Reseña de un clásico del marxismo

Anotaciones sobre el “El papel del trabajo en la transición del mono al hombre” de Engels

El sugerente título del artículo marca ya un horizonte: el trabajo tiene un rol decisivo en la transición de nuestros parientes simiescos (parafraseando a Engels) al ser humano tal y cual lo conocemos.

“¿Y qué volvemos a encontrar como diferencia característica entre la banda de monos y la sociedad humana?”: el trabajo.”  (Engels, p.141)

Friedrich Engels

Reseña de Engels, F. (2017). “El papel del trabajo en la transición del mono al hombre”, incluido en Dialéctica de la naturaleza, (pp.138-148). Akal.

Friedrich Engels fue, junto con Karl Marx, uno de los fundadores del socialismo científico. Nació en el reino de Prusia, el 28 de noviembre de 1820, y falleció el 5 de agosto de 1895 en Londres, Inglaterra. Su familia transitó por un próspero pasar económico, de fe pietista y poseedora de industrias textiles en Manchester. Desde joven se apegó a la causa revolucionaria, lo que lo volvió un polímata e insustituible colaborador económico e intelectual de Karl Marx, además de su amigo íntimo. Engels se abocó al estudio de la historia de la filosofía, las ciencias naturales, la química moderna y demás disciplinas en desarrollo de su momento.

Al igual que Marx, no fue solamente un teórico, sino que también fue un militante revolucionario. Engels fue un destacado miembro de la Liga de los Comunistas (fundada en 1847) y la Asociación Internacional de los Trabajadores (1864-1876). Además, participó en la revolución alemana de 1848, en la cual intervino en la insurrección armada y se ganó el apodo de “El General”. Tras la derrota de la revolución, se exilió en Suiza (de donde pasaría a Londres).

Pero, al mismo tiempo que participaba en las luchas obreras, también se abocaba con entusiasmo a la comprensión científica del mundo para su transformación.

Escritura y edición de El papel del trabajo en la transición del mono al hombre

El papel del trabajo en la transición del mono al hombre consta de apenas diez páginas y, además, es un trabajo inconcluso. Los estudiosos del marxismo y editores contemporáneos, sostienen que este artículo fue escrito en el año 1876. Esto lo aducen sobre la base partir de una carta que W. Liebknecht escribió a Engels, de fecha 10 de junio de 1876. Sin embargo, el artículo es publicado hasta 1896 en la revista Die Neue Zeit (Jahrgang XIV, Bd. 2, S. 545-554).

El artículo ya se encontraba en el índice de la segunda carpeta de materiales de trabajo para la Dialéctica de la naturaleza (1873-1883). En principio sería la introducción a una obra más extensa denominada Las tres formas fundamentales de la esclavitud. Luego, Engels modificó el título, pero finalmente la obra quedó inconclusa. Todos los textos y notas encontradas en las carpetas de trabajo de Engels fueron reunidos y publicados bajo el título Dialéctica de la naturaleza en el año 1925 en la URSS, edición a cargo del Instituto Marx-Engels-Lenin.

El artículo

El sugerente título del artículo marca ya un horizonte: el trabajo tiene un rol decisivo en la transición de nuestros parientes simiescos (parafraseando a Engels) al ser humano tal y cual lo conocemos. El trabajo no sólo produce riqueza, sino que el trabajo es “(…) la fundamental y primera condición de toda la existencia humana, y ello en tal medida que, en cierto sentido, debemos decir que el trabajo creó al hombre.” (p.138, cursivas nuestras)

El punto del cual parte nuestro autor es, apoyándose en Darwin, lo que en la geología y la paleontología de su tiempo se conocía como el “período terciario”[1].

En la obra, Engels explica que las manos dejaron de cumplir una función locomotriz (es decir, de ser un punto de apoyo para caminar), y la posición corporal de nuestros parientes comenzó a ser más erguida [2] Si las manos dejan de cumplir una función más inmediata, deben entonces empezar a cumplir otras funciones. Por ejemplo, la construcción de nidos, el defenderse con garrotes, lanzar piedras a sus enemigos, etc. Esto Engels lo llama “la liberación de la mano” (cf. p. 139), y llevará al ser humano a un estadio evolutivo mayor. El desarrollo de la mano alcanzó una perfección debido a millones de años de trabajo.

