Cipayismo explícito: la nefasta «propuesta» de dolarizar la economía

Dolarizar la economía argentina es una pésima idea. Solamente la puede defender la ignorancia entreguista.

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Alejandro Cacace

Este lunes el diputado Alejandro Cacace presentó un proyecto de ley que propone establecer al dólar norteamericano como la moneda de curso legal del país. Cacace es diputado de San Luis por Juntos por el Cambio, más precisamente del interbloque de Evolución, que lidera Martín Lousteau.

El proyecto se enmarca en la situación social y económica que continúa deteriorándose, con una inflación descontrolada y un gobierno que le declara una «guerra» de muy baja intensidad y dudosos resultados. Cuando la crisis de agudiza, proliferan las propuestas de «shock» que intentan reeditar planes similares a la Convertibilidad de Domingo Cavallo. De paso, la oposición derechista aprovecha para instalar su agenda profundamente cipaya y antipopular.

La base «teórica» de este proyecto es el que a estas alturas evidentemente falso dogma monetarista, que intenta explicar la inflación solo como una consecuencia de la emisión monetaria. Sobre la falsedad de este dogma podés ver «Vuelve la inflación global?», por Marcelo Yunes.

También influye, por supuesto, la mentalidad cipaya de que de las crisis económicas se sale pareciéndose lo más posible a las grandes potencias. Como si no hubieran tenido a lo largo de su historia muchas políticas y orientaciones económicas diferentes sin haber dejado jamás de ser potencias.

El proyecto presentado por Cacace establece que el país abandone el peso como su moneda nacional, haciendo que el dólar estadounidense pase a ser de curso legal, una idea delirante en un país cuya economía sufre precisamente de la escasez de dólares.

Los argumentos del diputado cambiemita giran en torno a derrotar la inflación y lograr estabilizar la economía, así como el discurso gastado y repetido hasta el hartazgo de «atraer inversiones».

Sin embargo, el tema ha tenido repercusión e incluso otros dirigentes de JxC tuvieron que salir a «despegarse» de la iniciativa, como el gobernador jujeño Gerardo Morales. Quienes sí manifestaron su apoyo fueron los «liberales» como Javier Milei, que no pierden oportunidad de salir a apoyar cualquier medida que beneficien a los ricos y que nos arrodillen aun más a Estados Unidos.

Más allá del escaso apoyo político que tuvo la propuesta, existen algunas (pocas) experiencias de países que se dolarizaron. La mayoría de estos países son pequeñas islas del Caribe cuya comparación con economías más grandes resulta absurda.

El ejemplo un poco más cercano sería el de Ecuador, que adoptó el dólar en el año 2000. Lejos de ser un paraíso del crecimiento económico, en Ecuador la desigualdad y el ajuste han sido la moneda corriente en estos últimos veinte años, en un país que ya atravesó varias crisis de deuda con sus sucesivos rescates del FMI para no caer en default.

¿Cuáles serían las consecuencias de dolarizar?

La primera y más obvia consecuencia de dolarizar la economía sería una inaceptable pérdida de soberanía del país, desde lo político, y una frágil exposición a los vaivenes externos, desde lo económico.

El país dejaría de tener su propia moneda, lo que implica que perdería su soberanía monetaria y quedaría incapaz de tomar medidas para intervenir sobre los efectos de los cambios en las condiciones económicas internacionales en el ámbito doméstico. El rol del Estado quedaría así fuertemente limitado, incapaz de emitir moneda o de tener una política cambiaria.

Como el Estado no tiene una moneda propia y no puede emitir, no hay manera de que se gaste más de lo que ingresa. Los gobiernos capitalistas sólo conciben entonces dos caminos: o bien ajustando el gasto, o bien endeudándose. O una combinación de ambas.

Esto es sencillamente una locura para los países de economías atrasadas como los latinoamericanos, que ya de por sí sufren los problemas de la falta de dólares por tener que competir en el mercado mundial contra las economías más avanzadas. Si en el país faltan dólares y encima no tiene moneda propia, la consecuencia será el achicamiento de su economía, con el consecuente aumento de la pobreza.

Para las personas de a pie, la consecuencia económica más inmediata sería una brutal devaluación que licuaría los ingresos de quienes ganan en la moneda que se está abandonando, es decir, los asalariados, jubilados, pensionados y pequeños comerciantes. De hecho esta devaluación está contemplada en el proyecto presentado por Cacace.

