Brasil atraviesa una crisis socio-sanitaria muy profunda; la pandemia azota el país con ferocidad debido al negacionismo del presidente Bolsonaro y su reticencia por tomar medidas de fondo para frenar las tasas de contagio y masificar la vacunación. Al momento de escribir esta nota, se contabilizan más de 320 mil personas fallecidas a causa del Covid-19 y las proyecciones apuntan que, para junio, la cifra puede alcanzar los 500 mil; parafraseando a García Marqués, es la “crónica de un genocidio anunciado”.

Lo anterior dio paso a un creciente malestar con la gestión de Bolsonaro que, a pesar de contar con el apoyo de una base dura de extrema derecha, cada vez más sectores de la población rechazan su mandato, pues lo responsabilizan por la barbarie sanitaria y la crisis social en curso. El retroceso electoral de sus candidatos en las elecciones municipales del año anterior fue un primer síntoma de esto, a lo cual se suman los crecientes roces que sostiene con sectores de las Fuerzas Armadas y representantes del gran capital.

Producto de lo anterior, se abrió una discusión sobre las tareas de la izquierda para derrotar al gobierno de Bolsonaro, en particular entre las corrientes de izquierda que conformamos el PSOL. Desde Socialismo o Barbarie nos sumamos a este intercambio político y, por medio de este artículo, queremos exponer nuestras diferencias con Valerio Arcary, miembro de Resistencia (corriente interna del PSOL) y militante trotskista de larga trayectoria, quien expuso en una serie de notas sus caracterizaciones y orientaciones para el presente período, con las cuales tenemos profundas diferencias por considerarlas oportunistas y electoralista, en particular con su negativa a movilizar de inmediato –debido a la situación sanitaria- por el Fora Bolsonaro y su llamado a conformar un frente de izquierda con Lula como eventual candidato.

 

La dimensión estratégica de echar a Bolsonaro

En “Oito notas sobre o dilema do PSOL” (Ocho notas sobre el dilema del PSOL), Arcary sostiene que la tarea del momento para el PSOL es convertirse en un instrumento de lucha para derrotar a Bolsonaro. Coincidimos con este postulado, pues hay común acuerdo en la necesidad de sacudirse de encima a un gobierno de derecha extrema, negacionista y genocida. Pero nuestras diferencias afloran cuando detalla lo que comprende por esto, lo cual sustenta en una definición de estrategia que expone en el tercer punto del artículo en cuestión:

“Una estrategia es un proyecto que se define en términos de la situación política, es decir, en términos de la relación social de fuerzas, en términos leninistas. En una situación reaccionaria, por lo tanto defensiva, por cuál es el mayor peligro. En Brasil en 2021, nada es más importante que derrotar a Bolsonaro. Esa es la estrategia. Evidentemente, para los marxistas, la estrategia histórica es la lucha por el socialismo. Pero no hay forma de acelerar las condiciones de lucha por el socialismo, en Brasil en 2021, que no pase por la derrota del gobierno de extrema derecha liderado por una corriente neofascista. Nada es más importante que derrotar a Bolsonaro, cuando Brasil se convierte en el epicentro de la pandemia, y el desempleo, la inflación sobre los alimentos y la suspensión de la ayuda de emergencia encienden la mayor crisis social de la historia. Nada.»

Sin duda alguna, echar a Bolsonaro del gobierno es una tarea estratégica fundamental para la izquierda en Brasil, pero resulta equivocado asumirlo de forma reduccionista -casi como un fin en sí mismo- como lo presenta Arcary, es decir, sin ahondar en cómoy bajo qué perspectivas se realiza.

La estratégica siempre debe resguardar la relación entre fines y medios para garantizar la perspectiva general, es decir, está en función de potenciar la movilización revolucionaria de los sectores explotados y oprimidos para conquistar su emancipación social.

[i]Para el caso concreto de Brasil, significa que, si la estrategia es derrotar a Bolsonaro, es preciso que el PSOL plantee los medios adecuados para eso, lo cual pasa por llamar a la movilización en las calles contra el gobierno (con medidas de seguridad sanitaria), así como exigir a Lula y a la burocracia sindical que llamen a movilizar.

