Entre estos fenómenos se observa el de subempleo, es decir, personas que no consiguen más de 35 horas de trabajo a la semana y deben complementarlo de alguna manera para aumentar sus ingresos.
Durante el mes de mayo se publicó un informe de la UNSAM que, tomando datos de la encuesta permanente de hogares (EPH), compara el primer trimestre de 2025 y el mismo en el corriente año. Lo que arrojó que los puestos de trabajos creados durante este año eran mayoritariamente de subocupación: de 213.000 nuevos empleos, se estima que 192.000 corresponden a personas subempleadas (prácticamente el 90%).
Junto con esto, dicho informe evidencia un agotamiento de los amortiguadores de la crisis económica. Herramientas como el cuentapropismo ya no alcanzan para solucionar los problemas de ingresos, que se agravaron con el aumento del subempleo.

Lo anterior se debe a que la crisis hoy se expresa no en el desempleo, como ocurría durante de la década del 90, sino que se mide centralmente en los bajos ingresos y la precariedad laboral. Esto se expresa, por ejemplo, en la uberización laboral como fenómeno frente a los bajos ingresos y caída del empleo formal.
Según la última encuesta realizada por Casa Tres, ante la pregunta “respecto al sueldo que usted recibe y el total de su ingreso familiar, ¿En cuál de estas situaciones se encuentra usted”, un 59% contestó que no le alcanza, en contraposición al 40% que afirma llegar a fin de mes.

También cabe señalar que esta situación está cruzada por dos fenómenos. En primer lugar, el gobierno de Milei es responsable directo del industricidio que afecta a la economía del país, mientras que beneficia una reprimarización de la economía. Esta política económica provoca enormes problemas para los trabajadores y trabajadoras, porque la industria, el comercio, la construcción, hoteles y restaurantes concentran el 49% del empleo registrado, en contraposición al 8% del agro, minería y finanzas juntos.
Junto con esto, existe un problema más estructural: una transformación del mercado laboral, en el cual retrocede el empleo registrado y aumentan formas de trabajo precarias. Por ejemplo, en 2015 un 51% de los trabajadores eran asalariados registrados, mientras que hoy representan el 44%.
Por eso, aunque el desempleo no perfore el umbral del 7,8%, el trabajo no alcanza para cubrir la demanda laboral. Un 12% de los ocupados desean trabajar más horas con el objetivo de aumentar sus ingresos y siete de cada diez las buscan activamente.

Por otro lado, la informalidad se ubica en un preocupante 44% y la subocupación escala a un 11%. Volviendo al estudio de la UNSAM, es notable que en gran medida las alternativas al trabajo formal como salida/complemento se facilitó por las nuevas tecnologías, las cuales hicieron más sencillo el acceso al trabajo precarizado como delivery, venta de comida, cuentapropismo, etc.
Es evidente que se acumulan varias capas de problemas que hacen a la situación laboral en crisis. Hace algunas semanas decíamos que los bajos salarios son uno de los principales motivos de renuncia de aquellos trabajadores que están registrados, lo cual no es una sorpresa si tenemos en cuenta que el 80% cobra menos de $1.500.000.
El pluriempleo es una medida de sobrevivencia a la que recurren los trabajadores para llegar a fin de mes. Para terminar con esto, es necesario un salario mínimo que parta de los $2.000.000, tal como se propone en el Manifiesto anticapitalista.




