Se viene un cambio reaccionario

Chile – La derrota de la Concertación y el fin de la transición a la democracia

Nicolás Mestre

“El triunfo de Piñera pone fin a la transición chilena”
(José María Aznar, El Mercurio, 24–01–10)

Santiago de Chile.– El pasado 17 de Enero se realizó en Chile el ballotage de la elección presidencial entre el candidato de la Coalición por el Cambio (centro–derecha), Sebastián Piñera Echeñique, y  el ex presidente Eduardo Frei Ruiz–Tagle (1996–2001), candidato de la Concertación de Partidos por la Democracia (democratacristianos–socialistas–radicales), que gobierna el país desde 1990.

A las 19:42 hrs. el Ministerio del Interior entregaba el segundo cómputo: de un total de 7.145.485 de votos, que correspondía al 99,2% de las mesas escrutadas a nivel nacional, el candidato de la derecha obtenía un 51,61% (3.563.050 votos), sobre un 48,38% (3.340.308 votos) del ex presidente Frei. Las cifras repetían la tendencia en la Región Metropolitana (Gran Santiago), donde Piñera con 1.357.860 votos (51,82%) ganaba a Frei con 1.262.177 votos (48,17%).

Pero no fue necesario este segundo cómputo para que el candidato derrotado “felicitara” al triunfador. Ya a las siete menos quince de la tarde, media hora después del primer informe del Ministerio del Interior, Frei reconocía la derrota, en una tendencia que resultaba irremontable, y llamaba a las “fuerzas de centro–izquierda, progresistas y democráticas” a ser “guardianes de la libertad y de las conquistas sociales”. Las imágenes mostraban las sombrías caras de derrota del oficialismo que terminaba la jornada, derrotada luego de veinte años de gobierno, entontando el himno nacional.

Mediante una llamada telefónica (televisada) a las 19:38 hrs. la presidenta “socialista” Michelle Bachelet reconocía el triunfo de la derecha y la solidez de la democracia chilena…

El fraude histórico de la Concertación: la derrota de la farsa

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa.”
(“El 18 brumario de Luis Bonaparte”, Karl Marx)

El 11 de Septiembre de 1973 el golpe de Estado ponía fin a la transición al socialismo. La vía pacífica era derrotada por la vía violenta del asesinato de miles de luchadores, de la proscripción de partidos y organizaciones sociales y sindicales, de la tortura y el exilio. La historia aparecía entonces como tragedia.

La contrarrevolución militar derrotaba el proceso revolucionario chileno derrocando al gobierno reformista de Salvador Allende. La tragedia de la vía chilena (pacífica) al socialismo llegaba a su fin por el callejón sin salida por el que el reformismo de la Unidad Popular (socialistas–comunistas) había llevado al movimiento de masas: entregándolo atado de pies y manos a las fauces de la burguesía reaccionaria nativa aliada con el imperialismo norteamericano.

Pero si como recuerda Marx, Hegel dice que los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos dos veces, siendo una vez la tragedia y la otra la farsa. En Chile, el fin a la transición al socialismo aparece como la tragedia del proceso revolucionario chileno en manos de la contrarrevolución militar; mientras el fin de la transición a la democracia como la farsa de un conglomerado que montándose sobre el movimiento de masas legitimó la obra de la contrarrevolución militar–empresarial.

Treinta y siete años después la historia parecía repetirse pero como farsa. No había aviones disparando misiles a la casa de la Moneda, ni tampoco tanques por las grandes alamedas para tomar el poder. Tampoco un movimiento obrero y popular que desbordara al gobierno. Sino, como dijo la presidenta “socialista” Bachelet, vía telefónica, al candidato de la derecha, fue la demostración de “la solidez de la democracia chilena”.

Aristóteles y los pensadores griegos clásicos pensaban que el principio de las cosas estaba determinado por su finalidad. Y si la finalidad de la Concertación fue continuar la liberalización de la economía que había iniciado el régimen militar y desmovilizar al movimiento popular, su principio no podía ser otro que el de legitimar las estructuras e instituciones del régimen militar en el plebiscito que convocara Pinochet en 1988.[[1]]

Luego del triunfo electoral de la derecha el Frente Amplio[[2]] declaraba que el triunfo de Piñera “ha sido la derrota de todas la fuerzas que luchan por la democracia y la justicia social, pero ante todo la de una política de la Concertación”.[[3]] En tanto Paul Walder consideraba que la Concertación, que se había presentado como “representante de la gobernabilidad, de la estabilidad política, de la armonía social”, había tenido “una política basada en los consensos con la derecha que ha derivado en una política acotada –expresada por el sistema binominal–, en acuerdos entre élites y en una fuerte exclusión de las demandas de la ciudadanía y de sus organizaciones sociales”.[[4]]

Mirá también:  Chile: Entre la rebelión, la maniobra constitucional y el refuerzo represivo

Desde el punto de vista histórico de la lucha de clases, la democracia en su forma burguesa fue tanto una conquista del movimiento de masas, como una concesión de la dictadura, y una trampa para la lucha contra la opresión capitalista.

