Crisis en Cuba: entre el apagón total, las amenazas de Trump y el desastre de la gestión burocrática del régimen

Este lunes (16) Cuba experimentó un apagón total luego de que colapsara su sistema eléctrico nacional. Es el sexto evento de este tipo que se produce en el último año y medio. Esto da cuenta de la grave crisis energética que atraviesa el país, la cual es consecuencia de una obsoleta red eléctrica, incrementada por el brutal “bloqueo petrolero” impuesto por la Casa Blanca.

Un ataque imperialista contra la autodeterminación del pueblo cubano

Con respecto al asedio que impulsa la administración de Trump, es importante remarcar que se trata de un operativo imperialista para avasallar la autodeterminación nacional de la isla.

El presidente estadounidense quiere hacer en Cuba lo que ya hizo en Venezuela, es decir, transformarse en el “juez” que decide quién debe gobernar el país y teledirigir un gobierno títere de la Casa Blanca. Es decir, se trata de un intento de destruir lo poco que queda de la revolución anticapitalista de 1959, en particular la independencia que conquistó el país con relación al imperialismo.

Esto es lo que quiere el presidente estadounidense cuando pone como condición la renuncia de Díaz-Canel, que, según la prensa internacional, es lo que estaría exigiendo la administración estadounidense como parte de las negociaciones que abrió con el régimen.

En caso de que eso se materialice, significaría que Cuba nuevamente se transformaría en un “casino-prostíbulo” como lo fue en los tiempos de Batista y no emanciparlo del régimen burocrático. Para esto cuenta con el apoyo de la “gusanería” cubana, que tiene en Marcos Rubio un representante directo en la Casa Blanca. Su intención es recuperar las propiedades que perdió tras el triunfo de la revolución cubana.

Por todo lo anterior, nos oponemos a que el presidente cubano renuncie por presiones del imperialismo estadounidense. Solamente al pueblo cubano le atañe decidir quien debe gobernar la isla.

La isla de los “alumbrones”

En los últimos años, los apagones se tornaron un elemento de la vida cotidiana del país. En muchos barrios de La Habana, por ejemplo, son comunes los cortes de electricidad por periodos de hasta quince horas, mientras que en otras provincias se extienden por 24 horas o más.

En vista de lo anterior, la población cubana dice que en la isla hay “alumbrones”, una forma sarcástica de explicar que tienen electricidad por pequeños lapsos de tiempo al día, pues la “normalidad” es vivir sin luz.

Sumado a los cortes “parciales” rutinarios, el país comenzó a sufrir de apagones nacionales desde hace dos años. En 2024 se reportaron tres en un lapso de dos meses: el primero ocurrió el 18 de octubre, debido a una falla en la central eléctrica Antonio Guiteras; el segundo se produjo por los efectos del huracán Rafael el 6 de noviembre; mientras que el tercero tuvo lugar el 4 de diciembre por un nuevo fallo de la central de Guiteras.

En 2025 se produjeron otros dos apagones totales: uno fue 14 de marzo, por un incendio en la subestación de La Habana; el otro tuvo lugar en setiembre, debido a una nueva avería en Guiteras. A estos cortes se sumó el del pasado 16 de marzo, en esta ocasión en el marco de la “asfixia energética” de Trump contra la isla.

Las causas de la crisis energética

La recurrencia de los apagones se explica por dos motivos principales. Por un lado, las centrales termoeléctricas son bastante viejas y están obsoletas, pues datan de las décadas del sesenta y setenta del siglo pasado. Para tener una idea del pésimo estado en que se encuentran, basta indicar que nueve de las 16 unidades están fuera de servicio. Esto no es un dato menor, considerando que –en teoría- garantizan el 40% del suministro eléctrico del país.

De acuerdo a varios estudios independientes, el deterioro de las centrales se debe a una falta de inversión crónica en el sector energético, cuyas consecuencias se están haciendo sentir en la actualidad. Se estima que se requieren entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para poner a tono la red eléctrica del país.

Por otra parte, la crisis energética se agravó significativamente por el salvaje bloqueo petrolero que los Estados Unidos impusieron contra Cuba desde inicios de año. Es un ataque imperialista que atenta contra el derecho a la autodeterminación nacional del pueblo cubano, a raíz del cual no ingresa un tanquero petrolero a los puertos de la isla desde el 9 de enero. Esto provocó la paralización absoluta de los motores de generación eléctrica que funcionan con diesel y fueloil, los cuales proveen otro 40% de la electricidad del país.

En promedio, Cuba necesita 110 mil barriles de petróleo al día, de los cuales solamente produce 40 mil. A lo largo de las últimas décadas, el régimen cubano sorteó este faltante estructural con el crudo proveniente de Venezuela, el cual cubría una tercera parte de las necesidades de la isla. Esta fuente se cerró abruptamente tras el secuestro de Maduro por la Casa Blanca y el rol colaboracionista que asumió el actual gobierno encabezado por Delcy Rodríguez.

