En primer lugar, el Jefe de Gabinete declaró que tuvo medio millón de dólares en bitcoins almacenados en un pendrive desde hace más de una década. Palabras más, palabras menos, confesó ante todo el país que es un evasor a mucha honra.
A sabiendas de que esta versión sería cuestionada al primer instante y, para “justificar” porque no reportó el medio millón de dólares al fisco, declaró en una entrevista que guardó el pendrive porque es un «coleccionista de computadoras y cosas viejas. Más allá de que la ganancia era importante, me lo guardé como un trofeo”.
Junto con esto, Adorni se acogió a la reforma de la Ley 27.799 (más conocida como de Inocencia Fiscal) hace unos días. En otra nota se señaló cómo la modificación de la este ley era un regalo a los evasores en general, con un agregado en particular claramente destinado a ayudar a Manuel Adorni. El apartado que protege las operaciones realizadas en efectivo blinda estas operaciones de la inspección de ARCA.
De hecho, Adorni solicitó su inscripción al régimen simplificado de ganancias al día siguiente de que se aprobó la reforma, con el fin de salir impune por las acusaciones de lavado de dinero y enriquecimiento ilícito en su contra y de su esposa. Recordemos que está bajo investigación por el pago de sumas exorbitantes de dinero en efectivo, justamente para la compra y reparaciones de casas y apartamentos. Por ejemplo, compró una casa en Indio Cua, por la que pagó $120.000 dólares en efectivo en la compra, más otros $245.000 dólares en efectivo en remodelaciones”.
No es casualidad que el gobierno salgo con los caballitos de batalla durante la misma semana en la que empieza el Mundial. Desde Casa Rosada tienen la esperanza de que los ojos de las masas se desvíen del bochornoso escándalo de corrupción que atraviesa el Jefe de gabinete. Además, aprovecharon que los rectores traicionaron la lucha por la implementación de la Ley de Financiamiento Universitario, con lo cual el gobierno ganó una tregua de un conflicto que contaba con amplio apoyo en la sociedad.
Aprovechando esta brecha, el gobierno inventó un relato y aprovechó la reforma a la Ley de Inocencia Fiscal para tratar de salvar a Adorni de la acusación de enriquecimiento ilícito y lavado de dinero.
La defensa de Adorni es que él sí evadió al fisco, pero no robó. Nunca hizo plata del Estado, sino que los cientos de miles de dólares que se le descubrieron provienen de su “trabajo” en el privado (específicamente, de sus inversiones en bitcoin). Por supuesto, a ojos vista se trata de una defensa que tiene lagunas por todos lados.
No es ninguna novedad que los miembros del gobierno se enriquezcan con la plata del Estado, los ejemplos sobran. Los capitalistas no solo le roban al trabajador de forma particular en cada lugar de trabajo, sino que buscan exprimir con impuestos redoblados– mientras se hacen de las mil y una trampas para evadir el fisco– hasta la última gota de la riqueza social producida por los trabajadores.
Mientras para los de arriba se habilitan toda clase de favores y exoneraciones fiscales, para los de abajo solo hay más cargas tributarias (como el “impuesto a las ganancias”), al tiempo que todos vemos cómo la educación y la salud pública se caen a pedazos. El gobierno de Milei se apoyó en esta realidad para hacer campaña: en sus discursos contra la casta y el Estado, los impuestos eran calificados de robo.
La corrupción del gobierno libertario es tan alevosa que se vuelve vulgar, como lo es la “trama” que están inventando para encubrir a Adorni. Detrás de los discursos contra la casta y los impuestos aparece una realidad que no es excepción, sino regla del Estado burgués: los funcionarios del gobierno se enriquecen mientras las grandes mayorías enfrentan salarios pulverizados, tarifazos y un deterioro constante de sus condiciones de vida.
La indignación se viene expresando en los cacerolazos frente a la casa de Adorni en el barrio de Caballito o en las marchas educativas en que se exigía su renuncia, ya que su caso es un ejemplo de cómo por arriba se “hacen la América”, mientras por abajo no se llega a fin de mes. El gobierno podrá querer ocultar el sol con la mano, pero todo el mundo sabe que no fue su “trabajo en el privado” lo que infló las cuentas de Adorni.




