Carta Orgánica del Banco Central: una reforma a la medida del FMI

Artículo con edición, aportes y agregados de Federico Dertaube.

Este jueves (30) Milei transmitirá un mensaje en cadena nacional para presentar públicamente el proyecto de Reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. Se trata de una de las iniciativas legislativas centrales del oficialismo para el segundo semestre del año, junto a la Reforma Electoral y el nefasto proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que se trataría el próximo jueves 6 de agosto en el Senado.

El proyecto (todavía sin texto oficial) fue anticipado por el gobierno hace varias semanas, y defendido públicamente por el novel vocero oficial Adrián Ravier. La cadena nacional de este jueves responde a la necesidad de darle volumen político a la medida, en el intento del gobierno por marcar la iniciativa en la escena política post – mundial.

Por la génesis del proyecto político libertario, podría pensarse que Milei intenta revitalizarse en su zona de confort: las (contra)reformas económicas justificadas con el fantasma de la hiper-inflación. No casualmente, la alocución de Milei este jueves llegará inmediatamente después de la visita de la titular del FMI, Kristalina Georgieva, al país. En su breve paso por la Argentina, la cabeza del organismo de usura imperialista respaldó al mileísmo y sentó, explícitamente, su apoyo al proyecto de Reforma de la Carta orgánica del Banco Central.

Aún así, el proyecto nace rodeado de polémica. No sólo porque su contenido es económicamente regresivo y socialmente reaccionario, sino porque las modificaciones formales que introduciría no cuadran con la realidad de estos casi tres años de gestión económica mileísta. Al mismo tiempo, la incógnita de dónde quedaron los ánimos sociales luego de un impasse mundialista altamente politizado impide anticipar cuáles serán la coordenadas del tratamiento legislativo. Por lo pronto, las encuestas señalan una nueva caída de la imagen pública de Milei. Y queda por verse la respuesta social a un proyecto netamente proimperialista y reprimarizador como el de Inviolabilidad de la Propiedad Privada.

La reforma del BCRA y fin del dogma económico libertario

La intención del proyecto oficialista es modificar el artículo de la Carta Orgánica, que define las funciones y competencias del Banco Central. La última reforma fue realizada en 2012, durante el gobierno de Cristina Kirchner que tenía al frente del Central a Mercedes Marcó del Pont. Desde ese año, la Carta Orgánica define como objetivos del BCRA el cuidado de “la estabilidad monetaria y financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”.

El objetivo de Milei es recortar dichos objetivos, reduciéndolos meramente al control de la “estabilidad cambiaria” y “la lucha contra la inflación”. En consecuencia, la reforma restringiría la posibilidad de que el Central financie al Tesoro, eliminando la posibilidad de adelantos transitorios, limitando la utilización de letras intransferibles e imponiendo más restricciones la distribución de utilidades. La justificación del oficialismo es que, desde el kirchnerismo, el BCRA se habría utilizado para financiar el gasto público con fines “políticos” a través de la emisión de pesos, dando por resultado una mayor inflación.

Así, los objetivos formales y legales del Banco Central serían los dictados por la doctrina de la ortodoxia neoliberal, en vez de la profesión de fe keynesiana de su carta orgánica actual. Milei abandona definitivamente el dogma «libertario» austríaco de que los bancos centrales deben ser eliminados.

El diagnóstico del mileísmo es que la inflación en Argentina se debe al financiamiento del déficit fiscal con préstamos del Central, sostenidos con emisión. El dogma que repiten es que (en palabras de Milton Friedman) “la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”. Es una verdad obvia que oculta una mentira. ¿Qué otra cosa podría ser la pérdida de valor del dinero que no sea un «fenómeno monetario»? Lo que en realidad están queriendo decir es que la inflación se debe únicamente a la emisión de nuevos pesos sin respaldo. Esta idea es, justamente, un dogma: una formulación técnica falaz, probadamente errónea, que determinados actores y analistas capitalistas repiten como un hecho de la realidad para intentar justificar sus intenciones políticas anti – populares.