Un eslabón central de la concepción de Engels es que la mano produce objetos y transforma el entorno. A su vez, el trabajo incide en el desarrollo y el perfeccionamiento de la mano se debe a ese mismo entorno. Es decir, hay una dialéctica entre el órgano del trabajo como producto a su vez de ese trabajo: “El trabajo, adaptación a operaciones siempre renovadas, (…) a lo largo de prolongados períodos(…), otorgaron a la mano humana el alto grado de perfección necesario para crear los cuadros de un Rafael, las estatuas de un Thorwaldsen, la música de un Paganini.” (p.139)

Acorde a esta concepción, en la cual el trabajo juega un rol central, amplía el horizonte de los seres humanos: el control sobre las fuerzas de la naturaleza, el descubrimiento de nuevas propiedades en objetos naturales y el desarrollo de los vínculos sociales por la actividad del trabajo. El trabajo, según el estudio de Engels, ayudó a ligar a la sociedad entre sí: la cooperación entre los individuos, la ayuda mutua y la actividad conjunta.

El trabajo y la necesidad de comunicarse entre sí influyeron en el desarrollo del cerebro de los humanos, los sentidos y su posterior perfeccionamiento y refinamiento. Esta afirmación no es aleatoria, sino que se apoya sobre la ley darwiniana de correlación del crecimiento: el desarrollo de una parte de un organismo, influye sobre las formas y desarrollos de las demás partes.

En esta línea se vuelve decisivo el desarrollo de la conciencia, es decir, la posibilidad de abstraerse y proyectar más allá de lo inmediato. La conciencia es para Engels un producto dialéctico del trabajo, del entorno, del desarrollo de los sentidos y del lenguaje.[3]

La creación de herramientas permite al ser humano a cambiar su dieta y, en consecuencia, también cambia la composición química de su sangre y los nutrientes de su cuerpo: se pasa del puro vegetarianismo al consumo de carne. La importancia de esta mudanza se encuentra en dos avances decisivos que van a separar al homo sapiens del mono: el dominio del fuego y la domesticación de animales. En palabras de Engels: “Lo primero abrevió más el proceso digestivo, ya que proveyó a la boca de alimentos por así decirlo digeridos a medias-, lo segundo hizo que la carne abundara más al abrir una fuente de abastecimiento nueva, más regular, además de lo que ofrecía la caza, y por añadidura ofreció en la leche y sus productos, un nuevo artículo de alimentación (…)” (p.143)

A través de este metabolismo dialéctico con la naturaleza, se desprende la adaptación del ser humano a cualquier clima por voluntad y no sólo por obligación. A su vez, de aquí se genera la necesidad, según sea invierno o verano, de la confección de vestimentas y de refugios. De esta manera, se formaron cada vez más nuevas formas de trabajo, nuevas actividades conscientes sobre la naturaleza, y la humanidad fue separándose cada vez más de los animales[4]. Engels nos dice: “El trabajo de cada generación se diferenció, se perfeccionó y se diversificó más. Se agregó la agricultura(…), luego llegaron el hilado, el tejido, el trabajo de los metales, la alfarería y la navegación.” (p.143). Esta actividad creadora llega hasta tal punto que “(…) por último aparecieron, junto con el comercio y la industria, el arte y la ciencia. Las tribus se convirtieron en naciones y en Estados. Surgieron la ley y la política, y con ellos el reflejo fantástico de las cosas humanas en la mente humana: la religión.” (p.143).

Engels finaliza el texto enumerando las posibles consecuencias de este dominio sobre la naturaleza, tanto en lo social como en lo natural, y lo difícil de prever que fueron y son dichas consecuencias. Dice Engels: “Sin embargo, no nos dejemos llevar del entusiasmo ante nuestras victorias sobre la naturaleza. Después de cada una de estas victorias, la naturaleza toma su venganza. Bien es verdad que las primeras consecuencias de estas victorias son las previstas por nosotros, pero en segundo y en tercer lugar aparecen unas consecuencias muy distintas, totalmente imprevistas y que, a menudo, anulan las primeras”. Por ello, sostiene que es fundamental superar la “absurda y antinatural” antítesis “entre el espíritu y la materia, el hombre y la naturaleza, el alma y el cuerpo” (p. 145).

Por otra parte, Engels explica que comprender los alcances a largo plazo de las acciones productivas del ser humano, tanto sobre la naturaleza como sobre la sociedad, lleva tiempo, pero abre la posibilidad de poder anticiparnos para controlarlos y regularlos.  En este sentido, da cuentas del potencial revolucionario que contrae el desarrollo de las fuerzas productivas, lo cual sirve como punto de apoyo para transformar la sociedad y terminar con la explotación: “Los hombres que en los siglos XVII y XVIII trabajaron para crear el motor de vapor no tenían idea de que preparaban el instrumento que, más que ningún otro, revolucionaría las relaciones sociales en todo el mundo. (…) este instrumento fue destinado al principio a entregar el dominio social y político a la burguesía, pero más tarde, a dar nacimiento a la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado(…)” (p.146). En este caso, para finalizar, no sólo es necesaria la comprensión del modo de producción capitalista; sino que se requiere una revolución de todo el orden social.

