El próximo 12 de marzo se llevarán a cabo las elecciones de APUBA, el sindicato nodocente de la Universidad de Buenos Aires. Este proceso electoral se da en el marco de la lucha por la implementación de la Ley de Financiamiento Universitario, votada en el Congreso el año pasado y que, pese a que se revirtió el veto, el gobierno de Milei se niega a implementar.
Al mismo tiempo, el clima político en el país está atravesado por la aprobación de la ley de reforma laboral que, sin embargo, deberá pasar por la prueba en cada lugar de trabajo por la implementación efectiva de la misma. En ese marco, se desarrolla la enorme pelea de los obreros de FATE por recuperar sus fuentes de trabajo, una lucha testigo que tiene una importancia fundamental y, cuyo resultado, va a definir los próximos acontecimientos.
En este marco En las elecciones de APUBA se presentan dos listas. Una está encabezada por Cagnacci (lista 12), actual secretario general del gremio, que fue el responsable de carnerear el paro llamado por FATUN el viernes 27 de febrero (que implicó una fractura en la federación) contra la reforma laboral y que, además, fue responsable de llamar a paro para cerrar las facultades cuando se produjo el conflicto universitario en 2024, en el cual el movimiento estudiantil tomó las casas de estudio y puso en el centro de la escena la pelea por el presupuesto de la universidad, con métodos radicalizados como hacía años no se veía.
La lista de la actual conducción de APUBA, es la que durante el último periodo llamó a paros sin marchas y marchas sin paros. Tuvo la misma línea política que el rectorado, es decir, administrar el conflicto y no unificar con el resto de los claustros, lo cual podría haber sido una potencia. Producto de esta política, es que al día de hoy no han movido un dedo para presionar que se implemente la ley de financiamiento universitario, ya que sostienen la estrategia clásica de los sindicatos tradicionales: negociar, ceder y no movilizar a las bases de sus sindicatos.
La segunda lista es la del Frente de Izquierda (lista 9), el cual ha tenido una política corporativista a lo largo de todos los conflictos universitarios desde que tenemos memoria. En lo que respecta a esta lista, su política corporativista se funda en que para ellos la pelea de los trabajadores nodocentes, los docentes y el movimiento estudiantil van por carriles diferentes. En lo que respecta al movimiento estudiantil es más grave aún, pues subordinan la política del sector a las reivindicaciones del claustro docente (ver 20 días que conmovieron a Filosofía y Letras de Matías Brito).
El conflicto universitario es un conflicto político, no meramente sindical. Hay un ataque específico del gobierno de Milei que busca destruir las universidades; es mucho más que un simple recorte. Se trata de un ataque ideológico contra una conquista, como son las universidades públicas, para subordinarlas a la lógica del mercado. Por eso es tan grave una política corporativa: pretender que un claustro pueda resolver su situación salarial solo y, peor aún, con paros pasivos que vacían las universidades, es un camino al fracaso. Solo con la unidad de todos los claustros, impulsando jornadas activas con la participación desde las bases de nodocentes, estudiantes y docentes, se puede poner en jaque el ataque del gobierno, como sucedió con la primera marcha educativa que fue un enorme golpe a la política de Milei.
Siguiendo con la lista 9, en ocasión de las tomas universitarias tuvieron la misma política que la conducción de APUBA: cerrar las Facultades, no utilizar las mismas como centro organizador de la comunidad educativa y del conjunto de la sociedad que quería pelear contra Milei, y, por ende, dividir en los hechos una pelea de toda la comunidad (principalmente la no unidad con el movimiento estudiantil), para sacarse de encima a las autoridades y la burocracia sindical, que fueron una verdadera traba para el conflicto.
Más grave aún, ahora se presentan como una alternativa distinta. Sin embargo, utilizan los mismos métodos del aparato, lo cual tiene que ver con la concepción política del Partido Obrero: un fetichismo de los cargos que se expresa en el nulo reconocimiento de los procesos vivos que surgen por abajo, principalmente en los compañeros trabajadores de base.
En ese marco, en su declaración sobre las próximas elecciones a gremio, comienzan con atacar a los compañeros del Nuevo MAS, que son delegados independientes en Filosofía y Letras de la actual conducción de APUBA del radicalismo y del peronismo, clasistas no solo de palabras, ya que vienen de una experiencia política de unificar -fraterna y clasistamente- con el movimiento estudiantil en las tomas de la facultad, manteniendo las banderas de la lucha nodocente, pero llevando el reclamo a los otros claustros para ser más fuertes en la lucha y superar las fragmentaciones.
Este accionar muestra claramente lo que en verdad es el PO: un agrupamiento no clasista, y con prácticas de aparato estalinista. En su declaración exigen que los llamemos a votar, pero escriben que somos parte de la burocracia, es decir, no dialogan con el resto de las corrientes que estamos por fuera de los acuerdos del FIT, pero pretenden que llamemos a votarlos. Incluso, atacándonos como burócratas, niegan que existan otros agrupamientos y experiencias por fuera de ellos y, por ende, se niegan a discutir con nosotros. Pero luego pretenden, como lo hacen los aparatos, imponernos sin discusión alguna y por medio de la descalificación política, que llamemos a votarlos.
Desde el Nuevo MAS somos claros: creemos que es necesario una nueva dirección de APUBA, una dirección clasista por supuesto, que supere la condición actual y sus prácticas, afines a los rectores, y que también muchas veces son garantes de las políticas de ajuste de los diferentes gobiernos.
Pero, al mismo tiempo, como necesitamos superar con clasismo la actual conducción de APUBA, también se hace necesario superar las prácticas corporativistas y de aparato del PO, que no ven como aliados al movimiento estudiantil dentro de la comunidad para poder superar la política de la burocracia en momentos álgidos de lucha y en la cotidianidad, eso es una muestra clara de orientación corporativa hacia el sector.
Además, rechazamos las prácticas de inhibir vía el aparato otras voces, las cuales no son las de nuestra clase. No negamos la lucha de tendencias por tal o cual orientación; sin embargo, mentir y descalificar es una práctica cotidiana en el Partido Obrero y el FIT, que exigen que los llamemos a votar, aunque siquiera se sentaron a hablar para organizar una lista común de oposición.
Desde este punto de vista, creemos que es necesario construir un sindicato que unifique a la base nodocente de APUBA, con criterios de clase y solidaridad entre los claustros, entendiendo que la lucha de los nodocentes, los estudiantes y los docentes, más allá de los reclamos específicos, es la misma. Apostamos a construir una verdadera oposición a la burocracia, que tenga como eje la unidad con el movimiento estudiantil que ha sido desde el último periodo el movimiento más radicalizado y más universal.
Desde el Nuevo MAS llamamos a votar de manera ultra crítica a la lista 9 en estas elecciones de APUBA, por ser una lista independiente de la burocracia. Pero, para superar a la actual conducción y construir una alternativa, llamamos a las y los compañeros nodocentes de toda la UBA que opinan como nosotros a construir algo nuevo, por fuera de los aparatos, desde las bases y a mostrar su descontento con las prácticas tradicionales del sector, para así construir una nueva opción para las y los nodocentes que luche por nuestros derechos, con la verdadera unidad de los trabajadores y la unidad obrero estudiantil.




