Alemania: las calles responden al avance de la extrema derecha

El sábado 12 de septiembre, unas 150.000 personas participaron en manifestaciones en alrededor de veinte ciudades contra AfD.

El triunfo de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones de Sajonia-Anhalt, con casi el 44% de los votos, implicó que la extrema derecha consiguió el resultado más importante de su historia en una elección regional desde la Segunda Guerra Mundial y quedó a sólo tres escaños de alcanzar la mayoría absoluta en el Parlamento del estado. Apenas una semana después, alrededor de 150.000 personas se movilizaron en unas veinte ciudades alemanas contra el avance de ese partido.

Berlín, Hamburgo y Múnich fueron algunos de los principales escenarios de las protestas. El sábado 12 de septiembre, unas 150.000 personas participaron, según los organizadores, en manifestaciones realizadas en alrededor de veinte ciudades. Las protestas fueron convocadas por Prüf, una campaña que reclama la prohibición de AfD. En Hamburgo participaron unas 25.000 personas y en Múnich unas 12.000, mientras en Berlín se produjeron varias movilizaciones con miles de participantes.

Mientras AfD intenta transformar su victoria electoral en el primer gobierno regional de extrema derecha de Alemania desde el final del nazismo, un sector importante de la sociedad salió a las calles en rechazo. Las movilizaciones no borran el resultado electoral, pero sí muestran que las urnas no cerraron la disputa. Alemania atraviesa una crisis política en la que el avance reaccionario convive con importantes reservas de movilización social.

Una elección y una movilización expresan dimensiones diferentes de la lucha de clases. AfD obtuvo una votación elevada y eso constituye un hecho que no puede minimizar. Pero las movilizaciones son la expresión de algo más profundo y muestran que existe una disputa en desarrollo.

El alcance territorial de las movilizaciones es uno de sus elementos más significativos. El triunfo tuvo lugar en Sajonia-Anhalt, uno de los bastiones electorales de la extrema derecha en la antigua Alemania Oriental. Sin embargo, la respuesta tuvo alcance nacional. Esto implica que hay que evitar una interpretación demasiado simplista.

La extrema derecha posee un apoyo importante en el este alemán, donde confluyen factores históricos, económicos y políticos específicos. Pero su crecimiento forma parte de una crisis nacional de los partidos tradicionales, del deterioro de las condiciones materiales y de la creciente desconfianza hacia las instituciones.

Al mismo tiempo, la respuesta también tiene una dimensión nacional. En la sociedad alemana hay tendencias contradictorias que avanzan simultáneamente; una parte del electorado deposita su descontento en AfD, mientras otra parte responde mediante la movilización contra esa misma fuerza.

Sería insuficiente explicar el crecimiento de AfD exclusivamente por la xenofobia o por un giro de millones de personas hacia posiciones “fascistas”. La extrema derecha consigue canalizar el descontento que surge de bases materiales como la pérdida de poder adquisitivo, la precarización, la incertidumbre económica, la crisis de sectores industriales y el militarismo.

No obstante, no cuestionan las relaciones sociales que producen el malestar y, por el contrario, son defensores acérrimos del orden capitalista explotador. Simplemente lo redireccionan. Señalan a los migrantes, a las minorías, a las políticas ambientales o a determinados sectores de las instituciones como responsables de problemas que tienen raíces mucho más profundas.

Después de las elecciones, una parte importante de la discusión política se concentró en impedir que lleguen a formar gobierno. El “cordón sanitario” continúa siendo defendido por los principales partidos. Ninguna de las fuerzas parlamentarias, salvo las posiciones ambiguas del BSW, está dispuesta formalmente a integrar un gobierno con AfD. Pero el aislamiento institucional no modifica las condiciones sociales que le permitieron crecer.

Existe además otro peligro. Para competir con AfD, los partidos tradicionales comienzan a adoptar partes de su agenda. Restricciones a la inmigración, endurecimiento de las políticas de seguridad y discursos cada vez más nacionalistas terminan imponiéndose como el marco de discusión. Así que, la cuestión decisiva no es solamente si consiguen sentarse en el gobierno, es si consiguen transformar su crecimiento electoral en movilización social y en una modificación duradera de la agenda política.

Las movilizaciones actuales colocan también una discusión específica: la exigencia de prohibir AfD. La demanda aparece con fuerza en las protestas y expresa la preocupación de sectores de la sociedad ante el avance de una organización de extrema derecha con claro guiños hacia el pasado nazi. En todo caso, la cuestión no puede resolverse simplemente mediante una medida administrativa. Si las condiciones sociales que producen el descontento permanecen intactas, el problema no desaparece porque una organización sea prohibida. Las ideas reaccionarias pueden agruparse bajo otras formas políticas y continuar encontrando una base social.

Por eso, la movilización contra AfD tiene una enorme importancia. La calle puede constituir un punto de partida para una respuesta democrática y antifascista, pero necesita avanzar hacia una disputa anticapitalista. La lucha contra la extrema derecha debe estar vinculada con la lucha contra la precarización laboral, los recortes al sistema de salud y educación pública, la desigualdad y el militarismo.

La principal enseñanza política de este fin de semana es que el descontento social no tiene un destino predeterminado. Puede ser canalizado por la extrema derecha hacia el nacionalismo, el racismo y el autoritarismo. Pero también puede convertirse en organización y lucha colectiva. La extrema derecha intenta ofrecer una salida reaccionaria a ese malestar.

La respuesta desde la izquierda no puede ser defender el mismo orden que produjo la frustración y pedir simplemente que se vote contra AfD. Necesita construir una alternativa propia. La sociedad alemana es un cuerpo vivo, no está congelada en el resultado de una elección. Se mueve, responde, se polariza y busca diferentes salidas frente a una crisis que todavía no encuentra resolución.

El avance de AfD es real. No existe ninguna razón para subestimarlo. Pero tampoco existe fundamento para transformar ese resultado en una “derrota histórica”, de eso dan cuenta las 150.000 personas salieron a las calles en unas veinte ciudades. AfD se enfrenta a una sociedad que no solamente votó, sino que también está dispuesta a movilizarse contra su avance.

Las urnas mostraron hasta dónde logró llegar la extrema derecha; las calles comenzaron a mostrar que ese avance encuentra resistencia. Pero para que esa resistencia sea capaz de derrotar políticamente a AfD no alcanza con defender el viejo orden contra la derecha. Hace falta construir una alternativa capaz de disputar el descontento social y enfrentar las condiciones materiales que alimentan la reacción.

La pelea contra la extrema derecha es, en última instancia, una pelea por quién organiza políticamente una salida para la crisis. AfD ofrece nacionalismo, xenofobia y autoritarismo. Frente a ello, la respuesta debe ser organización de sectores trabajadores y la juventud, solidaridad internacionalista y lucha contra el capitalismo. El resultado de Sajonia-Anhalt no cerró esta disputa. La movilización que le siguió demuestra que, en Alemania, la pelea recién comienza.

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