran o “al menos, no como antes”.

Nosotres creemos que no es tan así. En aquellas épocas, todo material de Tinta Roja empezaba denunciando que “Macri nos quiere robar el futuro”, y ahora pareciera que el futuro ya llegó. El vaciamiento de la educación pública y la crisis social parecen empujar a la juventud al aislamiento y la desmoralización, pero de a poco empiezan a aparecer adolescentes que se levantan para decir que no quieren saber nada con este mundo como está, reviviendo métodos de lucha como las tomas de escuelas (como impulsaron les compañeres en el CNBA el mes pasado), mientras los voceros de la derecha intentan en vano señalar estas medidas de lucha como “ilegales”.

Las nuevas generaciones pueden no saber exactamente qué futuro quieren o pueden construir, pero tienen una cosa muy en claro: no quieren saber nada con este mundo como está. Se ve en la juventud chilena que enfrenta a Kast y en la generación Z que protagonizó rebeliones en todo el mundo en los últimos años. En cada estudiante que salta para defender a sus compañeres, en cada pibx que se harta y se expresa contra las miserias de este mundo, en cada adolescente que pasea a Feinmann en televisión, hay una prueba de que la historia no está escrita, y que hay un futuro por conquistar.

Es urgente construir espacios de organización para que la juventud pueda luchar por conquistar un futuro distinto al modelo ultracapitalista de explotación y sin libertad que nos quieren imponer. Con esa perspectiva, seguiremos construyendo Tinta Roja, para impulsar al movimiento estudiantil secundario a recuperar esa irreverencia adolescente que le permita contestarle a tanto derrotismo; y el ¡Ya Basta!, la bandera que ofrecemos para toda la juventud que quiera organizarse para luchar por un mundo distinto. Un mundo más parecido al que soñó Anahí.

Seremos directos: Te necesitamos para seguir creciendo.

Manteniendo independencia económica de cualquier empresa o gobierno, Izquierda Web se sustenta con el aporte de las y los trabajadores.
Sumate con un pequeño aporte mensual para que crezca una voz anticapitalista.

Me Quiero Suscribir

Sumate a la discusión dejando un comentario:

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí