Versión levemente editada de la intervencion del autor de esta nota en el marco del VI Campamento Internacional Anticapitalista del Ya Basta! y la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie, domingo 15 de febrero de 2026.
“Revolucion y contrarrevolucion están amarradas la una a la otra «igual que la reacción está ligada a la acción», dando lugar «a un planteamiento histórico, que (…) es al tiempo dialéctico e impulsado por la necesidad”
(Arno Mayer: 2014: 22)
“(…) la historia humana (…) muestra que hay una relación dialectica y necesaria entra lucha de clases y guerra. La lucha de clases se desarrolla hacia la guerra y la guerra se desarrolla hacia la lucha de clases, lo que muestra su esencial unidad. Esto fue así en las ciudades medievales, en las guerras de la Reforma, en la guerra de liberacion flamenca, en la Revolución Francesa, en la rebelión americana, en la Comuna de París, en el levantamiento en Rusia en 1905” (Rosa Luxemburg, “Class war and the International”)
Hay que sacar conclusiones sobre lo que acabamos de escuchar de Martín Manteca, conclusiones profundas sobre lo que se está viviendo. A veces no es tan sencillo, tenemos la realidad frente a la cara y ver lo que está detrás no es tan fácil, hay que tener penetración en el análisis, tomar distancia y ver las determinaciones más profundas.
1- Apertura
Primero digo lo subjetivo, que tendría que ir al final. Con la presencia de Martín, el campamento se está transformando en un evento todavía más internacionalista; el reflejo y la sensibilidad de un compañero luchador de toda la vida, nos da una puerta de acceso a EEUU, que es un polvorín social.
Martín dice que el año que viene tiene que venir con jóvenes de EEUU al campamento. Además de lo que expresa el compañero, que es lo mejor del SEIU, porque el SEIU tiene sus burócratas y Martín es clasista; se trata de que la corriente está siendo protagonista de la organización de la nueva clase obrera internacional. Aunque todavía sea embrionario y desigual, es pasar de las palabras a los hechos, de la definición de reinicio de la experiencia histórica a ser actores y protagonistas de la organización de esa nueva clase con el segundo e historico Congreso Mundial de Gig Workers que estamos organizando para mayo en Los Ángeles.
Martín ha hablado de Camboya, de Laos, de la confusión que hay en la cabeza de los trabajadores y trabajadoras de esos países a causa del Pol Pot y los Khmer Rouge, expresiones bestiales del estalinismo (lo que muestra, por lo demas, la contemporeidad del debate sobre el estalinismo salvo para las sectas trotskistas que tienen piel de lagarto).[1]
Entonces la primera idea es que este campamento juvenil internacional anticapitalista, donde también hay trabajadores y trabajadoras, realmente se está transformando en un evento internacional, y también en un evento organizador, porque están las delegaciones de la corriente y se forman en el campamento, tal como va a ser un evento organizador el segundo congreso mundial de Gig Workers. O sea, no es sólo un evento “parlamentario”, de discusión e intercambios por así decirlo “verbales”: también organiza el intercambio de experiencias y el calendario de nuestra corriente internacional.
La segunda reflexión es que detrás de la reacción se cocina la revolución, esa es la dialéctica de las cosas. Hay un choque muy grande entre dos mundos que son muy contrapuestos. Por un lado hay una tendencia a la modernización de las relaciones sociales y humanas, al multiculturalismo, a lo multiétnico, hacia la feminización de la clase obrera que era masculinista en la posguerra, al fenómeno trans y la necesidad de libertad sexual, que es estructural, que es profunda, como si fuera un “fenómeno de la naturaleza” en el sentido de una determinacion, de una tendencia ascendente muy profunda, un elemento del progreso humano. Y por otro lado hay una reacción brutal frente a ese fenómeno, y eso es un choque tremendo; si te quieren suprimir la identidad, lo que es estructurante de tu identidad, hay un choque muy estructural.[2]
Martín decía que él es internacionalista –como decía Marx, la clase obrera es internacional– pero también es mejicano, y contaba cómo se maltrata a la gente de origen latino en EEUU -los llamados “chicanos”. Y los pueden contener, hacer morisquetas, poner a un presidente de color como Obama, pero si votan a un tipo blanco metido con Epstein como Trump, hay un problema tremendo; suprimir la democracia burguesa en EEUU puede generar una revolución, no es tan sencillo. Suprimir las conquistas del movimiento por los derechos civiles, al que se llama –exageradamente– “la segunda revolución en los EEUU”, no es tan simple. (La primera y única verdadera revolución social en los Estados Unidos -bajo la forma de una guerra civil-, fue, evidentemente, la guerra civil de 1861-1865 entre la Unión del norte y los Confederados de sur, que suprimió la esclavitud de la poblacion negra aunque no llegó a darles la tierra para trabajarla lo que los mantuvo bajo un régimen de segregacion racial. La histórica lucha por los derechos civiles en los años 60 fue la “segunda revolución”, que tampoco cambió la situación económica de la población negra pero acabó con la segregación racial y les dio el derecho al voto.)
Hay una dialéctica muy rica que dice que la revolución llama a la reacción, pero también la reacción llama a la revolución, están “unidas por un hilo invisible” afirmaba Hannah Arendt, que era liberal pero era una pensadora muy aguda, revolución y reacción están unidas por un eslabón de necesidad material: “No puede haber revolución sin contrarrevolución; son fenómenos y procesos inseparables, como la verdad y la falsedad. «Como la reacción está ligada a la acción», están unidas entre sí propiciando una «acción histórica que es al mismo tiempo dialéctica y que está empujada por la necesidad (Hannah Arendt citada por Arno Mayer: 2014: 63).
Entonces en el siglo XX, la primera etapa revolucionaria contemporánea, fue la revolución la que llamó a la reacción, el bolchevismo antecedió al fascismo y al nazismo. Ahora se está dando la dialéctica inversa: la reacción, al atacar el cuerpo de la humanidad, al superexplotarla y oprimirla, llama a la revolución.
Minneápolis se ha vuelto una ciudad-comuna; no tiene la conciencia socialista de la Comuna de París y está ICE, pero los ciudadanos yanquis blancos hicieron cosas que jamás creyeron que iban a hacer, que son elementos de doble poder en pequeño.[3] El gobernador y el alcalde criticaron las acciones de ICE pero no hicieron nada, entonces las comunidades blancas hicieron algo clásico que explicaba Lenin sobre el doble poder: tomaron en sus manos lo que el Estado no hace.[4] Entonces se organizaron con las y los trabajadores del aeropuerto para que avisaran cuando llegaba un avión de ICE; personas blancas cercaron las escuelas para evitar que entre ICE; fueron a cantar serenatas mejicanas toda la noche a los lugares donde están alojados los agentes de ICE (esto es genial: ¡serenatas mexicanas para enloquecer a los racista del ICE! ¡La creatividad de la “revolución es fenomenal!).
Martín dice que están pensando qué otra ciudad van a cercar; cercar ciudades es un elemento de guerra civil. Benito Mussolinni en su ascenso al poder destruyó todas las ciudades gobernadas por el PC y el PS en los años 20 mediante sus camisan negras (fuerzas de asalto realmente fascistas en muchos casos ex combatientes de la I Guerra Mundial),[5] y así derrotaron al movimiento obrero. No hubo derrota en Minneápolis, aunque detuvieron unas 3000 peronas, pero al mismo tiempo ICE tuvo que salir de Minneápolis, lo que constitutó un triunfo de la lucha de su pueblo contra esta institución estatal y para estatal.
Como nota al pie recordemos que el nazismo montó en la Segunda Guerra Mundial el asedio a la ciudad de Leningrado (1941-1944), pero no logró derrotar la ciudad. La poblacion sufrio un evento masivo de muerte por hambre, se comía hasta la cal de las paredes de los edificios, suelas de zapatos y lo que sea, pero se aguantó lo que fue no solamente el evento de una guerra clásica, sino el evento de una guerra contrarrevolucionaria con elementos de guerra civil contra al nazismo.
Digamos que el cerco a las ciudades es un elemento clásico de guerra civil o pre-guerra civil, ni mas ni menos que eso.
Resumiendo: 1) detrás de la reacción aparece la revolución –decimos “revolución” con los proporciones del caso–; 2) establecer un cerco a una ciudad y la resistencia a ese cerco son elementos de guerra civil. Y estos elementos de guerra civil no están ocurriendo en Paraguay, sino en EEUU. Tampoco es la “chacina” de Río de Janeiro, la masacre en las favelas, que fue brutal, un evento de pura barbarie. Martín afirma, como ya señalamos, que es la primera vez que ve sectores blancos movilizarse en defensa de los negros y latinos, es loco que en EEUU haya elementos de organización de izquierda paralela al Estado para tomar en sus manos la defensa de los migrantes (muchos de ellos inmigrantes de Somalia y Etiopía en el caso específico de Minneápolis).
