Infantilismo en la izquierda argentina y las tareas de los anticapitalistas

“En el último 24 de marzo hubo dos partidos del Frente de Izquierda que impulsaron un acto de unidad con el resto de las organizaciones, incluidos los organismos de derechos humanos vinculados con el peronismo, con el objetivo de frenar el discurso negacionista del Gobierno, y el espacio de Bregman y el Partido Obrero se opusieron. ¿Habrá detrás de esa discusión una derivación de este mismo debate que atravesó a la extrema izquierda en Brasil?”, Jorge Fontevechia.

En las últimas semanas, una serie de polémicas desatadas al interior del FITU han puesto en evidencia el agotamiento de un frente que no pasó de ser más que una cooperativa electoral. Lo que sorprende a un sector del periodismo político ya no es novedad en los ámbitos de la izquierda. El FITU ha actuado separado en la absoluta mayoría de los hechos políticos del país desde siempre, y en eso consiste su límite electoral crónico: un grupo de partidos que hacen uso del sello los 365 días, pero que en concreto sólo existe al igual que la vieja edición de la Copa América, cada 2 años.

Sin embargo, la aparición de encuestas que ubican a Myriam Bregman (PTS) como una figura política con buena imagen (aunque con una intención de votos modesta) puso el foco sobre el FITU, exponiendo sus miserias frente a un público mayor. Mientras la sociedad se debate sobre el rumbo del país por la enorme crisis que desata el gobierno nacional y la impotencia del peronismo, vemos como los debates políticos y programáticos han importado tan poco en el frente cooperativo electoral, cuyo único elemento aglutinador han sido, son y serán (?) los cargos y la división de la izquierda, excluyendo al Nuevo MAS y a Manuela Castañeira. En otras palabras, lo que es ‘normal’ sin dejar de ser sorprendente incluso para sectores de la vanguardia politizada, es difícil de comprender para sectores políticos menos habituados a prestar atención a la izquierda. A saber: en lo que va del año, el FITU viene actuando de manera separada en movilizaciones de gran trascendencia política como lo fue la jornada contra reforma laboral (¡si, divididos frente a la reforma esclavista de Milei!); en el último 24 de Marzo; durante el 1° de Mayo realizando actos separados; divididos en 5 de 8 facultades durante las últimas elecciones en la UBA; y ayer nomás, nuevamente separados en la última marcha federal universitaria.

Por la profundidad del ataque reaccionario-contra reformista contra la estructura económica y social del país, el gobierno de Milei plantea preguntas estratégicas para todos los sectores sobre el rumbo de Argentina. Se trata de un intento de cambio de “modelo” que implica reventar justamente toda la estructura del país para reconvertirlo en un mero exportador de materias primas y servicios, e importador de todo lo que requiera producción industrial. Tamaño proyecto reaccionario va, por añadidura, en desmedro de las grandes concentraciones urbanas y ciudades que se conformaron y consolidaron al calor de la producción industrial y de la vida laboral alrededor de ellas. Todo lo que de cultura, ciencia y educación de excelencia fueron conquistados en el marco de este entramado social, y como subproducto de una relación de fuerzas en que las mayorías sociales hacen valer sus intereses con conquistas en materia de libertades democráticas y condiciones de vida, es puesto en cuestión por el gobierno de extrema derecha.

Sin embargo, el gobierno atraviesa un interregno. Sin haber llegado a puerto, y a mitad del río, se le acumulan problemas de todo tipo y color. Desde la recesión económica y el malestar social acumulado, hasta los casos de corrupción burdos y brutales. Problemas que reenvían a preguntas de fondo: ¿hay continuidad para Milei? Y si no; ¿qué sigue después de Milei, a qué país vamos? ¿sobre la base de qué intereses y aspiraciones? ¿con qué modelo? Este problema estratégico está planteado para la burguesía económica –sobre todo industrial– y política. Pero también, y en particular, para la izquierda. El contraste entre la situación del país, las grandes preguntas que sobrevuelan en la cabeza de sectores cada vez mayores, y la decadencia del FITU no podría ser mayor. Esta nota aporta a clarificar los debates en la coalición y la izquierda, y a plantear los verdaderos desafíos de los anticapitalistas en el país, en un llamado de atención a los principales integrantes de la coalición.

El olmo no da peras

Por empezar, ninguna de las fuerzas del FITU han respondido a la pregunta que encabeza esta nota: “¿Habrá detrás de esa discusión una derivación de este mismo debate que atravesó a la extrema izquierda en Brasil?”. Eso se llama barrer la basura debajo de la alfombra. A falta de un debate explícito, o al menos público, por la vía de los hechos los mismos sectores que en el 2008 marcharon con la Sociedad Rural en contra del gobierno kirchnerista y su planteo de retenciones al agro, hoy integran el frente electoral y firmaron un acuerdo político con el peronismo para el 24 de Marzo en el 2025, cuestión que repitieron este año 2026.

