Se abre una nueva situación, más polarizada

    Defendemos las tomas de tierras, Berni se tiene que ir

    La pandemia está en su pico y máximo de contagios desde su comienzo. Pero con la apertura de la cuarentena y la vuelta casi total a la actividad normal, la crisis social contenida se abre paso velozmente. Las personas sin techo, de un lado; las amenazas represivas del gobierno, del otro. La lucha por justicia por Facundo, de un lado; Berni, del otro.

    Federico Dertaube
    Editor del Suplemento semanal de Izquierda Web.


    Era sabido que durante la cuarentena se comenzaba a cocinar a fuego lento una importante crisis social: con miles y miles de nuevos desocupados lanzados a la búsqueda de sobrevivir un día más, el problema de la vivienda se ha convertido en uno de los principales temas en agenda. No es un problema de estadísticas: cientos y miles de personas vivientes concretas están tomando tierras mientras el gobierno, luego de algunas vacilaciones, ha tomado partido por llamarlos usurpadores y tener a la represión por única respuesta.

    A pesar de encontrarnos en el pico de contagios y que los números de muertes no paran de subir, el gobierno se sostiene en la política de apertura por presión de los empresarios. La circulación y actividad es completamente normal, la mayoría de los trabajadores se han visto obligados a volver a sus labores. La política del gobierno es ahora su campaña de “seguí cuidándote”: volvé al trabajo, viajá hacinado y si te contagiás es por tu culpa. A pesar de la decisión tomada de la vuelta a la normalidad, la creciente incidencia de la pandemia puede volver a desatar la crisis en torno a ella.

    Todo lo que venía siendo contenido por la cuarentena y el miedo a la pandemia comienza a salir a la luz.

    Se ha abierto una situación de mayor polarización: por derecha, la defensa de “la propiedad privada”; por izquierda, los reclamos sociales de las víctimas de la crisis.

    La derecha movilizada ha impuesto al gobierno su agenda. Las consignas de “libertad”, de la “república”, contra la “impunidad” de los presos que se contagiaban en las cárceles, en defensa de las estafas de Vicentín, contra el “comunismo” (!), las aburridas invectivas contra la aburrida reforma judicial, se resumen en un derecho –el de la propiedad privada de los ricos- y una libertad – la de explotar a los trabajadores-. Y si primero arrastraron a Massa y el repugnante Berni, en los últimos días todo el gobierno ha hecho propias esas banderas. Después de varias dudas, la “progresista” Frederic, el “centro” Fernández y hasta el (para los medios) “izquierdista” Kiciloff entonan a coro: “la propiedad privada no se toca”, “las usurpaciones son un delito”. No, Berni no es Ministro de Seguridad por un desliz o un error.

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    Del otro lado, las necesidades sociales brotan a la superficie. Hubo reducciones salariales a pesar de los subsidios del gobierno, hubo despidos a pesar de su prohibición (“hacemos cumplir la ley” dice Berni sobre los pobres)… La manifestación más dramática de la crisis es en este momento la ocupación de tierras de personas que buscan tener una cosa muy básica: algo sobre sus cabezas. En la Provincia de Buenos Aires, son los miles y miles de sin techo, para quienes la consigna “quedate en casa” fue una burla y la de “seguí cuidándote” una afrenta. En la Patagonia, las ocupaciones de tierra son protagonizadas por el pueblo mapuche. Avasallados históricamente por el estado capitalista argentino, sus tierras históricas fueron usurpadas a sangre y fuego y cuando intentan recuperar una pequeña, minúscula, parte de lo perdido son tachados de “usurpadores” y delincuentes.

    La lucha por Facundo Castro se ha convertido también en uno de los hechos fundamentales del momento. Los métodos usados por la policía en el caso son asimilables a los de la dictadura militar, mostrando a todo el que quiera ver que “las fuerzas armadas integradas a la democracia” sostienen con sus manos un hilo de continuidad con su historia que no se ha roto. Hace días se confirmó que el cuerpo hallado era efectivamente Facundo y Berni y los suyos intentan instalar que murió por accidente, como Santiago se habría “ahogado”, como lo desaparecidos estarían “en Europa”. Los gobiernos cambian, la fuerza de los represores también, sus métodos son escabrosamente similares. El gobierno decidió implantar la cuarentena haciendo de las fuerzas represivas dueñas absolutas de la calle y Facundo fue víctima de esa política. Estamos frente a un doble crimen: la muerte en manos de la policía, primero; la desaparición y encubrimiento después. La lucha política abierta por justicia no puede depender de funcionarios dudosamente progresistas que antes la duda defienden al uniformado; ni fiscales que hacen lo mismo, ni jueces… que hacen lo mismo. Como en toda afrenta brutal a los derechos humanos en manos de los represores, sólo la movilización puede alcanzar justicia. Así lo dice la historia, así lo indica el presente.

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    Alberto Fernández, mientras tanto, ha acordado con los acreedores externos el pago de una inmensa deuda externa, se prepara para llegar a un acuerdo de pago igualmente inmenso con el FMI, para ajustar para pagar con el presupuesto 2021. Intenta hacer y posar de árbitro, pero en los hechos es un “árbitro” sumamente parcial, que no ha parado de ceder a la derecha.

    La izquierda tiene, entonces, tres tareas fundamentales por delante. Primero: estar en la calle, con los obvios recaudos sanitarios, ante cada reclamo que surja desde abajo. Segundo: defender el derecho a la vivienda de los sin techo contra la “propiedad privada” de los ricos. Tercero: exigir la caída de Berni.

    En muchos sentidos, estas peleas se entremezclan y se convierten en un mismo problema. Nada es casual: el mismísimo día en que se supo que el cuerpo encontrado era el de Facundo, Berni lanzó una campaña de “ley y orden” con tono azul y verde oliva llamando a reprimir a quienes ocupan terrenos y automáticamente todo el gobierno respondió a coro, entonando la misma canción: “la propiedad privada no se toca”, “las usurpaciones son un delito”. ¿Qué es eso sino un respaldo cerrado a Berni y el ala derecha del gobierno? En la nueva situación casi sin cuarentena y con los brotes de crisis social, piensan echar mano de la ayuda policial. Y para eso, quieren dar un mensaje claro a los uniformados: no serán juzgados por hacer lo que les pedimos que hagan.

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