Este jueves 1° de octubre los docentes de la provincia de Buenos Aires pararon masivamente frente a la violencia en las escuelas y contra los docentes. El Frente de Unidad Docente (SUTEBA – FEB – UDOCBA – AMET – SADOP) tuvo que llamar a esta medida de fuerza con tan solo 24 horas frente a la escalada de los actos de violencia hacia la docencia en las últimas semanas. En este artículo intentaremos reflexionar globalmente alrededor de la vejación cotidiana que atraviesa la escuela pública y cómo enfrentarla.
Lo primero es dar cuenta de que los ataques hacia los docentes no comenzaron en estos días, ni siquiera este año. Por lo tanto, cuesta creerle a Maria Laura Torre, secretaria general de SUTEBA, que en declaraciones radiales manifestó que son “sorpresivas las situaciones que estamos viviendo”. A los docentes, quienes hacen un esfuerzo denodado todos los días para mantener en pie la escuela pública, no les sorprende para nada. Pero sí comenzaron a mostrar hartazgo, y no es para menos, dado el raid de casos de violencia que se sucedieron en el mes de septiembre.
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En la segunda quincena del mes pasado se registró una ola de actos de violencia contra docentes y directivos en al menos nueve escuelas bonaerenses: EP N.º 21 de San Miguel, EET N.º 1 de Guernica, EP N.º 1 de General Belgrano, EP N.º 11 de Hurlingham, EP N.º 16 de San Miguel del Monte, EP N.º 13 de Ensenada, EP N.º 36 de Almirante Brown, EES N.º 5 de Florencio Varela y el Jardín N.º 916 de Trenque Lauquen.
Los episodios responden a un patrón claro: irrupciones violentas en los establecimientos por parte de familiares de alumnos. La escalada incluyó ataques físicos directos a maestros y directivos —muchos frente a los propios alumnos— que en algunos casos derivaron en hospitalizaciones, amenazas de muerte, persecuciones en pasillos y destrozos de mobiliario. En la mayoría de los casos, cada hecho desencadenó paros distritales inmediatos y movilizaciones locales.
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Vaya si había razones para el parazo del 1/10, en el cual se registra un 95% de adhesión. Las vienen habiendo por el estado catastrófico de la educación pública, con los salarios de miseria y condiciones cada vez más precarias en las escuelas. Pero lo que está emergiendo en este último tiempo es la profundidad de la crisis social, que estalla a través de los hechos de violencia.
La crisis no empezó en septiembre, tiene varios años cocinándose. Sabemos que las políticas del gobierno nacional de Milei han provocado un desastre económico, generando una descomposición social que se expresa en la violencia en las escuelas. Pero lo que es necesario dejar en claro, es el rol del gobierno de la provincia de Buenos Aires comandado por Axel Kicillof, que frente a esta dramática situación no hace más que adaptarse al ajuste dejando derrumbarse las escuelas, quitando el aporte alimentario, cerrando cursos y evitando a toda costa cualquier tipo de desborde, junto a sus cómplices de la burocracia sindical de la Celeste. La posibilidad de desborde es real, no solo por el hartazgo de los docentes, sino también por la sensibilidad hacia la situación por parte de la mayoría de la comunidad educativa, tanto de estudiantes como de las familias.
Esto último podemos ilustrarlo con el caso de la EP N.º 36 de San José, Almirante Brown. El viernes 25 de septiembre, en el horario de salida, la madre de una alumna citada por la dirección ingresó a la escuela y atacó a golpes de puño a un maestro frente a su curso. En la noche del sábado 26 el FUD (Frente de Unidad Docente) llamó a un paro distrital el lunes 28 con un abrazo simbólico en el establecimiento. A la medida asistieron alrededor de 500 personas, entre docentes del distrito, estudiantes de la escuela y de otras aledañas, y familias del barrio. El clima era de mucha bronca e indignación, aguardando el llamado a una acción de mayor visibilización de la que se pudiera lograr en el barrio, por lo menos de cortar alguna avenida. Del otro lado de esa posición, se encontraban los directivos del establecimiento, inspectores distritales y las conducciones sindicales, que lo único que ofrecían era hacer pasar el tiempo con una chacarera y discursos que no ponían sobre la mesa el carácter estructural de la problemática y sólo llamaban a abonar por la paz, sin señalar a ningún responsable.
