El duro golpe que la movilización independiente le dio el 6 de agosto terminó de quebrar la relación del gobierno con la sociedad y abrió una nueva coyuntura. Predomina en la situación un fuerte malestar, la incertidumbre sobre la capacidad de encauzar la situación -y con qué herramientas-, y una duda muy grande sobre la posibilidad de que Milei sea reelecto el año próximo.
Se instaló un enorme signo de interrogación sobre el futuro, que obliga a todos los actores a moverse para no quedar por detrás de los desarrollos.
Si bien el día miércoles 26/8 el gobierno logró darle media sanción a la reforma de la Carta Orgánica del BCRA y la Ley de Inocencia Fiscal II, es poco seguro que alcance para parar la sangría. En ese marco, es pertinente la pregunta ¿hay posibilidades de que se abra una crisis política?
Sobran los motivos
“Hay un momento exacto en el que el pasado se cruza con el futuro. Es el punto de inflexión en el que el reloj de arena se da vuelta y la sociedad empieza a mirar al Gobierno con el prisma de la próxima elección. Lo mismo hace cada uno de los actores sociales en particular: inversores, empresarios, sindicatos, oposición. Nombres que asoman, aliados que se desvanecen y alianzas que se gestan. El dólar, los vencimientos, el riesgo país y demás factores que aparecen invisibles en tiempos de calma electoral vuelven a escena y las jugadas preventivas del equipo económico se mueven en esa línea. Ese momento ya llegó.” (José del Río, La Nación, 16/8/26)
Probablemente el dato más notorio del cambio de coyuntura es el estado de ánimo en una parte cada vez mayor de la sociedad: el odio hacia el gobierno, y a Milei en particular. “Quiero que este tipo se vaya ya”, “no podemos estar un día más así”, “nunca vivimos peor”, son frases que surgen más o menos intempestivamente en casi cualquier ámbito de conversación. La sensación de vivir mal y sin expectativas de revertirlo -que en muchas ocasiones se manifiesta como agobio, desesperanza o desmoralización-, hoy adquiere un tono más activo.
Este sentimiento se ancla en premisas materiales muy contundentes: una economía que no contiene al conjunto de la población y un plan económico que no termina de convencer al conjunto de la burguesía.
Según consigna Carlos Pagni, las principales preocupaciones de la población son los bajos salarios y el desempleo. Esto revela también que más del 70% de los encuestados enfrentan dificultades económicas para llegar a fin de mes, mientras que casi la mitad de ellos directamente no llegan. La inflación, aun manteniéndose muy alta, dio paso a la preocupación por la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, el aumento de los servicios públicos y el endeudamiento familiar. Mientras los salarios cayeron un 10% en promedio desde que asumió Milei (según datos del Indec), los servicios públicos en peromdio pasaron de ocupar el 6 al 15% de los gastos. En esta combinación de caída salarial y aumento de tarifas se cuela uno de los graves problemas del momento: el endeudamiento y la mora.
Según el reporte Latam Pulse de AtlasIntel y Bloomberg de julio de este año (previo a a la movilización a Congreso contra la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada), la evaluación de la situación económica del país era mala para el 70% de los encuestados, y la desaprobación a Milei alcanzaba el 62,4%. Así, aparecen datos y datos y más datos que concluyen en el mismo lugar: el gobierno pierde apoyo y confianza a niveles para ellos preocupantes.
Frente a la pendiente en la que se encuentra, Milei tiene por receta reafirmar el rumbo de manera brutal: niega el endeudamiento como problema político, el desempleo y la caída del consumo; manipula los datos de inflación para que se ajusten a sus vaticinios previos, ataca al movimiento feminista, insulta a periodistas, empresarios y opositores en foros donde es invitado o durante largas horas en Twitter. Estos “gestos” que en otro contexto eran interpretados como muestras de autoridad, hoy son factores que aumentan la desconexión social, polarizan a la sociedad y ahondan la distancia entre las partes. Menos 10 mil de aura, dirían les pibis.
