Duque tiene que caer

Colombia hoy: la rebelión sigue con un paro nacional

La rebelión colombiana puede cambiar el panorama futuro de toda América Latina. Las organizaciones obreras y populares de Cali ya exigen la caída de Duque.

Federico Dertaube
Editor del Suplemento semanal de Izquierda Web.


Colombia se mira en espejo. Para su sorpresa, el reflejo no le devuelve una imagen sino dos. Una, la de su pasado y su presente, la de la dominación incuestionada del uribismo, de la represión militar desbocada, de la dominación imperialista descarada y el saqueo del país por parte de un puñado de capitalistas resguardados por sus perros guardianes de uniforme. La otra, una imagen que parece ser de otros países: el Chile de 2019, los Estados Unidos del 2020… es la imagen de su presente y el futuro.

Espantado por el protagonismo callejero de un pueblo que a sus ojos parecía no existir, Duque retiró el proyecto de reforma tributaria. Creyó que retirando la mecha se apagaba el polvorín. Pero el fuego ya se había expandido y amenaza con quemar todo el edificio.

La presión popular obligó a la CUT y otras organizaciones sindicales a darle continuidad a las protestas. Hoy, 5 de mayo, el paro nacional paraliza de nuevo el país mientras el establishment no puede reaccionar de otra forma que mirando con espanto y mandando a matar.

La reforma de los impuestos venía a empeorar una realidad económica que hace del país un paraíso de las empresas multinacionales bananeras, mineras, del azúcar y (por supuesto) los narcos. Colombia es a los ojos del dogma neoliberal el otro «modelo» a seguir además de Chile. Hoy pueden ver como se derrumba segundo a segundo el mito, delineado con los números dibujados del «crecimiento».

Ya no se trata de una reforma. Ahora la movilización y la huelga han hecho converger reclamos populares de todos los explotados y oprimidos, de la ciudad y del campo: el retiro de la reforma de salud, el fortalecimiento del plan de vacunación, un ingreso básico universal para hacer frente a la crisis, la protección de la producción nacional agropecuaria y sus recursos naturales, detener los continuos desplazamientos forzados de campesinos, acceso a la educación pública, la disolución de la policía antidisturbios (ESMAD)…

El conjunto de estas exigencias sobrepasan lo que quiere o puede dar el gobierno de Duque y el régimen uribista como un todo. Su «modelo» económico, su forma específica de acumulación capitalista, su manera de gobernar el país… todas se derrumban con estas reivindicaciones. Dar a las masas populares lo que piden es quitarle a Duque y el régimen su razón de ser. El Papa no puede seguir siendo Papa si sus fieles le piden que se convierta al ateísmo.

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La respuesta represiva del gobierno esperaba sembrar el terror para retomar el control. Como aprendiz de mago, conjuró demonios que luego no pudo controlar. Así, las reivindicación parcial inicial fue convirtiéndose en un cuestionamiento a todo el régimen político colombiano, gracias también a él mismo.

Cali exige la renuncia de Duque

Mientras el Comité Nacional de Paro se sostiene en posiciones puramente reivindicativas, el movimiento obrero y popular de la ciudad de Cali ya se dio cuenta con más claridad de las consecuencias de su propia acción. La ciudad exige la renuncia de Duque.

«Reconocemos que hemos ganado una primera batalla ante la decisión del gobierno de retirar la Reforma Tributaria, pero no hemos ganado la lucha. Hasta que no se retire todo el Paquetazo de Duque que incluye la Reforma Laboral, Reforma a la Salud y Reforma Pensional, hasta que no se haga justicia por las personas asesinadas, heridas y capturadas en este arduo trabajo de movilización, se desmilitarice las ciudades y sobre todo hasta que Duque no renuncie, no cesará el paro sobre Cali y el Valle del Cauca» dijo hace días en un comunicado el liderazgo de las protestas en la ciudad.

Y continúa el comunicado: «Comunicamos a la opinión pública que el paro tomará el carácter de paro cívico indefinido y a partir de las 5 am del lunes del 3 de mayo continúa un bloqueo total, permanente e indefinido sobre toda Cali y el Valle del Cauca, por lo que seguirán con firmeza las concentraciones en las entradas de la ciudad, en las calles y las vías principales de la misma. Se comunica que sólo se dejará pasar por los puntos de concentración misiones médicas, humanitarias y provisión de alimentos».

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Mientras hoy el país vive una nueva jornada de paro nacional, de amplia y masiva adhesión, la ciudad de Cali viene siendo el centro de la resistencia y vive hace días y días en paro general de hecho. Los bloqueos totales de la ciudad y la permanencia de la movilización popular en la calle así lo impusieron.

Por eso también esa ciudad es la que viene sufriendo con mayor saña y odio la represión brutal de la ESMAD y las fuerzas armadas.

Los perros de los ricos en la mira

«Si no hay castigo, van a seguir matando sin miedo» dicen los familiares de pibes asesinados por la policía.

La policía y las fuerzas armadas de Colombia son de las más desbocadas del continente. Acostumbrados a matar impunemente con la excusa de la «guerrilla marxista», asesinan todos los días a un activista distinto. Basta tener un motivo para quejarse para merecer un balazo.

En estos días, algunas de sus víctimas apenas contaban con 16 o 17 años… La ONG Temblores ya registró más de mil casos de violencia policial, al menos 28 muertos (pueden ser muchos más), decenas de abusos…

La movilización ya exige mucho más que una «reforma»: las masas en lucha quieren la disolución de la ESMAD, la policía especializada en represión que escapa a cualquier control «democrático».

Hace décadas que los represores siembran el terror. Pero hay momentos en que la represión tiene el efecto exactamente contrario al que busca, que es mantener controladas a las amplias mayorías populares con el miedo a la muerte. Cuando la marea popular alcanza los cimientos de los edificios gubernamentales, la represión provoca más odio y disposición de lucha.

La violencia desatada por el régimen ahora ha puesto sobre la mesa la voluntad popular de terminar con ella de una vez y para siempre. «Es ahora o nunca», se dicen no literalmente miles y miles en las calles colombianas hoy.

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