Asimismo, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, afirmó que la Casa Blanca presionó a su gobierno para que detuviera el envío de petróleo de PEMEX a la isla. En 2025, Cuba percibió 12 mil barriles diarios de crudo de la empresa azteca, mientras que en lo que va del presente año solamente recibió un cargamento con 84 mil barriles en los primeros días de enero.

Así, la combinación de un sistema de generación eléctrica obsoleto y sin financiamiento por parte del gobierno, sumado a la brutal embestida imperialista por parte de Trump, tienen a Cuba al borde del colapso energético, económico y social.

La planificación burocrática

De acuerdo al gobierno cubano, la falta de inversión en la red energética y los apagones son una consecuencia del embargo económico impuesto por los Estados Unidos desde 1962. Según las estimaciones de La Habana, desde entonces provocó pérdidas por 170 mil 677 millones de dólares a precios corrientes (corte hasta septiembre de 2025).

Recientemente, el canciller cubano Bruno Rodríguez sostuvo que “si el bloqueo se detuviera por dos meses, dispondríamos de los recursos que permitirían garantizar el combustible para generar electricidad”. Esta alocución ejemplifica la narrativa maniqueísta de la burocracia castrista, según la cual todos los problemas del país obedecen a los ataques del imperialismo y, por tanto, el gobierno de la isla está impune de toda responsabilidad.

No ponemos en tela de duda el carácter criminal e ilegítimo del bloqueo imperialista, así como sus terribles consecuencias sobre la economía de la isla. Pero esto no significa que capitulemos a las direcciones burocráticas independientes y sus relatos maniqueístas, bajo los cuales todas las problemáticas económicas y sociales son responsabilidad exclusiva de los Estados Unidos y, en consecuencia, el régimen cubano está exento de culpa.

Por el contrario, en la actual crisis energética tiene mucho que ver la gestión de la burocracia castrista, que gobierna a través de un régimen antidemocrático de partido único que le reporta enormes privilegios y, al mismo tiempo, amplifica los efectos de la crisis (incluidos los costos del bloqueo imperialista) sobre la amplia mayoría de la población cubana.

Como es sabido, los altos mandos militares representan unos de los sectores más privilegiados de la isla, los cuales ganaron terreno en el gobierno tras el ascenso de Raúl Castro al poder en 2008. La principal fuente de sus privilegios es el Grupo de Administración Empresarial SA (GAESA), una empresa creada en 1995 y adscrita al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), la cual maneja un complejo entramado de negocios, entre los cuales figuran hoteles, hostales, restaurantes, cafeterías, centros recreativos, agencias de viaje, inmobiliarias, empresas de vuelos, importadoras, rentas de autos, almacenes, navieras, servicio de mensajería y paquetería, ventas mayoristas, bancos, empresas financieras, servicios de auditoría, empresas de construcción, así como toda la red de tiendas minoristas en CUC, y ahora en MLC.

En otras palabras, GAESA representa un núcleo fundamental de la actividad económica en la isla y, aunque en teoría es una empresa estatal de “carácter socialista”, en realidad es dirigida por la burocracia militar que no rinde cuentas a ningún órgano del Estado, pues las propiedades bajo su control no están subordinadas a la Contraloría General de la República y, por ende, sus auditorías son internas y los resultados no son de acceso público.

De este modo, la supuesta “propiedad socialista que es de todos”, en realidad es administrada discrecionalmente por una clase política de burócratas que controlan el aparato de un Estado que posee los principales medios de producción y empresas de la isla.

Lo anterior explica la forma arbitraria en que se invierten los recursos estatales de Cuba. En un artículo publicado recientemente por The New York Times, se indica que en “los últimos 15 años, el gobierno cubano invirtió alrededor de 24.000 millones de dólares en hoteles”. Un derroche de dinero sin justificación aparente, dado que la visitación de turistas a la isla muestra una tendencia decreciente desde hace varios años: en 2018 el país recibió 4,7 millones de turistas, mientras que el año pasado fue de 1,8 millones.

De acuerdo a Paolo Spadoni, profesor de la Universidad de Augusta y citado en el artículo del cual hicimos mención, el gobierno cubano inauguró 70 propiedades turísticas y sumó 22 mil nuevas habitaciones entre 2014 y 2025. Por este motivo, en la isla hay 85 mil habitaciones de hotel, aunque la tasa de ocupación es de apenas el 20%.

Pero, mientras destinaron una suma exorbitante de recursos para construir hoteles que están vacíos, no invirtieron nada en el mantenimiento de la matriz energética. Esto, según explica Spadoni, se debe a que los hoteles son administrados por Gaviota, una filial del grupo GAESA y, desde su perspectiva, es probable “que los funcionarios militares estén adoptando una ´visión a largo plazo` al querer controlar propiedades valiosas”.

En otras palabras, la burocracia castrista privilegió destinar recursos a un sector que le reporta réditos inmediatos, pero que además es una inversión en bienes inmuebles que, en un futuro, pueden reconvertirse en propiedad privada en caso de que se restaure el capitalismo en la isla.

Esta es la “racionalidad” que se esconde en la planificación “irracional” del presupuesto en Cuba, la cual está al servicio de la acumulación burocrática y no tiene nada de obrera ni socialista.