Veamos como se refería un dirigente del partido de Bregman al asunto un año atrás: “el MST siempre se caracterizó por ser una de las corrientes más oportunistas de la izquierda argentina. Hace seis años se integraron al Frente de Izquierda, pero frente al 24 de marzo y la multitudinaria marcha que hubo, rompieron con toda independencia política sumándose a un acto y documento donde estaba prohibido señalar quiénes sostienen al gobierno liberticida de Milei(…)” (negritas nuestras) (Guillo Pistonesi, 25 de marzo de 2025, La Izquierda Diario).

Algún observador externo, con un mínimo de coherencia, podría advertir una discusión profunda en este intercambio. Pero el hecho es que ninguna discusión en dicha coalición ha tenido verdadera importancia y eso está íntimamente ligado a su carácter. Lejos de ser un espacio que discuta qué tareas tiene planteada la izquierda revolucionaria para constituirse como alternativa de poder, el FITU nunca superó la prueba de ordenar su actividad alrededor de la repartija de cargos e ingresos obtenido de la participación electoral. Así de triste y así de real.

Entonces es acertada la pregunta de Fontevecchia, teniendo en cuenta que la misma corriente que en Argentina firma acuerdos programáticos con el peronismo, en Brasil integra el PSOL que hoy es parte del gobierno de Lula. Es una política muy diferente de la corriente Socialismo o Barbarie, hermana del Nuevo MAS en Argentina, que rompió con el PSOL cuando su dirección se rindió al frente popular con Lula, una delimitación en la que coincidió el PTS en dicho país. Entonces, alguien podría preguntarse coherentemente, ¿por qué si hay más coincidencia programática generales entre el Nuevo MAS, el PTS y el PO –tres partidos que además se delimitaron el 24 de Marzo sin claudicar al peronismo–, el PTS se ha obstinado junto con el PO a excluir al Nuevo MAS de una coalición que podría potenciar lo electoral con la incorporación de Manuela Castañeira, y trascenderlo hacia la construcción de una alternativa permanente? Nuevamente, porque no es la naturaleza de ese frente discutir los desafíos de la izquierda en relación a los asuntos del poder. En vano pedir peras al olmo.

Una cooperativa electoral discute en estos términos, citando palabras textuales en relación a la incorporación de nuestra organización: ‘es difícil repartir entre cuatro partidos, entre cinco es imposible’. En ese marco, si las cuentas cierran, como ha ocurrido hasta ahora,  podrán asegurar que el programa político del frente es de independencia política (atributo real, pero más que machucado por la actuación de los partidos que lo componen y por el propio frente que reivindica y defiende el mecanismo proscriptivo de las PASO). Si no cierran, podrán instrumentalizar los miles de debates acumulados a lo largo de 15 años. El choque entre las grandes preguntas, las expectativas de lo que se espera de la izquierda y el pragmatismo propio de los partidos tradicionales adquirido por las corrientes del Fitu es así de bestial.

Fuera de las encuestas, todo es ilusión

Luego de Artemis 2, nadie ha volado tan alto como el Pts abrazado a las encuestas. Y, como resultado, la imagen positiva de Bregman (con mucha disparidad respecto de la intención de votos) ha tenido un efecto fratricida al interior del frente: “El PTS es oportunista”; “Lluvia en las redes promoviendo la fórmula Cristina-Bregman”; “Partido Único y oportunismo pro-peronista” (Néstor Pitrola, 6 de mayo de 2026, Prensa Obrera). Estos son algunos fragmentos de Pitrola en debate con el Pts. A lo que un dirigente del Pts respondió un día después: “Impotencia y desorientación del Po”; “Vilouta, Majul y… Pitrola «; «Alimaña» (Guillo Pistonesi, 7 de mayo de 2026. La Izquierda Diario). Estas son algunas pocas frases de una polémica fratricida. Desde ya que no somos ajenos a las polémicas duras, pero las mismas son válidas cuando expresan debates de fondo y no de charca al estilo peronista cuyo único interés es el de delimitar fuerzas de cara a una repartija anticipada de cargos.

