“Sin la filosofía clásica alemana, no hubiera existido tampoco el socialismo científico”. [1]
Friedrich Engels
“Todas las fases [de la historia] son necesarias, y por tanto, legítimas para la época y para las condiciones que las engendran; pero todas caducan y pierden su razón de ser, al surgir condiciones nuevas y superiores, que van madurando poco a poco en su propio seno; (…) a las que también les llegará, en su día, la hora de caducar y perecer.” (Marx & Engels, 1974, p.618)
Reseña de Engels, F. (1974). Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana en K.MARX & F. ENGELS, Obras escogidas Vol. III, (pp. 617-673). Editorial Progreso.
Sobre el autor
En una reseña anterior[2], destacamos la coherencia teórico-práctica de Engels y los estudios que emprende de las ciencias naturales de su momento, estudios cuya finalidad era comprender científicamente el mundo para transformarlo. En esta segunda entrega recuperamos la relación de Engels y la filosofía. Dicha relación es un aspecto fundamental de la construcción del edificio teórico-práctico del socialismo científico.
Friedrich Engels Sr., padre de nuestro Engels, le prohibió a su hijo dedicarse al estudio y, en cambio, lo obligó a hacerse cargo de la empresa familiar radicada en Inglaterra. Sin embargo, Engels no pudo jamás calmar su sed de conocimiento y dedicó enormes esfuerzos para estudiar disciplinas que van desde la economía política hasta las ciencias naturales. Así es que se dedicó al estudio de la filosofía y de la historia de la filosofía, aspectos en lo que nos centraremos en esta segunda entrega.
Al momento de retomar el marxismo clásico, es de suma relevancia recuperar a Engels y sus aportes a la elaboración del materialismo histórico. Lenin (como se citó en Marx & Engels, 1974, p.11) afirmó: “Después de su amigo Karl Marx, Engels fue el más notable científico y maestro del proletariado contemporáneo de todo el mundo civilizado.”[3]
Veremos en Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, las críticas y superaciones que el marxismo clásico realiza con respecto al materialismo mecanicista y la metafísica, además de la ruptura de Marx y Engels con los jóvenes hegelianos.
Edición y publicación del texto
En una nota de 1888 a la segunda edición del texto, Engels cuenta la necesidad que sentía de exponer detalladamente cuál era la actitud de él y de Marx con respeto a la filosofía hegeliana y cómo la superaron dialécticamente.[4] Además reconoce la deuda de ellos con Feuerbach más que con cualquier otro poshegeliano, en especial en lo que trata a su Esencia del cristianismo de 1841.
Además, Engels nos confiesa que revisa algunos manuscritos de 1845-46, casi con seguridad La ideología alemana, en los que encuentra un viejo cuaderno de Marx con sus Tesis sobre Feuerbach escritas en la primavera de 1845. Dichas Tesis, posteriormente convertidas en un texto fundamental para el marxismo, no eran más que tomas de notas con el fin de ser desarrolladas más adelante sin ser destinadas de modo alguno a su publicación.
Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana fue escrito por Engels en 1886 y publicado ese mismo año por la revista Die Neue Zeit en los cuadernos 4 y 5. Dos años después, en 1888, el texto se publicó en Stuttgart como un folleto aparte y revisado. La segunda publicación cuenta con una nota preliminar que Engels escribe el 21 de febrero del mismo año desde Londres. Esta edición cuenta, además, con un apéndice que incluye las Tesis sobre Feuerbach de Marx; dándose a conocer al público por primera vez.
Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana
Las primeras líneas del texto dejan ver la herencia hegeliana en el marxismo clásico. Engels expone un aspecto fundamental de dicha herencia: la realidad es un proceso que se despliega a través de contradicciones. Nuestro autor destaca: “Y en esto estribaba la verdadera significación y el carácter revolucionario de la filosofía hegeliana (…) en que daba al traste para siempre con el carácter definitivo de todos los resultados del pensamiento y de la acción del hombre.” (Engels, 1974, p.618).
