Nuevos medios, viejas prácticas patronales

Blender: streaming y precarización

Los trabajadores del canal comenzaron un reclamo salarial, exigiendo el cumplimiento de una serie de aumentos que no fueron respetados. Los despidos  abrieron una serie de interrogantes sobre la financiación de estos nuevos medios y quiénes se dejan las ganancias del negocio. 

Todo comenzó el miércoles 24 de junio, cuando los trabajadores denunciaron el despido de equipos técnicos completos, luego de hacer un reclamo vinculado con sus salarios. Al otro día, el jueves 25 de junio, Fiorella Sargentti, interrumpió sorpresivamente la emisión de su programa, para visibilizar las desvinculaciones y solidarizarse con sus compañeros y compañeras. La conductora aseguró: “Hay guardias esperándonos afuera”.

El viernes 26, la empresa registró como propios algunos términos creados entre 2022 y 2023 por la comunidad del Streamer Tomás Rebord. El domingo siguiente, Rebord rompió el silencio y denunció desde Estados Unidos un “Superataque” al contar que todo su equipo también fue despedido, por lo cual el lunes 29 no pudo salir al aire. Lo llamativo de esta terrible situación, es que el dueño de Blender, Augusto Marini, es un empresario que parecería atravesar un muy buen momento económico y, al mismo tiempo, adquiere nuevos medios y negocios que solo engordan su bolsillo.

Este caso no es aislado. En el mundo del streaming las cosas no son fáciles, solo basta con indagar un poco para conocer la enorme precarización que existe. Hay canales que surgen con grandes figuras al frente, pero por detrás los contratos son basura. La infraestructura que se monta, nos da la pauta de que invierten grandes sumas y que sus equipos de trabajo tendrán estabilidad. Pero en la mayoría de los casos, estos medios son vaciados de un día para el otro, tal como lo vimos en Blender, dejando sin nada a los trabajadores, mientras que los dueños eligen hacer otros negocios, solo priorizando sus ganancias.

¿Quién es Augusto Marini?

Augusto Marini es un empresario argentino y fundador de Cale Group, un holding con inversiones en infraestructura, energía, salud, transporte ferroviario, agroindustria y medios de comunicación. En 2025 se convirtió en el accionista mayoritario de Blender y Carajo, dos de los principales canales de streaming del país, con líneas editoriales y audiencias marcadamente contrapuestas.

En los últimos años, su figura ganó visibilidad por la expansión de sus negocios en sectores estratégicos y por su creciente presencia en el mercado de los medios. También quedó en el centro de la atención pública por sus vínculos empresariales con contrataciones estatales y licitaciones en áreas como el transporte ferroviario y los medios públicos.

Sus negocios con el Estado ¿Capitalismo amigo?

Recientemente, se conoció que Motora Argentina SA, empresa que pertenece al Holding en que es accionista Marini, se quedó con un contrato millonario con el Estado nacional, por US$ 3.8 millones para proveer de repuestos de locomotoras y coches ferroviarios. Esta compulsa fue amparada por la emergencia decretada en el área, luego del choque de la Línea San Martín en 2024. Si bien hubo otras propuestas, fueron desestimadas por la gestión libertaria.

Por otra parte, en los últimos días, el jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, quien lleva adelante un proceso de privatización de los medios públicos, le pre-adjudicó la concesión del Canal de la Ciudad a Cale Group SA por 5 años. Por dicha gestión Marini pagará un total de $3.000 millones, un canon mensual de $50 millones. La otra firma que también competía, para tener una dimensión, ofrecía un canon mensual de $15 millones por mes, menos del 50% de lo que ofrecía la empresa seleccionada.

En este apartado, no se puede dejar de mencionar la relación de Marini con el caudillo provincial y ex gobernador de Misiones, Carlos Eduardo Rovira y su hijo Ramiro, un vínculo que comenzó en la ciudad balnearia uruguaya de Punta del Este y que siguió con un negocio millonario relacionado con una empresa de telemedicina, perteneciente al joven empresario y utilizada por el sistema de salud provincial, llamada AlegraMed. Un contrato que comenzó en 2020 y que tiene un pedido de informes para que el gobierno misionero explique su contratación. El expediente fue cajoneado recientemente en la cámara de representantes de la provincia de Misiones.

