Cena de la Fundación Libertad, un cónclave reaccionario y antipopular

Una reunión de parásitos que viven del trabajo ajeno. Discuten con qué estrategia hacer crecer sus negocios, todo adornado de palabras lindas como "libertad", "confianza" y "prosperidad".

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Se realizó la cena anual de la Fundación Libertad, un evento que reúne a los principales empresarios del «círculo rojo» y a los políticos que buscan cotejarlos, cada uno intentando mostrarse como los más adecuados para llevar adelante el programa de neoliberalismo salvaje que engloban detrás de palabras como «libertad» y «prosperidad».

Fue un verdadero zoológico que contó con el mérito de haber reunido a cientos de personas de las cuales ninguna de ellas puede decir que alguna vez supo lo que es trabajar o vivir de un salario. Si se observa a los asistentes, se puede deducir que fue casi un requisito para ingresar no saber cómo tomarse un transporte público.

Eso no desanimó a los principales oradores a emitir sus verdades reveladas sobre qué hay que hacer para sacar al país de su «decadencia», de la cual ellos mismos parecen no anoticiarse del protagonismo estelar que tienen en ella.

Qué mejor testimonio de ello que mirar a los invitados más resonantes. Los principales oradores fueron Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, el expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti y el escritor Mario Vargas Llosa, que no se priva de decir ‘presente’ en cuanta reunión de garcas y millonarios haya.

También hubo otros grandes referentes que con su sola presencia expresaron la juventud y la vivacidad de las ideas de la «libertad», como Ricardo López Murphy, Elisa Carrió, Fernando Iglesias, Diego Santilli, casi todo el gabinete del fracasado gobierno de Macri, José Luis Espert, Pampita, el marido de Pampita, el ex bailarín Maximiliano Guerra y hasta Mirtha Legrand.

A todas estas personalidades destacadas hay que sumarles los que eran los verdaderos organizadores y oyentes del evento, el famoso «círculo rojo» que reúne a los más importantes empresarios del país. Los políticos desfilaron frente a ellos como en una especie de casting en el que se elije quien va a representar de la manera más arrastrada sus deseos.

Como se ve, la Fundación Libertad no parece comulgar mucho con la pluralidad de ideas, porque fue de hecho una especie de congreso del Pro. Todo el «intercambio de ideas» se limitó a las internas de la coalición opositora.

El encargado de abrir el evento fue Larreta. Recurrió como siempre a sus discursos que apelan al «diálogo» y a los «consensos». Pero con la particularidad de que esta vez cuantificó hasta donde llegan los acuerdos que él promovería en caso de llegar al Poder: según el Jefe de Gobierno, su gobierno reuniría «al 70% de los espacios políticos y del electorado». Eso sí, se preocupó por aclarar que los que sí o sí se quedarán afuera del armado serán «el kirchnerismo y la izquierda». Toda una declaración de principios del verdadero contenido del discurso «conciliador» de la supuesta ala «moderada» de Juntos por el Cambio.

Luego de su discurso, como quien no se siente a gusto y quiere irse, Larreta pidió disculpas por no poder quedarse a escuchar a los demás oradores y se fue al cumpleaños de su madre, según él mismo contó. Mientras Larreta huyó para resguardarse bajo el manto del amor maternal, los «halcones» aprovecharon para levantar vuelo y le imprimieron la tónica al resto del evento.

La actuación estelar estuvo a cargo de un conversatorio moderado por Vargas Llosa, y cuyos panelistas eran Julio María Sanguinetti y Mauricio Macri. Es decir: dos profusos escritores y ávidos lectores, y Macri.

Vargas Llosa comenzó la charla con una pregunta para sus interlocutores: «¿Qué le dirían a los jóvenes latinoamericanos desesperanzados de sus países?». Las respuestas fueron las ya tradicionales, sacadas del manual de estilo del neoliberalismo del subdesarrollo: «hay que mirar hacia el mundo», «el país tiene que generar confianza para atraer inversiones», «el problema es el populismo» y toda la misma sarta de estupideces y eufemismos de siempre para promover el neoliberalismo rampante. Mientras tanto, los jóvenes a los que se aludió en la pregunta, sufren la precarización laboral que ellos mismos toman como modelo a seguir y profundizar.

En ese sentido, hubo espacios para el reclamo de que hacen falta «reformas estructurales». Macri eligió hacerlo haciendo un llamado a la «incorrección política» y a «hacer lo que hay que hacer». Se trató de un intento de marcar el contraste con el discurso «conciliador» de Larreta hacia una posición más dura, mientras se intenta construir un perfil de «outsider» que evite la fuga de votos hacia Milei.

No hubo ni una idea destacable, ni novedosa, mucho menos interesante, que no haya sido un lugar común expresado ya mil veces por el personal político neoliberal empleado de los grandes capitalistas. Fue un evento en donde la plana mayor del Pro quiso mostrar capacidad y personalidad para hacer los ajustes estructurales que exige la gran burguesía, con cada una de las dos «alas» intentando convencerla de que son los más adecuados para esa tarea.

No hay mucho más análisis que ese: una reunión de parásitos que viven del trabajo ajeno que discuten con qué estrategia pueden acrecentar aun más sus negocios apretando más el torniquete de la explotación capitalista, todo eso adornado de palabras lindas como «libertad», «confianza» y «prosperidad». Una runfla de explotadores, mentirosos, garcas y vagos que hay que sacarse de encima para que el país ofrezca un futuro para las grandes mayorías.

Si llegaste hasta acá es porque valorás que, entre tantos medios que defienden intereses capitalistas, exista un portal de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

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