Belfast: la extrema derecha desata (de nuevo) un raid de violencia racista en Reino Unido

Una ola de violencia racista azotó la semana pasada los barrios migrantes de Belfast, la capital de Irlanda del Norte. Los hechos se desencadenaron luego del ataque contra un joven irlandés a manos de un migrante sudanés el pasado lunes (9), que fue aprovechado por figuras de la extrema derecha británica y por personajes internacionales como Elon Musk para azuzar el odio racista.

El martes (10), un día después del ataque, grupos de extrema derecha organizados atacaron casas en los barrios con mayor presencia migrante de la ciudad. Las acciones habían sido previamente organizadas y coordinadas a través de grupos de Telegram, en los que llamaban a presentarse en puntos pre-fijados vistiendo ropa negra y capuchas. Toda la operación tuvo la firma y estilo de bandas proto-fascistas. 

Atacaron viviendas, golpearon y apedrearon a familias migrantes indiscriminadamente, incluyendo a niños. Incendiaron casas enteras y vehículos, dejando un reguero de destrucción a su paso. Las escenas se repitieron en la noche del miércoles, cuando las bandas extremo-derechistas volvieron a movilizarse, incluso enfrentándose con la policía. Hubo repeticiones de menor envergadura en distintas ciudades del interior inglés, como Liverpool, y en Escocia. 

Belfast

Pero la ultraderecha no logró masividad fuera de Belfast. “En ciudades como Birmingham, Manchester y Newcastle apenas lograron reunir a 40 personas. En Brighton, no pudieron convocar a más de cinco, y los antirracistas apoyados por SUTR [la organización antifascista Stand Uo To Racism] los superaron fácilmente en una proporción de diez a uno”. 

La ola de violencia fascistoide fue respondida por una movilización de miles de personas en Belfast y otras ciudades, que rechazó el odio y la persecución contra los migrantes. Pero la serie despertó alarmas por la proliferación de discursos, figuras y organizaciones de extrema derecha en el Reino Unido. 

Nueva y vieja extrema derecha en Irlanda del Norte

Fueron numerosas las figuras políticas que desde la derecha y la extrema derecha decidieron aprovechar la situación para azuzar los prejuicios racistas de los sectores más reaccionarios de la población.

El líder del partido derechista irlandés Voz Unionista Tradicional, Jim Allister, emitió declaraciones en las que llamaba a “detener esta importación de una cultura extraña, que ahora parece incluir intentos de decapitación”. El partido de Allister pertenece a la derecha extrema de tradición unionista, es decir, que defiende la unión de Irlanda del Norte al Reino Unido de identidad protestante, en oposición a los nacionalistas irlandeses partidarios de la independencia nacional. 

Su partido tiene una larga lista de aberraciones ideológicas en su haber. Está en contra del reparto de cargos institucionales entre los partidos unionistas y los republicanos irlandeses, que surgió en el Acuerdo del Viernes Santo de 1998 como una medida para apaciguar tres décadas de enfrentamientos para-militares y resistencia irlandesa a la discriminación unionista. El VUT está además en contra del aborto, del matrimonio entre personas del mismo sexo y es negacionista del cambio climático. 

La diagonal que va de la violencia antiimigrante hacia la derecha unionista no es casual. Irlanda del Norte tiene una larga historia de violencia discriminatoria, ligada al unionismo durante la época de Los Problemas. Ese fue el nombre que recibieron los años de persecución (1967 – 1998) durante los cuales grupos paramilitares protestantes (unionistas fieles a la monarquía británica) se enfrentaron (con apoyo de las fuerzas estatales) a la resistencia de grupos independentistas irlandeses como el IRA. La reacción unionista respondía a un ascenso democrático de sectores irlandeses católicos que luchaban contra la segregación institucional, inspirados en el Movimiento por lo Derechos Civiles afroestadounidense y en grandes eventos de la juventud europea como el Mayo Francés. El saldo de la represión fueron más de 3.600 muertos y unos 50.000 heridos. 

El link entre la violencia unionista y la violencia anti-migrante es concreto. Los grupos paramilitares unionistas nunca se disolvieron completamente. Permanecen como células clandestinas semi activas o, simplemente, como una tradición político – social reaccionaria y racista en los sectores unionistas de la población de Irlanda del Norte. Esta base social es pasto seco para la chispa de los discursos de odio de la ultraderecha. La combinación de tradiciones de violencia étnica – sectaria con el surgimiento de la extrema derecha contemporánea le dieron forma a un proceso de violencia racista con una intensidad pocas veces vista en Europa en el último tiempo. Los sucesos de Belfast constituyeron la tercer ola de violencia racista en el Reino Unido sólo en los últimos tres años. 

