En el final del "merkelismo"

Alemania: El SPD gana ajustado en una elección inesperada

En una elección atípica, los socialdemócratas encabezan los comicios, tan sólo un 1,6% por delante del partido de Merkel. Las negociaciones para formar una nueva coalición de gobierno se anticipan difíciles (y largas).



Finalmente, nada de lo que se esperaba sucedió en Alemania. Los demócrata – cristianos (CDU, partido de Merlkel) han sufrido el desplome electoral más grande de su historia, haciendo la peor elección desde su fundación (24,1%). Levantándose de su tumba aparece el SPD (socialdemócratas), que no ganaba una elección desde hace casi 20 años, conquistando el 25,7%.

Por detrás aparecen el Partido Verde (14,8%) y los liberales del FDP (11,5%) que deberán inclinar la balanza hacia uno de los partidos mayoritarios para conformar gobierno. La formación de ideología neofascista Alternativa para Alemania (AfD) perdió votos con respecto al 2017, pero se mantuvo en el 10% y tendrá parlamentarios. Die Linke («La izquierda»), partido socialista – reformista que proviene del estalinismo, hizo una pésima elección y podría quedarse sin diputados.

La elección estuvo cruzada por la salida de Angela Merkel (Canciller durante los últimos 16 años) de la escena política. Por tratarse de la potencia que comanda la Unión Europea, el proceso electoral fue seguido desde todo el mundo. Tras los inesperados resultados, comienza la carrera de negociaciones para conformar la nueva coalición de gobierno.

Sin mayorías claras

Hace algunos días, señalábamos que el favorito para suceder a Merkel no sería quien presentara las propuestas más originales o disruptivas, sino quien lograra postularse como el continuador de la política general de Merkel. Y en la Alemania de hoy «merkelismo» significa principalmente «estabilidad». Tras el sacudón de la pandemia, con una crisis económica que hace estragos en el mundo y la amenaza climática cada vez más presente, el principal deseo del electorado alemán parece ser no perder lo que ya tiene.

Quien mejor supo capitalizar este sentimiento ha sido Olaf Scholz, el candidato socialdemócrata. Con una campaña gris, rutinaria y prolija, el referente del SPD logró presentarse como la alternativa «continuista» del merkelismo. Es cierto que recibió ayuda de sus adversarios. Armin Laschet, candidato de la CDU, vio desplomarse su intención de voto luego de ser grabado riéndose a carcajadas en medio de un homenaje a las víctimas de la última inundación sufrida por el país teutón. Anna Baerbock (verde) quedó eliminada de la carrera por la Cancillería luego de escándalos mediáticos que incluyeron ingresos no declarados de su partido y fraude académico.

El 25% que logró el SPD puede no parecer un guarismo alto, pero es una victoria histórica (la CDU había ganado todas las elecciones desde 2005) y un verdadero batacazo. Cuatro meses atrás, se proyectaba que el SPD terminara cuarto, por detrás de la CDU, los verdes y los liberales. Campaña de por medio, el panorama es otro. Aunque la diferencia entre el SPD y la CDU es mínima (1,6%), el primero sale de la elección como ganador y contará con mayor legitimidad pública para negociar la próxima coalición. A menos de 24 horas de la elección, la opinión pública ya comienza a volcarse en favor de Scholz. Según las primeras encuestas, un 54% de la población prefiere una coalición SPD – Verdes – Liberales, y tán sólo un 33% quiere una en la que participe la CDU.

Aún así, la coalición depende de los escaños obtenidos, y la posibilidad de una coalición liderada por la CDU (+ verdes + liberales) existe. Pero dependerá de que la CDU y los liberales (más cercanos a la CDU que al SPD) traccionen a los verdes. Por el momento, este parece el escenario más improbable, ya que el Partido Verde posee más coincidencias con el SPD que con la CDU y los liberales (principalmente en lo que atañe al déficit fiscal).

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Las negociaciones por la nueva coalición tomarán, como mínimo, varios meses. No se discutirán solamente las siglas de la alianza sino el reparto de las principales carteras de gobierno. El SPD deberá maniobrar para dejar contentos a todos. Por un lado, los verdes prometieron una inversión de 30 mil millones en soluciones ecológicas y salen fortalecidos de la elección. Por el otro, los liberales apuestan a intensificar las recetas neoliberales en la política económica alemana. Su candidato, Lindner, apuesta a ser Ministro de Finanzas del nuevo gobierno.

Una nueva situación política

La CDU, ala centroderechista del bipartidismo alemán, ha sufrido un desplome histórico (-8,8%) en favor del SPD, su par de centro – izquierda (+5,2). El SPD, sin embargo, ha dejado toda veleidad reformista hace más de un siglo, y es un partido neoliberal del establishment capitalista europeo. Por esto, no se espera que un gobierno liderado por los socialdemócratas cambie en lo esencial la política económica que Alemania ha llevado adelante bajo Merkel.

Parte de los votos perdidos por la CDU se los llevan también los liberales (+0,8%) y el Partido Verde (+5,9%), que aparece como el otro gran ganador de la elección. Si bien perdieron la posibilidad de encabezar la coalición en el transcurso de la campaña, los verdes salen muy fortalecidos de la elección al haber logrado capitalizar la preocupación por el problema ecológico. El voto verde tuvo un componente mayormente joven y se vio aumentado en los centros urbanos, como Berlín, donde los ecologistas alcanzaron el segundo puesto con el 18,9%.