Sin el factor de mediación que significó la Concertación y su retórica ideológica de la democracia en la lucha de clases nacional, se abre un nuevo ciclo político y el movimiento obrero y popular tiene la oportunidad y el desafío de iniciar un rumbo independiente de la política patronal de los consensos que se estableció entre los de arriba para asegurar la acumulación de capital.[[5]]

El triunfo de Piñera[[6]]: un cambio reaccionario en medio de la crisis de la economía capitalista

“Hemos seguido muy de cerca el caso de Obama. Muchas de sus promesas se hicieron antes de que se desatara la crisis económica. A poco de asumir, le cambió el mundo. Yo espero que a nosotros no nos cambie el mundo; al revés, espero que el mundo vaya mejorando. Porque nuestro proyecto de gobierno se basa en una estimación y proyección de la economía mundial, como es natural, y que hasta ahora se está dando muy bien”. (Presidente electo Sebastián Piñera, El Mercurio 24/01/2010)

Un informe de la Universidad de Chile estima que el desempleo en el Gran Santiago a fines de 2009 se encontraba sobre el 10%, siendo el sector de la construcción el más golpeado por la crisis capitalista con un 18,2%.[[7]] En tanto, la OIT estima que el número de desempleados en el mundo aumentó a 212 millones durante 2009. [[8]]

Lejos de la estimación y proyección de la economía mundial que el futuro gobierno espera “vaya mejorando”, recientemente un artículo señalaba que “casi al final de enero, organismos financieros internacionales, gobiernos y analistas del sistema capitalista continúan advirtiendo sobre desfasajes y desbalances en el proceso de recuperación de la economía mundial cuya salud se encuentra en ‘pronóstico reservado’.”[[9]]

Incluso uno de los representantes de la burguesía nacional, Eliodoro Matte, presidente de la Compañía  Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC), declaraba recientemente:

“Hace un año, nos encontrábamos en medio de la mayor crisis financiera de los últimos tiempos. Ha pasado el tiempo y la situación ha mejorado. Sin embargo, la economía mundial está lejos aún de volver a niveles normales. En gran medida, la mejoría que hemos observado se encuentra sustentada en masivos estímulos fiscales y monetarios.

“Algunos de los problemas que la originaron aún persisten. El desempleo en muchos países se encuentra en alza, o, en el mejor de los casos, estabilizado. Los fundamentos de la recuperación observada desde mediados de año son aún inestables.” (El Mercurio, 24/01/2010).

En ese sentido es necesario aclarar el rol que pueda jugar el gobierno en el contexto aún abierto por la crisis capitalista mundial. Pues, aunque programáticamente no haya diferencias significativas entre la saliente Concertación y el futuro gobierno de la derecha, el contexto es cualitativamente distinto. La Concertación gobernó durante veinte años en el marco de la caída del muro de Berlín, de la ideología del fin de la historia, y de un capitalismo que recuperaba su tasa de ganancia por la (re)incorporación del tercio del mundo dónde éste había sido expropiado, un contexto de crisis de subjetividad y de alternativa al capitalismo mundializado.[[10]] El gobierno de Piñera se situará en el ciclo histórico abierto por la crisis de la economía mundial (la más importante desde 1929), que le dará menos margen para el asistencialismo de Estado, las rebeliones populares en América Latina (Argentina, Bolivia, Venezuela, Ecuador), un contexto con mayor polarización social y sin el factor de mediación que fue la Concertación.

Una alternativa independiente para enfrentar el “ariete” del gobierno y la patronal

En su discurso como presidente electo, Piñera señaló que hará “un gobierno de unidad nacional que construirá puentes de encuentro y derribará los muros de división”, que “como decía Vicente Huidobro, para lograr estos objetivos necesitamos un alma y un ariete.[[11]] Un ariete para destruir y un alma para construir”.[[12]] Esa parece ser la retórica del giro reaccionario que tendrá para con las demandas obreras y populares.