Las autoridades pretendían monopolizar el micrófono y que ninguna otra voz se expresara. Desde los docentes anticapitalistas de la Fuentealba pedimos la palabra, y casi a los empujones, a través de nuestra compañera Lorena Reyes, congresal de SUTEBA por la Multicolor, logramos expresar nuestra solidaridad con el docente agredido, al tiempo que llamamos a que el gobierno de la provincia reconozca públicamente el esfuerzo cotidiano que realizan los docentes y que por ello la sociedad tiene que respetarnos, a la vez que propusimos aprovechar la cantidad de personas que éramos para visibilizar el reclamo en la avenida Donato Álvarez que se encuentra a pocas cuadras. La intervención fue recibida con aplausos y de inmediato se escucharon reclamos desde la gente: “¡que hablen las maestras de la 36!”, “¡que hable alguien de la comunidad!”.
Finalmente logramos que tomaran la palabra las maestras de la escuela, que valientemente alzaron la voz frente a la multitud reclamando que el apoyo que estaban recibiendo en esa acción por parte de directivos y sindicatos no se terminara al día siguiente, mostrando la soledad con que cotidianamente tienen que hacer frente a las consecuencias de la crisis social que se expresa en la escuela. A su vez, ratificaron la medida de ir a la avenida para darle visibilidad a su lucha. Sin el apoyo de los gremios, y con las maestras de la 36 y la Fuentealba a la cabeza, hicimos un semaforazo sobre Donato Alvarez que recibió mucho apoyo de la comunidad y de los autos con contínuos bocinazos.
Cuando finalizamos la actividad, en ronda las maestras nos brindaron detalles del episodio de violencia. Lo relevante del caso fue que, previo al hecho, los directivos de la escuela no garantizaron el cumplimiento del protocolo de resguardo, ya que existían amenazas previas sistemáticas de parte de la familia agresora. Y asimismo, que fueron las docentes las que accionaron consecuentemente ante el hecho consumado, cuando las autoridades no querían ni firmar un acta. Fueron las maestras las que presionaron a los gremios para que se convocara al paro distrital.
A propósito del rol de contención que está ejerciendo el régimen ante la crisis, está el caso de la ES N° 6 de Burzaco, Almirante Brown. Los docentes y la comunidad de la misma vienen luchando contra los intentos de cierre de la escuela por parte de las autoridades, y el miércoles 30/9, cuando estaban manifestándose pacíficamente por el centro de Adrogué, la policía enviada por el intendente peronista Fabiani los increpó intentando impedir su paso.
Todo este relato nos sirve para verificar lo que venimos planteando: el conurbano es una olla a presión, y se empieza a colar la crisis en la caja de resonancia que son las escuelas. El gobierno de Kicillof, las autoridades locales y los gremios conducidos por el peronismo hacen todo para evitar el desborde. Dicha contención se aplica intentando amordazar a los docentes, que realizan inmensos esfuerzos por sostener la enseñanza. Pero la docencia, aunque golpeada, aún está de pie. Los docentes no piden policías en las escuelas, sino respuestas al gobierno. Además, la comunidad es una importante aliada en esta lucha. Los sectores violentos son ultra minoritarios, pero el gobierno de Milei los alienta mientras Kicillof y el SUTEBA celeste los encubren.
Desde los docentes anticapitalistas de la Lista Gris Carlos Fuentealba opinamos que es de suma importancia apoyar y fortalecer las muestras de rebelión que empieza a mostrar la docencia ante la catástrofe de la educación pública.