Hay que saber apreciar lo que está ocurriendo, ver qué significa, no alcanza con describirlo. Hay que apreciar la densidad histórica de lo que está pasando. Trump es un peligro para la clase obrera, y también es un peligro para la clase burguesa, porque puede invocar demonios (es como el mago del cual hablaba Marx que no puede controlar sus embrujos). Estamos en el “american winter” y en el “verano argentino”; la ley laboral pasó, pero a la lucha de calles en la Argentina no la pueden extinguir (la ley debe pasar ahora de la norma a los hechos), no es un país normal, con el partido ahí al frente de la vanguardia en la jornada del 11/02, manteniendo las banderas rojas al frente. Lo que pasó el miercoles 11/02 en Congreso y luego la ocupación de Fate, son elementos del 2001 que siguen presentes. Los compañeros más jóvenes tienen que saber que no es algo común eso, sólo se hizo común en la Argentina a partir del Argentinazo, y no pueden eliminarlo tan simplemente aunque ataquen y precaricen y la etapa sea reaccionaria. La ley laboral, en un sentido, pasa porque ya hay mucha precarización; la metió el menemismo y el kirchnerismo la mantuvo: el hecho antecedio a la norma (“Fate como caso testigo: apuntes”, izquierda web, 24/02/26).[6]
Acá tenemos que ver la dialéctica lucha de clases / guerra de calles. El artículo de The Atlantic que tradujimos para izquierdaweb (“Bienvenidos al inverno americano”, Robert F. Woth) afirmaba que en Minneápolis la gente salió del carril habitual, el votante blanco demócrata -o incluso republicano- sale del carril electoral y pasa a otro carril, que es la desobediencia civil. Si Trump sigue asediando ciudades, puede provocar un levantamiento como el de los años 60 en EEUU (esto lo afirma The Economist; no es tan simple que Trump siga asediando ciudades, como se está viendo en este momento y, menos que menos, con las elecciones de medio término en perpectiva -la popularidad de Trump está en baja por el extremismo de su política antiinmigratoria y por la crisis económica yanqui).
Es que no se trata de ataques sobre el cuerpo inerte de la sociedad. Marx, al trabajo humano, lo llamaba, muy significativamente, “trabajo vivo”, y al capital acumulado, “trabajo muerto”. No es ingenua esa forma de llamarlo, el trabajo está dominado por el capital, pero está vivo (es el trabajo humano el que crea la riqueza, junto con la naturaleza). Eso quiere decir que la lucha de clases corre la línea de falla entre trabajo excedente y trabajo necesario tal como plantea Marx en el primera tomo de El capital, pero quédense con el concepto de trabajo vivo, de cuerpo social vivo.[7]
Esto que afirmamos no es para diluir los peligros: la ley laboral se aprobó y hay que ver qué consecuencias tiene; alimenta la precariedad y la descalificación laboral, un dramático problema que se agiganta (Milei ha resultado ser, de momento, más destructivo en el plano económico-social que a nivel del régimen político). No hay que diluir esto, pero sí contextualizarlo y ver la dialéctica de la realidad, los elementos vivos y la nueva cara del trabajo vivo, que es la nueva clase trabajador.
Había una cosa clásica en los 70 que era ver los centros de la revolución mundial; había varios: Vietnam, China con todo su caos burocrático, Europa, el Cordobazo. Después no hubo muchos centros de la revolución mundial, y a partir de los 2000 se pasó a registrar las rebeliones populares como las de Latinoamérica, la primavera Árabe, etc. Bueno, ahora estamos hablando de EEUU; todavía no de China, donde hay un problema terrible, la revolución fue progresiva pero burocrática por lo que las tradiciones democraticas estan muy soterradas por la autocracia del PCCH (¡que de “comunista” sólo tiene el nombre para ensusiarlo!). Pero EEUU es una olla a presión; es el país de la esclavitud, y puede pasar a ser un país donde fusilen a unos cuantos burgueses: me esclavizás, te fusilo, es cuestión de proporciones. (Lógico que exageramos pero realmente hay que tomar consciencia que es un país donde la poblacion no sólo está enormemente estratificada y polarizada, sino en muchisimos casos armada.)