Justamente esto es lo que obvia Arcary con su definición de estrategia, pues disocia la tarea de expulsar a Bolsonaro de la forma en que se realiza y, debido a esto, se desliza hacia una serie de tácticas oportunistas electoralistas y, peor aún, deja de lado criterios mínimos de independencia de clase, lo cual se sintetiza en su llamado a trabajar por un “gobierno de izquierda” encabezado por Lula y el PT. Evidentemente Lula no es Bolsonaro, pues ambos encarnan proyectos incomparables y se apoyan en una base social diferente; pero un eventual retorno del PT al gobierno no es una salida la crisis por la izquierda a la crisis, pues daría paso a repetir una experiencia de gobierno de colaboración de clases (sobre esto nos referiremos más adelante).

Derrotar a Bolsonaro supone sacarlo del gobierno por la izquierda; dicho en un sentido estratégico, esto implica un triple movimiento: 1) derrotar a la corriente neofascista que expresa su administración; 2) revertir las medidas reaccionarias asumidas por el gobierno y acuerpadas por el conjunto de la burguesía brasilera, 3) superar la experiencia de conciliación de clases del PT y su influencia dentro de importantes sectores del movimiento obrero y de masas. Solo así será factible revertir la situación reaccionaria de Brasil y sentar las condiciones políticas para la movilización revolucionaria de la clase trabajadora y el conjunto de los sectores explotados y oprimidos.

¿Renunciar a la movilización durante la crisis pandémica?

Entrando de lleno a los aspectos tácticos, Arcary esboza una posible “hoja de ruta” para orientar la lucha contra Bolsonaro desde la izquierda, sopesando escenarios hipotéticos en que se puede librar esa batalla, incluidas las elecciones de octubre del 2022.

Esto no es incorrecto por sí mismo, pues el terreno electoral es un campo de batalla objetivo en el cual la izquierda revolucionaria debe participar y dar la pelea a fondo; pero en su caso parte de una premisa que descompensa –de forma oportunista- su análisis hacia las especulaciones electorales, a saber, que no se puede salir a luchar a las calles mientras persistan las terribles condiciones de la pandemia. Esto lo plantea con franqueza en un artículo reciente:

“El debate sobre la táctica vuelve al centro. En las terribles condiciones sanitarias inmediatas, no es posible responder al peligro que representa Bolsonaro con movilizaciones masivas en las calles. Ya vendrá el momento de convocar a las masas populares a las calles para derrocar al gobierno. Pero podemos tener iniciativas simbólicas con actos con delegaciones, pancartas y, sobre todo, con la organización de la solidaridad militante con las clases populares a través de iniciativas de reparto de donaciones ”.[ii]

Sin duda, la situación sanitaria de Brasil es sumamente complicada producto de la gestión negacionista y genocida por parte del gobierno, lo cual elevó exponencialmente las tasas de contagio y facilitó el desarrollo de la mutación de Manaos. Pero también es cierto que la pandemia no va desaparecer este año y, posiblemente, persista más tiempo y azote con nuevas olas.

En consecuencia, la pandemia no puede ser un impedimento para la movilización, pues eso rompe los hilos políticos entre la izquierda y las masas que salen a la calle a trabajar diariamente. No se trata de caer en un “negacionismo” de izquierda con respecto a la crisis sanitaria, sino de buscar formas de movilizar garantizando protocolos de seguridad sanitaria; además, la experiencia del último año demuestra que los lugares cerrados son los más peligrosos para el contagio, no así las movilizaciones al aire libre: ¡es más peligroso utilizar el transporte público o la estadía en el centro de trabajo que movilizarse al aire libre!

No salir a las calles en este momento, le deja el terreno libre a Bolsonaro para que persista en sus intentos por imponer un régimen más autoritario, ante lo cual la burguesía se niega a destituirlo y, a lo sumo, presenta una oposición moderada para “marcarle la cancha” desde el aparato del Estado, apostando a sacarlo en las elecciones –al igual que Lula y el PT- y, así, mantener intacto las contrarreformas económicas implementadas desde el impeachment a Dilma.

Mirá también:  Declaración de Socialismo o Barbarie | Brasil: ¡Ahora hay que derrotar a Bolsonaro en las calles!

