Crisis industrial, desempleo y precarización laboral bajo el gobierno de Milei

El sector industrial lidera la caída del sector privado y aumentan las voces críticas de los burgueses industriales sobre el rumbo económico del país. Desde que asumió Milei cerraron más de 30 mil empresas y se contabilizan 90.000 puestos formales menos en la industria con respecto a agosto de 2023. 

Se acumula tinta sobre el desplome de la industria argentina. Mientras los sectores afines al plan del gobierno se llenan los bolsillos– como José Luis Manzano y algunos otros advenedizos que han logrado provisionalmente la “readecuación”–, se cuentan por miles las empresas que cerraron desde la asunción de Milei: más de 30.000.

Por otra parte, algunas voces representativas de la burguesía industrial elevan el tono de sus críticas con respecto al rumbo económico del gobierno, con el que tienen acuerdo en la agenda antiobrera, pero presentan matices (cada vez más acentuados) en relación al modelo económico que privilegia el extractivismo y la apertura sin regulaciones. Esta semana fue un palmario ejemplo de este escenario de disputas entre industriales con el gobierno, que tiene como corolario a cientos de miles de despedidos, precarizados y deudores que engrosan las filas de la crisis.

El sector industrial se encuentra en el ojo de la tormenta de la “destrucción creativa” del gobierno mileísta. Tan solo por citar unos ejemplos, circularon ampliamente los audios de la fábrica textil Will Der, que hace unas semanas cerró sus plantas de General Pacheco y Flores. Aduciendo la caída del consumo y los pedidos ante el avance de las exportaciones, despidieron a 120 trabajadores y decidieron cerrar. Los audios circularon ya que uno de los dueños de la textil, Armando Anasal, se largó a llorar y a decirle a sus empleados que “votaran bien” en las próximas elecciones: “50 años tirados a la basura”. Un ejemplo de tantos, hasta una ex-Gran Hermano fue noticia esta semana por el cierre de su comercio de indumentaria.

Los industriales están muy preocupados y esto comienza a manifestarse en críticas sobre el rumbo económico del actual gobierno, pues no figuran entre la lista de favorecidos por el «modelo» que promueven desde la Casa Rosada. En consonancia al malestar ambiente, Martín Rapallini, presidente de la UIA, el 16 de agosto hizo pública una carta titulada “Los recursos naturales por sí solos no generan desarrollo”. En ella, esgrime críticas al peronismo, al tiempo que plantea la preocupación de que el modelo actual parece solo estar enfocado en la extracción de recursos, sin plantear un plan de contención hacia el sector industrial.

En su carta señala que “el desafío argentino es potenciar una industria que ya existe” y que eso implica “la estabilidad macroeconómica, la reducción de la presión impositiva, la modernización laboral, el financiamiento productivo, las inversiones en energía e infraestructura, la educación técnica, la innovación, la ciencia aplicada y las reglas de juego previsibles”. En pocas palabras, Rapallini solicita al gobierno que las contrarreformas no los toquen a ellos: que el gobierno ordene la macro con las contrarreformas necesarias, que aplique la reforma laboral, que ajuste y despida lo que se deba ajustar y despedir. Que rompa lo que tenga que romper, pero sin quebrarlos a ellos.

El informe del Grupo Techint

A las palabras de los tantos empresarios que cuestionan el rumbo del gobierno se le suma el Boletín Informativo del Grupo Techint, de Paolo Rocca. Este informe expresa no solo las preocupaciones del sector industrial, sino también las expectativas sobre cómo les gustaría que actuara el gobierno de Milei. El informe empieza dando cuenta de la tensión entre “tres Argentinas” con “un núcleo moderno exportador, un sector intermedio orientado al mercado interno con capacidades valiosas pero con rezagos tecnológicos, y un sector informal de baja productividad que crece y profundiza la fragmentación social. Superar esa dinámica exige dejar atrás falsos dilemas —agro versus industria, mercado interno versus exportación, Estado versus mercado— y construir una estrategia que combine recursos naturales con capacidades industriales”.

No muy lejos de lo expresado por Martín Rapallini, el informe de Techint plantea que la explotación de los recursos naturales del país por el extractivismo debe ser acompañada por el sector industrial argentino, que quiere tener su lugar como socio menor en el saqueo del país. Dicho con palabras más edulcoradas: “El boom energético, minero y agroindustrial puede ser una palanca de desarrollo mucho más potente si se traduce en proveedores locales, ingeniería, bienes de capital, software, empleo calificado y exportaciones con mayor valor agregado”.

Sin embargo, la orientación del gobierno no va en el sentido de garantizar los encadenamientos productivos o asegurarle una tajada a los proveedores locales. Todo lo contrario, el libre mercado mileísta apunta a abrir la economía nacional deshaciéndose de cualquier medida proteccionista de la industria local. Los empresarios locales notan esto. Particularmente, señalan en el informe que los beneficios del RIGI, que enriquecen a los grandes capitales extractivistas y multinacionales, no se extienden a la industria local. Es más, el Super RIGI de Milei eliminó la obligación de establecer un 20% de encadenamientos productivos con la producción local, además de que el RIGI a secas no se monitorea lo suficiente según el informe.

En resumen, pareciera que los industriales le piden a Milei que deje de ser él mismo y que su gobierno cambie de carácter y de plan económico. En este sentido, en “Milei y Sturzenegger: un «plan» económico sin futuro ni sociedad”, decíamos “Hay industriales que ya están convirtiéndose en importadores. Otros no tienen esa posibilidad, como Paolo Rocca de Techint (don chatarrín, para Milei). A Rocca y los burgueses como él, representados políticamente muchas veces por el diario La Nación, les gustaría que otro político burgués se haga cargo del gobierno, un político como Mauricio Macri, que defienda el ajuste de Milei contra los trabajadores pero no destruya el modelo económico y productivo mediante el cual los burgueses industriales hicieron su fortuna”.

Ejemplo de esto son las discusiones que la burguesía industrial ha planteado en las últimas semanas. Entre ellas, el informe publicado por Techint es sumamente ilustrativo. A saber, en él hay todo un apartado que se refiere a la amenaza del China Shock 2.0. Ante la presión generada por la ola exportadora del sobreproducto chino– que hace años ya ha excedido la producción de productos baratos y se ha volcado a la manufactura avanzada–, el informe se refiere a las medidas proteccionistas llevadas adelante por Europa y Estados Unidos.

De esta manera, señalan los industriales que en los países líderes del mercado mundial existen políticas promulgadas por parte del Estado para resguardar la producción local; claro está, discuten con el gobierno anarcocapitalista que le abrió las puertas a la importación sin límites. Además, mencionan en el informe que el crecimiento de las empresas a nivel global se encuentra apalancado por el acompañamiento de un plan macroeconómico y político que las ubica en un lugar central y que, por lo tanto, les designa protecciones y subsidios para la integración en las cadenas de valor internacionales.

Plantean así un esquema para fortalecer las industrias locales (es decir, las suyas) en vistas de su integración en el mercado mundial: “La clave reside en desplegar una política proactiva que colabore con el management local para captar inversiones bajo esquemas greenfield que integren a las subsidiarias en las redes mundiales de producción, transformando a las filiales en nodos competitivos que impulsen la generación de valor, tecnología y empleo de alta calificación en el país”. Es decir, el Estado debería ayudarlos a integrarse al mundo o, más bien, resguardarlos para que puedan seguir generando ganancias, en un contexto global en que el gobierno argentino es uno de los pocos con una política económica aperturista.

Asimismo, se refieren a la necesidad de una “política externa inteligente” donde Argentina y Brasil podrían ser aliados económicos para avanzar en su proyección sobre la región, además de enfrentar de forma coordinada las dificultades que plantea el avance del gigante asiático. No hace falta abundar en cuán lejana está esta agenda de la planteada por el gobierno de Javier Milei: el deterioro de las relaciones diplomáticas con el mayor socio comercial del país, en función de una “diplomacia de facción” vinculado a intereses personales e ideológicos de la extrema derecha, es tan solo un ejemplo de esto. Por otro lado, la política de apertura total solo pareciera restringirse si quien lo solicita es Estados Unidos, como ocurrió con la privatización del Belgrano Cargas y la “cláusula anti-China” para impedir que una empresa con fondos estatales pudiera hacerse con la licitación.

Del industricio a la pérdida de empleos

Por el momento, el gobierno pareciera hacer oídos sordos a estos reclamos. El último informe de Indicadores laborales de la Industria de la UIA da cuenta de que están en el ojo de la tormenta y, como es esperable en el capitalismo, quienes salen más afectados son los trabajadores y trabajadoras del sector, quienes conviven entre el peligro latente del desempleo y la creciente precarización laboral.