No se trata de relativizar las dificultades y la reacción, de desconocer los peligros, sino de comprender que los peligros son para los dos lados; para los trabajadores y la juventud, pero también para la burguesía, que prefiere gobernar con gobiernos más tranquilos, y el mundo es un caos.
Todo esto remite a una especie de “momento leninista”; las discusiones del leninismo cobran mucha actualidad. El bolchevismo, el leninismo, fueron corrientes forjadas en épocas revolucionarias, por eso fueron tan trascendentes; había condiciones materiales revolucionarias y fueron capaces de montar ese potro. Hay momentos kautskianos y momentos leninistas. Kautsky hablaba de la “atenuación” de las contradicciones del capitalismo; Lenin afirmaba todo lo contrario: la tendencia histórica es a la agudización de las contradicciones del capitalismo. ¿Qué vivimos? Una agudización de las contradicciones del capitalismo, del imperialismo, de la opresión a muchos países, de la explotación a la clase trabajadora.
Hubo un cierto momento kautskiano: el Imperium de Toni Negri, estabilidad, democracia burguesa, hegemonía yanqui incuestionada, en los 90 y al principio de los 2000. Ahora salimos del periodo kautskiano y entramos en un momento leninista.
Por otra parte, el tema de repartidores y la inteligencia artificial nos llevan a una discusión más teórica sobre el carácter y el significado del trabajo humano, definido siempre como relación metabólica con la naturaleza: no hay ser cultural sin biología, aunque estudies toda la noche, si no comés te vas a morir (tampoco hay ser humano biológico sin “ser cultural”, obviamente). La inteligencia artificial es el “nuevo maquinismo”, una nueva copia o mímica del trabajo humano, un nuevo análisis del trabajo humano transformado en algoritmo; no es inteligente abstractamente, es una copia del trabajo y el conocimiento humanos (mas por inducción que por deducción -Pasquinelli). Pero nos lleva a la discusión sobre el trabajo humano, la transición hacia su emancipación del trabajo asalariado y de todo trabajo considerado como tal (Naville), que no hay tiempo de desarrollar ahora pero sobre la que estamos estudiando y elaborando, porque hace a la posibilidad de emancipación del trabajo (Marx, Grundrisse).
Para terminar, un corto señalamiennto sobre la cuestión del balance del estalinismo. Cuando Martín nos habla de los camboyanos, laosianos, vietnamitas, dice que saben que su enemigo es la patronal, pero no entienden nada, porque tuvieron a Pol Pot… Cuando salís de la pampa y las boleadoras, el balance del estalinismo es importantísimo; en la Argentina, con dos o tres reglas de “aritmética política”, te arreglás, pero resulta que no todo el mundo es la pampa y las boleadoras…
Pol Pot hizo un desastre, un delirio ultra izquierdista de condenar a todos los sectores urbanos, mandarlos al campo, fusilarlos, campesinar de manera retrógrada a la sociedad, fue brutal. En cuanto salís del “encierro argentino” al mundo, te encontrás con las consecuencias del estalinismo; en Europa -¡y ni hablar Europa Oriental, Ucrania y Rusia!- es igual.
A la realidad hay que mirarla de frente, hay que comprenderla para transformarla, no se puede refundar a la clase obrera y entrar en la perspectiva de la revolución socialista en este nuevo siglo XXI sin balance del siglo XX, es una chantada que lamentablemente cultivan muchas de las corrientes del “trotskismo”.[8] Las revoluciones del siglo XX fracasaron, vino la contrarrevolución estalinista, hubo contrarrevolución en la revolución, y eso es una vivencia histórico-mundial, una experiencia historico-mundial que pesa sobre las nuevas generaciones aunque, al mismo tiempo, las nuevas generaciones forjan su experiencia en relaciones a este capitalismo feroz del siglo nuevo.
La revolución se hace con la experiencia de la vanguardia y de la clase, no pasando por encima de la vanguardia y la clase. Primer día de escuela marxista: ¿Cómo se llamaba Marx? Carlitos. ¿Y qué fue lo primero que dijo? ¡La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos! Con sus programas, vanguardia y partidos revolucionarios agregamos nosotros junto a los bolcheviques.
