Artículo aparecido en International Viewpoint. Traducción: Agustín Sena

Con la segunda economía más grande del mundo (todavía creciendo fenomenalmente a casi un 8% anual), con su multibillonaria inciativa de la Nueva Ruta de la Seda expandiendo su economía a través de Asia, Europa y África, y con la promesa de su lider Xi Jinping de hacer a su país una potencia militar de “nivel mundial” realizándose gradualmente, China está en el centro de la política y la estrategia estadounidenses. Las acciones agresivas de China al construir islas en el Mar Meridional de China y realizar maniobras militares cerca de Taiwan, han mostrado claramente sus ambiciones.

El ex presidente Donald Trump desafió, con sus formas erráticas características, a China. Como candidato, Trump criticó frecuentemente a China en tweets y en discursos, acusando a China de manipular la moneda, hurtar propiedad intelectual, de subsidiar las exportaciones y de crear un enorme desequilibrio comercial. “No podemos seguir dejando que China viole a nuestro país”, dijo. Las arengas de Trump sobre China cayeron bien en su base de pequeños comerciantes y trabajadores del Rust belt [el Cinturón de Óxido].

Como presidente, Trump inició una guerra arancelaria con China, en la medida que cada país impuso aranceles sobre bienes con valores de cientos de billones de dólares. Pero eso llevó a un desaceleramiento de la economía estadounidense. Cientos de miles de trabajos fueron perdidos en EUU, muchos granjeros estadounidenses fueron a la quiebra  (y aún así, el déficit comercial aumentó). Pero su base social se mantuvo leal.

Los mensajes de Trump fueron mixtos. Felicitó a Xi Jinping, la cabeza del Estado chino, por su liderazgo, llamándolo su “amigo” y un “tipo increíble”. Alabó el manejo que Xi hizo de las protestas en Hong Kong, cuando el gobierno central chino estranguló el movimiento democrático en esa ciudad; y Trump eligió no hablar sobre el millón de uigures mantenidos en campos de concentración en la provincia de Xinjiang (aunque los miembros de su gabinete sí lo hicieron). Trump tenso los controles de exportación e inversión, y China firmó eventualmente un acuerdo comprometiéndose a parar la devaluación de su moneda y el hurto de propiedad intelectual.

Mirá también:  China y Estados Unidos: Escalada de la guerra comercial

Inicialmente, Trump alabó el manejo de Xi del coronavirus en China, pero cuando el virus se expandió en los Estados Unidos, acusó a China de ser responsable por la pandemia del Covid, que llamó la “Kung Flu” [“la gripe Kung”], motivando el sentimiento anti – China y el racismo anti – asiático. Trump exigió cientos de billones de dólares por daños y amenazó con presionar a China por un lado o por otro, pero eso fue claramente una farsa. La atención de Trump sobre temas económicos y luego sobre el Covid significa que tendió a ignorar el rol geopolítico de China.

Los planes de Biden de construir una alianza entre Estados Unidos, Australia, Japón e India en el Quad para enfrentar a China

La aproximación de Biden al desafió de China es diferente en su conjunto. Primero, se centra principalmente en la geopolítica y la estrategia militar. Esto se demostró claramente en la firma de la administración Biden de un acuerdo con Australia para proveerle submarinos nucleares. Al construir sobre el Quad (una alianza entre Estados Unidos, India, Japón y Australia), Biden espera formar una coalición más fuerte para contener a China.

Segundo, Biden quiere renegociar la Asociación del Trans – Pacífico (TTP), una alianza económica, negociada con más de una docena de países del Pacífico en 2016 por el presidente Barack Obama. Trump  retiró a EEUU del TTP en su primer día en la oficina. La renegociación de Biden del TTP sentaría fuertes bases económicas para contrarrestar a China.

La oposición a China es popular en EEUU. La proporción de americanos que ven a China como el mayor enemigo del país se duplicó en el último año, de 22% a 45%. La izquierda estadounidense, sin un fuerte movimiento anti – bélico, tiene poca capacidad de resistir al militarismo en ascenso. Y algunos izquierdistas estadounidenses, aparentemente ciegos a su régimen autoritario interno y sus ambiciones imperialistas en el extranjero, apoyan a China. En la izquierda, tenemos un gran trabajo por delante: explicar la existencia de múltiples poderes imperialistas y construir un movimiento para resistir al imperialismo estadounidense, al mismo tiempo que oponiéndonos a Rusia y China.

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