La lectura del artículo

Mientras Marx se sumergió en el estudio y redacción de El Capital, Engels se especializó en el estudio de los avances de las ciencias naturales de la época (tema que también estudió Marx, lo cual el permitió adaptar la noción de metabolismo al plano histórico-social). Esto se aprecia en la Dialéctica de la naturaleza, en el que nos encontramos con discusiones sobre física, química, mecánica, matemáticas, a través del lente dialéctico.

Por su parte, El papel del trabajo en la transición del mono al hombre concentra puntos nodales de la comprensión marxista del mundo. En este texto nos encontramos con un Engels Antropólogo[5].

Recomendamos la lectura de este artículo de Engels que, aunque inconcluso, destaca por diversos motivos. En primer lugar, porque dimensiona el papel del trabajo en la evolución del ser humano. Al mismo tiempo, encontramos una crítica al trabajo asalariado (y a formas previas de explotación del mismo), instrumentalizado por la burguesía para obtener réditos inmediatos. Esto se vincula con el concepto de enajenación, desarrollado por Marx en sus primeras obras, y al de alienación expuesto en las obras más tardías[6] (Cf., Roberto Sáenz, 2024b); En segundo lugar, se deja ver aquí una concepción dialéctica entre el ser humano y la naturaleza, un metabolismo contradictorio que, a lo largo de la historia, se sintetizó de diversas maneras: desde el garrote para defenderse de un enemigo  o el control del fuego para generar calor o cocinar, hasta la elaboración musical de Paganini. Por último, si bien el texto es interrumpido, se deja entredicho que la comprensión científica del mundo es fundamental para pensar la revolución total de la sociedad contemporánea.

Profundizar en los estudios antropológicos de Marx y Engels es imprescindible para el relanzamiento del socialismo revolucionario en el siglo XXI. Recordemos que Milcíades Peña hablaba del marxismo como una “totalidad abierta”, en el sentido de que hay una comprensión global del desarrollo del ser humano, de la sociedad y la naturaleza (Cf., Milcíades Peña, 2002). De manera complementaria, sugerimos la lectura de Engels Antropólogo de Roberto Sáenz. Allí no sólo encontraremos una elaboración teórica riquísima, cargada de citas y notas al pie, sino también un gran puntapié inicial para encontrar una amplia bibliografía sobre la visión antropológica de los fundadores del marxismo.

Bibliografía

Engels, F. (2017). Dialéctica de la naturaleza. Editorial Akal.

Sáenz, R. (2024).  Engels antropólogo. Ediciones Izquierda Web.

Sáenz, R. (2024). El marxismo y la transición socialista. Tomo I: Estado, poder y burocracia. Ediciones Izquierda Web.

Pérez Soto, C. (2010). Sobre Hegel. (2° ed.). LOM ediciones.

Peña, M. (2002). Introducción al pensamiento de Marx.  Ed. El cielo por asalto.

[1] Este concepto se utilizó en tiempos de Engels y Darwin, hoy en día se considera obsoleto. Sólo es importante saber que se refiere a la era de los mamíferos, es decir, millones de años atrás.

[2] Aquí hay que destacar también el paso de la vida en manadas sobre árboles a una vida desarrollada en suelos más llanos.

[3] Engels afirma que en el desarrollo de la conciencia hubo direcciones contrarias, retrocesos y avances, con variación de grados y demás. Esto se debe, según el autor, a un nuevo elemento que encuentra al ser humano en su plenitud: la sociedad.

[4] Engels no descarta la posibilidad de la acción planificada en animales, aunque ésta no es de modo consciente. Dice nuestro autor: “Ni hace falta decir que no se nos ocurriría discutir la capacidad de los animales para actuar en forma planificada y premeditada(…) aunque lo hacen de modo inconsciente.” (Engels, p.144). Y agrega más adelante una distinción crucial: “Pero todas las acciones planificadas de los animales jamás lograron imprimir el sello de la voluntad sobre la tierra. Eso quedaba para el hombre.” (Ibidem., p.145)

[5] Libro del marxista argentino Roberto Sáenz, dirigente de la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie y del Nuevo MAS. Publicado en el 2024 bajo el sello de IzquierdaWeb, así como de la Editorial Prometeo. También, se publicó en inglés por la editorial Brill. Recientemente, se publicó en portugués por la prestigiosa editorial marxista Boitempo de Brasil.

[6] Tenemos presente el dicho de un militante de la izquierda argentina sosteniendo que el ser humano no debía trabajar, sino que una IA debía reemplazar al ser humano y éste dedicarse al pleno ocio. Al parecer, el camarada, además de confundir en sus dichos ocio recreativo con pereza y pesadez de espíritu, olvidó también la diferencia esencial entre el trabajo asalariado y el trabajo como actividad propiamente humana.

Por otra parte, con “obras más tardías” sólo nos referimos al orden cronológico de la escritura de las mismas.

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