2- Cierre
Muchas instituciones represivas en EEUU surgieron en distintas etapas históricas, tuvo varios regímenes políticos la “democracia” de ese país (precisamente por estos días se cumplieron 250 años de la república yanqui). Por ejemplo, durante el macartismo -comienzos de los años 50, años de histeria anticomunista- asesinaros a los esposos Rosenberg, dos científicos a los que acusaron de comunistas y los mandaron a la silla eléctrica. La última etapa reaccionaria en EEUU, de leyes represivas, fue a partir de septiembre del 2001 después del atentado a las Torres Gemelas; en ese momento crearon el ICE, que es una concentración de varias instituciones anteriores. Era una institución de frontera, y llevar las prácticas brutales de frontera a las ciudades, ya es otra cosa.
¿Qué es lo paraestatal de ICE? Van encapuchados, sin identificación, sin obligación de tener cámara durante sus acciones, y en muchas de esas acciones te matan a quemarropa. Legalmente no podés impedir una detención; por el peso del Estado yanqui, están autorizados a matarte si enfrentás una detención. Pero que te maten impunemente, es algo paraestatal (¡y más si sos blanco!, recordemos que EE.UU. es un país con tradición esclavista pero también con una sociedad civil enorme, abigarrada).[9]
Las configuraciones entre las sociedades civiles y el movimiento de masas no es igual en todos los países. En EEUU hay varios tipos de iglesias, hay una complejidad, gente religiosa que es ultra progresista y gente religiosa ultra reaccionaria. Una corriente que crece tiene que dialogar con la gente real, y la mayor parte de esa gente no es marxista revolucionaria; los que nos reconocemos como ateos somos una vanguardia. En EEUU las iglesias están muy imbricadas en las comunidades: la comunidad hispana es muy religiosa, la comunidad negra también.
En la Argentina ha habido muertos en represiones, pero si empezaran a matar el pais podria explotar en una ola democratica; ni Milei encontró condiciones para eso aun con toda la parafernalia -que ya se vino abajo, al menos por ahora- del protocolo contra la protesta social (metió más miedo y justiticaciones a la burocracia para desmovilizar, que hechos).
ICE aparece como una institución al servicio directo de Trump, por eso se le dice paraestatal también. Las organizaciones clásicas del fascismo y el nazismo eran obviamente paraestatales, y después fueron estatizadas. Hitler destruyó la direccion incontrolabla de las SA de Ernst Röhm en la “Noche de los cuchillos largos” en 1934 y empoderó a las SS estatizadas bajo la direccion de Heinrich Himmler.[10] Hay una especie de “desborde” de Trump al régimen democrático burgués, aunque no logre barrerlo (el reciente fallo contra las tarifas de la Corte Suprema yanqui es un ejemplo de esto); ICE es un elemento distinto de los de la democracia burguesa pero el régimen como tal -y en total, como totalidad- no ha cambiado en Estados Unidos (Trump es un gobierno, no un régimen.)
ICE es extra legal, y lo extra legal es paraestatal, lo estatal está normativizado legalmente. Es acción paraestatal por derecha. Pero también hay acción paraestatal por izquierda: cuando tomás una fábrica rompés la legalidad, porque la ley sanciona la propiedad privada. No hubo tomas de fábrica en Minneápolis, pero los cordones de solidaridad desde abajo son paraestatales, porque el Estado aparece como la institución que establece los vínculos sociales, mediados por el aparato estatal. Una persona blanca sensible que va a ver al alcalde y le dice “están deteniendo a un hispano”, y el alcalde le contesta “Ah, que mal, voy a hacer una declaración”, eso es estatal. Pero en Minneápolis y en muchas ciudades hay prácticas de defensa civil que involucran a miles de personas y eso es paraestatal por la izquierda (elementos de doble poder dicho exageradamente).
Hay un desbordamiento del Estado por ambos lados. Parte de los elementos de guerra civil es que la estatalidad y la legalidad están cuestionadas por derecha y por izquierda. Y hay un concepto importante: todo orden legal lo funda una acción extralegal; con la Revolución Rusa se desconoció la deuda externa, porque se fundó un nuevo Estado con una revolución. La fuerza hace el derecho, no al revés: “(…) el estado de excepción constituye un «punto de desequilibrio entre derecho público y hecho político» (…), que -como la guerra civil, la insurrección y la resistencia- se sitúa en una «franja ambigua e incierta, en la intersección entre lo jurídico y lo político” (Fontana citado por Agamben: 2014: 25). Y agrega Agamben: “Una opinión recurrente ubica en el fundamento del estado de excepción [y de guerra civil y revolución, agregamos nosotros] el concepto de necesidad. Un adagio latino tenazmente repetido (…) necessitas legem non habet: «la necesidad no tiene ley», suele ser entendido en sus dos sentidos opuestos [más que opuestos complementarios para nosotros]: «la necesidad no reconoce ley alguna» y «la necesidad crea su propia ley» (nécessité fait loi)” (Agamben: 2014: 62).
