Combatir a la derecha con la izquierda

La campaña mediática que infla a los "libertarios" ultra reaccionarios quiere instalar un clima antiobrero y antipopular para facilitar el ajuste post-electoral.

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Liber – fachos

Milei y Espert, los cabeza de listas del supuesto «liberalismo» se plantean como la alternativa «antisistema» en las elecciones legislativas. Ya hemos escrito largo y tendido sobre esta mentira. Los liberales no son nada nuevo en la política argentina ni internacional, son el rostro más descarnado de las viejas políticas neoliberales que se han aplicado en el país y que han dejado un saldo social catastrófico. La política económica de la última dictadura militar, el Menemato y la crisis del 2001 son algunos ejemplos del programa que defiende Milei.

Pero es imposible aplicar un programa neoliberal de este tipo sin represión. En cada uno de los casos nombrados, el ajuste económico fue acompañado por una fuerte represión: 30.000 desaparecidos en la última dictadura militar, decenas de muertos en el Argentinazo de diciembre del 2001. Si hace falta algún dato más para demostrar la verdadera vocación fascista de Milei, mencionemos que en sus listas se presentas varios candidatos abiertamente pro – dictadura. 

El ajuste que piden los empresarios

Ahora bien, ¿por qué están proliferando mediáticamente personajes de esta calaña?

Sucede que desde hace varios años la burguesía argentina está pidiendo a gritos un ajuste estructural en el país: uno que haga más rentable los negocios haciendo más miserable a la clase trabajadora por décadas. Macri intentó avanzar en ese camino y Alberto Fernández no ha hecho nada por detener la caída de las condiciones de vida de la clase trabajadora argentina.

Pero el ajuste que quiere la burguesía es mucho más profundo. Implica, centralmente, una contrarreforma laboral en toda regla: barrer con derechos sindicales, laborales y convenios colectivos. Macri quiso aplicarla a partir de 2017 pero las movilizaciones masivas del 14 y 18 de diciembre se lo impidieron. Alberto Fernández, por otro lado, no pareciera estar 100% dispuesto a pagar el costo político de este tipo de medidas.

Aquí entran personajes como Milei y Espert, con su prédica por la libertad de mercado y en contra de todo tipo de derecho sindical. La campaña electoral no es una mera exposición de candidatos para que el electorado elija al que mejor le caiga. Es, por sobre todas las casas, un ámbito de lucha entre distintas facciones políticas. Y no gana solamente el que se lleva más votos, sino el que logra instalar su propia agenda y torcer el debate para donde le conviene.

Esto es lo que vienen intentando hacer los liberales, ayudados por los medios de la derecha y por sus (no tan) anónimos contribuyentes financieros. A pesar de sus insultos a los Larreta y los Alberto Fernández, los liberales esperan empujar a esos mismos candidatos a tomar medidas más abiertamente neoliberales. Y no se trata de que los Larreta y los Fernández (los candidatos del «centro» político) no tengan deseos de llevarlas adelante.

El problema radica en si se tiene o no la legitimidad social necesaria para llevarlas adelante. Allí está el ejemplo de Macri: quiso encarar contrarreformas estructurales, no consiguió la legitimidad social necesaria para hacerlo y, rebelión mediante, salió eyectado por los aires.

Si la burguesía financia a Milei y Espert, y los medios de comunicación de la derecha le dan tanto espacio publicitario, es porque les sirve que los liberales hagan una buena campaña electoral. Los «libertarios» están (por suerte) lejos de pelear por el gobierno. Pero estamos en el marco de una campaña legislativa, donde lo que se discute es qué proyecto de país se impondrá en los próximos años. Si propuestas neoliberales como las de Milei cobran popularidad y sacan una importante cantidad de votos, podrían torcer el debate público hacia la derecha y facilitarle el paso a medidas de ajuste.

Entre ellas está el acuerdo con el FMI, que Fernández viene postergando hasta después de las elecciones para no «quemarse» ante su electorado. Un acuerdo con el FMI implica necesariamente llevar adelante la política económica que pide el Fondo. Recorte del «gasto» público (obra pública, salud, educación), baja del poder adquisitivo de los trabajadores, aumento de la desocupación. Y queda pendiente esa contrarreforma laboral estructural que la burguesía viene exigiendo hace años.

Hay que marcar agenda por izquierda

Los liberales son enemigos declarados de los trabajadores, los sectores populares, la juventud, las mujeres y las personas LGBT. El programa económico que defienden implica destruir nuestras condiciones de vida (ya vapuleadas por la pandemia, los bajos salarios y la inflación), robarnos el futuro. Y su programa político (por más que no lo admitan públicamente) es reaccionario, implica más represión para hacer pasar el ajuste.

Es cierto que los medios han «inflado» a los liberales, haciéndolos parecer más de lo que son (un facho con peluca, algunas decenas de trolls y mucha plata puesta por sus empresarios amigos). Pero los que no queremos un futuro de ajuste y pobreza no podemos subestimar el peligro que representan. Por esto muchos miran con preocupación a estos personajes.

En el debate entre Milei, Fernanda Vallejos y Manuela Castañeira, esta última planteó el problema de forma clara. «La izquierda tiene que marcar agenda», dijo. Y esta es la forma de responderles a los liber-fachos.

Si los liberales crecen y ganan representación parlamentaria, tendrán más espacio y más recursos para seguir difundiendo su programa reaccionario. No se les puede responder con tibiezas ni mirar para otro lado. Las campañas de los partidos tradicionales (Juntos y Todos) están vaciadas de contenido, no tienen propuestas reales para sacar a los trabajadores de la situación crítica que están viviendo, y les abren el camino a estas alternativas de derecha.

Para contrarrestar a los liberales hay que enfrentarlos en todos los terrenos: en los debates ideológicos, en las luchas sociales, en las elecciones. Y hay que hacerlo de forma anticapitalista: con un programa político y económico que plantee medidas a favor de los trabajadores, la juventud, las mujeres y las personas LGBT.

Hay que lograr que los reclamos de los de abajo se impongan en los debates públicos y electorales. Dejar atrás las campañas vacías de contenido y poner en primer plano nuestras necesidades: el salario mínimo vital y móvil de $100.000, la suba de retenciones a los millonarios del agro, ponerle un freno al capitalismo que destruye las condiciones de vida de los trabajadores y la misma naturaleza. Sólo pasando a la ofensiva desde la izquierda y el anticapitalismo, podremos frenar las avanzadas derechistas de los liberales.

Si llegaste hasta acá es porque valorás que, entre tantos medios que defienden intereses capitalistas, exista un portal de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

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