Anahí Benítez: con la lucha conquistamos un segundo juicio y la perpetua para Villalba

En marzo de este año se inició el segundo juicio por el femicidio de Anahí Benítez. El camino que nos trajo hasta acá es largo, intrincado y difícil de recapitular en pocas oraciones.

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Segundo juicio por Anahí Benítez

Anahí desapareció en julio de 2017 y apareció asesinada una semana después. Las pericias mostraron que había estado viva cinco de esos días. Las respuestas del Estado en todos sus niveles y poderes fueron pocas y muy cuestionables.

Un primer juicio se inició en el 2020 y finalizó a las apuradas en plena pandemia, en un intento desesperado de la justicia patriarcal de dar por cerrado un caso que se había hecho mediático y nacional. Comenzaron juzgando a dos personas: Marcos Bazan y Marcelo Villalba. Las pruebas y el contenido de la causa entera eran todas cuestionables salvo una: el ADN de Villalba estaba en el cuerpo de Anahí. Sin embargo, apenas comenzado el juicio, una pericia psiquiátrica declaraba a Villalba no apto para enfrentar el juicio, y lo dejaba en la impunidad. En plena pandemia y a puertas cerradas se cierra ese proceso con una condena a Bazan y con escandalosas acusaciones contra les amigues de Anahí por falso testimonio. La causa intentaba volverse contra les pibes que habían perdido a su amiga y que llevaban 4 años luchando por justicia.

Gracias a la lucha sostenida, en septiembre de 2021 la Cámara de Casación anuló ese juicio de impunidad y en marzo de éste año comenzó finalmente una reedición. No aparecieron muchos elementos nuevos en este proceso, pero sí se puede afirmar que fue más prolijo.

El juicio terminó el pasado 16 de mayo y declaró culpable a Marcelo Villalba, quien fue condenado a prisión perpetua. Un dato no menor es que haya sido declarado culpable en calidad de coautor y partícipe necesario del femicidio. Así es como el fallo dejó asentado que no fue el único implicado, que sigue habiendo muchas sombras en esta causa, que seguimos sin saber todo lo qué pasó con Anahí ni quienes son todos los responsables. Por eso hoy con más actualidad que nunca nos deja planteado seguir luchando por la reapertura de la investigación y que la justicia se meta con los poderes que se tenga que meter.

Un balance de una lucha de 6 años

Es un triunfo parcial. No lo soluciona todo, ni resuelve todas las incógnitas ni todos los responsables, pero subsana parte de la impunidad que pareció en algún momento imponderable. Es un triunfo parcial después de años de una pelea llena de obstáculos, por parte de los sectores de la burocracia docente y estudiantil que desde algunas agrupaciones políticas intentaron imponer el dolor por encima de la lucha, y por parte de la in-justicia patriarcal y su temporalidad lenta que intentó con el juicio trucho cerrado en pandemia legitimar la impunidad.

Desde Las Rojas y el ¡Ya Basta! tomamos la tarea de no olvidarnos de Anahí a título personal, y sostuvimos contra todo contratiempo el reclamo de una investigación que se meta con los poderes que se tenga que meter para saber la verdad. Reivindicamos siempre a Anahí como luchadora y fomentamos siempre la organización y la movilización como salida. Cuando les pibes del CEENSAM y de la Comisión quisieron movilizar, acompañamos, e impulsamos siempre la lucha y en plena pandemia logramos instalar el repudio a la (in)justicia patriarcal y la exigencia de la nueva investigación.

Que todavía no se haya culpado a todos los responsables puede darnos un sentimiento amargo, pero se mitiga con otra victoria (quizás la más grande de todas): Las nuevas generaciones toman la bandera de verdad y justicia por Anahí.

Al grito de “Anahí Benitez presente” se movilizó el actual Centro de Estudiantes del ENSAM de Banfield, con una columna enorme, llena de vida, juventud y memoria. Se encontraron en los Tribunales de Lomas de Zamora con la Comisión “Verdad, Justicia y Transparencia por Anahí”, que fueron compañeros y compañeras de ella en esa misma escuela, en ese mismo centro de estudiantes. Y en ese encuentro entre la “vieja guardia” y las nuevas generaciones es que se mantiene la fuerza de para seguir organizades hasta conseguir verdad y justicia por Anahí.

Cuentan los pibes que hoy van al ENSAM que salieron a pegar afiches de Justicia por Anahí en las calles del barrio, y que se encontraron con pintadas que exigían “aparición con vida”. La historia de esta lucha, desde el minuto en que Anahí desapareció, está grabada en las paredes del municipio y en la cabeza de la juventud, en los centros de estudiantes, en el movimiento de mujeres y diversidades. Y hoy les pibis del ENSAM, aunque tenían 9 años en el 2017, saben que quienes pasamos una semana buscando a Anahí fuimos sus compañeres y amigues, los centros de estudiantes y las agrupaciones feministas. Saben de la ausencia del Estado y de la sospechosa negligencia de la policía. Saben que se sigue exigiendo verdad y justicia, y se hacen carne de esa lucha, agarran el megáfono y marchan, como se marchó ya tantas veces, desde el ENSAM hasta los Tribunales de Lomas de Zamora.

Anahí presente… ahora y siempre

Anahí está grabada a fuego hasta en las paredes del municipio. Y esto en gran medida es así, no por lo terrible del caso, no por el morbo, sino porque Anahí era militante. Era una piba sensible y comprometida, que participaba de su centro de estudiantes, marchaba el 8 de marzo y pintaba pancartas para salir a luchar. Les activistas de la zona la conocíamos por eso. Anahí era de esos pibis que no quieren saber nada con este mundo como está, y que buscan cómo y dónde organizarse para transformarlo todo. Anahí está viva en cada pibe que se levanta contra las injusticias y contra este sistema inhumano, en cada piba que sueña con tirar el patriarcado.

Por eso no se cierra acá la historia. Porque el movimiento estudiantil y el movimiento de mujeres y diversidades sigue de píe luchando por la reapertura de la investigación. Porque como Anahí hay miles de pibes que en todas partes quieren darlo vuelta todo. Porque hay que organizarse y hacer de este mundo repodrido, uno que se parezca a todo eso que soñaba Ana.

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