“Políticamente, la vaguedad le da a Trump margen de maniobra. Estratégicamente, su fracaso en decir para que objetivos es «Furia Épica», es su mayor vulnerabilidad”
The Economist, 7-13/03/26
“Emmanuel Macron anunció que Francia incrementará sus capacidades nucleares, y lanzó un nuevo submarino nuclear para 2036: «Los próximos 50 años serán una era de armas nucleares”
The Economist, idem
“(…) a medida que la IA crece cada vez más poderosa, los expertos en la materia están pesimistas prediciendo una catástrofe. Algunos alertan un «Momento Chernobyl»: un uso de la IA que lleve a un desastre [por su descontrol y falta de regulación] que cause tanto gran daño económico como perdidas de vida”
The Economist, idem
“(…) Milei descree de su propia teoría [de libre mercado] y ve la crisis [de Fate] como el resultado de una operación conspirativa con la que Madanes tomó ventaja por el despojo de sus privilegios. Esa interpretación es la que inspira el abordaje que el Ministerio de Capital Humano hizo del problema: obligar a los dueños de Fate a pagar los salarios a los empleados que no solo no trabajan, sino que tienen tomada la fábrica”
Carlos Pagni, La Nación, 12/03/26
Esta nota es una versión editada del informe del autor en el último Comité Central del Nuevo MAS.[1]
1- Una coyuntura de extrema condensación de acontecimientos
Es difícil separar en este momento los acontecimientos mundiales de los nacionales. Tienen tanto espesor los acontecimientos internacionales, tanta influencia incluso en conflictos como el de Fate (no es menor el precio del petróleo para el devenir de esta industria), está tan unido el gobierno de Milei al de Trump, que estamos en un momento de condensación de los eventos nacionales con los internacionales.
Por ejemplo, Morales Solá sacó una editorial en La Nación la semana pasada afirmando que la Argentina “está en guerra”, porque Presti estuvo en la reunión de seguridad de Trump con sus aliados de América Latina (“Los escudos de las Américas”) donde se discutió la guerra de Medio Oriente. El conocido periodista, preocupado y con sus prevenciones habituales ya respecto de Milei se interrogó en su editorial: ¿hace falta que la Argentina “esté en guerra”, se involucre en el lejano Medio Oriente, cuando ya tuvo dos atentados en la década de los ‘90? Evidentemente, es otro de los delirios del loco delirante de Milei.
Hay “momentos de condensación” en los que los acontecimientos internacionales tiñen todo, aunque sea de manera desigual. Las grandes crisis económicas, como la de 2008, tiñen todo; también, logicamente, las grandes revoluciones sociales como la rusa y la china en el siglo pasado; y asimismo lo hacen las guerras de impacto mundial tanto geopolítico como económico, como ahora en Medio Oriente. Y, aunque suene delirante y sea algo de largo o mediano plazo, el planeta está viviendo el rearme porque todo el mundo opina que el viejo orden basado en reglas se acabó, y que dada la paridad de fuerzas entre las potencias rivales de Estados Unidos y China, un nuevo orden dificilmente se resuelva sin una confrontacién bélica interimperialista.[2]
De momento, la guerra en Iran se ha extendido sin control a prácticamente todo Medio Oriente, pero no parece que Rusia o China vayan a involucrarse de manera directa. Sin embargo, es un secreto a voces que Rusia le provee inteligencia a los iranies y, por lo demás, Xi Jinping calcula el momento donde daría el “salto del Tigre”: invadir Taiwán. Quizas su ventana de oportunidad sea la del gobierno de Trump, porque con otro gobierno eso seguramente desencadenaría una guerra interimperialista.
Así que las tendencias agregadas de la rivalidad gepolítica y el rearme que conducen a una confrontacion de magnitud -¡nadie se rearma para nada!-, y que, en principio, son de mediano-largo plazo, podrían empezar a concretarse en plazos mucho más cortos. Repetimos: suena delirante por la destrucción mayúscula que implicaría -una nueva guerra interimperialista sería casi inevitablemente nuclear, pero no podemos descartarla como escenario futuro.[3]
En la condensación también hay vértigo, y el alerta es que en el vértigo no se pierda la construcción del partido y nuestra corriente internacional. Hay evitar que el vértigo nos “coma” y que no podamos tomar la distancia crítica de los acontecimientos necesaria para pensar. El año arrancó con todo desde el primer día: Groenlandia, Venezuela, las idas y venidas por Ucrania, ahora Irán y el Medio Oriente y así de seguido. A tontas y locas, con táctica pero sin estrategia alguna (como le señalan los grandes medios imperialistas que se mantienen independientes como The Economist y otros), Trump aplica la teoría del “aceleracionismo”: acelerar los desarrollos como forma de compensar las debilidades evidentes que acumulan los EE.UU. como primera potencia mundial militar pero ya no económica.