Por otra parte, renunciar a movilizar por la situación sanitaria conlleva a que las elecciones se transformen en el terreno determinante de disputa. Esta perspectiva la sostiene Arcary de forma directa, cuando balancea los tiempos entre la movilización callejera y la centralidad de la táctica electoral:

“Si el desgaste de Bolsonaro sigue aumentando, pero no logramos derrumbarlo antes del 2022, el centro de la táctica política deberá ser la lucha para evitar que llegue a la segunda vuelta (…) el centro de la táctica deberá ser garantizar una candidatura de la izquierda en la segunda vuelta, en la disputa con el probable Frente de centroderecha liberal, sea Doria u otro ”.[iii]

Basta unir los cabos sueltos para reconstruir el esquema táctico de Arcary: primero, no se pude salir a luchar mientras persistan las terribles condiciones sanitarias por la pandemia en Brasil, ante lo cual sugiere realizar acciones simbólicas y campañas de denuncia contra Bolsonaro (las cuales apoyamos, pero son insuficientes para derrotarlo); segundo, impone hasta 2022 como “tiempo límite” para sacarlo del poder por medio de la movilización y, a partir de ese momento, el centro de la táctica pasan a ser las elecciones, con el fin de garantizar una candidatura de izquierda en el segundo turno.

El anterior es un razonamiento oportunista y electoralista desde todo punto de vista; las movilizaciones figuran en un horizonte lejano y abstracto, cuya convocatoria se supedita a condiciones sanitarias muy difíciles de materializar -que Arcary nunca precisa- y, por ende, no se plantea ninguna tarea concreta; en contraparte, las elecciones son tangibles y están calendarizadas, ante lo cual hay que prepararse desde ya para garantizar una candidatura de izquierda en la segunda ronda.

Al contrario de esta postura, desde SoB sostenemos que hay que retomar las calles para derrotar a Bolsonaro cuanto antes (obviamente con medidas de seguridad sanitaria[iv]), con más razón cuando atraviesa uno de sus momentos de mayor debilidad ante amplios sectores de la población y presenta fisuras en sus acuerdos con sectores de la derecha. Al respecto, es apropiado el razonamiento de Trotsky, cuando señalaba que en política los tiempos son más importantes que en gramática, dando cuenta de la importancia de saber aprovechar las oportunidades que presenta en los momentos de mayor crisis, pues difícilmente se vuelvan a presentar.  Esto aplica incluso en tiempo de pandemia (o de guerras u otro tipo de calamidad social), pues la lucha de clases tiene –¡e impone! – sus tiempos objetivos.

Es un error darle “tiempo extra” a Bolsonaro por esperar que pase lo peor de la pandemia, pues esto le da margen para reposicionarse y retomar la ofensiva para instaurar un régimen autoritario antes, durante o inmediatamente después de las elecciones. Ante esto, de poco –o nada- sirve una estrategia defensiva de esperar a que pase la crisis sanitaria o se vacune a toda la población, escenarios que parecen bastantes lejanos en Brasil y, en los hechos, es un llamado a esperar a las elecciones. Esta es la posición que sustenta Arcary; es la misma que sostiene Lula y el PT (y en general con todo el reformismo internacional), ante los cuales no realiza ninguna crítica por su rol desmovilizador en la coyuntura actual.

Solo con la movilización será posible levantar un polo de oposición a Bolsonaro desde la izquierda y, de esta forma, dar los primeros pasos para revertir la situación reaccionaria en Brasil. Incluso, es posible que un proceso de movilizaciones no logre sacarlo del poder de inmediato, pero pueden golpearlo gravemente de cara a las votaciones, como sucedió con la rebelión antirracista en los Estados Unidos, la cual se desarrolló en el peor momento de la crisis sanitaria en ese país y resultó determinante en la derrota de Trump. Otra posibilidad táctica es que la campaña electoral sirva como tribuna para impulsar la movilización por el ¡Fora Bolsonaro![v]

Las estrategias y tácticas pueden -y deben- variar según las circunstancias objetivas, pero la izquierda tiene que mantener como eje de su política impulsar movilizaciones radicales para sacar a Bolsonaro por la izquierda. Esto nos lleva al tema del programa y las candidaturas, donde también tenemos diferencias con Arcary, como veremos a continuación.

¿Un frente de izquierda…con Lula y el PT?

En sus textos, Arcary da cuentas del debate que se abrió en la izquierda brasilera en torno a ¿qué tipo de frente construir para derrotar a Bolsonaro?

