Artículo publicado el 29 de mayo de 2020, a 51 años de la gesta histórica obrera y estudiantil que conmocionó el país.

Como señaló recientemente el compañero Roberto, despedido de Pilkington, ante un auditorio de alumnos universitarios: “estamos acá para reeditar en pequeño aquella alianza obrero estudiantil que se dio en Córdoba en el que parece hoy  lejano 1969”. Es entonces a las nuevas generaciones de trabajadores y estudiantes, a quienes va dirigido especialmente este artículo que trata, brevemente, de reseñar lo ocurrido aquel 29 de mayo de hace cincuenta años en la ciudad mediterránea.

Comencemos con un sucinto contexto histórico: la Córdoba agraria y pastoril sufre durante las décadas de los 40 y 50 un fuerte impacto industrializador (con las características propias de dicho desarrollo industrial argentino, que un historiador marxista denominó “pseudo industrialización”) 1 logrando  aumentar así el peso específico de los sectores obreros en la población, provenientes éstos tanto del campo como (y fundamentalmente) de estudiantes de clase media empobrecida, mayoritariamente de carreras técnicas y con un alto grado de calificación.

La avanzada de este proceso fue la rama automotriz: con la llegada de Fiat y Renault (Ford tenía sus plantas en el cordón industrial porteño), la ciudad mediterránea disputaba la hegemonía en ese rubro. Este desarrollo desigual y combinado permite la construcción de un proletariado industrial doblemente concentrado (geográficamente, viviendo en barrios cercanos a la ciudad capital y productivamente, con pocas plantas que hegemonizan el grueso de la actividad económica) y haciendo de Córdoba uno de los eslabones débiles del capitalismo semicolonial argentino.

¿Cómo se organiza sindicalmente este nuevo contingente obrero? En 1965 se crea el SITRAC (Sindicato de Trabajadores de Fiat Concord) que contaba con alrededor de 2500 afiliados, y el SITRAM (Sindicato de Trabajadores de Fiat Materfer), que contaba con 1200, sostienen a rajatabla la premisa de mantenerse independientes de los sindicatos nacionales como el SMATA o la UOM que se disputaban su representación, manejados por la vieja y también reciclada burocracia sindical peronista. Otro gremio de vital importancia en las jornadas cordobesas será el de Luz y Fuerza con su secretario general, Agustín Tosco, cercano políticamente al Partido Comunista y parte excluyente de este movimiento clasista antiburocrático que estaba cobrando vida.

A nivel nacional, la CGT hegemonizada por el vandorismo (la expresión más pérfida de la burocracia sindical peronista) sufre una división en 1968 con el surgimiento de la CGT de los Argentinos, a cuyo frente estará un dirigente gráfico ligado a las corrientes socialcristianas peronistas (muy en boga en esos momentos). El mismo realineamiento se producirá en la central sindical cordobesa, en donde Atilio López, de la UTA, estará cercano a esta última.

Pero el Cordobazo tendrá como sello distintivo la conformación de una alianza entre estos sectores obreros con franjas importantes del estudiantado. Este sector, proveniente de la pequeño burguesía y tradicionalmente anti peronista, empieza a sufrir las diversas decepciones que tanto el frondizismo desde el poder como la izquierda tradicional marcadamente gorilas (PS y PC) le van ocasionando, junto a la persecución y quita de derechos que venían sufriendo constantemente. Además el contexto regional e internacional apuntaban en esa dirección, de la mano de protestas específicas del estudiantado que se cobró varias vidas a manos de la dictadura de Onganía. 2

Hagamos un breve repaso de los hechos que concluyen en el Cordobazo. El 13 de mayo de 1969 el gobierno deroga los regímenes especiales que existían para el descanso del llamado sábado inglés (trabajar ese día media jornada y cobrarla completa), esto llevó a la realización de una asamblea del gremio mecánico con casi 4500 trabajadores, que termina con el abucheo al secretario nacional del SMATA, Dirk Kloosterman y la irrupción de la policía en el local donde se realizaba la misma. Al día siguiente salen a la huelga por 48 horas. El movimiento obrero cordobés, en solidaridad con las demás luchas parciales provinciales (Mendoza, Tucumán, San Juan) y contra la represión estudiantil (estudiantes “atrincherados” en el Barrio Clínicas), llama a un paro general de 37 horas para el 29 de mayo.

Mirá también:  A 50 años, el Cordobazo está presente

En un estudio pionero sobre dicha jornada y relativamente contemporáneo a los sucesos, se lee: “Ese día los obreros cordobeses abandonaron sus puestos de trabajo en cumplimiento del paro. Encolumnados, marcharon hacia el centro de la ciudad. Dirigidos por el sindicato mecánico, a los que se fueron sumando estudiantes, empleados y vecinos, las columnas de las fábricas fueron llegando a la ciudad. Allí las atacó la policía, que intentó dispersarlas. Desde las 11 hasta las 14 horas se produjeron violentos enfrentamientos en diversos puntos de la ciudad. Por la tarde, la mayoría de los testimonios coinciden en que las fuerzas de seguridad apenas controlaban las diez manzanas en torno al Departamento de Policía. Hacia las 17, el Ejército se dispuso a entrar en acción. Esa noche, el Ejército ocupó el centro de la ciudad y comenzó la tarea de recuperarla” 3

Intentemos una aproximación a un balance de esa jornada histórica de la clase obrera y la alianza que hegemonizó. Lo primero a destacar es que una franja importante de ésta se mostró acaudillando tras de sí a sectores masivos de estudiantes y clase media en general, en una típica acción directa que golpea al corazón de las instituciones del régimen y las propias relaciones sociales capitalistas que éstas garantizan y reproducen 4.