La ultraderecha se repite en Reino Unido

No es la primera vez que la extrema derecha logra desatar acciones de odio racista en las calles del Reino Unido. 

En 2024, una ola de violencia xenófoba se esparció por ciudades de Inglaterra e Irlanda del Norte. También en esa ocasión fue azuzada por influencers, parlamentarios y figuritas de la extrema derecha. Esparciendo fake news a su paso, Elon Musk llegó a anunciar que “la guerra civil es inevitable”.  Las concentraciones xenófobas atacaron hoteles e iglesias que funcionaban como centros de acogida para migrantes, además de mezquitas. En la localidad de Tamworth, cerca de Birmingham, los fascistas atacaron un hotel con piedras, fuego e incluso «misiles». Escenas similares se vieron en al menos 25 ciudades en los cuatro puntos cardinales de Inglaterra, así como en Belfast, la capital de Irlanda del Norte. En aquella ocasión, la ola de odio xenófobo fue detenida por masivas movilizaciones anti fascistas que recorrieron las grandes ciudades del país. 

En 2025 también fue Irlanda del Norte el escenario de violencia xenófoba radicalizada. En la ciudad de Ballymena, en las afueras de Belfast, se vieron bandas organizadas que intentaron realizar pogromos contra migrantes romaníes. Tras los sucesos, por los cuales el Estado nunca asumió responsabilidad fehaciente, se reportan grupos de “vigilantes” que circulan por las calles de las zonas con mayor presencia migrante durante la noche, con la cara tapada, en un claro mensaje intimidatorio. 

Los nombres de figuras ultraderechistas asociadas mediáticamente a cada una de estas oleadas se repiten caso por caso. El principal de ellos es el de Nigel Farage, cara visible del grupo derechista Reform UK que viene de arrasar en las últimas elecciones locales británicas. En los últimos días Farage aprovechó la mediatización del tema migrante por la condena a un migrante indio que había asesinado a un joven a fines del año pasado, en Southampton. “La familia de Henry [Nowak, la víctima] ha respondido de un modo digno. Pero yo surgieron que el resto de nosotros respondamos con pura y fría rabia” decía Farage días atrás. “El Reino Unido sufre una cultura de doble rasero, en la que los derechos y los privilegios de la gente blanca pesan menos que los de las minorías étnicas”. 

Otro nombre que destaca, todavía más ultra, es Tommy Robinson, reconocido neonazi británico ligado al grupo Unite the Kingdom y protegido personal de Elon Musk. Este personaje es un habitué de todo evento ultra en las islas, y tiene un historial de condenas penales por acosar y perseguir a personas migrantes. Tras la condena en el caso de Henry Nowak, Robinson convocó una movilización ultra en las puertas de la comisaría que llevaba originalmente el expediente, en la que los fascistas se enfrentaron brevemente con la policía. 

El ascenso electoral de Farage en el Reino Unido corre parejo a la debacle del bipartidismo laborista – torie tras largos años de degradación económica en las islas. El desencanto de una gran porción de la población británica (que vivió la crisis del 2008 dentro de la eurozona y no encontró consuelos tras el Brexit) crea un caldo de cultivo propicio para la proliferación de personajes de este tipo, que aparecen como outsiders ante el sistema político tradicional. Esto no difiere demasiado de los fenómenos extremo – derechistas del resto de Europa (Meloni, Le Pen y otros) y otros lugares del globo. 

Lo que sí parece instalarse como una particularidad en la escena británica es la permeabilidad de un sector (minoritario pero real) de la base derechista a tomar acción directa. Por tomar solo un índice, el año pasado Reino Unido se posicionó como el segundo país con más ataques de odio racista en el mundo por detrás de EEUU. Las estadísticas registraron un aumento del 166% respecto al año anterior. 

Otro dato es que el ascenso de Farage tensa el arco político progresivamente hacia la derecha. Keir Starmer, el premier laborista en funciones, viene endureciendo su discurso antiimigración para intentar atemperarse a la popularidad de Farage. Un procedimiento conocido y fracasado mil veces en manos del reformismo tibio y sin programa en todo el globo: ceder a las presiones de la extrema derecha no le pone frenos, solo le abre camino. Como quedó demostrado en 2024 y en la última semana, para frenar el avance de los discursos de odio y de los grupos proto – fascistas es necesario disputar el espacio público, hacerles frente de forma organizada y masiva. El único antídoto contra la ultraderecha es la movilización anti-fascista, la solidaridad desde abajo y la lucha contra la enorme cocina de miseria, prejuicios y resentimiento social que es el capitalismo contemporáneo. 

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