En primer lugar, señala que el 35,5% de los puestos laborales que se perdieron entre el periodo noviembre 2023 y mayo 2026 corresponden a la industria manufacturera. Es decir, son el sector que más puestos laborales ha perdido en el sector privado desde que empezó el actual gobierno.

Desde que asumió Milei, perdieron su puesto de trabajo más de medio millón de asalariados registrados, de los cuales 276.615 trabajadores pertenecían al sector privado. Dentro de esta categoría, los industriales lideran la caída al contar con casi 90.000 puestos formales menos que en agosto de 2023: más de uno de cada tres de los puestos destruidos correspondió a la industria. Los sigue la construcción, que cuenta con alrededor de 63.000 trabajadores menos.

Podemos leer el siguiente cuadro y pensar en unos cuantos nombres propios: FATE, Whirlpool, Cocot y Dufour, SanCor, Grupo Dass, Acindar, por comentar algunos de los más conocidos. Textiles, confecciones, cuero y calzado perdió $28.088 puestos de trabajo; por su parte, metalmecánica eliminó $21.384 puestos laborales; lo siguen el sector de automotores y neumáticos con $9.552 despedidos; madera y papel suma $8.343; y la lista sigue.

Otra realidad que se filtra entre los despidos es la informalidad laboral. De ser uno de los sectores más vinculados con la obtención de cierta estabilidad, al brindar empleos formales, la industria pasó a ser el sector más afectado en el ámbito privado de los cierres y los despidos.

Ya no es novedad el empleo de tercerizadas para sostener el trabajo precarizado, sin embargo, la informalidad laboral en el sector industrial viene en aumento, llegando a constituir más del 40% del empleo en el sector, según un estudio del Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario. Esto nos permite señalar que la informalidad laboral no es un fenómeno restringido a sectores como el reparto por plataformas, es que la precarización es llevada al extremo, sino que es un deterioro de las condiciones laborales y las condiciones de vida que está avanzando en diversos sectores. “Vengo del futuro”, dijeron alguna vez los repartidores del SitraRepa.

No es de extrañar que la pulverización del empleo y del salario haya conducido a un país con más 21 millones de endeudados. Lejos de las mentiras inventadas por el gobierno, “el aumento del endeudamiento en Argentina no tiene que ver con un desarrollo “progresivo” del crédito, sino con un mecanismo mucho más perverso. En los últimos 10 años, el salario de los trabajadores en nuestro país no para de caer en términos reales. Es decir, desde hace una década el poder adquisitivo del salario viene cayendo”. Todo lo anteriormente señalado hace a un cóctel explosivo esperando la mecha para estallar y que, lejos de ser el resultado de decisiones de la vida individual, está haciendo a la pulverización del entretejido social, repercutiendo en multiplicados sectores.

“Tienen que quebrar”: Milei reafirma el rumbo económico

Si quedaba alguna duda sobre la línea oficial, en el Council of the Americas, Milei fue más que claro: “Los prebendarios tienen que quebrar”, dijo. Palabras más, palabras menos, Milei explicitó de manera brutal– o más bien, bruta– una idea que ya circulaba en el aire.

Por supuesto, los Paolo Rocca y los Madanes Quintanilla– que ya fueron nominados como “prebendarios” con anterioridad–, observan con preocupación cómo el gobierno mileísta les anuncia la llegada de su ocaso. Hacía no mucho, también el empresario José Luis Manzano había afirmado lo mismo ante la revista Forbes, al decir que “hay sectores que no son competitivos para este modelo así que van a tener que hacer un gran esfuerzo, pero hay sectores que van a volar”.

Para el gobierno, la cuestión se resume en que algunos capitalistas, principalmente los ligados al extractivismo y la exportación de productos primarios–como Manzano–, se adaptan. Otros, los industriales prebendarios, quedarán en el camino. Nunca fueron realmente competitivos. El gobierno defiende, a rajatabla, las leyes del capitalismo.

En el medio de esta disputa, quienes más pierden son los trabajadores y trabajadoras, que ven en peligro sus puestos de trabajo o, bien, perciben como se precarizan sus condiciones laborales y salariales, afectando sus condiciones de vida y el sustento de sus familias.

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