En este momento, el conflicto con Irán y Medio Oriente está descontrolado. El régimen de los ayatolas ha demostrado mayor capacidad de resiliencia de lo esperado. Y es un polvorín mayor que el de Ucrania, que es un país extra OTAN, y es una guerra más “clásica” de autodeterminación nacional aunque se combine con guerra interimperialista (lo de país extra OTAN la da cierto marco a los desarrollos interimperialistas). La guerra en Irán no involucra de manera directa países de la OTAN (aunque Turquía sí lo es y recibió algunos ataques), pero combina de forma muy compleja elementos de guerra entre Estados con elementos de guerra civil, lo que complejiza todo. Amén de que el “campo geográfico” de la confrontación se extiende cada día y ya The Economist acaba de definir la agresión de Trump y Netanyahu como una “guerra contra la economía mundial”.
Haciendo un alto en el análisis podemos señalar que toda coyuntura condensa elementos diversos de una manera particular pero no siempre con semejante explosividad como la actual situación internacional. Años atrás escribíamos inspirados en Gramsci y Bensaïd que el estudio de cómo se deben analizar las situaciones políticas, es decir, de cómo se deben establecer los diversos grados de las relaciones de fuerzas (economicos, geopiliticos, politicos y de la lucha de clases directa), pueden presentarse como una exposición elemental de ciencia y arte políticos. Agregábamos que la de coyuntura es una categoría temporal y espacial a la vez, y que toda coyuntura tiende a ser totalizante (aunque no de manera mecánica aplicable a todas las circunstancias que operan en su marco).
Ese conjunto de elementos políticos, geopolíticos, económicos, sociales, etc., que configuran la coyuntura determinada, se presentan como un todo, en una suerte de síntesis que configura a cada momento una determinada coyuntura política con rasgos propios. Una circunstancia de condensación de los eventos con rasgos propios, que tiene como fundamento las determinaciones materiales en la cual opera. En todo caso, “una coyuntura política es un espacio de tiempo relativamente limitado en el cual los elementos que componen la realidad económica, política e ideológica se encuentran ordenados de determinada manera configurando los rasgos o caracteristicas salientes de ese momento” (Ciencia y arte de la política revolucionaria).
2- Defendemos a la nación iraní de la agresión imperialista y sionista sin dar apoyo político a los ayatolas
Lo más determinante en estos momentos es la agresión imperialista y sionista sobre la nación iraní. El carácter de las naciones está por encima de los regímenes que las gobiernan, es más estructural. En el caso de guerra, el marxismo define su postura por el carácter de las naciones, que pueden ser imperialistas –nuevas o viejas–, independientes, dependientes, semicoloniales, coloniales (Lenin). El carácter independiente de Irán fue un subproducto de la revolución del 79, y ese carácter independiente es lo que el imperialismo territorializado de Trump no se banca.
Cuando defendemos a Irán del imperialismo y el sionismo, lo que defendemos es el derecho a la autodeterminación nacional del pueblo iraní; y como marxistas revolucionarios, eso también significa el derecho de autodeterminación del pueblo respecto del régimen de la familia Khamenei, cosa que otras corrientes no dicen. Aunque en lo inmediato el eje claro sea la defensa de Irán respecto del ataque militar imperialista, no se puede callar que en enero hubo una rebelión contra el régimen que fue masacrada. Se habla de que hubo de diez mil a cuarenta mil muertos por el régimen. Como en la Guerra de Malvinas, cuando correctamente el viejo MAS defendió a la Argentina de la agresión británica, y lo hizo sin dar ningún apoyo político al gobierno de Galtieri.
Si la independencia de Irán fue producto de la revolución del 79, el régimen de los ayatolas fue el secuestro y el vaciamiento reaccionario de la revolución, que se hizo sobre la base del fusilamiento de cinco mil comunistas y también de militantes trotskistas. En Irán hay una tradición de trotskismo que recoge en alguna medida el grupo Roja, con el que estamos teniendo relación en París. Esto es importante, porque si no hacés una relación con los explotados y oprimidos de Irán, no conectás con el movimiento de masas iraní.
Con todo esto, en este momento lo primero es la defensa nacional contra el ataque militar imperialista. Por ejemplo, frente al sector kurdo que está atacando ahora al régimen, no defendemos esa acción ahora, está mal, porque un levantamiento militar que fracciona Irán, es funcional a Trump. Otro sector kurdo hizo acuerdos con EEUU contra ISIS. Y, aunque fue un acuerdo “non sancto”, se trataba de la supervivencia, lo entendimos como una suerte de compromiso: un mal menor por un mal mayor. Pero hoy no es la misma situación.
También rechazamos el ataque sionista genocida en el Líbano, donde hay elementos de guerra civil porque el sionismo amenaza con hacer de Beirut otra Gaza, otra guerra de exterminio, de ataque masivo e impune contra la población civil.
Todo esto es la nueva era de combustión. Hay que comprender las relaciones entre guerra, guerra civil, reacción y revolución, y que toda guerra es la combinación de varias guerras a la vez[4]. En eso acertamos respecto de Ucrania, donde el elemento de autodeterminación nacional pesa más hoy porque Trump no quiere apoyar a Ucrania, rebajando el aspecto de guerra interimperialista (que de todas maneras también está presente).[5]
La guerra EEUU-Irán no escala todavía a guerra interimperialista. Como ya señalamos, aparentemente Putin está dando asistencia en inteligencia a Irán, pero China no se mete: mira desde afuera como EE.UU. gasta municiones. Igualmente, Trump no para de alimentar el fuego de la combustión y de la posibilidad de consecuencias no queridas. Ahora está diciendo que “después de Irán viene Cuba”, forzando el orden mundial: si China se mete finalmente en Taiwán, listo, guerra mundial. Lo colocamos a modo ilustrativo, no como algo que vaya a suceder en lo inmediato. Pero es una dinámica de mediano plazo que se ha abierto luego de largas décadas completamente fuera del escenario.
También estamos en contra del magnicidio de Khamenei, aunque Khamenei era un monstruo. Es un acto de terrorismo de Estado internacional, y en estos actos Trump se está salteando el régimen democrático burgués de EEUU, cosa que no puede hacer tan fácil dentro de EEUU. Después del frenazo que le metió la rebelion en Minneápolis no se ha animado, todavía, a cercar otra ciudad. Además de que la responsable de ICE acaba de volar por los aires.
Yendo del mundo a la Argentina, lo que puede modificar la ecuación en Fate es el aspecto económico del conflicto via el aumento de los precios del petróleo. Esta condensación entre lo internacional y lo nacional, con limitaciones y sin mecanicismos, hace que el ataque de EEUU en Medio Oriente se haga parte de la coyuntura nacional. En un momento tan particular que si se mueve mal una ficha -repetimos que con las consideraciones y distancias no mecánicas del caso- se puede desatar una “guerra mundial”.
Ucrania en algún momento amenazó con cruzar líneas rojas, y no se cruzaron; pero esto aparece más descontrolado que en Ucrania, donde Zelensky no llegó a ser desbordado (aunque muchos analistas afirman que la guerra ucraniana es una guerra “desde abajo” en muchos sentidos).[6] En este conflicto, en Medio Oriente los Estados amenazan con ser desbordados. Cuando dicen “ojo, no queremos un Irán balcanizado”, están alertando sobre la posibilidad de que la guerra se transforme en una guerra civil incontrolable. Trump tiene el cuidado de no mandar tropas de tierra, a diferencia de lo que hicieron en Vietnam, Afganistán e Irak.
3- ¿Un país extractivista?
Veamos ahora la coyuntura mundial en el marco arriba señalado. El gobierno obtuvo un triunfo político con la ley laboral. Un triunfo superestructural que hay que ir viendo cómo aterriza en lo estructural (Jacquelin). Alrededor de la ley laboral hubo unidad burguesa, por eso obtuvieron el triunfo; incluso Rocca está a favor. Es una ley totalmente irresponsable, no es solo de precarización laboral sino de descalificación masiva de la mano de obra argentina.
Esta ley funciona porque la mitad de la mano de obra ya es precaria (los hechos antecedieron a la norma). La precarización laboral empezó con Menem, Kirchner restauró las paritarias pero nunca se preocupó por la precarización, la «solución» fueron los planes sociales: nunca se volvió a la idea de un mercado de trabajo unificado, con todo el mundo en blanco y con beneficios sociales. La clase obrera de hoy es mucho más heterogénea, y al mismo tiempo más diversa. La lógica del plusvalor absoluto se impuso sobre el plusvalor relativo lo que expresa la tendencia a la desindustrializacion del país y al deterioro extremo de su infraestructura.[7]
Así como esta realidad creó la norma, la norma es un vehículo para crear la realidad, es decir, para reventar a los que todavía están en blanco, para reventar FATE. Lo que es real es la división del mundo del trabajo, lo que no es real es que todo el mundo laboral sea precario. La ley laboral sirve para universalizar la precarización y la descalificación de la mano de obra.
¿Cuál es el contrapeso? Jacquelin afirma que hay una paradoja: hay acuerdo entre la burguesía sobre la ley laboral, pero no hay acuerdo en el modelo de país. Es una contradicción profunda (una contradictio in adjecto): porque una cosa va de la mano con la otra.[8] No hay manera de tener mano de obra calificada si las nuevas generaciones no pueden estudiar y formarse. Tampoco hay manera de calificarse si no hay estabilidad laboral. Toda tarea humana, si no hay estabilidad, sostenimiento en el tiempo del aprendizaje, adquisición de oficio, perspectivas, es imposible realizarla.
Ya en ese sentido, la ley es superestructural (la contradicción entre la ley y el proyecto de país), y ya hay editoriales preguntándose qué va a significar la ley laboral en cinco años: ¿un país precarizado que pierde aun más competitividad de su mano de obra? Acá está el peligro de Milei, en el terreno económico-social más -por ahora- que en lo político (o político-social). No hay unidad burguesa, por ejemplo, alrededor de tirar abajo el derecho al aborto -la reivindicación de este derecho es transversal-, pero sí alrededor de la ley laboral. Sin embargo, el modo de producción específicamente capitalista no es el del plusvalor absoluto, es el del plusvalor relativo, el de la inversión en capital fijo, en ganancias de productividad (lo que resulta, repetimos, de la inversión y de calificación de la mano de obra, porque sin calificación tampoco puede haber ganancias de productividad). Y resulta que ahora en la Argentina no hay más plusvalor relativo (dicho exageradamente), es todo plusvalor absoluto y extractivismo: expoliación de recursos naturales y superexplotación de la clase obrera.
“La característica general de la subsunción formal [del trabajo al capital] sigue siendo la directa subordinación del proceso laboral -cualquier que sea, tecnológicamente hablando, la forma en que se lleve a cabo- al capital. Sobre esta base, empero, se alza un modo de producción no solo tecnológicamente específico que metamorfosea la naturaleza real del proceso de trabajo y sus condiciones reales: un modo capitalista de producción. Tan sólo cuando éste entra en escena se opera la subsunción real del trabajo en el capital (…) La subsunción real del trabajo en el capital [y, por consecuencia, lo que Marx llama el modo de producción específicamente capitalista basado en máquinas] se desarrolla en todas aquellas formas que producen plusvalia relativa [es decir, ganancias de productividad por inversión en capital fijo y una determinada fuerza de trabajo -una determinada calificación laboral- a tales efectos], a diferencia de la absoluta” (Marx, El capital, libro 1, capítulo VI inédito, Siglo Veintiuno Editores, México, 1983, página 72).[9]
¿Cuál es la consecuencia? Días atrás anunciaban que Pettovello está en tensión por el temor a un “estallido social”… Porque la ley laboral es un triunfo superestructural en una situación de extremo deterioro económico, agravado por la crisis en Medio Oriente. Deterioro económico es que los profesores y profesoras del Nacional Buenos Aires saltan el molinete porque no pueden pagar el subte para ir a dar clases. Las dos principales preocupaciones en la Argentina, según las encuestas, son el empleo y el salario. A los nodocentes universitarios los mandan a home office dos días por semana para que se ahorren el viaje. Cuando Jacquelin dice que la ley es superestructural, es porque está preocupado por lo estructural: ¿hasta cuándo se va a aguantar esta situación de deterioro económico y social?
En cuanto a las direcciones, la capitulación del peronismo es tan grande que no se sabe qué nombre ponerle. Pero el triunfo superestructural tiene un contrapeso que son las “condiciones de mal vivir”. Se expresa también en la multiplicación de las motos, todo el mundo se fue a repartir, y en cómo baja la tarifa de los Uber por la competencia. Se abrió una crisis del mercado de trabajo, cuya particularidad es el ataque a las y los trabajadores sindicalizados; y también a la universidad, donde se está incubando un conflicto enorme por la imposibilidad de funcionamiento.
4- Abrir la vía de la victoria
FATE posiblemente sea el conflicto más grande del proletariado industrial que le toca protagonizar a la izquierda en los últimos años. Es el caso testigo hoy en día, y el otro caso testigo va a ser -posiblemente- la Universidad. Si se viene el conflicto universitario, que parece que se viene. Discapacidad y el Garrahan fueron muy importantes, pero Fate es el corazón del proletariado industrial.
Hay una cosa que es clave: Madanes está cerrando la planta; está echando a la gente que tiene el saber-hacer, el oficio, que no es fácil de reemplazar. No es cierto que con el sistema de máquinas se acabó todo saber-hacer: al echar a todos los trabajadores en cierto modo revienta la planta. La planta no son las máquinas solamente, es también el trabajo vivo encarnado en el saber-hacer de los trabajadores.
Es un conflicto dificilísimo para los dos lados. Lo es para los trabajadores porque Madanes quiere cerrar, y eventualmente pasar a pérdida ese capital para que no le toque su capital. Pero también es muy difícil para el gobierno provincial y nacional, porque es un escándalo nacional. Madanes lo hizo a propósito: sale la ley laboral y les tira mil despidos. No es un conflicto sindical, es recontra político. Pone sobre la mesa el futuro del empleo en la Argentina y el modelo de país, cosa que no entienden ni el PO ni el PTS: pone al proletariado industrial en el centro de la escena como un tercer actor de las peleas que suelen ser exclusivamente entre los de arriba. Si no se gana a la opinión pública, se pierde el conflicto, no alcanza ni con los trámites legales de Crespo ni con mostrar los dientes en el techo. Y no alcanza con resistir, hay que pasar a la contraofensiva, y eso no se puede hacer si no se gana a la sociedad, que es lo que están haciendo este partido y nuestros compañeros de la Marrón.[10]
El conflicto tiene dos caras, es difícil para ambos bandos, y hay que saber ver las dos caras. En el medio hay mil familias, es un montón de gente.[11] En Gestamp nos quedamos con ocho subidos al puente grúa, y tuvo que salir a hablar Cristina en “contra de la toma del Palacio de Invierno”. Es tan complejo el conflicto que se podría generar una nueva Villa Constitución, que se ganó con el apoyo del pueblo, ganó a toda la sociedad que lo rodeaba para su triunfo en 1974 (en 1975 fue finalmente derrotado).
Los conflictos tienen momentos. En este conflicto ya se ganaron dos batallas: la permanencia y el carácter nacional. Hay que ganar una tercera, que es abrir la vía a la victoria. Para eso hay que seguir minuto a minuto, sin marearse, los elementos en la coyuntura nacional e internacional que puedan abrir la vía a la victoria. Como hay tanta gente involucrada y es tan sensible el problema, hay una doble temporalidad: una juega en contra porque los compañeros se bajonean, se quedan sin un peso y arreglan; otra juega a favor por la cantidad de compañeros involucrados y por la posible confluencia con otros conflictos o elementos de crisis general.
Al mismo tiempo, hay que evitar someterse a las presiones del día a día y a las fantasías. El PO y el PTS decían que Madanes iba a “pagar la quincena el viernes 5 de marzo”: ¿cómo les va a pagar si tiene la voluntad de cerrar? No tenía lógica y obviamente no les pagaron, ni siquiera los días trabajados antes del cierre.
Otra cosa es que todo está abierto, ninguna hipotesis se puede cerrar. Hay que forzarle la mano a Madanes, a Milei y a Kicillof o a alguno de ellos. Porque la situacion mundial y nacional es tan cambiante que pueden entrar factores exógenos en la pelea: si los compañeros aguantan, pueden forzar la voluntad del enemigo, obligar a Madenes a reabrir la planta o forzar a algún gobierno -provincial o nacional- a una estatización transitoria.
Esto ocurre en un contexto, el 24 de marzo es el 50 aniversario de la dictadura. Si el gobierno mete una provocación como indultos o lo que sea, le explota la plaza. El gobierno tiene límites. Ahora están diciendo que lo del indulto a los milicos era de la gestión que se acaba de ir. Porque eso atañe a los problemas democráticos, que los agarra más gente; los problemas democráticos siempre son explosivos.
No vamos a firmar un documento con el peronismo. El FITU es una cooperativa electoral con múltiples divisiones en la vida cotidiana, una de ellas es que el MST e IS quieren firmar el documento de los K, cuando vienen de una traición total. Es una política frentepopulista: sobre todo la del MST parece desesperado por irse al frente amplio que podrían estar armando los k para el 2027 a imitación del lulismo en Brasil. El cuento de la vía judicial contra la reforma es ridículo, la Corte Suprema avisó que no hay agua en la pileta. Un sector del fuero laboral puede que esté en contra pero es una minoría.[12]
Lo cierto es que si hacemos de todo pero no construimos el partido, negamos lo que votamos en la Convención Nacional de diciembre pasado y seguimos igual que siempre, siendo “carmelitas descalzas” que corren a ayudar a todo el mundo y no se construyen. En el verano estuvimos muy bien, nos jugamos al campamento y fue un acierto político y constructivo completo. El perfil anticapitalista es de primer orden en este mundo de pura barbarie y el “antiimperialismo” todavía tiene que encontrar un sujeto. De todos modos ya Mariátegui en los años 20 del siglo pasado afirmaba que el punto de vista antiimperialista consecuente -que no debe ser dejado de lado- es anticapitalista. Es algo muy diferente de Bregman reivindicando a San Martín en una suerte de nacionalismo liberal berreta más próximo a la historiografia estalinista que al socialismo revolucionario (a Bregman y al PTS les vendria bien leer a Milcíades Peña para orientarse de manera marxista en la historia nacional y latinoamericana).[13]
Hay que poder parar la pelota. El partido está crujiendo, porque todo el tiempo decimos que hay que tener espacio para construir el partido, y todo el tiempo no hay espacio para eso. La realidad nos corre porque es una explosión de temas; tenemos que elegir, no podemos dejar de construir el partido.
5- De Minneapolis a Fate
El CC se nos tranformó hoy en un comité de lucha con la presencia de los compañeros de la Marrón, y eso no es muy frecuente. Sucede que Fate es Minneápolis, y lo que une las cosas es eso. Frente a las idioteces que dice el FITU de que Fate “no es lo más importante porque hay despidos por todos lados”, hay que comprender que este es un cierre de planta (la planta más importante que dirige la izquierda en la Argentina, lo que es un hecho cualitativo). Es histórico el conflicto, y no será la misma la situación política nacional con Fate triunfante que con Fate derrotada. Después de Minneápolis, Trump saltó a atacar Irán, pero no pudo volver a asediar ninguna ciudad, como ya señalamos. Tuvo dos asesinados blancos y eso hizo estallar el país, y aunque debería seguir asediando ciudades de EEUU, no lo puede hacer -al menos por ahora- después de Minneápolis. Por eso echó a Kristi Noem, de alguna manera como haciendo de ella el chivo expiatorio y la justificación. Y en la Argentina, no sería tan fácil aplicar la ley laboral si se ganara Fate. Es un caso testigo, no puede ser lo mismo que otra lucha. Se puede ganar o perder, pero no es lo mismo que otros despidos, es otra cosa, otra calidad.
Hay que encontrar la diagonal dialéctica que una los acontecimientos objetivos y las tareas partidarias; una diagonal es unir el conflicto de Fate con el conflicto universitario que está a punto de estallar. Si se juntan ambos conflictos, hacemos “win-win”, porque uno de los lugares donde somos más fuertes hoy en día es en la universidad, que está al borde de un conflicto complejo pero enorme.
Hay que ver cómo encontramos las diagonales para que el partido se pueda construir, y una diagonal clave es unir esos dos conflictos. Si Fate se hace causa nacional, aguanta y se une a otros conflictos, podemos obligar a Madanes a retroceder. Y también hay que volver con la consigna política “Milei no se aguanta más”, que rompe con la línea de “hay 2027”.
Eso de que Milei no se aguanta más es un sentimiento común, y que lo digan los compañeros de Fate coloca a la clase obrera en el centro político contra el gobierno.
El deterioro social va a la desmoralización o al estallido social. Fate tiene que confluir con el estallido social, esa es la estrategia para ganar. Tiene que confluir con el conflicto universitario, con el conflicto docente, con la bronca social: ¡no es casual que cuando dijo Jorge en los medios que quedar despedido es “una muerte social” el impacto fue inmenso! Tendría que convocarse a una asamblea masiva por Fate, con docentes, con nodocentes, con otras fábricas, con todas las corrientes políticas, con democracia obrera.
En este momento, lo objetivo, que es el deterioro social, se conjuga con lo subjetivo, una huelga histórica. Entonces, la crisis social tiene sujeto: Fate. Y puede tener otro sujeto: el movimiento estudiantil. Es un problema para ellos -Madanes, Milei, Kicillof-. La crisis social podría no tener ningún sujeto, pero no es el caso.
Entonces el problema es cómo hacemos para hacer una macropolítica. El punto de apoyo fundamental es que en medio de la crisis económica y social hay un sujeto que es la ocupación pacífica de Fate. Es un sujeto centralizado. No es como en los 90 que la cosa venía desde el interior: Fate está acá, en el primer cordón. El camino del triunfo es la confluencia.
Hay un elefante en la sala que es Fate. Eso nos diferencia de todas las demás corrientes. Es una locura ver a Fate como un conflicto más. Lo ven así porque su estrategia es puramente electoral, capitalizar los restos del país en las elecciones del 2027. Es la misma estrategia del peronismo: ¡electoralismo sin fin!
6- ¡Construcción, construcción y más construcción!
Cuando nos salimos de la medida del partido no nos construimos. La política supera con mucho la medida del partido, pero la construcción no. No puede superar la medida del partido, porque la construcción es material, y no hay manera de sobreponerse abstractamente a lo material. Cuando decimos que hay que poner en el centro la construcción, significa que no podemos hacer cosas que desborden la medida del partido.
Tenemos que lograr “nuevas fuerzas para las nuevas tareas”, que era la consigna de Lenin en 1905, pero es universal: tenemos que movilizar fuerzas por fuera del partido. Hay que plantearse tareas que el partido pueda hacer. El fondo de huelga tiene que salir por la base. Hay 400 compañeros que en lugar de quedarse jugando al truco en el predio de la fábrica pueden ir a recorrer las fábricas de la zona, todas las universidades de CABA, GBA y La Plata, etc.. Hay que lograr un fondo de huelga democrático controlado desde la base en el cual participen todas las agrupaciones de la planta. Porque el fondo de huelga no pueden ser solo donativos por arriba: no es solo la plata, es el vínculo que se establece con otro trabajador/a.
La política trasciende la medida del partido y la construcción tiene que ser a la medida del partido. También los compañeros nuestros tienen que lograr afirmarse, y lo están logrando. Si no lo hicieran, no habría sujeto del partido en el conflicto, sería un lío hacer eje en un conflicto donde no tuviéramos ningún peso.
Los compañeros de la Marrón fueron claves para la ocupación de la planta y el ingreso de la mayoría de los trabajadores, y luego fueron claves para conquistar la opinión pública. El PO y la Negra no fueron vanguardia en la pelea por entrar y el PTS se instaló aisladamente en el techo planteando “partido de los trabajadores”… ¡Es una ridícula abstracción que niega la necesidad de la unidad de la izquierda y en nada responde a las necesidades de la lucha de Fate! No se puede pensar la coyuntura argentina si no es con el triunfo o la derrota de Fate, aborándolo como “un conflicto más”.
Reapertura o estatización bajo control obrero es una fórmula algebraica con dos incógnitas. Lo que tenemos claro es que Madanes nos quiere dejar afuera. El conflicto depende de las relaciones de fuerzas, no está resuelto, y las corrientes que dicen que ya está perdido son unos canallas criminales: está abierto y se puede ganar. La fórmula algebraica también lo refleja, porque refleja las contradicciones que hay. En la fórmula “reapertura o estatización” interviene también la situación mundial, porque en dos meses puede cambiar el negocio. Si cambia el negocio y pueden empezar a ganar plata de nuevo, no van a tirar todo ese capital a la basura (por eso hay que aguantar la presión del hambre, de la falta de dinero, la importancia del fondo de huelga, etc.).
Hay que aprender a pensar: el negocio del neumático, ¿no depende mucho del petróleo? Bueno, el precio del petróleo aumentó de 60 a 90 dólares (entre 100 y 120 dólares en este momento el barril, aunque el precio esta fluctuando y depende de la evolución de la guerra y de sus tiempos). Es delirante pero esa fórmula algebraica depende, en cierta forma, del conflicto de Irán. Lo que está claro es que Madanes no quiere reabrir con los compañeros adentro.
Por otra parte, ahora se vienen las elecciones universitarias en la UBA y podríamos dar un batacazo con el Ya Basta! fortalecido luego del VI Campamento Anticapitalista Internacional. Y eso, evidentemente, ¡también es construccion!
Para terminar, recordemos uno de los conflictos de Crónica hace 20 años. Echaron a toda la redacción. Se quedaron cinco compañeros atrincherados en el quinto piso, les subíamos la comida con sogas por la ventana, y el partido acampaba afuera. Mandaron patovicas dentro del edificio. Al final los compañeros/as se bajaron, nos fuimos a casa a la madrugada diciendo “se perdió”. Al otro día la patronal abre la puerta y dice “entren todos”: ¡se ganó el conflicto! ¡No se pierde un conflicto jamás hasta que no termina! Los conflictos son así, son lo más dialéctico que hay.
