Aplicaciones de reparto, la esclavitud del siglo XXI

Si algo generan las nuevas aplicaciones como Rappi, Pedidos Ya, UberEats o Glovo es la ruptura de los vínculos y la deshumanización de lxs personas.

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Artículo publicado originalmente en El Destape

Es sábado a la noche y en casa no hubo ganas de cocinar. Sin muchas vueltas pedimos una pizza a través de una de esas famosas aplicaciones de delivery que usamos varias veces por semana. Ustedes saben, las de las mochilitas de colores. Es que el sistema y las empresas crecieron tanto por la pandemia que lxs repartidorxs ya son como parte del paisaje urbano. Empieza a llover . Tal vez por eso se atrasa un poco la entrega. Finalmente llega el ansiado mensaje: “El repartidor está en camino”. Según se ve en la pantalla hoy la comida la trae “Valeria”. Suena el timbre y salgo a buscarlo. Valeria debe tener 23 o 24 años, y trabaja con una bici sin cambios 6 o 7 días a la semana. Esta empapada de punta a punta. Me cuenta que está en la calle desde las 13, que no fue al baño en 5 horas, pero que no puede parar abajo de un techo para no mojarse porque la empresa la castiga. Le agradezco y la despido. “Le dejé buena propina”, pienso por dentro para sentirme menos mal. Me voy al sillón, prendo Netflix y me como la pizza que pedí. Y así, continua el circuito en loop para siempre.

Es que si algo generan las nuevas aplicaciones como Rappi, Pedidos Ya, UberEats o Glovo es la ruptura de los vínculos y la deshumanización de lxs personas. Valeria es una más de lxs 55 mil trabajadorxs de plataformas que habitan las calles de las principales ciudades y regiones del país, como el AMBA, Córdoba, Rosario, La Plata, Neuquén, o Mendoza. Durante la pandemia lxs repartidores cumplieron un rol clave, tan esencial como el de los trabajadores sanitarios, médicos, basureros, o colectiverxs. Pero a diferencia de otras actividades, la lógica de funcionamiento de las plataforma es tan perversa que los invisibiliza y corre hacia los márgenes del sistema. Lxs trabajadores de reparto no solo no son reconocidos como trabajadores en situación de dependencia (monotributo), sino que además, en lo programático, forman parte de una cadena automatizada que anula sus voces.

Nuevos sindicatos: la salida es siempre colectiva

Belén D. tiene 30 años, hace los repartos con su bicicleta y es Secretaria adjunta del Sindicato de Base de Trabajadores de Reparto por Aplicación (SiTraRePA). Emilse I. tiene 27, maneja una moto y es Secretaria de prensa del Sindicato. Ambas empezaron a trabajar en pandemia y en dos años se organizaron junto a otrxs compañerxs para dar origen al primer Sindicato de base de trabajadores de reparto de Argentina. Mientras la gran mayoría de las personas permanecieron en sus casas resguardándose del COVID, lxs repartidorxs estaban en las calles trabajando todos los días, expuestos al contagio, sin ART, sin salario, sin tener donde ir al baño, sin días por enfermedad, o vacaciones pagas. Al momento, a pesar de que a nivel nacional ya juntaron 3 mil afiliaciones que dan validez a la herramienta de representación y presentaron la Constitución del organismo, el trámite de reconocimiento del Sindicato esta cajoneado en el Ministerio de Trabajo desde junio de 2021.

“Nos dimos cuenta que había que hacer algo. Nos juntábamos en las paradas solidarias, que son espacios donde empezamos a solidarizarnos con los compañeros. No los elegíamos sino que surgieron de la propia dinámica de los repartidores, por ejemplo nos juntábamos en la puerta de locales donde hay muchos pedidos, o en la puerta del Abasto. De esa manera rompimos con la dinámica de la atomización – relata Emilse – las empresas aprovechaban la pandemia para disciplinarnos. Con la excusa del distanciamiento social nos ponían una chicharra que sonaba cuando te acercabas al trabajador de al lado sonaba. Pero jamás nos dieron barbijo alcohol en gel o elementos de higiene”. La organización les permitió además ayudar económicamente a compañeros que por un accidente no podían laburar, les bloqueaban la cuenta, o incluso acompañar a familias de compañeros que murieron atropellados y la empresa no pagaba los sepelios.

En principio lo que subrayan es que no se trata de un fenómeno local sino internacional que atraviesa sobre todo a la juventud y a las nuevas generaciones, pero también a los no tan jóvenes del mundo condenados al trabajo precario. En los grupos de menor edad la opción surge en primer lugar como un empleo transitorio o el primer acercamiento al mercado de trabajo. Pero en la actualidad ha aumentado el promedio de duración y para muchos es la única opción sin límites de tiempo. En términos de género, según el estudio La configuración del proceso de trabajo en las plataformas de reparto en la ciudad de Buenos aires de Julieta Haidar (2020) es un fenómeno mayormente masculinizado, aunque en el último tiempo se ha registrado un crecimiento de la participación de mujeres. Además si bien hace en 2018 la composición del colectivo era mayoritariamente de migrantes, esa cifra se modificó sobre todo con la pandemia y actualmente más de la mitad son argentinxs.

En octubre del año pasado Emilse viajó al Encuentro internacional de trabajadores de plataformas de Bruselas, Bélgica:  “cuando llegué me encontré con gente de Marruecos, Inglaterra, EUA, y lo que ves son caras jóvenes, muchas mujeres también, y toda una generación atravesada por lo mismo. No importa si estas en el primer mundo o en Latinoamérica. Esto es un nuevo modelo de trabajo que se implanta en todo el globo y busca retrotraer los derechos laborales  a un siglo atrás”. De hecho en algunos países de Europa existen aplicación para contratar a mujeres que van a hacer limpieza a las casas o a psicólogxs. “Estas empresas son la punta de lanza para atacar los derechos de los trabajadores. La pelea es por el futuro y es una lucha estratégica porque el trabajo por aplicaciones es algo que se va acrecentar. Es la esclavitud del siglo XXI”, agrega Belén.

“Estas empresas manejadas por multimillonarios que aparecen en la revista Forbes no tienen cargas patronales. Te venden el discurso de la autonomía y el emprendedurismo. La típica frase ‘vos sos tu propio jefe’ que es parte de la nueva ideología liberal que disputa sentido común. Pero nuestra posición surge de la base de nuestra materialidad. Por la condición concreta del trabajador esos arcoíris de colores se desarman”, explica Belén. El concepto de empresa fantasma es muy ilustrativo ya que no tienen caras, nombres, un teléfono donde quejarse, o una oficina de recursos humanos: “Lo que se genera es una relación laboral encubierta donde la patronal, que en cualquier otro trabajo tiene una oficina, recursos humanos o alguien que da la cara, actúa de forma invisible. Lo único que tenemos son tickets hecho por pibes de soporte que trabajan en las mismas condiciones que nosotros, pero adentro de un call center. Pero son ellos los que reciben las quejas, y si alguien lo decide la aplicación bloquea tu cuenta y no tenés derecho a hacer nada”.

Didier tiene 27 años y se sumó al reparto a través de plataformas en agosto de 2020 en plena pandemia, para complementar un trabajo precario que tenía previamente. Suele hacer repartos viernes, sábado, domingos, y algún día más a la semana, mientras está cursando estudios superiores. Él forma parte de la Agrupación de Trabajadores de Reparto y participó en 2020 de varias huelgas internacionales que iniciaron países como Brasil, Chile, Ecuador, México, Costa Rica, Guatemala y Argentina para exigir mejores condiciones laborales y de protección. A diferencia de SiTraRePA,  el Ministerio de Trabajo nunca aceptó recibirlos para iniciar una mesa de diálogo: “Eso generó una suerte de decepción y se perdió un poco la dinámica que tuvimos al comienzo de la pandemia. Pero creo que las condiciones que vienen erosionando nuestros ingresos, y en definitiva empeorando las condiciones de trabajo, van a ser un gran factor para un nuevo ciclo o alza de lucha y de reclamos”. Por eso la agrupación está en proceso de elaboración y debate de una propuesta de 15 puntos para una regulación a nivel nacional de trabajadores de plataformas, para ser presentada y tomada en cuenta.

Las empresas del sector les hacen firmar a lxs trabajadorxs un contrato consignando taxativamente que la relación establecida es comercial y no laboral. Se trata de contratos estandarizados y no negociables que les permiten saltearse toda la legislación laboral y los derechos adquiridos como seguros por accidentes, obra social, vacaciones, descansos pagos, límites de la jornada, horas extras, paritarias, etc. “Frente a cualquier arbitrio por parte de las empresas no tenemos canales de diálogo o reclamos efectivas – detalla Didi. Yo me sumé a la organización porque entendí la importancia de no naturalizar las condiciones de explotación. Los trabajadores tenemos que tener derechos laborales, reconocidos por las empresas y poder negociar colectivamente. No hay salida individual posible porque la salida individual es trabajar 15 horas seguidas con riesgo de morirte en la calle y yo defiendo la organización colectiva y democrática”.

Las métricas y los mecanismos de control

La informalidad, el trabajo atomizado en la vía pública, la modalidad de contratación y la falta de contacto con otrxs repartidores, condiciones propias de la actividad, lógicamente dificultan la capacidad de organización. Sin embargo lo que más atenta contra la construcción de lazos solidarios son las herramientas de control que utilizan las empresas por medio de las aplicaciones. “Hay cuestiones que nos impulsan a la competencia interna como el pago a destajo, las valoraciones, los rankings, y la categorización que hace la empresa de acuerdo a los parámetros de cumplimiento y productividad. Eso determina en muchos casos que el trabajador termine apostando a una salida individual y buscar una mayor intensidad de trabajo para tener mayores ingresos y abandone la organización colectiva que podría mejorar la situación de todos en general”, sostiene Didi.

Las empresas utilizan las métricas para cuantificar el trabajo y armar un ranking de rendimiento. El objetivo es lograr que se trabaje lo más rápido posible y que no se rechace ningún pedido. “Por ejemplo controlan si nos demoramos, te castigan y te penalizan por retrasarte o por rechazar un pedido. Vos tenés un ranking y dependiendo donde estás ubicado, según tu nivel de aceptación de pedido, velocidad de entrega, o calificación del cliente, vas a cobrar una determinada cantidad de plata por pedido. Pero uno nunca sabe nada, porque esta todo algoritmizado”, explica Belén.  “Los pagos son variables y dependen de muchos factores. Primero la distancia hasta el local y el cliente, y el tipo de pedido que sea. En algunas aplicaciones hay pedidos que implican ir a comprar al supermercado, elegir los productos. Después también influyen los rankings y cómo uno esta categorizado por el algoritmo y la performance en la aplicación”, analiza Didi.

En promedio por trabajar 8 horas por día, hoy el salario puede llegar a ser de 40 mil pesos, y ese es uno de los puntos que generan mayor disconformidad. “Con la inflación que tenemos proyectada estamos realmente padeciendo lo que es trabajar sin un vínculo laboral reconocido porque no tengamos posibilidad alguna de negociar o actualizar las tarifas frente a la erosión del salario – relata Didi – Hay compañeros que laburan 10 o 12 horas, sobre todo quienes están con la bici, y eso aumenta la intensidad del trabajo para poder completar la mayor cantidad de pedidos y recorrer las distancias de la forma más rápida posible con todo lo que eso implica”. Además lxs repartidorxs deben hacerse cargo de comprar las mochilas y camperas con la publicidad de las empresas.

En este punto podemos hacer una referencia a Pierre Bourdieu quien introdujo el concepto de la clase social hecha cuerpo. Los incidentes viales son los eventos más visibles y ocurren con muchísima frecuencia. “Pensá que la regla número 1 del manejo es no usar el celular cuando conducís. ¿Pero cómo hacés para no usarlo si estás trabajando con aplicaciones? Uno depende de eso. Y es tan parte de tu cotidianeidad que no te das cuenta de los riesgos que corrés y el nivel de exposición al que estamos sometidos”, subraya Emilse. Eso sumado a la exigencia de velocidad que provoca mayores niveles de peligro. Pero al mismo tiempo en estos últimos años se han registrado enfermedades ligadas a los rasgos propias de este tipo de tareas como problemas de columna y espalda por estar sentadxs tanto tiempo y por las vibraciones de la moto o la bici; enfermedades respiratorias por la exposición al mal clima y no tener ropa adecuada; los golpes de calor en el verano; y el aumento en los casos de cistitis crónica en mujeres por no tener donde orinar durante varias horas.

Generación U: el reclamo por el reconocimiento laboral

El miércoles 20 de abril a las 11 lxs repartidorxs convocan a movilizarse hacia la puerta del Ministerio de trabajo de la Nación para exigir una vez más el reconocimiento del Sindicato.

Desde Sitrarepa plantean la necesidad de construir un sindicalismo pegado a los trabajadores y alejado del corporativismo tradicional. “Hoy hay mucho agotamiento con respecto a las centrales sindicales que han abandonado a los trabajadores en el peor momento de la pandemia. Nosotros no prometemos soluciones mágicas, simplemente el mensaje es involucrarnos todos y colectivamente armar una salida. Por eso las paradas solidarias empezaron como espacios de ayuda mutua, de llevar las herramientas para arreglar las bicicletas, llevar zapatillas para cargar los teléfonos, o ayudar a un compañero accidentado. Hoy los espacios tradicionales no hacen eso y hay una nueva generación que quiere plantear otra forma de organizarse”, dice Emilse.

A nivel internacional se han registrado algunos quiebres que funcionan como referencias. Hace dos semanas, gracias a la militancia ininterrumpida de lxs trabajadorxs en Nueva York se creó el primer sindicato de Amazon, luego de un intento fallido en 2021 cuando la sindicalización perdió la votación por una serie de maniobras de la empresa. Algo similar ocurrió con la cadena de comidas Starbucks en EUA que actualmente registra 200 tiendas que esperan la fecha de las elecciones para votar su sindicalización. Lo que se observa es la acción de una nueva generación que ingresa a un mercado con pocas oportunidades y a un mundo donde es casi imposible proyectarse en el tiempo. En los medios se empieza a hablar de la “Generación-U” por Union (sindicato). En España por otro lado se conquistó la Ley Rider que obliga a las empresas a vincular a los repartidores como trabajadores asalariados en el régimen general y brindarles una serie de medidas y derechos laborales.

“Hoy los repartidores y deliverys somos el último orejón del tarro. Sufrimos una invisibilización total. La gente te dice ‘si veo cada vez más mochilitas de colores en la calle’, pero no pasa nada – sostiene Belén – En general la experiencia del sindicato de base esta medio bastardeada, pero nosotros queremos retomarla, organizar a los compañeros, dar una perspectiva sobre el futuro, construir un lazo solidario. Nosotros acompañamos a todos en múltiples dimensiones: desde cómo hacer una facturación con monotributo, hasta qué hacer si alguien tiene un accidente, todo como ayuda mutua frente al vacío de la empresa y el estado.  Es muy importante el reconocimiento del sindicato, porque es una voz legítima para defender lo que los trabajadores necesitamos”.

“El Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta quiso legislar la actividad, pero a favor de las empresas. En 2019 creó el Registro Único de Transporte de Mensajería Urbana y/o Reparto a Domicilio de Sustancias Alimenticias (RUTRAMUR). Cada repartidor tiene que usar un chalequito, aprobar un curso de seguridad vial, que da el gobierno de la Ciudad y tenemos que abonar nosotros, y pagar un impuesto por transportar alimento – cuenta Emilse- por eso si el Ministerio de Trabajo es lo que dice ser, tiene que reconocer el sindicato. Sino es todo testimonial. Somos 60 mil personas trabajando en negro para multinacionales. La primera presentación que hicimos fue en junio de 2021, nosotros hemos presentado el trámite en tiempo y forma. Necesitamos que las afiliaciones que presentamos se reconozcan”.

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