¿Cínicos o imbéciles?

Caputo, Milei y las prepagas: «libertarios» descubren el «libre mercado»

En una de las situaciones más insólitas desde que llegó a la presidencia, el gobierno de Javier Milei se embarcó en una pelea contra las empresas de medicina prepaga por los aumentos desmedidos de sus cuotas. La "actualización" de precios pudo darse gracias al DNU 70/2023 que desreguló los precios del sector. Es decir, fue habilitada por el propio gobierno.

La cúspide del absurdo y la caradurez la dio el Ministro de Economía, Luis Caputo, a través de su cuenta de X, en la que expresó que «las prepagas le declararon la guerra a la clase media», y escenificando indignación manifestó que «vamos a hacer todo lo posible para defender a la clase media».

Sólo hay dos posibles interpretaciones de esta escena surrealista (otra más) de la política argentina: o bien el gobierno nos toma de completos idiotas, o ellos mismos se están anoticiando ahora de cómo funciona el «libre mercado», no en los libros marginales de la teoría austríaca, sino en el capitalismo real.

Sólo en los primeros cuatro meses del año las cuotas de las prepagas aumentaron entre un 135% y un 165%, llegando a valores impagables para muchas familias. Sin temor aparente a ser barridos por la libre competencia (sic) en enero las cuotas de las principales empresas dieron un salto del 40%, en febrero casi 30%, en marzo de otro 23% y en el actual mes de abril alrededor del 19%. Ya avisaron que está previsto otro aumento de cerca del 10% para mayo.

El «enojo» de Caputo con las empresas estaría en que «se les fue la mano con los aumentos», tal como expresó en una entrevista concedida al canal TN. Pero, ¿En qué quedamos? ¿El mercado debe regularse sólo o el gobierno debe intervenir? ¿Qué esperaba el gobierno que pase cuando desreguló por completo la medicina prepaga con su mega DNU?

Si realmente esperaban que la «libre competencia» beneficie a los afiliados, denotan una estupidez aun mayor de la que ya sabíamos que gozaban. Si lo sabían y ahora solamente actúan una falsa «indignación» para intentar evitar la bronca de un sector que lo votó especialmente (de ahí las referencias a la «clase media»), son simplemente cínicos.

Lejos de las ridículas teorías económicas libertarias suscritas por Milei, según la cual cualquiera puede armar una empresa de gaseosas y competirle a Coca-Cola, el capitalismo (el del mundo real) es el imperio del gran capital. No es el mundo ideal de la libre competencia de la que saldrían beneficiados los usuarios y consumidores.

Si a esta verdad económica e histórica sobre la configuración del capital la aplicamos, encima, a una prestación básica y elemental como es la salud, en este caso privatizada, la tendencia a la concentración y la cartelización sólo se profundiza.

En efecto, y para sorpresa de nadie con dos dedos de frente, tras la desregulación habilitada por el gobierno las empresas de medicina prepaga prefirieron sentarse y acordar aumentos en común antes que «competir». Desde el punto de vista del estricto cálculo económico -que según Milei es el único ordenador social legítimo- su conducta es irreprochable. Claro que desde el punto de vista de la necesidad humana, social, de acceso a un derecho básico como la salud, es un liso y llano ataque gravísimo al derecho a la salud, una canallada que ataca aun más a las condiciones de vida de millones.

La lógica del capital a la que le rinde culto Milei no tiene piedad, y no le importa si millones no tienen acceso a atención médica o medicamentos si no la pueden pagar. Un tweet «enojado» del mismo ministro que habilitó los aumentos no va a cambiar esa cruda verdad si no va acompañada de alguna medida para contrarrestarla. Caputo twittea para la tribuna mientras aplica el ajuste, de la cual el DNU es una pata fundamental.

Bastaron solo unos pocos meses para que «el primer gobierno liberal-libertario de la historia» (tal como lo autodenomina Milei) pruebe una dosis de su propia medicina. No bajaron los impuestos sino que los subieron, aunque todavía Milei no se cortó un brazo, como él mismo había prometido hacer si eso ocurría. La tan repetida meta del «superávit fiscal» no llega porque el feroz ajuste hace caer la recaudación, lo que lleva al país a un círculo vicioso de ajuste permanente. La mentira libertaria ya había quedado burdamente desarmada también cuando el gobierno confirmó que no homologaría acuerdos paritarios por encima de la inflación, es decir, que el Estado intervendría en un «acuerdo entre privados» para garantizar el ajuste y los salarios de miseria. Los «libertarios» liberaron todos los precios menos los salarios, revelando una vez más que lejos de ser promotores de la «libertad económica» sólo son burdos agentes a sueldo de la clase empresaria para imponer condiciones de miseria y semi esclavitud a la población trabajadora.

Todo el verso de la «libertad» y el «libre mercado» repetido hasta el hartazgo por Milei es y siempre fue una estafa.

Un derecho elemental como la salud no puede estar subsumida a la insaciable sed de lucro del capital. La salud debe estar organizada en un sistema único, público y universal de calidad, financiado con fuertes impuestos progresivos a las ganancias de las grandes empresas. No hay otro camino para garantizar derechos que afectar al capital.

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