Esta adaptación contamina las relaciones entre toda la izquierda, a la que pretenden someter a una cloaca en la que vale decir cualquier cosa, hacer cualquier cosa o firmar cualquier programa con el peronismo. Un claro ejemplo de ello fue negarse a unificar a toda la izquierda con el ¡Ya Basta! (la juventud anticapitalista del Nuevo MAS) en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Utilizaron los métodos estalinistas más asquerosos y evitaron que se gane el centro de estudiantes por tercera vez consecutiva, dejándolo nuevamente al peronismo en la conducción y prohibiendo al movimiento estudiantil tener una referencia independiente para enfrentar el ataque de Milei a la Universidad. El daño que causan prohibiendo al movimiento estudiantil de un centro de estudiantes para pelear contra el gobierno de Milei y su ataque a la Universidad es una pequeña muestra de la enorme mezquindad que los aqueja.

Puede olerse un tufillo de preocupación entre los socios menores del Fitu. Que el partido de Myriam Bregman (Pts), embriagado con las encuestas de imagen positiva, ensaye una profundización de su característica mayor de dividir a la izquierda –ya no solo excluyendo al Nuevo MAS y a Manuela Castañeira, sino desligandose de sus cortesanos de alianza como el Po– a menos que vuelvan a poner la cabeza bajo la bota del Pts, como se ha vuelto hábito, pero ya de manera redoblada. En definitiva, a esto se reduce la diatriba.

Recientemente, una carta firmada por intelectuales simpatizantes del FITU –en nuestra opinión, teñida por el impresionismo– plantea el problema de la izquierda, las elecciones y el poder. No es el objetivo aquí desarrollar ni los puntos ni un debate más que tangencial con dicha carta. Sin embargo, diremos rápidamente que, incluso aceptando la tesis de que la izquierda anticapitalista y socialista llegara al poder vía elecciones presidenciales, para retenerlo y llevar su cometido adelante la izquierda necesita ampliar cualitativamente su influencia orgánica. Es imposible lograrlo sin la materialidad necesaria para dirigir un proceso tan complejo como es desbancar a la burguesía, y suplantar el Estado por un semi Estado de las y los trabajadores. Esa influencia de masas no se puede suplantar por la mera conquista de referentes políticos ni el acceso a medios de comunicación aunque ambos sean muy importantes (y hasta imprescindibles), sino que serán necesarios miles de brazos y sujetos conscientes y activos que respondan a la política revolucionaria. No cabe ninguna comparación con la mecánica de acceso al poder entre un outsider como Milei que llegó sin base social ni estructura partidaria pero que, aún sin ser representante directo de la burguesía, es capitalista y defensor de la propiedad privada, y una personalidad de izquierda que se supone aparece como una amenaza al orden capitalista. No basta una sola persona para tamaña tarea histórica.

Una cosa es soñar de manera idealista, como ocurre con algunos sectores intelectuales y progresistas, e imaginar sin anclas en la realidad cómo sería que la izquierda gane las elecciones presidenciales. Pero esta cuestión no está permitida a los partidos revolucionarios que tenemos como finalidad la conquista del poder, lo que requiere de ser concretos y de apropiarnos de las palancas que se encuentran en la realidad para acercarse al objetivo y llevar, sí, nuestros sueños adelante, incluso si el objetivo está más o menos lejos.

Entonces, ¿cuáles son las tareas inmediatas de la izquierda en Argentina?

Según Gabriel Solano (Po), que parte de la diferenciación entre la intención de votos de Bregman y la imagen positiva, se “requiere una lucha programática brutal (…) una pelea contra el gobierno de Milei, pero también en relación a todos los bloques que participan de la vida política nacional, para mostrar que la salida de los trabajadores y la salida a la izquierda reclama una completa delimitación, una lucha contra todas las variantes capitalistas (…) Nosotros defendemos mucho al Frente de Izquierda, lo cual no significa que defendamos el Frente de Izquierda con las limitaciones que tiene. Las queremos superar. Por eso, nuestra propuesta de una asamblea nacional del Frente de Izquierda.”

Salvo el hecho que en el propio frente habitan partidos que se mezclan con las variantes capitalistas, cosa que no dice, no se entiende en qué consiste la tarea en términos concretos. Las tareas no son palabras rimbombantes sumadas. “Lucha programática brutal”… ¿con quién? ¿No se supone que el FITU es ya una delimitación de Milei y todas las variantes capitalistas? ¿O luego de 15 años de existencia, la tarea sigue siendo la misma? En fin, lo que sí queda claro es que defienden la cooperativa electoral, y mucho. El resto suena a palabras sin mayor contenido, a la que suma una propuesta desgastada y sectaria: una asamblea del FITu en exclusión del resto de la izquierda, y que además nunca ha sucedido desde que fue planteada.

Según el Pts, “la tarea no es contemplarla desde afuera ni encerrarla en los límites actuales del FITU, sino darle una herramienta política común (partido único). La oportunidad no es que el FITU se mire a sí mismo conservando sus proporciones actuales. La oportunidad es intentar un salto histórico y organizar a una nueva vanguardia obrera, juvenil, feminista, precarizada, sindical, ambientalista e intelectual que está buscando una salida por izquierda” (Guillo Pistonesi, 7 de mayo de 2026, La Izquierda Diario).