Un barómetro del “ariete” del próximo gobierno será el ajuste que querrá imponer en el Estado y en Codelco (Corporación Nacional del Cobre). Un Estado con “menos grasa y más músculo”, y un Codelco que reduzca sus “costos de producción”, están en la mira del nuevo presidente. Los trabajadores de ambos sectores ya se preparan para enfrentar la primera pulseada del gobierno de imponer un mayor grado de explotación.[[13]]

Mirá también:  Un voto de desconfianza

Se abre entonces un ciclo de luchas en condiciones más duras, con un gobierno que no dará su brazo a torcer ante las demandas obreras y populares y que cerrará filas con la patronal tras la consigna de la “unidad nacional” para imponer el “ariete” de un mayor grado de explotación. Sin embargo, ya no pesarán del mismo modo los amarres ideológicos de la Concertación que de manera directa o indirecta contenían a ciertos sectores del movimiento obrero y popular a ir más allá…

Es por eso que de cara a las nuevas luchas sociales y políticas por venir es necesario levantar una alternativa independiente tanto de la política patronal de los consensos que seguirá entre la Concertación y el gobierno, como de la burocracia sindical de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) que buscará negociar posando de combativa. Un partido de los trabajadores que luche por un nuevo movimiento obrero independiente, clasista y anti–burocrático, y combata los fantasmas de las dos últimas transiciones: la trágica y la farsante.

Por Nicolás Mestre
Desde Chile
Para Socialismo o Barbarie, 27/01/10

[1] Por más que, posteriormente, los concertacionistas se hayan quejado de los enclaves autoritarios de la Constitución de 1980, fueron ellos quienes la legitimaron, pues ésta in sensu stricto entró en vigor en 1990.

[2] Un punto aparte merece el triste papel del reformismo de izquierda del Partido Comunista que al día siguiente de la primera vuelta presidencial (13/12/2010) conformó un Comando Frei para “detener a la derecha”, obviando la responsabilidad del gobierno durante veinte años…

[3] Frente Amplio: Piñera “no augura buenos tiempos”. La Nación 25/01/2010.

[4] “Del Neoliberalismo encubierto al libre mercado desatado”, Paul Walder. Punto Final 22/01/2010.

[5] El modelo económico que la Concertación a denominado “economía social de mercado”, no es sino un neo–liberalismo con un Estado asistencialista moderado.

[6] Sebastián Piñera Echeñique un multimillonario que inició su actividad empresarial ingresando el sistema de tarjetas de crédito en Chile, y que actualmente posee un canal de televisión (Chilevisión), una aerolínea (LanChile), y un equipo de futbol (Colo–Colo), asumirá el mandato presidencial en marzo de este año, apoyado por la Unión Demócrata Independiente (UDI), partido fundado por Jaime Guzmán ideólogo del régimen militar que redactó la Constitución de 1980 que dio el marco para el bipartidismo sui generis del sistema electoral binominal, y por Renovación Nacional (RN), del cual él forma parte.

[7] Desempleo en el Gran Santiago sube y cierra en 10,8% el 2009. El Mercurio, 26/01/2010. El desempleo también afecta a un 18,7% de los jóvenes entre 20 y 24 años. La Nación, 27/01/2010.

[8] OIT: 2009 marcó un récord de desempleados en el mundo. El Mercurio, 26/01/2010.

[9] “¿Vuelve la crisis?: advertencias de especialistas y autoridades mundiales – La economía no arranca”, por Manuel Freytas, IAR Noticias, 20/01/10

[10] Gabriel Salazar, planteaba en los noventa que en Chile el conflicto social se encontraba subjetivado, mientras en los setenta y ochenta estaba objetivado en la lucha social y política en las calles. Historia Contemporánea de Chile, tomo I. LOM Ediciones. Santiago, 1999.

[11] Ariete: Máquina militar que se empleaba antiguamente para batir murallas, consistente en una viga larga y muy pesada, uno de cuyos extremos estaba reforzado con una pieza de hierro o bronce, labrada, por lo común, en forma de cabeza de carnero. RAE.

[12] En una entrevista el presidente electo comenta como vivió el triunfo en su fuero interno: «y fue muy curioso, porque mientras el senador Frei hablaba sobre el escenario, yo lo escuchaba con una oreja y con la otra el diálogo de dos nietos míos. La Esperanza le decía a León: ‘Esto va a ser el descueve, porque en La Moneda hay un Patio de los Naranjos, así que vamos a poder tomar jugo de naranja todos los días’. Y León le decía: ¡No! mucho más entretenido que eso; es que hay un Patio de los Cañones y vamos a poder jugar a la guerra'». El Mercurio, 24/01/2010.

[13] Ya, en la semana postelectoral, ha habido una polémica entre la patronal organizada en la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC) que señaló que en este gobierno “podrán avanzar en la reducción del salario mínimo” (que ronda los 300 dólares), y la burocracia de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) que junto a la Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF) llaman a formar un gran frente para defender el “trabajo decente” (trabajo miserable). La Nación, 26/01/2010.

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