Atentado contra CFK: una investigación que empieza con gravísimas irregularidades

La policía borró "accidentalmente" toda la información del celular de Sabag Montiel. Para llegar a la verdad y derrotar a los reaccionarios que quieren atentar contra las libertades democráticas, hay que mantener la movilización en las calles sin depositar confianza en la justicia, el Estado y los partidos capitalistas.

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Las últimas novedades en la causa por el atentado contra Cristina Kirchner son más que preocupantes.

El día de ayer trascendió la noticia de que se reseteó de fábrica el celular del detenido.  Producto del cifrado de extremo a extremo, muy probablemente se hayan perdido todas las conversaciones y llamadas por Whatsapp y Telegram, información que podría ser clave para llegar a los verdaderos instigadores del hecho. Insólitamente, medios oficialistas están minimizando el hecho, afirmando que aún se podrían rastrear los lugares donde estuvo Sabag a partir de la triangulación de antenas de las conexiones del celular. Pero en un caso tan grave como el intento de magnicidio, que podría involucrar una estructura más compleja de la que se ve superficialmente, cada dato es de vital importancia para llegar al fondo de los acontecimientos.

La Policía Federal fue la fuerza a la que se le aduce el “error”. Dicen que el reseteo de fábrica pudo ser ocasionado por los reiterados intentos de acceder al celular sin la clave de acceso ¿Cómo puede ser tan grande la inoperancia? Un nuevo tropiezo en una fuerza que ya estaba en la mira tras la “casual” ausencia del jefe de la custodia en el momento del atentado a CFK.

Según el relato oficial, el celular intentó ser desbloqueado mediante un sistema tecnológico por la PFA. Al no poder acceder al mismo por no tener la clave (negándose Sabag Montiel a darla), se decidió enviar el móvil a la policía aeroportuaria, que cuenta con una versión más avanzada del sistema de desbloqueo. El aparato fue trasladado por una miembro de la fuerza y un secretario de la jueza, que, inexplicablemente, a mitad de camino hacia la sede de la policía aeroportuaria, se bajó del vehículo para irse a la casa. Cuando el móvil llegó, el sobre estaba abierto, el celular en modo avión y reseteado de fábrica.

Tras trascender esta noticia, la jueza federal María Eugenia Capuchetti declaró el secreto de sumario, haciendo la investigación completamente hermética, aunque trascendió en los medios que la investigación apunta a que el acusado no actuó sólo y se procedió a la detención de la novia de Fernando Sabag Montiel. La hipótesis que se baraja en el oficialismo es la de un pequeño grupo “extremista” que actuó aisladamente inspirado por el odio. ¿Pero si no fuera así? ¿si hubiera una conexión orgánica entre el intento de “sacar del juego” por vía judicial a CFK y el intento de “sacarla del juego” por medios violentos de acción directa?

La destrucción de pruebas, para la cual fue necesaria la ausencia ocasional del secretario de la jueza, y la liberación de la custodia para la realización del atentado, si es que ambas cosas fueron intencionales, implicarían una estructura de contactos y complicidad con la Policía Federal que daría por tierra la hipótesis de un grupo extremista aislado impulsado sólo por el odio inyectado desde los medios y la derecha como sostiene el kirchnerismo.

Es habitual que estos grupos extremistas tengan vinculaciones con organizaciones reaccionarias del propio Estado. Ya hemos visto en otros casos. En el documental El Credo, que trata sobre los movimientos neonazis que operaron los últimos años en Mar Del Plata, se desentraña la estrecha vinculación entre este grupos y otros sectores de poder, como el Obispado, la policía local, e incluso el entonces intendente del Pro (Carlos Arroyo).

Claro que, en el caso del intento de magnicidio actual, son conjeturas. No tenemos las herramientas para saber a ciencia cierta quién está detrás de los acontecimientos. Pero el hecho es que una serie de eventos desafortunados demasiado improbables y casuales permitieron a Fernando Sabag Montiel, un marginal extremista, llegar a gatillar un revolver a centímetros de la sien de la vicepresidenta en el momento y lugar justo, con ausencia del jefe de los guardaespaldas y la distracción de todos sus custodios. Y que, luego, en otra casualidad asombrosa, la policía destruyó por error pruebas centrales de la investigación.

Además, la permanente inundación de las redes con memes y fake news para celebrar, justificar o decir que fue un “autoatentado”, que mantuvieron tendencias desde el viernes mismo hasta el día de hoy, revelan la puesta en marcha de un aparato muy superior al que podría poseer un pequeño grupo. Es sabido que existen los “troll centers” para fabricar masivamente memes, tendencias y noticias falsas, como el de Marcos Peña, que en su momento supo inundar las redes con propaganda macrista. Si los que pagan esta producción y difusión  masiva de contenido digital no están vinculada directamente con el atentado, sí se han apropiado para reivindicarlo y encubrirlo.