Porque para que las personas puedan cambiar sus pesos por dólares (en un país donde los dólares escasean como el nuestro) habría que devaluar la moneda a niveles estratosféricos para que haya dólares «para todos». Claro que a cambio de un tremendo aumento de la pobreza por la licuación de los ingresos.

Además, traería aparejada una consecuencia que el país ya sufrió bajo la convertibilidad: la desindustrialización y la reprimarización de la economía. Con una dolarización, el país reforzaría su carácter económicamente dependiente y atrasado, porque se destruiría su entramado industrial (incapaz de hacer frente a la mayor competitividad de la industria extranjera) así como, correlativamente, se reforzaría su rol de exportador de materias primas.

Es simple: toda la economía nacional pasaría a competir con la estadounidense de manera directa, sin mediaciones ni políticas fiscales para mediarla. Esa fue una de las consecuencias del «1 a 1», con sus brutales consecuencias, la ruina masiva, la desocupación más alta de nuestra historia…

El principal beneficiado sería el capital financiero, que además de poder establecer sus inversiones en una «moneda dura» y estable, se aprovecharían del festival de deuda al que ingresaría el país una y otra vez para intentar hacerse de dólares.

El caso de Ecuador

En el año 2000, luego de una crisis económica muy grave y un enorme problema de inflación que alcanzaba el 200% anual, Ecuador dolarizó su economía abandonando así la que era su moneda, el Sucre.

La consecuencia inmediata fue, como dijimos, una fuertísima devaluación que arrasó con los ingresos de los trabajadores. La relativa estabilización de la economía que vino después se hizo sobre esa base. Además, el país requirió de inmediato ayuda financiera del FMI, que le impuso sus programas.

Es verdad que el problema de la inflación se contuvo, pero aparecieron otros nuevos y se mantuvieron muchos otros que ya estaban. La dolarización coincidió con el boom de los precios de las commodities de principios de siglo, y los altos precios del petróleo beneficiaron temporalmente al país.

La supuesta «lluvia de inversiones» y el «crecimiento sostenido» de la economía que se auguraba no sucedió. El crecimiento se mantuvo ambivalente, con épocas de alza y caída, no muy distinto a la época previa a la dolarización.

La devaluación hizo que aumentara fuertemente la pobreza y se redujeran los salarios. Luego, cuando los precios de las commodities abandonaron su alza extraordinaria, Ecuador comenzó un proceso de mega endeudamiento que lo llevó varias veces a estar al borde del Default. De hecho, el país tuvo que recurrir a varios rescates del FMI, con sus consecuentes políticas de ajuste. Lo hizo apenas dolarizó, en el año 2000, y luego nuevamente en 2019, 2020 y 2021.

Incluso quienes defienden el modelo de Ecuador, generalmente economistas provenientes de la escuela liberal, admiten que es un modelo que sólo se sostiene «en la necesidad de ejecutar ajustes recurrentes” y que requiere «una disciplina fiscal severa» si no se quiere caer en un megaendeudamiento.

En 2019, estas sistemáticas políticas de ajuste en combinación con el endeudamiento produjeron el mayor estallido social desde la crisis de 1999, en una rebelión popular que rechazó los planes del FMI y sus ajustes, y que fue la antesala de que pocas semanas después estallara la histórica rebelión chilena.

3 COMENTARIOS

  1. Pocas opciones le quedan a Argentina para frenar su decadencia. Cuando un país no tiene ni tendrá disciplina fiscal, quedan soluciones como esta. Nada que hacer, pueden seguir con la cantaleta del imperialismo/neoliberalismo/el poder financiero/etc, etc que les enseñó el Peronismo o ajustarse el cinturón y salir adelante de una vez por todas

  2. Hoy ya no existe una soberania monetaria. No se sostiene en el tiempo tanta inflacion por emision desordenada. La inflación tambien termina justificando a que los monarcas de las empresas hagan lo que quieran con los precios. El problema monetario es tan fuerte que nadie cree ni quiere tener un peso encima. La plata quema o se va porque no alcanza. Prefiero un ajuste con reglas claras que me de tranquilidad monetaria con capacidad de ahorro y crecimiento. No se puede vivir con tanta inflación y este es un comienzo del 200% de Ecuador.

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