Este miércoles (11), José Antonio Kast asumió formalmente la presidencia de Chile. Recordemos que se impuso con un 58,2% de los votos emitidos en el balotaje realizado el pasado 14 de diciembre, superando holgadamente el 41,8% que recibió la “comunista” Jeannette Jara.
Por otra parte, comenzara su mandato con un escenario internacional basante convulso por la guerra en Irán, un conflicto que inició Donald Trump en alianza con Netanyahu, dos figuras de la extrema derecha internacional con las cuales el chileno se identifica y alinea.
El “nazi de Paine” que gobernará en La Moneda
José Antonio Kast tiene 60 años, es abogado de profesión y cuenta con un largo historial como político orgánico de la burguesía chilena. Es conocido como el “nazi de Paine”, en referencia al lugar donde se asentó su familia de origen alemana, así como al hecho de que su padre fue miembro del Partido Nazi.
Desde inicios de los años noventa se sumó a la Unión Democrática Independiente (UDI), un partido conservador y neoliberal fundado por Jaime Guzmán, colaborador de la dictadura de Pinochet y que además fue unos de los artífices de la constitución de 1980.
Con la UDI desarrolló gran parte de su carrera política. Comenzó como dirigente juvenil, luego fue concejal en Bulin y, posteriormente, se desempeño como diputado por cuatro períodos consecutivos. Los relatos de la época lo retratan como una figura disciplinada, con un perfil político conservador y con mucho arraigo político en su territorio.
Por otra parte, desde mediados de la década pasada comenzó a distanciar de la derecha tradicional y, por tal motivo, en 2016 rompió con la UDI y comenzó a hacer su propio camino. Así, Kast pasó del conservadurismo neoliberal a defender posiciones de extrema derecha, algo que se acentuó tras el estallido de la rebelión popular de 2019, ante la cual se posicionó como el político de la contra-rebelión. De hecho, fue en ese mismo año que fundó el Partido Republicano.
En el campo de la extrema derecha internacional, sostiene relaciones con el clan Bolsonaro en Brasil y con sectores de la extrema derecha europea, como es el caso de Vox en España.
En la campaña de 2021 se transformó en el fenómeno electoral de la derecha, pues ganó la primera ronda con un discurso contra los inmigrantes y pregonando la mano dura contra la delincuencia común. Además, declaró que “si Pinochet estuviera vivo, votaría por mí”, con lo cual dejó en claro que sostenía una relación más abierta con el pasado de la dictadura.
En la última campaña electoral, asumió un perfil de derecha menos radical. Es decir, se moderó un poco discursivamente y adoptó un perfil más conservador, dejando de lado banderas de la extrema derecha internacional, principalmente en lo que atañe a la llamada “batalla cultural”.
Lo anterior no significa que fuera menos reaccionario. Por el contrario, optó por apelar a la xenofobia como motor de su campaña, responsabilizando a los inmigrantes de los problemas de inseguridad; además, prometió ejecutar un ajuste de 6 mil millones de dólares del presupuesto fiscal, lo cual solo será factible de realizar atacando brutalmente las condiciones de vida de la clase trabajadora.
Un inicio de gobierno lleno de incertidumbre
Aunque obtuvo una amplia votación, todos los analistas coinciden en señalar que Kast capitalizó el voto castigo al gobierno de Boric y en procura de una posible solución ante los problemas del país. Es decir, el 58,2% con que ganó el republicano no representa una base electoral de extrema derecha, sino un voto pragmático y coyuntural.
Esta contradicción abre un campo de posibilidades para construir la resistencia, pues el ajuste que va implementar será caldo de cultivo del malestar de las masas que, sin duda alguna, sufrirán en carne propia las consecuencias de dicho ajuste (ver el caso de la Argentina de Milei).
Además, su gobierno comienza en una coyuntura bastante compleja y llena de incertidumbres, principalmente por el escenario internacional que se abrió con la guerra en Irán. Chile es uno de los países de América Latina que más petróleo importa, por lo cual figura como uno de los más vulnerables –junto con la India, Europa Central y Oriental- en caso de un shock petrolero.
Aunado a lo anterior, Kast tenía expectativas de 4000 millones de dólares adicionales por el aumento del precio del cobre, pero tras el estallido de conflicto en Medio Oriente los precios de este mineral cayeron un 8% (con relación al máximo que alcanzó).
Así, el gobierno de extrema derecha de Kast comenzará su mandato con un monton de promesas electorales por cumplir, pero con muchas más incertidumbres sobre sus posibilidades materiales de lograrlo, en gran medida por el accionar errático e irresponsable de Trump. Una contradicción para el presidente chileno que, hasta ahora, se mostró como un dócil peón del magnate de la Casa Blanca.