De acuerdo con la información conocida sobre el contrato, AlegraMed fue financiada a través de la Fundación Parque de la Salud bajo un esquema de pagos cercano a los US$ 9 por cada usuario registrado. Sobre una base estimada de 350.000 personas inscritas, el convenio habría significado un desembolso superior a los US$ 3 millones de recursos públicos. Aunque la aplicación registra entre 60.000 y 100.000 usuarios activos mensuales, el mecanismo de contratación se calculó sobre el total de personas registradas.

En ese contexto también aparece mencionado Ramiro Rovira, hijo del exgobernador misionero Carlos Rovira. Distintas versiones que circulan en el ámbito político provincial sostienen que fue él quien retomó una propuesta de telemedicina que, originalmente, había sido presentada por otra emprendedora del sector y convocó a Marini para desarrollarla a través de Cale Group. Si bien esa reconstrucción forma parte de versiones difundidas en los pasillos del poder misionero y no de una confirmación oficial, refuerza los interrogantes sobre el vínculo entre ambos empresarios y el acceso de la firma a un millonario contrato financiado con fondos públicos.

Mientras los empresarios se llenan los bolsillos ¿Qué rumbo tendrán los trabajadores?

Si hay algo que está claro, es que la nueva era digital trae consigo más precarización: Productores haciendo doble turno, Community managers editando y publicando en más de 10 redes a la vez, además de cumplir con roles como asistente de producción, recepción de invitados. En fin, los roles no se cumplen como tal, mientras las caras visibles (conocidos como talentos en el rubro) se llevan algunas migajas más que el resto, los que sí amasan grandes fortunas y hacen negocios impensados, son los dueños.

En los medios tradicionales la situación no es muy distante, pues pasan cosas similares, pero queda algo importante: hay sindicatos, algunos más combativos, otros más entreguistas y no faltan los que negocian con los empresarios para mantener en línea a los trabajadores. Pero hay organización y marca la diferencia, en el mundo del stream, hablar de un sindicato todavía es mala palabra. El rumbo es incierto, pero no hay que dejar lugar al individualismo y entender que nadie se salva solo es importante en este contexto, para no dejar a los megaempresarios hacer lo que quieran.

La organización es una herramienta clave

Todo el tiempo escuchamos historias de jóvenes, y no tan jóvenes, que estudiaron carreras vinculadas al mundo audiovisual y que encuentran enormes dificultades para insertarse laboralmente y ejercer su profesión. El acceso a estos puestos funciona como un verdadero cuello de botella: son pocos los que logran ingresar y, una vez adentro, en muchos casos aceptan condiciones laborales cada vez más precarias por miedo a perder el trabajo.

El mundo del streaming todavía carece de una regulación específica. No existen convenios colectivos que contemplen la actividad y gran parte de las contrataciones se realizan de manera informal o bajo figuras precarias. Sin embargo, ya comenzaron a surgir conflictos y reclamos sindicales que exigen el registro de las y los trabajadores y el reconocimiento de sus derechos. Hasta ahora, las respuestas patronales han sido escasas. El caso de Blender es un ejemplo elocuente: frente al reclamo por salarios y condiciones laborales, la empresa respondió con despidos.

Pero no todo está perdido. Lo que dejó al descubierto este conflicto fue también una importante muestra de solidaridad. La juventud ocupa un lugar central en este sector y cada vez son más quienes están cansados de jornadas extensas, salarios insuficientes y relaciones laborales marcadas por la incertidumbre.

Ese cansancio y esa frustración tienen que transformarse en organización. Poco a poco crecen las protestas y los reclamos por salarios dignos, estabilidad laboral y el reconocimiento de los derechos más elementales. La experiencia demuestra que la única forma de enfrentar las maniobras de empresarios que priorizan sus negocios por encima de quienes generan la riqueza es fortaleciendo la organización colectiva de las y los trabajadores. 

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