Una posición es conformar un frente amplio que, como su nombre lo indica, estaría abierto para sumar todos los sectores políticos y sociales que se oponen a Bolsonaro, sin importar su carácter de clase. De forma correcta, Arcary se opone a esta táctica porque diluye el programa de la clase trabajadora y los sectores oprimidos en función de soldar una alianza con sectores burgueses, cuya consigna central es defender la “democracia”, un eje abstracto que disimula su acuerdo con las medidas de ajuste económico neoliberal impulsadas por el actual gobierno.

Ante esto, sostiene que la única táctica que superó la prueba de la historia es la del frente único de izquierda, pues, entre otras cosas, representa las reivindicaciones de las masas explotadas y esto potencia su movilización revolucionaria. Asimismo, esta táctica se complementa con la unidad de acción con todos los sectores que se oponen a Bolsonaro, con los cuales es factible realizar acciones unitarias de lucha, pero resguardando la independencia de clase.

Hasta acá tenemos pleno acuerdo con Arcary; su formulación se apega a las lecciones históricas del marxismo revolucionario en la lucha contra el fascismo, sintetizadas magistralmente por Trotsky en sus escritos de los años treinta sobre España, Francia y Alemania.[vi] Pero diferimos cuando precisa la conformación de dicho frente de izquierda que, en su opinión, debe sumar al PT.

Es un planteamiento que deja de lado una caracterización clasista del período petista al frente del gobierno durante trece años, tiempo durante el cual implementó medidas de ajuste contra la clase trabajadora, no titubeó en fortalecer el aparato represivo del Estado para enfrentar procesos de lucha –por ejemplo, creó la Guardia Nacional- y estuvo envuelto en sonados casos de corrupción, lo cual desmoralizó a la clase trabajadora y allanó el camino para el giro reaccionario que atraviesa el país (del cual surgió el bolsonarismo).

Arcary caracteriza que, aunque el PT mutó mucho desde su constitución a inicios de los años ochenta, todavía es un partido obrero, de izquierda y reformista, como planteó en un reciente artículo en el portal de Jacobin:

“El Partido de los Trabajadores (PT) nunca ha sido un partido socialdemócrata clásico. El PT es el partido más grande de la clase trabajadora brasileña. Pero no es solamente eso. Es un tipo especial de partido de izquierda. Es un partido electoral, reformista, pero no mantiene relaciones orgánicas con la burguesía (…) Sin embargo, la condición electoral y una política reformista no transforman al PT en un partido burgués. Un partido es burgués cuando mantiene relaciones estructurales con alguna fracción de los capitalistas ”.[vii]

Esta caracterización nos parece equivocada, la cual denota un enfoque economicista del autor a la hora de analizar el carácter de clase del PT. Efectivamente, en sus orígenes fue un partido reformista de la clase trabajadora brasilera, pero su desarrollo electoral aceleró su adaptación al régimen burgués, lo cual tuvo un salto en calidad con su ascenso al gobierno y el establecimiento de relaciones directas con la burguesía a través de la mediación del Estado burgués, además de la conversión de muchos de sus cuadros en administradores de los fondos de pensiones y propietarios empresas de comunicación. Por todo esto, encontramos que la mejor forma de definir al PT es como un partido burgués-obrero u obrero-burgués, lo cual captura la contradicción entre su base obrera y su programa burgués (no neoliberal y con algunos resabios “desarrollistas”, pero burgués al fin de cuentas).[viii]

Lo anterior no niega la importancia de contar con una táctica permanente hacia el PT, lo cual se comprende por su peso dentro del movimiento obrero y otros sectores sociales; en este sentido, son fundamentales los llamados/emplazamientos a Lula para impulsar la movilización unitaria contra los peligros autoritarios de Bolsonaro y exigir soluciones concretas ante la crisis socio-sanitaria. Pero esta unidad de acción no es lo mismo que constituir un frente de izquierda con el PT, con el objetivo de elaborar un programa político unitario y, eventualmente, contar con Lula como candidato único de la izquierda, tal como sugiere Arcary:

