Acto de CFK del 25 de mayo: un discurso «progresista» para la continuidad del ajuste de Massa y el FMI

No hubo definiciones electorales, volvió a centrarse en polarizar con la derecha a través de reivindicar el período 2003-2015, y estableció algunos lineamientos sobre cómo debería ser un eventual próximo gobierno, pero sin ofrecer una política para llevarlo adelante.

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Hace minutos terminó el acto por el 25 de mayo que encabezó como única oradora la vicepresidenta Cristina Fernández. Como habíamos adelantado desde este portal, las expectativas respecto al discurso quedaron desfasadas con la realidad: no hubo definiciones electorales, volvió a centrarse en polarizar con la derecha a través de reivindicar el período 2003-2015, y estableció algunos lineamientos sobre cómo debería ser un eventual próximo gobierno, pero sin ofrecer una política para llevarlo adelante.

Se trata de un discurso que dejó la sensación de haber sido escuchado ya varias veces, sin grandes novedades. Teniendo en cuenta las expectativas generadas, fue toda una confesión de una corriente política acorralada por sus propios límites.

El discurso arrancó con una larga reivindicación de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner buscando polarizar con la derecha, tanto con la situación de los ’90 como con el gobierno de Macri, guiños a Milei inclusive. Es la táctica que ha ya había utilizado cuando habló a principios de este mes en el Teatro Argentino de La Plata.

De toda esa larga descripción histórica hubo una ausencia total del período 2019-2023, como si el gobierno encabezado por el candidato que ella puso, de la cual ella es vicepresidente y del que su espacio político ocupa Ministerios y decenas de áreas de gobierno no deberían ser tomados en cuenta bajo la excusa de la «herencia» de Macri y el FMI.

Pero lo primero que hizo el gobierno de Alberto y CFK cuando retornó el peronismo al poder fue ratificar el acuerdo firmado por Macri, cumplir con todas las obligaciones y pagar dólar por dólar, acuerdo renegociado varias veces sólo por la sencilla razón de que era impagable, pero de ninguna manera cuestionando su naturaleza de ajuste y sumisión del país. Esa es la gran «herencia» histórica que deja este gobierno, que Cristina se empeña en silenciar.

Sólo una vez defendió de manera explícita a su actual gobierno, pero para hacerlo tuvo que bajar la vara al nivel que ella misma considera como desastroso: comparándolo con el gobierno de Macri. «No tengo dudas que este gobierno fue mejor que un eventual segundo gobierno de Macri», dijo. No es mucho.

Cuando en vez de hablar del pasado le tocó hablar del futuro, los calificativos fuertes fueron reemplazados por las definiciones generales y la reivindicación de los gobiernos pasó a ser reemplazada, otra vez, por nebulosos llamados a «salir a militar» (¿qué y a quién?).

Si hay que destacar algunos de esos lineamientos generales, el principal quizás sea el llamado a que el próximo gobierno haga un nuevo acuerdo con el Fondo -algo que de todos modos era de cajón, porque este acuerdo fracasó otra vez. Es llamativo que ahora se plantee ponerse firme en la negociación con el Fondo, que era exactamente lo que se decía que se iba a hacer durante la campaña electoral de 2019. No hubo ningún balance de estos 4 años de ajuste de la cual el kirchnerismo fue parte. Además, habría que preguntarse quién sería el encargado de esa renegociación: ¿Massa?

Otra definición: la necesidad de investigar la deuda. El kirchnerismo ha reivindicado una y otra vez su condición de «pagador serial», y luego de años de denunciar que el acuerdo con el FMI estuvo diseñado a medida de Macri para ganar las elecciones -hoy eso se volvió a repetir- sin embargo lo han mantenido, lo han pagado, y las sucesivas renegociaciones solo han aumentado las exigencias de ajuste al pueblo cuanto más se recrudeció la crisis.

¿Qué es entonces lo que habría que «investigar»? Está claro que el préstamo del Fondo a Macri fue para financiar la fuga de capitales y para permitirle llegar a las elecciones. La deuda es un fraude absoluto. La «investigación» es un fuego artificial para no decir lo que verdaderamente hay que hacer: romper con el Fondo y desconocer la deuda.

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