Por otra parte, hubo un sector del arco político que se negó a condenar el intento de magnicidio, e incluso repudió la histórica movilización del viernes 2 en defensa de las libertades democráticas denunciándola como un “uso político de un hecho delictivo”. Como si el intento de asesinato a la vicepresidenta hubiera sido sólo un hecho de inseguridad más. Una posición que expresa la ruptura, por parte de un sector del arco político, de los consensos entre los partidos burgueses vigente desde 1983 con el retorno de la democracia.

No hace falta ser un genio para imaginar que, de haberse perpetrado, el asesinato de Cristina Kirchner hubiera sido un terremoto político de proporciones inimaginables. Muy probablemente una inmediata e inmensa movilización se hubiera generado espontáneamente desde toda la provincia de Buenos Aires y en todas las plazas del país. La polarización social desatada habría generado seguramente la declaración del Estado de Sitio o la caída del gobierno. Es decir: el hecho hubiera desencadenado, muy probablemente, un giro reaccionario del régimen político.

Pero el atentado falló y, por el contrario, la conmoción desencadenó una enorme movilización para defender las libertades democráticas que llenó la Plaza de Mayo con cientos de miles de personas reconociendo el brutal intento de magnicidio como un ataque a las libertades democráticas de los trabajadores y el pueblo argentino. Increíblemente, salvo el Nuevo MAS, el resto de las corrientes de izquierda se negaron a asistir a la histórica movilización en repudio al atentado fascista.

Las libertades democráticas son básicas para poder defender todas las otras reivindicaciones salariales o de cualquier tipo. Quienes denunciando que el kirchnerismo es una fuerza capitalista, es parte del gobierno del Frente de Todos y responsable de su ajuste, se negaron a movilizar, no hacen más que correrse de la lucha por los derechos democráticos que permiten luchar propiamente contra el ajuste del Frente de Todos que los K efectivamente impulsan.

Pero a pesar de su enorme importancia, la movilización del viernes pasado tiene que ser sólo el primer paso para derrotar este intento de un sector de la derecha más rancia de cuestionar las libertades democráticas. Los trabajadores y sectores populares aún están conmocionado y procesando los acontecimientos ocurridos. Algunos, escépticos con la política producto de largos años de ajuste y decepciones, se dejan llevar por las “fake news” y la teoría de que fue un falso atentado. En ese marco, tanto el esclarecimiento hasta el final de los hechos como los procesos de movilización independientes son esenciales para pelear por la conciencia de las masas populares.

Culpabilizar a uno o dos extremistas aislados por un hecho que podría tener raíces más profundas, e incluso instigadores entre algunos de los dirigentes más resonantes de la oposición, podría representar un peligroso “punto de acuerdo” entre ambas fuerzas capitalistas para negociar una paz en defensa del régimen burgués que deje impunes a los verdaderos instigadores.

Sin derrotar completamente a los reaccionarios que, lo hayan o no ordenado, salieron a avalar el atentado a CFK, la estabilidad no puede durar. Será cuestión de tiempo que haya otro hecho que intente nuevamente terciar la situación hacia la extrema derecha. La pelea por el esclarecimiento de este hecho es fundamental ante uno de los ataques más graves a las libertades democráticas desde la vuelta de la democracia en 1983.

Los K hablan de lawfare y de cómo se utiliza al podrido poder judicial para perseguir al peronismo e “intentar destruirlo”. Sin embargo, depositan en esa misma justicia la confianza de que se sepa la verdad sobre el intento de magnicidio a Cristina Kirchner. La misma justicia que encubrió la desaparición forzosa de Santiago Maldonado y que jamás logró esclarecer el atentado a la AMIA y la Embajada de Israel.

El atentado contra Cristina Kirchner fue un ataque gravísimo contra las libertades democráticas que representó una escalada en el contexto de un ataque anterior en curso: el intento de suprimir al kirchnerismo, vía judicial, de la escena política nacional. Si estos dos procesos (la persecución judicial y el intento de asesinato) están conectados de manera orgánica o no, es algo que sólo se podrá esclarecer llevando la investigación hasta las últimas consecuencias.

¿Estaría dispuesto el poder judicial a ir hasta el final en una investigación que podría desnudar toda la podredumbre del propio Estado burgués, sus servicios de inteligencia y partidos? Nos permitimos dudarlo.

El esclarecimiento de este gravísimo ataque, así como la derrota de los grupos reaccionarios que lo impulsaron y avalaron depende de mantener la presión con la amplia  movilización en las calles sin depositar ninguna confianza en las instituciones del Estado. Al fascismo sólo se lo puede derrotar con la lucha en las calles. Memoria, verdad, justicia.

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