CNEA: el ajuste de Milei destruye estratégicamente el desarrollo de energía nuclear

La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) está siendo sistemáticamente desmantelada por el mileísmo, que boicotea y destruye todo lo que pueda ser algo de desarrollo propio argentino.

Un trabajador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) puede pasar años desarrollando una tarea que rara vez llega a ser visible fuera del ámbito nuclear. Puede estar vinculado al desarrollo de materiales, a tecnologías médicas o a proyectos de ingeniería avanzada. Cuando ese trabajador deja el organismo, la pérdida no aparece en una planilla de personal: queda en un equipo que pierde experiencia acumulada y en procesos que dependen de una formación difícil de reemplazar.

Ese proceso comenzó a hacerse visible dentro de la CNEA, donde trabajadores e investigadores advierten por la situación dramática por una combinación de reducción de personal, deterioro salarial y salida de profesionales. La última señal fue la no renovación de contratos que trabajadores y organizaciones gremiales denunciaron como despidos, con una magnitud que distintos sectores ubicaron alrededor de un centenar de personas. La disputa laboral abrió una discusión más amplia sobre qué ocurre cuando un área tecnológica pierde integrantes formados durante años.

Entre quienes dejaron de formar parte del organismo hubo trabajadores vinculados a áreas específicas de investigación y desarrollo. Uno de ellos explicó que su tarea estaba relacionada con tecnología de aceleradores aplicada a tratamientos médicos para enfermedades que no responden a terapias convencionales. El caso muestra la diversidad de actividades que conviven dentro de la CNEA y cómo una reducción de personal puede afectar tareas que van mucho más allá de la generación eléctrica.

En el sector nuclear, los puestos no son intercambiables. Un especialista en materiales, un ingeniero nuclear, un físico o un técnico de operación desarrollan a lo largo de extenso tiempo herramientas para resolver problemas específicos dentro de proyectos determinados. La salida de esos trabajadores debilita grupos técnicos en los que esa experiencia se transmite y permite avanzar sobre nuevos desarrollos.

El deterioro salarial se convirtió en otro factor de salida. Andrés Kreiner, investigador superior de la CNEA y del CONICET, advirtió que unas 500 personas abandonaron el sector nuclear en los últimos años y vinculó ese éxodo con la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores. Según señaló, los salarios acumularon una caída superior al 50% frente a la inflación, una situación que llevó a profesionales altamente especializados a buscar otros destinos laborales.

 

La salida de profesionales coincidió con una etapa de reducción de recursos sobre el entramado nuclear estatal. En diciembre de 2025, el Gobierno dispuso un recorte de 30.000 millones de pesos sobre Nucleoeléctrica Argentina, la empresa estatal encargada de operar las centrales nucleares del país. Aunque la CNEA y Nucleoeléctrica cumplen funciones diferentes, ambas forman parte del entramado nuclear argentino, que articula investigación, desarrollo tecnológico y operación.

La medida fue cuestionada por trabajadores y especialistas del sector, que señalaron que la actividad nuclear depende de planificación prolongada, inversiones sostenidas y equipos técnicos permanentes. Desde el Gobierno defendieron las decisiones como parte de un proceso de ordenamiento del gasto público y revisión de estructuras estatales, y sostuvieron que las desvinculaciones respondían a la finalización de contratos y a la adecuación de organismos que consideran sobredimensionados.

La diferencia aparece en los tiempos. Una estructura administrativa puede modificarse en meses; la formación de un especialista nuclear requiere tiempo. Los proyectos dependen de investigadores, técnicos, proveedores especializados y trabajadores capaces de resolver problemas que surgen durante cada etapa de desarrollo. Cuando esos trabajadores dejan el área, los especialistas deben redistribuir tareas, postergar líneas de investigación o perder especialistas formados para problemas específicos.

Esa tensión entre los tiempos políticos y tecnológicos se observa en el reactor CAREM, uno de los principales desarrollos tecnológicos impulsados por la CNEA. Se trata del primer reactor modular de potencia diseñado y construido íntegramente en Argentina, con una potencia prevista de 32 megavatios eléctricos. El proyecto concentra años de trabajo en ingeniería, diseño, materiales y seguridad nuclear, áreas donde la experiencia de los grupos técnicos resulta determinante.

El CAREM no depende únicamente de una obra física. Detrás del reactor hay profesionales que conocen procesos, enfrentan desafíos técnicos y acumulan experiencia en cada etapa del proyecto. Si esos grupos comienzan a dispersarse, recuperar el ritmo no depende sólo de asignar nuevos recursos: también implica reconstruir equipos, formar especialistas y recuperar saberes desarrollados en una práctica concreta.

La política aplicada sobre la CNEA se inscribe en un programa más amplio ajuste sistemático del mileísmo en todas las áreas, en particular todo lo que sea ciencia y técnica. En áreas vinculadas con investigación y desarrollo tecnológico, donde los resultados suelen aparecer después de largos procesos de trabajo.

El conflicto aparece entre dos tiempos distintos. El ahorro fiscal puede medirse en el presente; la investigación aplicada, la formación profesional y la construcción tecnológica requieren otro ritmo. Las decisiones sobre el sector nuclear determinan qué proyectos continúan y qué capacidades permanecen disponibles.

Un reactor puede seguir figurando en un presupuesto. Un edificio puede permanecer en pie. Una institución puede conservar incluso su nombre. Pero si los trabajadores capaces de hacerla avanzar comienzan a dispersarse, la pérdida no se mide sólo en puestos de trabajo: aparece en el tiempo necesario para recuperar aquello cuya formación llevó años. El ajuste de algunos pesos en este gobierno es destrucción de desarrollo a largo plazo, despilfarro de recursos estratégicos y garantía de estancamiento y sobordinación económica a largo plazo.

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