La propuesta de ir a un partido único sin conseguir ni la unidad en marchas de calendario muestra que el enunciado es simplemente una maniobra con la que este partido, sobre la base de las encuestas de Bregman, pretende maniatar al resto de las fuerzas políticas del frente. Ya no imponerles condiciones sofocantes en un marco electoral, sino ahora también una dirección política cotidiana. Por otro lado, una unificación de partidos políticos genuina y no extorsiva podría surgir de una experiencia común y que se procesa en la lucha de clases, en el encuentro entre las distintas fracciones de la clase obrera, la juventud y los trabajadores representada por nuestros partidos y que arriban a una conclusión común. Cuestión que además puede ocurrir o no. No es cierto que para la toma del poder sea necesario unificar partidos revolucionarios. ¿Dónde está escrito eso? Por el contrario, la revolución socialista requiere siempre de la máxima democracia obrera, lo que supone la posibilidad de diversas expresiones políticas de clase. Es demasiado evidente el envalentonamiento de esta corriente que, a caballo de una serie de encuestas, pretende doblegar al resto de las fuerzas del frente para un reparto más draconiano a su favor.

En nuestra opinión, la tarea más elemental y menos abstracta en el terreno de la representación es la construcción de un frente de toda la izquierda, que debe repudiar la existencia de las PASO (mecanismo proscriptivo y antidemocrático) y construir un programa de independencia de clases que sea de cumplimiento para todas las fuerzas integrantes, en la perspectiva de superar el mero terreno electoralista. Un frente, además, que garantice condiciones de participación democrática con visibilidad de todas las fuerzas y no un predominio ficticio, de aparato y de repartija de dividendos, y que entusiasme e incorpore con participación activa a los miles y miles de simpatizantes de la izquierda hartos del divisionismo estúpido. Un frente de toda la izquierda podría, en el marco de la enorme crisis del país y del desgaste del peronismo, impulsar una alternativa para millones de trabajadoras y trabajadores, dar pasos concretos hacia un agrupamiento de frente único mayor a la suma de las partes.

Por último, como cuestión elemental, no hay fuerza política de izquierda (Pts, Po, Nuevo MAS) que haya saldado la relación de fuerzas orgánica a su favor, en relación a la capacidad de organizar sectores de la juventud y los trabajadores, además de la influencia en organismos de masas (sindicatos, comisiones internas, cuerpos de delegados, y centros de estudiantes). Ante este hecho innegable, es inadmisible la conducta de estos partidos que, contaminando con su lógica de aparatos todos los resquicios de la política revolucionaria, están dispuestos a regalar organismos de masas como ocurrió en Filosofía y Letras. O mantener una política divisionista y burocrática en el dificilísimo conflicto de FATE, bajo la dirección del Po, que se dedica a atacar incluso físicamente a los propios activistas y militantes de listas ligadas al Nuevo MAS, el Pts y otras independientes, mientras se niegan a impulsar una lucha común por la ocupación temporal de la fábrica. Allí también, el FITU ha demostrado su impotencia como ámbito aglutinador político. Si hablamos de tareas concretas y los desafíos estratégicos, evitemos filosofar y hablemos de lo que hay que hablar, sin barrer los problemas bajo la alfombra.

No hace falta un partido unificado para que la izquierda pueda ser un aspirante realista al poder. Requiere empezar por lo mínimo y elemental: guiarse por criterios de principios entre las corrientes de izquierda, apostar a un frente que unifique a toda la izquierda para presentar una alternativa real de cara a las y los trabajadores, y enamore a sectores masivos a los que podamos ofrecer un ámbito común de organización en el marco de un frente único. Esa es una tarea concreta.

Por último, ninguna posición política, incluso la de la necesidad de la unidad de toda la izquierda bajo un programa independiente, se conquista sin una dura batalla política. Nuestra organización ha dado esta pelea, y la seguirá dando sin someterse a ningún capricho que tenga por objetivo doblegar a otras corrientes ni mucho menos a la nuestra. Por eso también es una tarea concreta sumarse a nuestra fuerza, construir la izquierda anticapitalista, e impulsar este debate a lo largo y ancho del país. El Nuevo MAS se pone a disposición del conjunto de la izquierda para esta tarea. Y llama a todos sus simpatizantes a incorporarse a sus filas para dar juntos esta batalla, y a seguir construyendo nuestro partido, que no vende ni regala sus principios, y al ¡Ya Basta!, la principal referencia de la juventud de izquierda anticapitalista del país.

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