El aspecto de Hegel que rescata el marxismo clásico es el del movimiento y la transitoriedad de la realidad: en este caso la verdad no es un objeto a conquistar de una vez por todas o un ente anquilosado. Los estadios históricos son todos igualmente momentos; de aquí que el capitalismo sea, para el marxismo clásico, un modo de producción -aunque no sólo- con carácter transitorio (es decir, que no es eterno o inmutable).[5]
Por otra parte, Engels reconoce que el costado revolucionario de la dialéctica hegeliana se asfixia debido al lado conservador de este mismo sistema filosófico, porque los aspectos más dogmáticos de su pensamiento [de Hegel] se erigen como verdad absoluta. (Cf. Engels, 1974, p. 619, corchetes nuestros).
Al exponer la concepción marxista de la sociedad y la naturaleza, Engels comenta la escisión y el giro materialista entre quienes bebían de las aguas de la filosofía hegeliana tras la muerte del maestro. La asunción de Federico Guillermo IV, el reaccionarismo feudal y la ortodoxia pietista, llevan a que los jóvenes hegelianos[6] o hegelianos de izquierda, emprendieran una lucha filosófica contra la religión heredada y contra el carácter del Estado prusiano de la época. Aquí, los objetivos filosóficos en disputa ya no son abstractos. El carácter de lucha política concreta es visible, por ejemplo, en las publicaciones de estos filósofos, entre ellos Marx, en la Gaceta del Rin.
A su vez, Engels destaca las diferencias del marxismo clásico con el materialismo de la época. De acuerdo a los avances de las ciencias naturales del siglo XIX[7], logra demostrar la idea de que el desarrollo de la filosofía y el de las ciencias naturales se alimentan, o deberían, de manera recíproca. De este modo, para Engels, las limitaciones de la filosofía del siglo XVIII, en especial las materialistas y las concepciones metafísicas, no deben ser sólo juzgadas sino más bien deben comprenderse a través de la negación de la negación. Las ciencias naturales aún no habían llegado a un desarrollo como iba a suceder un siglo después, por lo tanto, son comprensibles los límites y alcances de la filosofía del siglo XVIII. De este modo, para Engels, el deber para con estas concepciones del mundo es superarlas de modo dialéctico[8] y no dejarlas de lado como si no hubiesen existido.[9]
Siguiendo lo dicho anteriormente, encontramos la crítica marxista a la filosofía de la religión de Feuerbach. Dice Engels: “Cuando Feuerbach se empeña en encontrar la verdadera religión a base de una interpretación sustancialmente materialista de la naturaleza, es como si se empeñara en concebir la química moderna como la verdadera alquimia.” (Engels, 1974, p.633).
Engels sostiene que Feuerbach no logró escapar de las garras del idealismo: los cambios de los estadios de la humanidad los atribuye a los cambios religiosos. Para el marxismo clásico esa posición es invertir la ecuación. El cambio religioso es sólo concomitante a cambios políticos, es decir, de luchas de clases. En este sentido, Engels acusa a Feuerbach, de quedarse atascado en vez de romper críticamente con el sistema idealista que lo había educado. El materialismo al que Feuerbach tiende está limitado por el mecanicismo y por cierto núcleo metafísico.[10]
Engels, luego de identificar las limitaciones del materialismo de Feuerbach, Engels señala: “(…) el paso que Feuerbach no dio, había que darlo; había que sustituir el culto del hombre abstracto, médula de la nueva religión feuerbachiana, por la ciencia del hombre real y de su desenvolvimiento histórico. Este desarrollo de las posiciones feuerbachianas, superando a Feuerbach, fue iniciado por Marx en 1845, con La Sagrada Familia”. (Engels, 1974, p.638)
En esta ruptura con el materialismo razzo, Marx y Engels recuperan el aspecto más revolucionario de la filosofía hegeliana: el método dialéctico.