Su limitación estuvo dada en que no logró extenderse a otros puntos neurálgicos del país como el cordón industrial bonaerense, y que no terminó de consolidar una organización de las propias masas autodeterminadas y su Estado Mayor: el partido. Pero el éxito no fue pequeño: renuncia de Krieger Vasena, súper ministro de Hacienda de la dictadura, estocada furibunda al Onganiato, la aparición de tendencias clasistas que irán in crescendo junto a una no despreciable influencia (en lucha contra otras corrientes) de la izquierda revolucionaria en el activismo y la irrupción de diversos “azos” provinciales posteriores (en la propia Córdoba, dos años después el denominado Viborazo). Todo lo cual abrió un período de evidente crisis de dominación para el conjunto de la clase dominante y dirigente argentina, que  intentará reabsorberla mediante las elecciones y vuelta de Perón primero, el terrorismo de estado de la Triple A estando ya el peronismo en el gobierno y que logrará cerrar finalmente con el sangriento golpe de 1976 y la dictadura que lo siguió.

Un sociólogo marxista lo expresó así: “El gobierno de Onganía llegaba a su fin. Sólo faltaba que sus jefes entendieran la nueva situación. El costo de su error podría ser terrible; la alianza política gestada en las barricadas podría modificar sus términos; es decir, en lugar de marchar tras las imprecisas banderas de SMATA y Luz y Fuerza, marchar tras los gallardetes de la Revolución Cubana. Entonces, en lugar de disputarse cuál de los partidos tradicionales, incluido el peronismo, se haría cargo del aparato del estado, se disputaría la naturaleza del estado 5. Para decirlo de un plumazo: la burguesía argentina estaba aterrada, hasta el mismísimo La Nación llamaba a gritos al “ex tirano prófugo” para que viniese a impedir ese infierno tan temido.

La corriente de la cual proviene el nuevo MAS cuenta con un trabajo – una recopilación de artículos del periódico y resoluciones nacionales del Partido Socialista de los Trabajadores: PST – que en uno de los balances del Cordobazo sostiene: “La semi insurrección cordobesa tomó de sorpresa a las tendencias guerrilleras. Contra todo lo esperado por ellas con su estrategia de guerra prolongada rural o urbana, las masas trabajadoras fueron capaces de enfrentar a la policía y derrotarla, conmocionar al Ejército. Nosotros seguimos sosteniendo que Córdoba ha demostrado que con una buena dirección política podemos lograr organización, armamento y dirección insurreccional adecuada. Si se logró tanto, no hay ninguna razón para sostener que no podemos superar lo ya pasado. Por el contrario, la experiencia histórica muestra que hay un aprendizaje y superación constante del movimiento de masas. Esa es nuestra perspectiva” 6

Mirá también:  Cordobazo: Una efemérides con opuestos intereses de clase

 

Las coyunturas político económicas que se nos vienen en la Argentina actual, pondrán a la orden del día la necesidad de reeditar esa alianza obrero estudiantil y procesos semi insurreccionales como aquel glorioso Cordobazo, tomando nota de sus enseñanzas y también las limitaciones que dejó expuestas. Como escribimos con anterioridad:

La generación que hacía su primera experiencia en la lucha en esa etapa en el país, la hacía en forma directa, al entrar a estudiar o a trabajar. En la década de los 80, 90, lo empezaron a hacer en la lucha democrática de repudio al golpe del 76 y las políticas de perdonar a los genocidas. En este siglo XXI, el movimiento en el que más se incorporan las nuevas generaciones es el movimiento por los derechos de las mujeres. Las circunstancias y los momentos políticos cambiaron, pero no la voluntad y la conciencia de que es necesario pelear para que no nos atropellen. Avanzando hacia la unidad de las luchas de los trabajadores, las mujeres y la juventud, y de la construcción de un partido socialista revolucionario, daremos pasos gigantes para que no nos roben el futuro.7

 

Notas:

1: Para un desarrollo preciso y detallado de ese proceso ver Ver Industrialización y clases sociales en Argentina. Milcíades Peña. Hyspamérica 1985

2:  Para un desarrollo más exhaustivo del ascenso estudiantil y lo acontecido en la vanguardia y el activismo en esos años, ver el artículo de nuestra corriente: Algunos apuntes sobre el primer Rosariazo. Ana Vázquez, SOB 20/4/19.

3: Lucha de calles, lucha de clases. Balvé Beba, La Rosa Blindada, 1973. También el relato de lo sucedido, con una matriz teórica más endeble, en El Cordobazo, James Brennan, Sudamericana 1999.

4: Lenin decía, haciendo el balance de las huelgas de masas de 1905 en Rusia, que la protesta callejera “económica” terminó deviniendo en una protesta política, enfrentando de hecho las instituciones del zarismo. Claro está, que para el líder bolchevique el pasaje de las reivindicaciones meramente gremiales al terreno político, no era simplemente espontáneo sino requería de la mediación del partido revolucionario, para “ayudar” en ese pasaje.

5: Los cuatro peronismos. Horowicz Alejandro. Edhasa, 2011

6: Después del Cordobazo. Moreno Nahuel, Editorial Antídoto, 1997

7: Ana Vázquez art. citado.

 

 

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