Llegado este punto es donde se arma una potencial encrucijada: si bien hay un esfuerzo de todos los actores del sistema político por encauzar electoralmente una situación social compleja, el calendario marca que aún falta un largo año, y no es de descartar que elementos de crisis social eventualmente explosivos puedan tallar. En este sentido, cobra relevancia la convocatoria de la oposición para el 9 de septiembre: la presión social generó que un amplio arco político convoque a una sesión especial para emplazar a las Comisiones de Diputados a tratar los proyectos sobre endeudamiento y la prórroga de la Ley de Emergencia en Discapacidad. Son dos temas de extrema sensibilidad y el dato político es que entre los convocantes hay sectores habitualmente aliados del gobierno. Si bien la mecánica institucional indica que los proyectos deben ir a Comisiones para obtener dictamen y luego volver al recinto (sería a principios de octubre), es evidente que la dinámica parlamentaria podría ser absolutamente adversa para el gobierno durante todo ese mes, pero fundamentalmente puede ser la hendija por donde se cuele el malestar social.
En suma: hay odio social, números que no cierran, dudas en el establishment, pérdida de aliados, actores económicos que frenan sus inversiones y datos macroeconómicos que se mueven en sentido negativo… ¿Estamos a las puertas de una crisis política?
El cruce de ese umbral no depende solo de los malos números que acumule el gobierno. Se produce cuando las dificultades para gobernar comienzan a afectar la relación entre el gobierno, sus aliados, las instituciones y las clases dominantes, y cuando además aparece una intervención activa de las masas que desborda los mecanismos normales de contención.
Recordemos que frente al caso Adorni, Milei lo sostuvo durante casi 4 largos meses de desgaste. Finalmente, lo soltó cuando luego de algunos reclamos de Bullrich, pero fundamentalmente cuando peligraba la agenda del Congreso y se planteaba la imposibilidad de sesionar. En ese momento, el gobierno vio el abismo y retrocedió.
Finalmente, para sumar incertidumbre, dejemos apuntado que la dinámica del gobierno no responde sólo a cuestiones domésticas, sino que está imbricada en una situación internacional extremadamente compleja e indefinida. Hay en el horizonte dos elecciones de importancia trascendental: la de Brasil el 4 de octubre (con eventual balotaje el 25 del mismo mes) y las de medio término en Estados Unidos el 3 de noviembre. El fuerte alineamiento de Milei con Trump y Bolsonaro (y con Netanyahu, en Israel también hay elecciones parlamentarias el 27 de octubre) puede funcionar como punto de apoyo o como salvavidas de plomo, según sean los resultados.
La bomba de tiempo del endeudamiento y una única solución de fondo
Para medir los posibles desarrollos hay que mirar dónde se expresa materialmente el deterioro social. Y allí aparece uno de los problemas más explosivos: el endeudamiento de los hogares y la mora se convirtieron en una catástrofe social. Lejos de “los televisores que se compran para ver el Mundial y después no se pagan”, o por algún virtuoso proceso de inversión o compra de bienes durables, es un problema vinculado a la crisis económica y el deterioro salarial de la Argentina en los últimos 10 años. Sumemos la desregulación de las tasas de interés llevada adelante por el gobierno, que habilita a que cada banco ponga las condiciones de cobro e impide los topes a los intereses punitorios. El resultado de este combo es una crisis social que alcanza los 55 mil millones de dólares de deuda personal. Los trabajadores (formales, despedidos, precarizados o de la categoría que sean) recurren a préstamos para la “lucha por la subsistencia” cotidiana que plantea este gobierno antiobrero. Mientras tanto, los bancos y fintech se llenaron los bolsillos.
En función de su tratamiento parlamentario, la discusión sobre la solución a este problema adquiere una relevancia de primer orden.
Las respuestas a este fenómeno son diferentes de acuerdo al ángulo de clase con el que se lo encare. El gobierno comenzó afirmando que se trata de un “acuerdo entre privados” y que nadie “les puso una pistola en la cabeza” a los endeudados, como si fuera una relación de igualdad entre un poderoso banco multinacional y un trabajador con un sueldo promedio. Ni hablar en el caso de quienes recurren a billeteras virtuales con tasas ultra usurarias, cuando no a prestamistas informales. Ya las últimas declaraciones recurren al absurdo de que los trabajadores serían quienes estafan a las empresas al comprar televisores que después no pagan porque la Selección no ganó el Mundial. En este terreno, el mecanismo de la negación sólo puede empeorar los problemas.
Por otro lado, en el Congreso Nacional fueron presentados alrededor de 48 proyectos de ley para encarar el alivio de la mora por consumo por un amplio rango de fuerzas políticas, que van desde los radicales hasta el FITU pasando por las variantes del peronismo y ex PRO. En general, proponen una serie de medidas para mitigar la situación: refinanciaciones, topes máximos al porcentaje de ingresos familiares que se destinen al pago de cuotas, regulación de las tasas de intereses compensatorios y punitorios, préstamos de Anses para renegociar con los privados, etc. Sin embargo, aliviar no es resolver, y mucho menos castigar a los responsables. Nos oponemos al salvataje de los sectores que especularon con las tasas usuarias o en estatizar parte de la estafa como propone el peronismo.
Desde el Nuevo MAS entendemos que para resolver este grave problema social, hay que afectar los intereses de los ganadores y usureros. Nuestro diagnóstico parte de que “el gobierno de Milei está privatizando la deuda pública, a manos de los trabajadores. Todos aquellos gastos sociales, de salario indirecto, que estaban a cargo del estado, Milei los puso sobre las espaldas de los trabajadores. Como la economía está parada, las empresas despiden y el gobierno pisa las paritarias, todo ese gasto público que Milei recortó y le pasó la factura a la población, se pagó con endeudamiento de las familias. Créditos para comprar comida, para pagar la luz, para no quedarse sin prepaga. Y como las tasas de interés son usurarias, este proceso de ‘privatización’ de la deuda pública se hizo con súper ganancias para los bancos y para las fintech”.
La población trabajadora no puede seguir pagando la cuenta de la crisis, por lo que proponemos un “no pago soberano” que subsane parte de esta brutal transferencia de ingresos: condonar de manera generalizada todas las deudas de los trabajadores con ingresos menores a dos canastas básicas (hoy en $4.800.372, de acuerdo a estimaciones de trabajadores de ATE INDEC). Que los bancos y fintech se hagan cargo con las inmensas ganancias que amasaron los últimos años, y que en el caso que no lo pueden afrontar, la empresa será estatizada bajo control de sus trabajadores y usuarios, respetando los depósitos de los trabajadores y pequeños ahorristas.
La gravedad de la situación amerita soluciones de fondo, y solamente pueden ser anticapitalistas.
Milei no se aguanta más
Con este trasfondo, hay que trabajar activamente, sin depositar un gramo de confianza en el Parlamento, para que la sesión del 9 se realice y sea acompañada por una gran movilización social. La experiencia indica que los problemas sociales que trascienden al plano político son los que inclinan la balanza a nuestro favor y golpean con más fuerza al gobierno. Es el caso de las movilizaciones frente a la Ley de Financiamiento Universitario, el Garrahan, la Ley de inviolabilidad de la Propiedad Privada, entre otras.
El peronismo, si quisiera ser consecuente, debería acompañar con un paro general de la CGT y las CTAs que logre quebrar definitivamente al gobierno. No quieren, por eso hay que imponérselo. Los trabajadores solamente podemos confiar en nuestras propias fuerzas.
Este marco es propicio para avanzar en la unidad de la izquierda alrededor de eventos reales de la lucha de clases. Mientras el PTS de Myriam Bregman, acompañado por el MST, convocan para el 19 de septiembre, la dinámica política nos impone impulsar con todas nuestras fuerzas y de manera unitaria la jornada del 9 bajo criterios de independencia de clase. Reafirmamos el llamado a la unidad de la izquierda como alternativa para contener a millones en el marco del grave deterioro del gobierno y a la imposibilidad del peronismo.
Para fortalecer esa perspectiva es que la juventud anticapitalista del ¡Ya Basta! realizará su II Plenario Nacional el 19 de septiembre en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Ante la eventualidad de una crisis política, es un evento que cobra mucha relevancia como factor organizador de más amplios sectores de jóvenes y trabajadores en la perspectiva de pelear por la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario, derrotar al gobierno de Milei y construir un partido revolucionario anticapitalista y socialista frente a los desafíos que plantea el país y el mundo.




