A un mes de asumir, Boric hace gestos hacia el empresariado

Los primeros discursos del flamante presidente chileno y su reciente visita a la Argentina estuvieron marcados centralmente por la moderación política.

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Boric

Expectativas vs. realidad. A días de cumplir un mes como Presidente de Chile, Gabriel Boric se concentra en dejar bien claro qué es y qué no es el nuevo gobierno que él encabeza. No precisamente frente a sus votantes, sino sobre todo frente a la burguesía chilena y latinoamericana.

Sus primeros discursos y su reciente visita a la Argentina estuvieron marcados centralmente por la moderación política. Y fue bien recibida por el establishment que tenía sus reservas frente a un Presidente que llega al poder en el marco de un país cuestionado hasta sus cimientos por el histórico proceso de movilizaciones de 2019.

«Los empresarios que están aquí saben que en economía y en política hay que ser firmes, pero también flexibles». La frase resonó en el Salón Libertador de la Cancillería, frente a un auditorio compuesto principalmente por empresarios. Entre los asistentes se encontraban muchos de los cabecillas de las principales empresas argentinas, pero también una comitiva que acompañó a Boric en su visita diplomática.

No casualmente, frente a semejante auditorio el mandatorio chileno eligió hablar bien del pragmatismo político. Pero fue más allá y no escatimó en referencias a la «responsabilidad fiscal» y la «certidumbre» necesaria para el buen funcionamiento de la economía. Dos de los eufemismos favoritos de los gobiernos para justificar su sumisión hacia la clase capitalista.

Entre sus oyentes había representantes de firmas como Techint, Globant, YPF y Mastellone, así como de las principales cámaras empresarias: AEA, CAME y UIA. Lo más granado de la burguesía argentina.

Los medios de comunicación del establishment rápidamente comenzaron a destacar la actitud moderada de Boric, aprovechando la volteada para pegarle a Fernández por su supuesta sumisión a la también supuesta intransigencia kirchnerista.

Clarín se encargó de destacar que para Boric «la responsabilidad fiscal no es sólo una cuestión de la derecha». Así como levantó sus declaraciones sobre el conflicto mapuche, en el que se posicionó claramente bajo la consigna «ni independencia ni secesión».

La Nación aprovechó para pegarle a Fernández, destacando las «diferencias» entre los mandatarios sobre Venezuela y Nicaragua. Infobae aprovechó para resaltar el pedido de Boric a Alberto Fernández sobre la extradición del ex-guerrillero Apablaza. Además, el medio argentino le preguntó al mandatario sobre Vladimir Putin, a quien Boric calificó de «autócrata». 

Estos gestos de Boric al empresariado y el establishment político se combinan, por supuesto, con sus gestos progresistas. A pesar de que se prepara para gobernar respetando al pie de la letra las reglas de juego capitalista, no deja de ser un presidente catapultado al cargo por la fuerza de la rebelión popular. Lo que le suma presiones políticas desde abajo para satisfacer las demandas populares y las causas progresivas. Claro que, aunque Boric trate de vestirse de pragmático, hay límites. No se puede quedar bien con todos. De eso seguramente algo habrán hablado con Alberto Fernández, que lo está viviendo en carne propia.

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