El avance de las ciencias nutrió al materialismo histórico con una concepción científica del mundo. Para Engels, el mundo ya no puede ni debe concebirse como un conjunto de objetos aislados, determinados y prefijados. La realidad es: “(…) un conjunto de procesos en el que las cosas que parecen estables(…) pasan por una serie ininterrumpida, por un proceso de génesis y caducidad(…)”. (Engels, 1974, p.641)
Crítica a la obra
El texto contiene pilares fundamentales de la concepción marxista de la naturaleza, la historia y la sociedad. Aquí no encontramos solamente los aspectos que Marx y Engels critican de la filosofía hegeliana y poshegeliana, sino también cómo defienden a aquellos de quienes las distorsionan. Por otro lado, también se halla presente la crítica a la filosofía de la religión y a la filosofía moral de Feuerbach. Esto no deja de lado algunos reconocimientos hacia quien consideran un compañero materialista que, aunque “se haya quedado a mitad de camino” en la crítica filosófica, hizo una gran contribución a la filosofía con su Esencia del cristianismo.
Además, se hace presente aquí cómo la ciencia de la época y sus avances influyeron profundamente en el marxismo clásico. La concepción de la realidad como un proceso se habría paso con fuerza entre las cabezas metafísicas y quienes pregonaban al mundo como una colección de objetos. Podemos ver en este artículo la cristalización de los estudios de las ciencias naturales que realizó Engels para su Dialéctica de la Naturaleza (1773-1883).
Todo debate teórico está históricamente situado y toda elaboración teórica se construye al calor de las discusiones del momento. A esto le sumamos el plus, si hablamos de una elaboración teórica como el materialismo histórico, de que también se forja bajo el fuego siempre viviente de la lucha práctica, es decir, la lucha de tendencias. Marx y Engels se abrieron paso con distintos tipos de frentes teóricos y prácticos a la vez, con el fin de construir su concepción del mundo sobre bases objetivas de la realidad: el socialismo científico.[11]
Para colocar en pie una nueva teoría de esa magnitud, Marx y Engels debieron hacer hincapié en el factor económico como un elemento objetivo del desarrollo de la sociedad; aspecto que, por otro lado, no era reconocido por las corrientes del socialismo utópico. Incluso, dentro de esa lucha de tendencias teóricas y políticas, existían quienes no reconocían la contradicción de intereses entre la burguesía y el proletariado.
Por último, con respecto a quienes extraen pasajes fuera de contexto para “criticar” al marxismo clásico de economicista, baste lo siguiente: “(…) Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda.”[12] (Engels, F., Carta a Joseph Bloch, 21-22 de septiembre de 1890, Ibidem, 1974, p. 717). Ante quienes ni siquiera reconocían a la clase trabajadora como un movimiento independiente, como una fuerza histórica, la urgencia de Marx y Engels radica, entre otras cosas, en mostrar el desarrollo de la realidad de manera objetiva. Una de esas leyes objetivas del desarrollo social es la economía.
La lectura de esta obra resulta relevante para el relanzamiento del socialismo revolucionario en el siglo XXI y para quienes quieran introducirse en la recepción de la filosofía hegeliana y poshegeliana que realiza el marxismo clásico. En este texto se encuentra el método dialéctico en funcionamiento. Esto lo muestra el hecho de que el marxismo no sólo invirtió a Hegel y criticó al materialismo filosófico heredero de la tradición hegeliana, sino también cómo se apropiaron de esas concepciones del mundo transformándolas, a su vez, en una nueva concepción de la historia, la naturaleza y la sociedad: el materialismo histórico.
Bibliografía
Engels, F. (2017). Dialéctica de la naturaleza. Editorial Akal.
Marx, K. (2024). Manifiesto del partido comunista. En H. Tarcus (Selección e Introducción), Antología (pp.111-pp.145). Siglo XXI Editores.
MARX, K., & ENGELS, F. (1974). Obras Escogidas (3 vols). Editorial Progreso.
Sáenz, R. (2024). El marxismo y la transición socialista. Tomo I: Estado, poder y burocracia. Ediciones Izquierda Web.
Feuerbach, L. (2009). La esencia del cristianismo. (J.L. Iglesias, Trad.). Trotta.
[1] “Adición al prefacio a la edición de 1870 para la tercera edición de 1875” de La guerra campesina en Alemania en Marx & Engels, 1974, p.251.
