Elecciones chilenas

Debate presidencial en Chile: entre el rechazo a Piñera y la ultraderecha pinochetista

El lunes se realizó el debate presidencial de cara a las elecciones chilenas. Boric, el candidato de la centro - izquierda, permanece como favorito. El gran perdedor fue Sichel, el candidato de Piñera, que pierde terreno ante el avance del ultra - derechista José Antonio Kast.



En las primarias de julio se operó una reorganización del arco político chileno. La coalición de Piñera, Chile Vamos, salió como la principal perdedora. La rebelión popular de 2019 se expresó en un inmenso voto castigo a Piñera y al régimen post – pinochetista como un todo. Capitalizando ese rechazo apareció Gabriel Boric, del Frente Amplio, que desplazó al candidato del PC chileno y se consagró como candidato de la alianza Apruebo Dignidad.

Boric fue referente en las movilizaciones estudiantiles de 2011 y es diputado nacional desde 2014. Sin embargo, ha traicionado una y mil veces las luchas del pueblo chileno, llegando a votar la «ley anti – barricadas» de Piñera. Boric es una cara joven para repetir las políticas de traición del viejo PC.

Tras el debate, Boric sigue apareciendo como el favorito de cara a noviembre. Pero en el otro extremo del escenario avanza Kast, un candidato abiertamente pinochetista y simpatizante de Bolsonaro, que comienza a avanzar sobre el terreno dejado por Sichel. Las elecciones chilenas anticipan una fuerte polarización en medio de los fantasmas de la crisis política abierta en 2019.

La agenda de la derecha

La mayoría de los medios chilenos coinciden en que el gran perdedor del debate fue Sichel. Es que, a pesar de haberse presentado formalmente como «independiente», todo el mundo sabe que es el candidato de Piñera. La mayoría de la población chilena lo reconoce como representante de los empresarios y el establishment político que gobierna al país desde el fin de la dictadura. En el debate quedó como pintado.

Para relevar al piñerismo apareció Kast. Es último combina una política ultra – neoliberal con las ideas fascistoides de personajes como Bolsonaro (con el que se fotografió algunos meses atrás). Su intervención se centró en dos puntos: migración y derechos humanos.

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Como era esperable, se pronunció en contra de «las políticas de fronteras abiertas» para polarizar con Boric, y denunció que hay inmigrantes que «tienen más derechos» que los chilenos. Un discurso de odio xenófobo en toda línea.

Además, Kast dijo que Chile debería salir del marco de las convenciones de DDHH de la ONU y cerrar el Instituto Nacional de DDHH de Chile. En un país que viene de sufrir flagrantes violaciones a los DDHH por parte del gobierno de Piñera (asesinatos a manos de los pacos, torturas y una represión brutal a la movilización popular) estas declaraciones son una provocación fascista.

Rechazo generalizado a Piñera

Uno de los puntos importantes del debate fue la Acusación Institucional contra Piñera por el escándalo de la Minera Dominga, vendida a través de una sociedad offshore tal como consta en los Pandora Papers. Este debe haber sido el único punto de coincidencia entre todos los candidatos. Sólo el piñerista Sichel esquivó la pregunta. Mientras el resto de los candidatos se pronunciaron por continuar la Acusación Constitucional contra Piñera, Sichel tiró la pelota afuera de la cancha diciendo que «hay que investigar» pero que el Congreso ha tomado «el hábito» de realizar Acusaciones Constitucionales por cualquier cosa.

Si bien hubo matices (Artés, candidato de Unión Patriótica, pidió la destitución directa, Boric dijo que había que seguir los caminos institucionales, la demócrata – cristiana Provoste dijo que la ligazón de Piñera a los Pandora Papers es una vergüenza y Ominami del Partido Progresista pidió la renuncia de Piñera), el rechazo a (o el intento de desligarse) Piñera es un síntoma de la situación política que atraviesa Chile.

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La rebelión popular de 2019 resquebrajó el sistema político chileno. Aunque Piñera logró no ser eyectado del gobierno, su espacio político parece haber quedado eliminado de la carrera presidencial como castigo. Boric se ha hecho (hasta ahora) con el grueso de ese voto castigo contra Piñera y contra el régimen post – pinochetista. Pero su candidatura no expresa una ruptura con el régimen político chileno, sino más bien un intento de adaptar las exigencias de la rebelión a los marcos de la democracia post – pinochetista y gobernar con la ayuda de los partidos del régimen. Al mismo tiempo, el crecimiento de Kast a la derecha de Sichel expresa la radicalización de (un sector de) la base electoral de Piñera.

En todo caso, el caudal político de la rebelión popular chilena no tiene un dueño definitivo y el debate presidencial ha dado muestra de la escena política tal cual permanece hoy en día: con un establishment político deslegimitado, un voto fragmentado y una fuerte polarización alrededor de los problemas sociales.

 

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