El gobierno, entonces, pretende prohibir que el Banco Central pueda financiar directamente el déficit del gobierno con emisión, creando nuevos pesos para financiar los gastos corrientes. Es una prohibición que sostienen la mayoría de los bancos centrales del mundo desde hace décadas (como Francia) o desde siempre (como Estados Unidos).

Sin embargo, no es cierto que las principales economías del mundo no financien sus déficits con emisión de sus bancos centrales. Lo hacen indirectamente: el Tesoro del gobierno emite deuda, los bancos comerciales la compran sabiendo que el banco central va a intervenir y rápidamente el banco central interviene, comprando esa deuda con emisión. La diferencia es que la compra de bonos de deuda del banco central de manera directa es con tasas de interés y precios de los bonos puestos por el Estado, mientras que la compra indirecta es con intereses y cotización de bonos que pasaron por el mercado.

Ejemplos importantes de financiamiento indirecto de los déficits fiscales con emisión de los bancos centrales son la política de Quantitive Easing de la Reserva Federal de Estados Unidos tras la crisis del 2008 y toda la política monetaria del Banco de Japón desde principios de los 90′.

Cuando la nueva Carta Orgánica del Banco Central prohíbe el financiamiento directo del déficit, abre las puertas al financiamiento indirecto del déficit como en Estados Unidos, Europa o Japón. Y lo que el dogma de Milton Friedman criticaba como inflacionario no era solamente el financiamiento directo del déficit fiscal sino sobre todo el indirecto, porque esa era la política en boga en su época.

La inflación crónica que asedia a la economía argentina no responde, ni principal ni únicamente, a la expansión de la base monetaria. Los números están a la vista: la inflación en los años de CFK de la época de la reforma kirchnerista del BCRA, con financiamiento directo del déficit, era alta, pero era más baja que la inflación de la era Milei, que efectivamente eliminó el financiamiento directo del déficit.

La razón de fondo de la inflación argentina es la suma del desarrollo desigual y atrasado de la economía nacional (en relación a los estándares internacionales y las economías más desarrolladas) y las relaciones de fuerza entre las clases sociales. La inflación remite, en última instancia, a las particularidades de la burguesía argentina (falta de inversión, parasitismo, atesoramiento absoluto y fuga de capitales) y de un país insertado de forma cada vez más dependiente en el mercado internacional, dando como resultado una economía bi monetaria. 

La razón de fondo de la inflación es una serie de problemas estructurales de la formación económico – social argentina, no de la mera emisión, que el proyecto mileísta no tiende a resolver ni atenuar sino a agudizar brutalmente. El “programa” económico de Milei y Caputo es una receta perfecta para criar burgueses parásitos, atesoradores y fugadores de capitales. No hay reforma técnica que pueda resolver la cuestión inflacionaria sin tocar esos problemas de fondo.

La “autonomía” del Central

El dogma liberal que viene a consagrar la reforma de la Carta orgánica del BCRA es que el banco central y el gobierno deben únicamente asegurar las condiciones para las tomas de decisiones económicas. Que no deben, bajo ningún punto de vista, tomar decisiones soberanas o de desarrollo. La «autonomía» de los bancos centrales es parte de la doctrina de que los empresarios son los únicos que deben tomar decisiones de desarrollo e inversión a largo plazo. Claro que ninguna gran potencia, aún aceptando la «independencia» formal de su banco central, ha dejado de intervenir de manera directa y consciente en sus decisiones estratégicas a través del Estado. Sin excepción.

En esta línea, el proyecto de reforma endurece las condiciones para remover a las autoridades del organismo. La idea sería dificultar el “control político” de la gestión monetaria por parte del Ejecutivo. Una vez más, la discusión está planteada falazmente. El discurso pro autonomía del mileísmo choca con lo que ha sido su gestión monetaria durante los últimos dos años y medio.

La Carta Orgánica del BCRA ya prevé mandatos de 6 años para el Directorio del organismo, imponiendo un desfasaje entre los mandatos del organismo y los del gobierno nacional. Aún así, Milei optó por desplazar a las autoridades anteriores. Posicionó al frente del Central a Santiago Bausili, un apoderado de Luis Caputo.