[2] Nos referimos a “Anotaciones sobre ‘El papel del trabajo en la transición del mono al hombre’ de Engels”. Disponible en Izquierda Web.
[3] Fragmento de las páginas que Lenin escribió en otoño de 1895, a sus 25 años, a propósito de la muerte de Engels. Estas páginas se publican por primera vez en 1896 en los números 1 y 2 de la recopilación Rabótik.
[4] Marx y Engels pensaron hacerlo casi 40 años atrás. Los vaivenes de las circunstancias históricas, el estudio y la lucha política habían postergado la materialización de este deseo.
[5] Debemos señalar: a) Existen posiciones que sostienen la teoría sobre que el capitalismo representa “ la culminación de la historia”. Las mismas intenciones de justificar como “natural”, eterno y necesario al modo de producción capitalista, se encuentran en algunas posiciones teóricas sobre el Estado moderno. El marxismo clásico reconoce la transitoriedad de todo lo que en y por la historia se produce. Así se distancia de todo revisionismo u objetivismo; b) No se debe confundir el carácter históricamente transitorio del sistema capitalista que aquí sostenemos con las posiciones objetivistas. Estas posiciones no son compartidas por nosotros por distintas razones como, por ejemplo, la eliminación del rol que cumple el sujeto político en su intervención en la realidad y, consecuentemente a esta posición, la “caída mágica” que sostienen con respecto al sistema capitalista como si fuese una fruta madura que, de repente, cae al suelo.
[6] Nos referimos a Ludwig Feuerbach, Bruno Bauer, Friedrich Strauss, Arnold Ruge, Max Stinner y Karl Marx. Engels y Marx, poco más adelante, romperán filosófica y políticamente con los hegelianos de izquierda para fundar la corriente materialista histórica y el socialismo científico.
[7] El descubrimiento de la célula orgánica a través de los científicos Matthias Schleiden y Theodor Schwann; la conservación y la transformación de la energía gracias a distintos aportes científicos de la época como los de Julius Robert von Mayer, Hermann von Helmholtz; y el aporte a la teoría de la evolución de Charles Darwin.
[8] El estudio Engelsiano de la historia de la filosofía y de la filosofía misma, no se debe a un capricho intelectual. Se debe a que Engels logró atisbar cómo las concepciones filosóficas o bien influyen directamente en las ciencias naturales y en el campo de la historia, o bien cómo los científicos, por no haber estudiado historia de la filosofía, repetían graves errores que aquella ya había logrado superar. (Cf. Engels. 2017. “Las leyes de la dialéctica” en Dialéctica de la naturaleza)
[9] Esta es la posición que Feuerbach toma con respecto a la filosofía hegeliana.
[10] Aunque Feuerbach aún estaba con vida ante algunos grandes descubrimientos científicos; éste había elegido una vida en soledad y aislamiento, lo que implicó no poder seguir de cerca los avances científicos del momento y aprovecharlos para el desarrollo propio de su concepción materialista del mundo. Engels, además, reconoce el talante filosófico de Feuerbach más que a cualquier otro filósofo catedrático de la época.
[11] Encontramos aquí: poshegelianos tanto de derecha como de izquierda, materialistas razzos, socialistas utópicos, etc. Cf. A este respecto, ver las páginas que Lenin escribió en 1895 en referencia a la muerte de Engels: “En nuestros días todo el proletariado en lucha por su emancipación ha hecho suyos estos conceptos de Marx y de Engels. Pero cuando los dos amigos colaboraban en la década del 40, en las publicaciones socialistas, y participaban en los movimientos sociales de su tiempo, estos puntos de vista eran completamente nuevos. A la sazón había muchos hombres con talento y otros sin él, muchos honestos y otros deshonestos, que en el ardor de la lucha por la libertad política, en la lucha contra la autocracia de los zares, de la policía y del clero, no percibían el antagonismo existente entre los intereses de la burguesía y los del proletariado.” (Lenin, “Federico Engels”, Ibidem, p.12)
[12] Carta escrita por Engels, desde Londres, a Joseph Bloch entre el 21-22 de septiembre de 1890.




