Historia y estrategia

Apuntes históricos sobre la Revolución China y la cuestión homosexual

Una de las características compartidas entre el caso chino, la URSS estalinista y los demás regímenes burocráticos surgidos de las revoluciones de posguerra, fue el aplastamiento del libre desarrollo del individuo para garantizar los intereses de un Estado controlado por una burocracia que defendía sus intereses propios, aunque decía que “hablaba a nombre” de la clase trabajadora.

“Mientras estoy sentado en el lugar de encuentro, escucho a Tan preguntar a la gente a nuestro alrededor si se casarían con sus novios si se legalizara el matrimonio homosexual. Su pregunta surge de mis conversaciones previas con él sobre el matrimonio homosexual. Ante su pregunta, todos se sorprenden y responden: «¡Por supuesto que no!». El hombre sentado a nuestro lado dice: «¡No, este tipo de cosas no pueden salir a la luz!» (zhengda guangming). Otro hombre dice: «Ni siquiera he pensado [en el matrimonio]. Dos hombres juntos son solo para divertirse. Es diferente del matrimonio entre un hombre y una mujer. [La relación] entre dos hombres es temporal y no puede ser permanente». Tan añade: «Si te casas, serás el centro de atención del mundo como una de las pocas parejas homosexuales casadas; ¡por supuesto que nadie quiere eso! ¡Qué vergüenza sería!» (duibu duiren a).” (Tiantian, 2015: p.2)

El objetivo de este artículo es indagar en la relación entre la cuestión homosexual y la Revolución China de 1949, centrando su análisis en el periodo maoísta de la República Popular China (en adelante RPCh). Dicho periodo va desde el triunfo de la revolución en 1949 hasta 1978, momento que inicia el proceso de retorno al capitalismo denominado por la burocracia china como “periodo de reforma y apertura”.

En este sentido, muchos intelectuales y partidos de izquierda, incluso de la izquierda trotskista, han caracterizado a la Revolución China como una revolución socialista y a la RPCh como un “estado obrero degenerado”. ¿Pero esto fue así? El socialismo trajo consigo toda una serie de promesas emancipatorias que venían de la mano con la búsqueda de una sociedad sin explotados ni oprimidos, entre ellas la promesa del fin de la opresión por razones de género, identidad y orientación sexual.[1] Sin embargo, como puede verse en la cita con la cual inicia este texto, incluso en la actualidad de la RPCh persisten una gran cantidad de prejuicios sobre el tema, lo cual es un gran indicio de que dichas promesas emancipatorias no fueron cumplidas. En este caso podemos adelantar que esto se debió al hecho de que nunca se dio en China un proceso de transición al socialismo, ya que la Revolución China nunca tuvo un carácter socialista, sino que, siguiendo a Roberto Sáenz, fue una inmensa revolución campesina anticapitalista, pero no socialista (Sáenz, 2005).[2]

Homosexualidad, relaciones sexuales homosexuales y homofobia en la China imperial y republicana

Como señalamos en otros artículos, partimos de considerar la existencia de una diferencia entre las relaciones sexuales homosexuales y la homosexualidad. El primer término hace referencia a algo meramente físico, es decir, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, algo que ha existido a lo largo de toda la historia de la humanidad. Por otro lado, al hablar de homosexualidad estamos haciendo referencia a un fenómeno mucho más complejo y novedoso en la historia de la humanidad, a saber, la posibilidad de definir la identidad sobre la base a la orientación sexual, un proceso que tiene sus orígenes junto al capitalismo.

En este sentido, pueden encontrarse una gran cantidad de referencias a la existencia de relaciones sexuales durante las distintas dinastías de la China Imperial (221 AC al 1912 DC), e incluso en periodos más antiguos como el de los Reinos Combatientes (475-221 A.C) y el de Primaveras y Otoños (770-476 A.C). Incluso pueden encontrarse referencias a este tipo de relaciones en textos clásicos del confucianismo. Entre ellas se encuentra la historia del “Agradable abrazo por detrás” registrada en diversos anales, según la cual el Duque Jing del Estado de Qi fue a consultar con un sabio al descubrir que un funcionario menor lo miraba con lujuria razón, por la cual se enojó y estaba decidido a ejecutarlo. Sin embargo, al consultarlo con el sabio Yanzi, este lo amonestó indicándole que admirar y apreciar la belleza de otro no era un crimen. Finalmente, el Duque conmovido por estas palabras cambió de parecer y decidió no solo perdonarle la vida, sino que también le permitió darle un “agradable abrazo por detrás”.

Lo anterior no es una referencia aislada. por ejemplo, el reconocido historiador chino de la dinastía Han, Sima Qian, podía escribir en sus obras la biografía de los favoritos masculinos de los emperadores:

“Quienes servían al gobernante y lograban deleitar sus oídos y vistas, quienes captaban la atención de su señor y se ganaban su favor e intimidad, no lo hacían solo por el poder de la lujuria y el amor; cada uno poseía ciertas habilidades en las que sobresalía. Así escribí Las Biografías de los Favoritos Masculinos de los Emperadores.

El proverbio dice: «Ningún esfuerzo en el campo se compara con un buen tiempo; ningún servicio fiel se compara con el aprecio de los superiores». No es un dicho vacío. Sin embargo, no solo las mujeres pueden usar su atractivo para atraer la atención del gobernante; los cortesanos y los eunucos también pueden jugar a ese juego. Muchos hombres de la antigüedad se ganaron el favor de esta manera.” (Citado en Hinsch, 1992)

Sin embargo, y de la mano con nuestro punto de partida, también nos encontramos con el hecho de que hasta fines del siglo XIX y principios del siglo XX, no existía en el chino mandarín la palabra homosexual. Para referirse a las personas que tenían relaciones sexuales homosexuales solían utilizarse referencias y metáforas de textos clásicos (Tantian, 2015).

De esta forma, a lo largo de todo este periodo tanto la sociedad como los distintos estados chinos demostraron una gran tolerancia a este tipo de relaciones, hecho que sólo cambiará con la introducción del capitalismo. En este sentido, tanto la noción de homosexualidad como la de homofobia llegaron a Asia y África por la vía del imperialismo europeo y, en menor medida, estadounidense desde fines del siglo XIX y principios del XX. Así, por ejemplo, en múltiples lugares de Oriente, como por ejemplo Palestina, la homosexualidad era tolerada hasta que las autoridades coloniales inglesas la declararon como un delito.

El caso chino, sin embargo, tiene sus particularidades dado que nunca fue una colonia, sino más bien un país semicolonial oprimido y expoliado brutalmente por las grandes potencias imperialistas, que sometieron al imperio chino a toda una serie de humillaciones por medio de los tratados desiguales impuestos luego de importantes derrotas militares en diferentes conflictos bélicos, como las “Guerras del Opio”. Frente a esto, en un primer momento sectores de las elites confucianas y, posteriormente, estudiantes e intelectuales modernos, participaron de grandes movimientos sociales que buscaban salvar China del imperialismo, llegaron a la conclusión de que debían introducir al país las ideas y tecnologías de occidente.

El primero de estos movimientos fue el de Autofortalecimiento Nacional, liderado por las elites confucianas tradicionales que buscaban introducir la  ciencia y la técnica de Occidente para salvar y fortalecer al Estado confuciano imperial chino. Posteriormente, ya en el periodo republicano (1912-1949) surgieron otros movimientos, esta vez de carácter más progresivo, liderados por jóvenes estudiantes e intelectuales, como el Movimiento de la Nueva Cultura, que partía de la base de que la causa del atraso chino era la ideología confuciana que promovía la sumisión y el atraso. En este sentido, planteaban que para salvar al país era necesario tomar de occidente lo que Occidente tenía y China no, es decir “la democracia y la ciencia”. Así, sostenían que el proceso de transformación del país requeriría de un largo cambio cultural (no político) que podría llevar décadas y cuyo sujeto central sería la juventud.

El último y más importante de estos movimientos fue el de 4 de Mayo, movimiento de carácter nacionalista y antiimperialista que estalló luego de que en los tratados de paz de Versalles las colonias alemanas en China no les fueran devueltas a los chinos, sino que fueran cedidas al Imperio Japonés. Esto desató un movimiento masivo, tanto en lo político como en lo intelectual, que profundizó su crítica a la tradición confuciana y que creó el contexto propicio para la recepción del marxismo en China.

Si bien estos movimientos fueron progresivos (sobre todo los últimos dos), en su afán de recibir las nuevas ideas de Occidente se recibieron tanto los elementos progresivos (como la tradición del marxismo revolucionario) así como los más regresivo y conservadores, entre los que se encontraba la homofobia y el discurso psiquiátrico pseudo científico que planteaba a la homosexualidad como una enfermedad a ser combatida. De hecho, es en este marco que por primera vez se inventa la palabra homosexual en chino (同性恋者 Tóngxìngliàn zhě), la cual no existía hasta este momento.[3]

Este caso es una muestra de lo complejo y contradictorios que pueden ser los procesos históricos. El Movimiento del 4 de Mayo fue progresivo por su carácter antiimperialista y facilitó la recepción del marxismo en China, acabó con la apatía que reinaba entre los intelectuales y estudiantes sobre la participación político partidaria y sentó las bases para el surgimiento del Partido Comunista de China (que hasta la derrota de la revolución de 1925-1927 fue un partido revolucionario). Sin embargo, de la mano de dicho movimiento también ingresaron muchas de las ideas más reaccionarias y homofóbicas que circulaban por Europa.

Sobre el carácter de la Revolución China

Analizar las revoluciones sociales no es algo simple y más aún casos como la Revolución China, la cual escapa de los moldes teóricos tradicionales de cómo debía ser una revolución supuestamente socialista. Por este motivo, se han abierto diversas vertientes explicativas, tanto en el campo de los investigadores sociales como de los distintos partidos de izquierda. Por un lado, se encuentran quienes se esforzaron por hacer encajar a la Revolución China como una verdadera revolución obrera y socialista recurriendo a distintos malabarismos teóricos; por el otro, aquellos que apreciaron las originalidades de esta revolución y se encaminaron en la más dificultosa tarea de analizarla por fuera de los marcos tradicionales.

Siguiendo el planteo de Sáenz (2005), podemos encontrar los análisis del trotskismo de posguerra que se esforzaron en caracterizarla de manera forzada como una verdadera revolución socialista. Por un lado, están las posturas sustituistas (como las de Deutscher), que afirmaban que a pesar de no constatar una verdadera participación de la clase obrera en la revolución, la misma habría tenido un carácter socialista porque otra clase, en este caso un campesinado encuadrado burocráticamente por el PCCh, habría cumplido las tareas de la clase obrera. Otros, como Ernest Mandel, definieron a la Revolución China como socialista basándose en un supuesto carácter proletario del PCCh. Por último, en el caso de Nahuel Moreno planteó el carácter socialista de esta revolución por la dinámica objetiva de los acontecimientos.

Sin embargo, cuando nos alejamos de estas posturas, nos encontramos con otras que resaltan las marcadas diferencias entre la Revolución China y verdaderas revoluciones socialistas, como lo fue el caso de la Revolución Rusa. Así, en la obra de Maurice Meisner, una de las principales referencias dentro del campo historiográfico a la hora de abordar la historia de la RPCh y el PCCh, podemos encontrar lo siguiente:

“En los primeros años luego de la revolución, las mentes de los dirigentes comunistas chinos se dedicaron a los problemas políticos y económicos inmediatos de su nación, no a pensamientos utópicos de revolución mundial. Por más de dos décadas, la revolución china había crecido en un molde nacional insular. Se había desarrollado independientemente de las corrientes revolucionarias internacionales y estaba aislada tanto física como espiritualmente de ellas. El profundo carácter nacionalista de la experiencia revolucionaria china, y un mundo ampliamente diferente al de 1917, habían hecho del “internacionalismo proletario” una frase ideológica ritualizada, ya no una creencia marxista revolucionaria genuina. A diferencia de Lenin o Trotsky, Mao Zedong era un líder revolucionario eminentemente nacional, no un portavoz de la revolución internacional. Además, para 1949 la noción del socialismo en un país – y aun en un único país atrasado – no era ya considerada una herejía ideológica.

La China de 1949 difería de la Rusia de 1917 en muchos otros aspectos. En 1949 Mao no necesitaba escribir un equivalente del tratado utópico de Lenin El Estado y la Revolución. Era suficiente escribir “Sobre la dictadura democrática del pueblo”. En este ensayo, Mao reafirmaba el compromiso con los objetivos socialistas y comunistas, pero relegaba su realización a una época futura imprecisa, mientras enfatizaba que los objetivos inmediatos eran la creación de un fuerte poder estatal y la construcción económica.” (Meisner, 2007: P. 41)

En este sentido, coincidimos con la posición de Roberto Sáenz de caracterizar a la Revolución China como una inmensa revolución campesina anticapitalista, pero no socialista, cuyo principal actor fue un campesinado encuadrado burocráticamente y la clase obrera no jugó un rol protagónico (Sáenz, 2005). Sin la clase obrera dirigiendo el proceso revolucionario es imposible la transición al socialismo. Esta centralidad de la clase obrera no deviene de un capricho, sino del hecho señalado por Marx de que para emanciparse la clase obrera debía acabar con todas las formas de explotación y opresión (incluyendo aquí la opresión a la diversidad). Dado que los sufrimientos de dicha clase son universales, su única perspectiva no es consagrar nuevos privilegios, sino eliminarlos a todos. De allí deviene que la transición socialista consista en un proceso de abolición de todo Estado y de toda formación de clases (Sáenz, 2024).

Esta discusión teórica sobre cómo caracterizar a la revolución no es un capricho, sino que de esta definición se derivan consecuencias. Por ejemplo, es común que para romper cualquier alianza entre la izquierda revolucionaria y el movimiento de la diversidad sexo-genérica, los sectores liberales burgueses (e incluso sectores de la extrema derecha) cacareen sobre las políticas homofóbicas del estalinismo o la Revolución Cubana, buscando asimilar dichas experiencias al socialismo[4].

La República Popular China y la cuestión homosexual

La Revolución China representó un episodio central de la lucha de clases del siglo XX. Como dijimos previamente, fue una revolución campesina que tomó medidas anticapitalistas. A pesar de esto, no cumplió con las promesas emancipatorias del socialismo para el campo de la diversidad sexo-genérica. Sin embargo, sus políticas no fueron idénticas a las del estalinismo, algo que se explica por diversas razones.

Por un lado, en la China prerrevolucionaria no hubo un verdadero movimiento de la diversidad sexo-genérica, en el sentido de que no había una verdadera organización de la comunidad llevando sus reclamos a la esfera pública por medio de sus organizaciones, revistas, periódicos, lazos con los partidos políticos, etc. Por otro lado, dado que fue una revolución encuadrada burocráticamente desde sus inicios, los comunistas chinos no tuvieron la necesidad de utilizar métodos represivos tan brutales como los del estalinismo ruso que tuvo como objetivo destruir lo que quedaba de una verdadera revolución obrera y socialista. Por último, la homofobia, al ser un fenómeno bastante joven en la historia de China, no estaba tan firmemente implantada en la sociedad, lo cual puede ver se en el hecho de que nunca había sido declarada como un delito.

Lo anterior no significa que la burocracia maoísta no tuviera una política represiva hacia la diversidad sexo-genérica. Si bien nunca se estableció una ley o regulación específica contra la homosexualidad, la represión existió y siguió tres vías: la concepción de la homosexualidad como una enfermedad, la imposición de un modelo de familia y sexualidad hetero normativo, marital y reproductivista, y, por último, se dio un periodo de persecución más activa en los marcos de la autodenominada “Revolución Cultural”.

En cuanto a la primera vía, para 1949, momento del triunfo de la Revolución China, la contrarrevolución burocrática en la URSS ya se encontraba firmemente consumada. Como expusimos en otro artículo, en el caso soviético la contrarrevolución estalinista tuvo su apartado de represión al movimiento de la diversidad sexo-genérica, pues pasó a tratar a la homosexualidad como un delito y una enfermedad.

A partir de esto, la psiquiatría china (que comenzó a consolidarse en el periodo maoísta) recibió todo este influjo estigmatizante y homofóbico de su similar soviética. Además, se nutrió de lo peor de la psiquiatría estadounidense que también consideraba a los homosexuales como enfermos mentales (Mian, 2023). Así, a lo largo de todo el periodo de 1949 a 1978, los homosexuales chinos en lugar de poder vivir libremente su sexualidad fueron estigmatizados y tratados como enfermos. Esto permitía que, a pesar de no ser un delito en el campo jurídico, en el campo social constituía un estigma que debía ser ocultado de la vida pública.

Por otro lado, desde el partido maoísta y el Estado burocrático se buscó imponer un modelo de sexualidad heteronormativo, marital y reproductivista. El desarrollo integral del individuo quedaba vetado bajo el imperativo de producir niños para fortalecer al nuevo Estado (no) “Socialista”. El deseo sexual debía ser subyugado a la obligación familiar de reconstruir la sociedad y contribuir al Estado (Tantian, 2015). Dicho modelo de sexualidad quedó plasmado en la ley de matrimonio de 1950 que, a pesar de tener aspectos progresivos para los derechos de la mujer como la prohibición de los matrimonios arreglados (que en muchos casos condenaban a niñas a casarse sin consentimiento con hombres adultos), también colaboró en sepultar toda posibilidad de que los homosexuales chinos pudieran vivir libremente su sexualidad.

“El marido y la mujer tienen el deber de amarse, respetarse, ayudarse y cuidarse mutuamente, vivir en armonía, dedicarse a la producción, cuidar de los hijos y esforzarse conjuntamente por el bienestar de la familia y por la construcción de una nueva sociedad.” (Ley de matrimonio, 1950)

Esto mismo era delineado de manera más explícita en aquellos documentos destinados a explicar la aplicación de esta ley. Por ejemplo, en el discurso de la referente del PCCh en el movimiento de mujeres, Deng Yingchao, frente a una reunión de cuadros y estudiantes de la provincia de Chahar[5] podía afirmar lo siguiente:

“El comité central del partido lo expresó acertadamente: ´La correcta aplicación de la Ley de Matrimonio no solo emancipará a las masas del pueblo chino, especialmente a las mujeres, del sistema matrimonial bárbaro y retrógrado de los últimos miles de años, sino que también puede establecer una nueva relación en el hogar, una nueva vida social y una nueva moral social, promoviendo así el desarrollo de la construcción política, económica, cultural y militar en la Nueva China Democrática´«. (Deng, 1950)

De esta forma, mantener a la familia como célula básica de la sociedad para contribuir al desarrollo del Estado era uno de los puntos centrales de esta ley. Tal es así que, a pesar de legalizar el divorcio, al mismo tiempo ponía importantes trabas para dificultarlo. Por ejemplo, si el divorcio sólo era deseado por una de las partes, ésta debía pasar por todo un entramado burocrático que insistía con lograr una reconciliación:

“Cuando solo una de las partes insiste en el divorcio, el gobierno popular del subdistrito puede intentar lograr una reconciliación. Si dicha mediación fracasa, remitirá sin demora el caso al tribunal popular de la ciudad del distrito para que tome una decisión. El gobierno popular del subdistrito no intentará impedir ni obstaculizar que ninguna de las partes apele ante el tribunal popular del distrito o de la ciudad. En primera instancia, deberá intentar lograr una reconciliación entre las partes. En caso de que dicha mediación fracase, el tribunal dictará un veredicto sin demora.” (ley de matrimonio, 1950).

En este sentido, una de las características compartidas entre el caso chino, la URSS estalinista y los demás regímenes burocráticos surgidos de las revoluciones de posguerra, fue el aplastamiento del libre desarrollo del individuo para garantizar los intereses de un Estado controlado por una burocracia que defendía sus intereses propios, aunque decía que “hablaba a nombre” de la clase trabajadora.

Por último, en los marcos de la Revolución Cultural (1966-1976), se dio una represión más activa, dado que la homosexualidad fue clasificada como uno de los malos elementos bajo las cinco categorías negras, junto a los terratenientes, campesinos ricos, derechistas y contrarrevolucionarios. En ese marco, si bien no se legisló ninguna prohibición de la homosexualidad, si se persiguió a los homosexuales a través del artículo del Código Penal que punía el vandalismo. Por este motivo, los homosexuales podían ser castigados con reducciones salariales, la expulsión del PCCh en caso de estar afiliados e, incluso, ser enviados a campos de reeducación por el trabajo (Tantian, 2015).

El periodo maoísta acabó en 1978, cuando de la mano de la dirección de Deng Xiaoping se inició el proceso de “Reforma y Apertura” que, con una primera liberalización del campo, dio inicio al proceso de la restauración capitalista. La vuelta al capitalismo trajo grandes cambios en la vida social, económica, cultural y política del país, pero no terminó con el estigma sobre la homosexualidad que persiste hasta el día de hoy, al grado de que cosas tan básicas como el matrimonio igualitario siguen sin ser legales.

Así concluye este artículo, cuyo objetivo es colaborar con la fundamental tarea de realizar un balance a fondo de las revoluciones de posguerra y de los regímenes burocráticos contrarrevolucionarios, algo indispensable para el relanzamiento del marxismo revolucionario en el siglo XXI, tarea a la cual nos abocamos desde el Nuevo MAS y la corriente Socialismo o Barbarie.

Bibliografía

Cheng, A. (2002). Historia del pensamiento chino. Bellaterra.

Chen, M. (2024). Homo(sexual) socialist: Psychiatry and homosexuality in China in the Mao and early Deng eras. Gender & History, 36(2), 657–672. https://doi.org/10.1111/1468-0424.12743

Hinsch, B. (1992). Passions of the cut sleeve: The male homosexual tradition in China. University of California Press.

Sáenz, R. (2005). China 1949: Una revolución campesina anticapitalista. Socialismo o Barbarie, (19).

Sáenz, R. (2024). El marxismo y la transición socialista: Tomo I: Estado, poder y burocracia: Un debate estratégico insoslayable. Izquierda Web Ediciones.

Zheng, T. (2015). Tongzhi living: Men attracted to men in postsocialist China. University of Minnesota Press.

Documentos y fuentes primarias

Deng Yingchao. (1950, 14 de mayo). On the marriage law of the People’s Republic of China [Discurso].

The Marriage Law of the People’s Republic of China. (1950, 1 de mayo). Central People’s Government of the People’s Republic of China.

[1] Esto permitió la alianza entre la primera ola del movimiento de la diversidad sexo-genérica y la izquierda revolucionaria tal cual lo abordamos en notas previas https://izquierdaweb.com/magnus-hirschfeld-y-los-origenes-del-movimiento-de-la-diversidad-sexo-generica/

[2] Lo planteado aquí es solo a modo de introducción y será abordado con mayor profundidad en próximos apartados.

[3] Cabe señalar que dicha palabra mantiene hasta el día de hoy un estigma homofóbico y no es utilizada por la comunidad homosexual china, la cual se identifica más con el termino Tóngzhì (同志), cuya traducción literal es camarada.

[4] Por este motivo, en nada ayuda que corrientes de izquierda caractericen a los regímenes burocráticos que emergieron de las revoluciones de posguerra como “Estados obreros” deformados. Un ejemplo de esto es el PTS de Argentina que, hasta inicios de los 2000, caracterizaban a la RPCh como un “Estado Obrero deformado”.

[5] Provincia que existió entre 1912 y 1952.

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