Mirá también:  41.080 positivos: Nuevo récord de casos diarios en Argentina

“El mayor desafío táctico del PSOL es ser un instrumento de lucha para derrotar a Bolsonaro, también en las elecciones. Y el PSOL no puede ser un obstáculo para que una candidatura de izquierda llegue a la segunda vuelta. Incluso la posibilidad de que Lula sea candidato, esto está y seguirá en disputa hasta 2022. No está garantizado. Por tanto, ante el posible peligro de un segundo mandato de Bolsonaro, no se descarta, al contrario, merece ser seriamente examinado el apoyo a Lula, desde la primera vuelta. Nunca deberá ser incondicional y acrítico, pero es una posibilidad «.[ix]

Lleva razón Arcary cuando señala que la experiencia con el PT no se agotó por completo, pues aún influye a vastos sectores de la clase trabajadora y la vanguardia. También es cierto que la figura de Lula es de masas y, por lo mismo, a priori se perfila como el principal adversario de Bolsonaro en la próxima campaña. Pero esto no justifica que el PSOL cierre un acuerdo electoral -y se diluya- detrás de un partido que administró el Estado burgués brasilero en alianza con sectores capitalistas, desde donde se limitó a impulsar planes de asistencialismo social, pero sin tomar ninguna medida anticapitalista que afectará los pilares del sistema.

Arcary, nuevamente, se consume en las especulaciones electorales; desde esa ubicación justifica su táctica aduciendo que el PSOL debe tener claras las proporciones con respecto al PT (es decir, ellos son más grandes, nosotros un partido minoritario), y, además, demostrar “instinto de poder” apostando a conformar un gobierno de izquierda:

“La lucha por un gobierno de izquierda debe estar en el centro de la estrategia. Necesitamos una izquierda con vocación de poder. Al recuperar sus derechos políticos, Lula se presenta como el nombre más fuerte de la izquierda para disputar la segunda vuelta, evidentemente (…) El comino que hay que construir pasa por la discusión y negociación de un programa de reformas estructurales con medidas anticapitalistas. En ese debate, nadie debería poner ultimátums”.[x]

La formulación de “gobierno de izquierda”, además de resultar ambigua, también es muy peligrosa. A primera vista nos recuerda la experiencia de Syriza en el gobierno de Grecia, un partido reformista conformado por sectores provenientes del estalinismo que levantó un programa crítico a los planes de ajuste de la Unión Europea para ese país, lo cual generó expectativas en un sector del trotskismo -en particular del mandelismo-, para quienes un gobierno de izquierda con Syriza podía avanzar a posiciones anticapitalistas.[xi] Es sabido que esto no ocurrió –ni estuvo cerca de acontecer-, pues Syriza no tardó mucho en capitular a la UE y provocó una desmoralización en la izquierda europea.

En su caso, Arcary delimita su formulación cuando señala que debe fundarse en la negociación de un “programa de reformas estructurales con medidas anticapitalistas”, pero no profundiza que entiende por eso; además, de inmediato apunta que nadie debe colocar ultimatos en el debate programático. Aunque es poco probable –por no decir imposible- que Lula y la dirección del PT tengan proyectado sentarse a debatir la construcción de un programa con medidas –verdaderamente- anticapitalistas con el PSOL, suponiendo que esto se produjera, sería un error no precisar “líneas rojas” de negociación, pues, de lo contrario, se deja la puerta abierta para entrar a negociar con un programa anticapitalista…y salir con un rejuntado de consignas reformistas o desarrollistas (es lo esperable de una negociación con Lula y el PT).

Por otra parte, es increíble la forma en que Arcary cierra los ojos ante la experiencia histórica reciente del PT al frente del Estado burgués, donde instauró un gobierno que, apoyándonos en la tipología de gobiernos obreros de la III Internacional, caracterizamos como obrero-liberal, es decir, de colaboración de clases con la burguesía y, por lo mismo, contra la clase trabajadora. De esta experiencia gubernamental el PT (Lula incluido) no realizó ningún balance crítico y, por el contrario, todo apunta a que aspirar replicar la misma fórmula para el 2022. En este sentido, plantear un “gobierno de izquierda” con el PT es colocar al PSOL como furgón de cola de un nuevo gobierno obrero-liberal de colaboración de clases.

 

¡El PSOL debe llamar a movilizar ya por el “Fora Bolsonaro”!