Con este campamento y con la visita de Martín, queremos empezar a construir la corriente en EEUU (de hecho ya estamos empezando a hacerlo). También podemos avanzar en Italia, porque Italia cambió; las dos huelgas generales cambiaron el escenario, después de la derrota de los 70.
La corriente está a la vuelta de la esquina de ir a un salto cualitativo.
Bibliografía
Giorgio Agamben, Estado de excepción, Adriana Hidalgo editora, Argentina, 2014.
Rosa Luxemburg, “Class war and the International”, New Review, august 1, 1915, Revolution’s Newsstand, 14/02/25.
Arno Mayer, Las furias. Violencia y terror en las revoluciones francesa y rusa, Prensas de la Universidad de Zaragoza, Estado español, 2014.
[1] A veces no se lo reflexiona y es en parte producto de que recién estamos comenzando a entrar en el sudeste asiático -se viene viajes de la corriente a esa región-, pero lo que expresa Martín es que las y los trabajadores tienen un reflejo clasista contra las empresas de aplicación pero a nivel de la conciencia política pesa sobre ellos la idea de que el socialismo o el comunismo es la barbarie que se expresó en los asesinatos en masa del Khmer Rouge (algo parecido aunque en menor escala al desastre que hizo Sendero Luminoso en Perú). ¡Que las sectas idiotas no nos vengan a decir que el balance del estalinismo no es contemporáneo! ¡Son cobardes incapaces de abordar los elementos de balance de la pelea misma por la emancipación humana! (los casos de sectas como el PTS y el PO son mayúsculos en este sentido por el simple hecho que son grupos de las pampas sin verdadera visión internacionalista de los problemas).
[2] Engels señalaba con agudeza que en la historia humana se enfrentaban dos tendencias: una tendencia ascendente, progresiva, y otra descendente, regresiva, y que esta lucha de tendencias era connatural a la existencia humana.
[3] Martin Manteca destacó la radical novedad que la comunidad blanca apoye a las comunidades negras y latinas como algo que no ocurría en esta magnitud desde los años 60.
[4] El concepto mismo de “comunidades” tiene mucho peso en los Estados Unidos; y no solo el concepto sino la realidad de la agrupación de la población, de la sociedad civil, en comunidades, en “neighbourhood” (barrio).
[5] En la Italia revolucionaria y contrarrevolucionaria de comienzos de los años 20 había dos fuerzas de asalto, una revolucionaria y otra contrarrevolucionaria: la contrarrevolucionaria eran los Arditi, base de los camisas negras, y la revolucionaria eran los Arditi del Popolo. (Como los Arditi del Popolo eran independientes del PCI, Bordiga, en su ultraizquierdismo, les dio criminalmente la espalda -los males del sectarismo son tan criminales como los males del oportunismo.)
[6] “El hecho es que ya en el derecho de resistencia, ya en el Estado de excepción, lo que está en cuestión, en suma, es el problema del significado jurídico de una esfera de acción en sí misma extrajurídica” (vis a vis lo que ocurre con la precarización laboral respecto de la nueva ley laboral argentina, Agamben: 2014: 41).
[7] Recomendamos vivamente que toda la militancia estudie El capital aunque sea un obra compleja (aunque más complejo es Hegel, si les sirve de consuelo -a Hegel también tiene que estudiarlo la militancia).
[8] La chantada de las corrientes latinoamericanas es, lamentablemente, algo muy argento.
[9] Los elementos liberales de la sociedad y constitución yanqui tienen aspectos contradictorios. Hay que recordar que la conocida obra de Alexis de Tocqueville, Democracia en América, escrita en la tercera o cuarta década del siglo XIX, registraba un elemento comunitario de la sociedad civil versus el Estado que sigue vigente en la conciencia y la experiencia hasta hoy bajo la forma de progresivos vínculos comunitarios desde abajo aunque deje el flanco a la crítica al “colectivismo” desde el ángulo del liberalismo reaccionario estilo Trump y la extrema derecha.
[10] Hay que decir que Stalin se inspiró en Hitler y su “Noche de los cuchillos largos” para montar el asesinato de Kirov en diciembre de 1934 y luego todas las Grandes Purgas (1936/8).