El dogma mileísta plantea la emisión monetaria como problema en abstracto, pero sólo en los primeros meses de este año la gestión Bausili emitió $15,5 billones “para comprar reservas”. En resumen, con Milei el BCRA ni es autónomo ni dejó de emitir, aunque no lo haya hecho para financiar de manera directa al Tesoro.

Tampoco es cierto que los países con bancos centrales más autónomos no emitan o tengan como única función la estabilidad cambiaria o el control de la inflación. La FED estadounidense, por ejemplo, tiene entre sus funciones institucionalizadas la necesidad de “promover la maximización del empleo”. En todo caso, ni el problema inflacionario crónico ni el problema cambiario pueden resolverse técnicamente si no cambian las coordenadas económicas estructurales que las originan. El poblema de la economía argentina es que necesita para funcionar más dólares que los que puede ingresar.

La autonomía de los centrales no tiene ninguna traducción necesaria en beneficios para la población trabajadora. Basta ver los casos ejemplares que el mileísmo toma como referencia para justificar el plan de reforma. “La semana pasada, el vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, expuso en una presentación en Córdoba los detalles del plan de estabilización llevado a cabo por Perú en 1990, ya que ‘resulta de interés para Argentina por la similitud de su punto de partida y su marco bimonetario, y el éxito del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) en aumentar reservas’”.

Vale recordar que el “plan de estabilización” al que se refiere Wernig es el nefasto Fujishock de Alberto Fujimori, quien dos años después dio un autogolpe de Estado en Perú. Esa es la vara en la que se mide el mileísmo. 30 años después de la “estabilización”, Perú es un país con al menos un tercio de su población bajo la línea de pobreza (en algunas mediciones llegando al 40% y en zonas rurales hasta el 70%), con una economía basada en el extractivismo y la concentración. Por no mencionar la interminable crisis política que atraviesa al pais y que se expresa en estallidos periódicos.

La emisión, las reservas y el Fondo: la crisis de deuda en el horizonte

Más allá de las contradicciones entre el discurso y las acciones de la gestión mileísta, es claro que legislar el no financiamiento del Tesoro marcha en el sentido de fortalecer el ajuste fiscal. No se trata tanto de frenar la emisión: el gobierno necesita seguir emitendo para comprar reservas y garantizar los pagos de la deuda al FMI. En el 2027, año electoral, el gobierno deberá desembolsar unos 7.500 millones de dólares al Fondo. El total de los vencimientos de deuda para el año próximo alcanza los USD 25.000 millones.

Esto teniendo en cuenta, además, que la Argentina sigue sin tener a la vista la vuelta a los mercados de crédito internacional. El año pasado, ese había sido uno de los objetivos fijados en el acuerdo con el Fondo para el 2027. Por no mencionar que el año próximo será, necesariamente, uno de fortalecimiento de la demanda de dólares para atesoramiento, como todos los años electorales en la Argentina.

¿Cómo garantizará los pagos el gobierno? En primer lugar, con mayor emisión de deuda. El propio Luis Caputo dijo abiertamente que renovará las colocaciones de deuda en dólares para sorber unos 5.000 millones del mercado. Lo cierto es que se acumula la presión hacia un mayor endeudamiento. Y una reforma del BCRA como la que propone Milei lo acentuaría. Eliminado el financiamiento vía Central, la vía alternativa para financiar al Tesoro es a través de nueva deuda.

Pero el número está muy lejos del objetivo total. La distancia hizo que ya comiencen las previsiones de una eventual nueva negociación del plan de pago con el FMI. Por lo pronto, la propia Kristalina Georgieva se ocupó de señalar que Argentina “no necesitará más asistencia financiera”, anticipando que no pretende hacer nuevos desembolsos para paliar la sequía de reservas. La reforma del BCRA es un pedido expreso del FMI y no es inocente. La intención es sancionar mecanismos legales (es decir, no sólo discrecionales) para generar alguna garantía de que se coneguirán las reservas necesarias para pagarle al Fondo el año que viene. ¿Por qué hacen falta mecanismos legales, si Milei es infinitamente genuflexo al Fondo y al imperialismo yanqui? Básicamente, para sancionar los intereses del Fondo aún si Milei no consigue la reelección.

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