Aunque el Partido Verde es una formación «progresista» tibia, su buena elección refleja un fenómeno progresivo: la entrada en escena del cada vez más fuerte movimiento social ecologista alemán, que tuvo también una expresión callejera en los últimos días. Sin embargo, para evitar el desastre ecológico que amenaza a Alemania (y al planeta) no alcanza con aumentar el déficit fiscal en algunos puntos ni con adecuarse a los escasos parámetros del Acuerdo de París. Para eso sería necesario avanzar en un cuestionamiento del modo de producción capitalista, el principal responsable del cambio climático.

Consolidación institucional de la ultraderecha y desplome de la izquierda post – estalinista

En quinto lugar se asoma la AfD («Alternativa para Alemania), una formación ultraderechista que incluye militancia ideológicamente neonazi y viene avanzando posiciones en los últimos años. Si bien perdió 2,6% con respecto a 2017, la AfD ha logrado consagrar parlamentarios por segunda vez consecutiva. Es un suceso inédito para las formaciones de ultraderecha alemanas desde 1945.

Por la condena histórica hacia el holocausto nazi, en el país teutón se mantiene una tradición de rechazo institucional hacia los sectores neofascistas. Una de ellas es el «cordón sanitario», un acuerdo de los partidos del régimen para no conformar coaliciones de gobierno con los derechistas. Esto deja a AfD fuera de la carrera por el gobierno. Sin embargo, la consolidación parlamentaria de los ultraderechistas contribuye a «normalizarlos» como parte de la democracia alemana. En la medida que permanezca dentro del parlamento, AfD tendrá la posibilidad de avanzar electoralmente y convertirse en una amenaza real.

En último lugar y haciendo una elección lamentable aparece Die Linke. Perdiendo el 4,3% de sus votos respecto de 2017, la fusión reformista de ex estalinistas con una ruptura de la socialdemocracia ha hecho la peor elección de su historia. Con menos del 5%, apenas competirá por conservar su representación dentro del Bundestag. Conserva importancia en el Este del país (región que gobernó hasta la caída del Muro de Berlín) y en algunas ciudades grandes (como Berlín).

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Pero se trata de un golpe histórico para Die Linke. Sale derrotado de una campaña en la que la CDU agitó el fantasma del comunismo (literalmente) para desplazarlos de la carrera por la coalición. Mientras la ultraderecha se consolida dentro del Parlamento, a Die Linke parece quedarle cada vez menos vitalidad. Son las consecuencias de tres décadas de adaptación al capitalismo alemán y de gobernar territorios sin aplicar ningún tipo de reforma en favor de los trabajadores y los sectores populares.

Los reclamos sociales comienzan a abrirse paso

El mismo domingo de las elecciones, se votó en Berlín un referéndum no vinculante. La consigna: ¿debe el Estado expropiar a los grandes especuladores inmobiliarios (aquellos que poseen más de 3.000 propiedades) para poner 240.000 viviendas a disposición de la población? El resultado: un rotundo «sí». El voto positivo llegó al 56,45 y superó en más de 20 puntos al «no», que rondó el 33%.

Se trata de un hecho profundamente progresivo. La problemática del acceso a la vivienda es un problema de primer orden en Alemania (especialmente en Berlín, una ciudad ultra – cosmopolita). El tema ha tomado ribetes trágicos a lo largo de los últimos años en Europa, con desalojos masivos luego de estallar la crisis económica del 2008.

Aunque el referéndum es no vinculante, el nuevo gobierno berlinense (encabezado por el SPD y seguido por los verdes y Die Linke) deberá hacerse cargo de este mandato social. Sin embargo, sólo Die Linke se ha pronunciado a favor de la expropiación. El SPD se ha pronunciado en contra y la ha puesto en cuestión jurídicamente (aunque la Constitución alemana permite la expropiación con fines de interés social). Los verdes han dicho que expropiar debe ser «la última opción».

Dos días antes, se realizó en las puertas del Reichstag alemán la marcha de la Huelga Mundial por el Clima. Fue una de las movilizaciones más multitudinarias que de una serie que recorrió el planeta para exigir el cese de la destrucción del medio ambiente. Encabezada por la activista Greta Thunberg, la movilización en Berlín reunión a alrededor de 100.000 personas, en su mayoría jóvenes.

Estas movilizaciones son parte de un fenómeno global, pero que toma especial dimensión en Alemania. Es que, con las inundaciones de los últimos meses, el problema climático ha pasado a primer plano en Europa. Hechos como este son testimonio de la destrucción ecocida que el capitalismo efectúa sobre el planeta. Pero las movilizaciones que ocuparon Berlín expresan un fenómeno progresivo que se esparce por abajo en la sociedad alemana. El ecologismo suma adeptos de a miles entre los jóvenes, y el paso hacia la movilización marca una ruptura con el rutinarismo de las últimas elecciones que, más allá de las sorpresas, no han entusiasmado a nadie.

El proyecto de expropiación de las viviendas ociosas y el movimiento ecologista expresan que hay fuerzas vivas en la sociedad alemana capaces de modificar el curso de los hechos, de cuestionar el status quo neoliberal que, a pesar de su estabilidad, viene desgastándose en la potencia europea tras más de 10 años de crisis económica internacional. En el desarrollo de estos movimientos sociales puede radicar una salida a los problemas reales de los sectores populares alemanes. Una salida que la política parlamentaria alemana, con su show de acuerdos y coaliciones, no parece dispuesta a proporcionar.

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