Es imperioso retomar las calles para derrotar por la izquierda a Bolsonaro, aprovechando que atraviesa su momento de mayor debilidad desde que asumió su mandato; esa es la única manera de revertir los terribles estragos de la pandemia de Covid-19 producto de la gestión negacionista y genocida del gobierno. No aprovechar esta coyuntura favorable para luchar, puede costarle muy caro a la izquierda en Brasil, con más razón en medio de una situación reaccionaria donde no siempre abundan estas oportunidades. Además, hay que tener claro que Bolsonaro es un neofascista que no se va rendir y, por el contrario, aprovechará cualquier “respiro” para reposicionarse y relanzar la ofensiva con su agenda autoritaria.

En este marco, es necesario impulsar la mayor unidad de acción y tácticas de frente único para luchar, como Comités por el “¡Fora Bolsonaro!” que movilicen y organicen desde las bases para ir a las calles para derrotar al gobierno, pero sin perder la independencia de clase de los frentes de lucha y de la izquierda. Por eso nos oponemos a conformar un frente electoral con el PT y, mucho menos, impulsar la candidatura de Lula, pues todo el accionar indica que su candidatura -y un posible nuevo gobierno- será una repetición de las traiciones perpetuadas desde 2002.

El PSOL puede jugar un papel importante en esta fase de la lucha contra Bolsonaro y reafirmarse como un partido de izquierda anticapitalista en el curso de la pelea. Por eso encontramos fundamental debatir la estrategia y táctica del partido entre las diferentes corrientes que lo conformamos, como hicimos en este caso con Valerio Arcary de Resistencia.[xii]Quedamos a la espera de su respuesta.


 

[i] Recomendamos la lectura de Ciencia y arte de la política revolucionaria de Roberto Saénz, folleto de nuestra corriente donde se abordan conceptos básicos para la lucha política.

[ii]Ver31 de março de 2021 não é 1964. E 2022 não será como 2002(todas las citas del portugués fueron traducidas por esta redacción).

[iii] Ver Oito notas sobre o dilema do PSOL.

[iv] Al respecto, remitimos a la nota Mobilizarcomsegurança para derrotar Bolso, donde se presentan algunos criterios sanitarios para retomar las calles.

[v]Arcary reconoce que sin movilización será imposible que caiga Bolsonaro o derrotarlo “en frío” en las elecciones; pero nuevamente todo lo supedita para cuando mejoren las condiciones sanitarias.

[vi] Brasil cuenta con la experiencia del Frente Único Antifascista (FUA, 1932-34), protagonista de la batalla en Praça da Sé que, literalmente, apaleó a las bandas fascistas del movimiento integralista. Al respecto, remitimos a nuestro artículo A experiência da Frente Única Antifascista no Brasil (1933-34).

[vii] Ver História, natureza e crises do PT.

[viii] Esta definición la tomamos del artículo La izquierda revolucionaria en la Argentina y Brasil, que también debate algunas definiciones constructivas de Valerio Arcary.

[ix] Ver Oito notas sobre o dilema do PSOL.

[x] Ver Reformas estruturais e medidas anticapitalistas para umgoverno de esquerda.

[xi] Sobre el tema de Syriza y el debate de los gobiernos obreros en la III Internacional, remitimos al ensayo Cuestiones de estrategia de Roberto Sáenz, específicamente a los acápites 4.2, 4.2 y 4.4.

[xii] Aunque la polémica la dirigimos contra sus artículos personales, cuando redactábamos el texto Resistencia publicó el editorial Bolsonaro se enfraquece, donde en gran medida reproducen los análisis y orientaciones expresados por Arcary.

Print Friendly, PDF & Email

Colaborá con la izquierda


Nuestra actividad se mantiene con el aporte solidario de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Suscribite para que podamos seguirte brindando la mejor información y análisis.

Me quiero suscribir




Recomendadas

Internacional

Lectura recomendada

Alain Badiou y el marxismo

Entre los intelectuales de izquierda, Badiou ha pasado a ocupar un lugar importante. Siglo XXI editó una conferencia del autor, que dio en el 2016 en el marco del seminario “Lecturas de Marx” en la Ecole Normale Supérieure de París. Este autor francés, que de joven estuvo  ligado a la izquierda (incluso su padre lo estaba) y al marxismo en particular, aporta elementos muy necesarios en la discusión de la rebeldía, la juventud y la izquierda. Frente a los populismos o bonapartismos Breve reseña crítica de la conferencia de Alain Badiou sobre ...

Trabajadores

Las Rojas

Últimas noticias

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre