Artículo del colectivo feminista y anticapitalista ROJA aparecido originalmente en francés, integrado por miembros de la diáspora iraní, afgana y kurda en París, y nacida tras el levantamiento de «Mujer, Vida, Libertad». Traducción al español de Izquierda web
En su discurso televisado el 3 de marzo, Emmanuel Macron afirmó que Irán tenía toda la responsabilidad en el estallido de la guerra y anunció la decisión de enviar el portaaviones Charles de Gaulle al Mediterráneo. ¿Qué busca al sumarse a esta retórica belicista imperante? ¿Qué interés tiene Francia en avivar las llamas de una guerra en Oriente Medio?
Macron, como la mayoría de los líderes europeos, ha demostrado ser incapaz de oponerse claramente a la lógica bélica imperante y simplemente decir «no a la guerra». Peor aún, contribuye, a su manera, a distorsionar la realidad histórica. Porque hay que reconocer que fueron Estados Unidos e Israel quienes atacaron a Irán en nombre de un supuesto «ataque preventivo», una expresión novedosa utilizada para justificar lo injustificable. Este ataque ha causado hasta el momento la muerte de más de mil civiles en Irán.
El colectivo ROJA se ha opuesto sistemáticamente a las agresiones y la beligerancia de la República Islámica en nombre de una supuesta «legítima defensa» que no significa más que la continuación de la guerra. Una guerra que, además, se está volviendo contra el pueblo iraní para reprimirlo. No hemos olvidado la masacre de enero, en la que miles de civiles fueron asesinados a tiros.
Aún hoy, se despliegan armas de guerra en las calles. Los puestos de control se multiplican en las ciudades, se corta el acceso a internet y la población iraní carece de refugios y sistemas de alerta. Todo indica que este régimen no tiene intención de proteger a los iraníes en esta guerra. Al mismo tiempo, los países europeos, y Francia en particular, no toman medidas concretas para detener la masacre de civiles bajo las bombas en Irán.
Europa, incluida Francia, siempre se ha enorgullecido de defender el derecho internacional y de oponerse, al menos verbalmente, a su violación. Pero al aliarse con la guerra desatada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu, Emmanuel Macron pierde toda legitimidad para afirmar que defiende este derecho internacional.
No olvidemos la larga historia de injerencia militar y neocolonial de Francia en África y Asia. Bajo el mandato de François Hollande, Francia participó en la guerra de Siria; bajo el de Nicolas Sarkozy, inició la intervención militar en Libia. Parece que Macron ha olvidado los errores cometidos en estos países, cuyas consecuencias siguen desestabilizando a toda la región.
La postura actual del gobierno francés puede interpretarse como un intento de compensar la pérdida de influencia de Francia en el ámbito internacional y en los conflictos de Oriente Medio. Sin embargo, se trata principalmente de una retórica belicista que Emmanuel Macron lleva desarrollando desde hace varios años.
Incluso durante la pandemia de Covid-19 hablaba de «guerra». Desde entonces, esta retórica se ha intensificado: llamamientos al «armamento» de Francia, preparación para posibles conflictos futuros, mención de un posible regreso al servicio militar, aumento continuo del presupuesto de defensa y, más recientemente, énfasis en el poder nuclear del ejército francés.
No olvidemos tampoco que Trump, Netanyahu y los monárquicos del movimiento MIGA (Make Iran Great Again) no son los únicos que traman planes imperialistas para el futuro de la sociedad iraní. Esto también se refleja en el mensaje privado de Macron a Trump, revelado a la prensa el 19 de enero, en el que el presidente francés afirmó: “Podemos hacer grandes cosas en Irán”. Cuando se trata de Irán, los imperialismos del mundo parecen, de repente, ponerse de acuerdo.
Ante la lógica belicista que impera en Oriente Medio, el colectivo ROJA aboga por construir un internacionalismo «desde abajo» y fortalecer la solidaridad entre los pueblos que sufren las guerras: iraníes, palestinos, libaneses, kurdos, iraquíes, sudaneses, congoleños, las poblaciones de los Estados del Golfo, ucranianos y muchos otros. Solo esta solidaridad entre los pueblos, más allá de las fronteras y los intereses de los Estados, puede constituir una fuerza capaz de contrarrestar la beligerancia imperante y oponerse a la escalada de los conflictos bélicos.