¡Y este conflicto se gana!
[1] El amontonamiento de citas al comienzo de la edición de este informe no posee elegancia estilística pero sirve para ilustrar la gravedad del momento. The Economist está tan preocupado con los desarrollos bajo el gobierno imperial de Trump que podría pasar a llamarse “Socialismo o barbarie”…
[2] Mark Carney, Primer Ministro de Canadá y ex presidente del Banco Central de Inglaterra, podríamos decir que es uno de los más intelectuales entre las autoridades de los países imperialistas tradicionales (Canadá es una especie de imperialismo de segundo orden). La crítica a un mundo sin reglas, que es el mundo de Trump, es de su autoría aunque luego lo hayan levantado otras autoridades como la presidenta de la Unión Europea, von Der Leyen.
[3] Las existencias mundiales de armamentos y municiones convencionales son demasiado escasas en casi todos los actores. Como China no ha estado involucrado en grandes guerras exteriores -ni interiores en las últimas décadas- podría tener más existencias, pero tiene un problema también: escasa experiencia en guerras concretas. Así las cosas, para Xi Jinping la cosa tampoco es sencilla. Y Taiwán, aunque es una potencia de segundo orden, su sociedad civil está en contra de ser arrebatada por el mando de la burocracia china y, además, uno se la imagina como una sociedad con gran disciplina.
No le será sencillo a Xi llevar a la práctica su designio de tomar la isla a finales de 2027, fecha para la cual se dice que el ejército chino estaría listo para invadir la isla.
[4] La idea de que toda gran guerra es una condensación de varias guerras en una está bien abordada por Ernest Mandel en su obra de los años 80, La segunda guerra mundial, muy educativa al respecto.
[5] El doble carácter de la guerra ucraniana lo identificamos desde el primer día de la avanzada de Rusia sobre Ucrania y lo mantenemos hasta hoy frente a las derivas campistas o las que pierden los elementos justos de autodeterminación nacional en la defensa ucraniana. El SWP inglés, el PTS y el PO argentinos están en estas posiciones; el SU con sede en Francia prácticamente perdió de vista el elemento interimperialista y se dedica desde el día uno de la guerra a defender el envío de armas imperialista a Ucrania, cosa que rechazamos.
[6] Al menos así lo era hasta cierto momento. En estos momentos no tenemos una lectura fina del terreno ucraniano.
[7] La industrialización de un país es evidente que requiere de una calificación de la fuerza de trabajo muy distinta que la idea de un país extractivista.
[8] Una “contradicción en el adjetivo” es una expresión en latín que remite a un adjetivo que contradice el sustantivo. En este caso, el continente más grande, el “sustantivo”, sería el modelo del país, y lo funcional a ello, la reforma laboral, sería el “adjetivo”: es evidente la contradicción entre una y otra cosa si lo que se tiene en mente es un país que mantenga su industria y no un mero país extractivista.
[9] La dialéctica de la calificación y descalificación laboral es más compleja que esta cita sumaria de Marx, pero es de buen sentido entender que parte del desarrollo de las fuerzas productivas de un país depende de la calificación de su mano de obra.
[10] Posteriormente al informe hubo novedades coyunturales favorables a los trabajadores porque la orden de desalojo, de momento, fue retirada, y porque Milei sigue peleándose con Madanes, lo que condiciona el comportamiento de Capital Humano como vimos con una de las citas que encabezan esta nota.
[11] El conflicto está ahora en una suerte de suspensión o impasse donde la apuesta de Madanes, y también de Milei y Kicillof, de momento, es al desgaste: que los trabajadores se bajen del conflicto por hambre.
[12] Desde el momento del informe a la publicación de esta nota ya hubo rechazos a la apelación de la CGT contra le ley en primera instancia.
[13] Cuando el PC Argentino se hizo Peronista luego del golpe de Perón en el 55 (anteriormente había sido gorila), desfilaba con pancartas de San Martin en las marchas. El trotskismo se fundó en la Argentina contra esa tradición, al menos una parte de él, la menos populista. La obra de Horacio Tarcus, El marxismo olvidado de Silvio Frondizi y Milcíades Peña, su mejor obra, es valiosa a ese respecto (para esa genealogía histórica de los debates fundadores del trotskismo argentino).