Una economía en crisis agravada por la asfixia petrolera

La crisis energética y el asedio imperialista de Trump, se producen en medio de un difícil momento económico para Cuba. La producción industrial de 2024 fue la más baja en 40 años y el turismo cerró 2025 con sus peores números de los últimos veinte años, con la excepción del período de la pandemia.

Según el Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), en su último informe sobre el desempeño económico de la isla, el Producto Interno Bruto del país se contrajo en un 5% el año pasado, acumulando un desplome del 15% desde 2020.

Igualmente, el CEEC analizó que la crisis energética arrastró al conjunto de la economía en la espiral descendente. En términos interanuales, estimó que la generación eléctrica en la isla cayó un 13,7%, una cifra que fue calculada antes de que se produjera el embargo petrolero ordenado por Trump.

Por último, detalló que la inflación oficial fue del 14,07% en 2025, aunque apunta que las estimaciones extraoficiales la ubicaron en torno al 70%.

En vista de lo anterior, decayeron significativamente las condiciones de vida para las masas cubanas en los últimos años, pues los salarios no alcanzan para cubrir las necesidades más elementales. Un dato que ilustra el grado de la crisis social, es el aumento de la mortalidad infantil, la cual aumentó cinco punto porcentuales desde 2020 y, actualmente, se ubica en 9,8 por cada mil nacimientos vivos.

“Cuba atraviesa por lo que podría calificarse como una ‘coyuntura crítica’ definida como una situación de intersección y solapamiento de varias crisis: malestar social, cuestionamiento de las instituciones establecidas, rompimiento de la ‘normalidad’, la aparición de nuevos sujetos sociales que también tienen un rol político, estancamiento del modelo de funcionamiento anterior, y un debate, explícito o no, sobre el proyecto de país”, concluyó el informe del CEEC.

Ante el desabastecimiento de combustible, el gobierno decretó una serie de medidas de austeridad, las cuales se asemejan a las que se emplearon durante el “Período Especial” en los años noventa.

Por ejemplo, se suspendieron las lecciones presenciales en las universidades, se ordenó el cierre temporal de varias empresas estatales, se redujo el servicio de transporte entre las provincias y se estableció una semana laboral de cuatro días (lunes a jueves). Además, se reporta que se suspendieron cirugías en los hospitales.

Junto con esto, como era predecible se cerraron varios hoteles con baja ocupación y, además, se informó a las compañías aéreas que no había combustible para el reabastecimiento de los aviones, por lo que la afluencia de vuelos disminuyó drásticamente.

En vista de lo anterior, desde hace varias semanas circulan imágenes y reportes internos que dimensionan el grado de la crisis social en la isla. Calles repletas de basura sin recolectar porque los camiones no tienen gasolina, carretas impulsadas con fuerza animal haciendo de transporte público o personas afligidas porque el poco dinero que tienen lo gastan en comprar alimentos o medicinas a precios exorbitantes que, por causa de los apagones, se pudren o se arruinan en poco tiempo.

De ahí que no sorprenda que crezca el malestar de la población contra el gobierno cubano, al cual identifican -con total justeza- como parte del problema. Es sabido que los burócratas y sus familias viven en “otra” Cuba, llena de lujos y sin medidas de austeridad. Una realidad que desmiente la fantasía de que es un “Estado obrero burocrático”, como aún sostienen algunas corrientes trotskistas (desde el PTS hasta el arco de organizaciones que vienen del morenismo).

Debido a la crisis energética y social, cada vez son más recurrentes las protestas locales contra los apagones, pues las condiciones de vida se tornaron extremadamente difíciles. Son protestas legítimas que reflejan un hartazgo de las masas ante la gestión de la burocracia cubana, lo cual quedó del todo manifiesto con el incendio de la sede del Partido Comunista en Morón que tuvo lugar hace unos días.

Sería un “crimen de leso socialismo revolucionario” abordar las protestas en Cuba contra los apagones en función de los relatos de la burocracia castrista. Hacer eso es perder la línea de independencia ante un régimen burocrático y autoritario que, además de no contar con ninguna perspectiva histórica, es responsable de explotar y oprimir al pueblo cubano.

Ante la crisis actual, corresponde repudiar el criminal bloqueo económico y petrolero del imperialismo estadounidense contra Cuba, el cual avasalla el derecho a la autodeterminación nacional de la isla. Es preciso alertar que la emancipación del pueblo cubano del régimen burocrático no vendrá de la mano de un imperialista como Trump, que, desde que llegó a la Casa Blanca, apoyó el genocidio sionista en Gaza, está bombardeando al pueblo iraní y convirtió a Venezuela en un quase protectorado colonial de los Estados Unidos.

Por otra parte, defendemos el derecho a la autodeterminación del pueblo cubano no solamente con relación al imperialismo, sino también ante el régimen autoritario y burocrático castrista. Esto significa que apoyamos el derecho a la libertad de organización y manifestación del pueblo cubano, porque las movilizaciones contra los apagones y el desastre que provocó el gobierno cubano con décadas de planificación burocrática son totalmente legítimos.

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