A 46 años del golpe: nuevas derechas, viejas ideas

Los "liberales" pueden aparecer como una novedad en la escena politica nacional, pero es sólo una apariencia: son los mismos fascistas de siempre reciclados bajo un discurso "libertario".

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Milei Bussi

El aniversario por los 46 años del golpe llega en un momento político mundial bastante particular. Desde el ascenso de Trump para acá, y pandemia mediante, en todo el mundo aparecieron formaciones políticas de derecha y ultraderecha. Estos sectores tienen en común que vienen a cuestionar algunos consensos democráticos que se creían ya conquistados.

Por la crisis económica y la pandemia, han encontrado un terreno desde donde radicalizar por derecha a un sector de la sociedad, principalmente a las clases medias políticamente conservadoras y reaccionarias.

Argentina no es la excepción. También en nuestro país surgen estos fenómenos de estilo «bolsonarista».

Aunque algunas de estas figuras se presentan como algo nuevo en la política nacional, lo cierto es que expresan ideas que no sólo no tienen nada de novedosas, sino que ya fueron aplicadas y sufridas, pero también resistidas por el pueblo argentino. La memoria de los crímenes de la última dictadura es una excelente oportunidad para recordarlo.

Quienes más expresan estas ideas pero maquilladas detrás de una «cara nueva» son los liberales, liderados por figuras como Javier Milei o José Luis Espert. Mientras buscan aprovechar el «fenómeno Bolsonaro» jugando a ser outsiders que no se reconocen como políticos, el carácter novedoso de estos liberales se agota rápidamente en tanto se los escucha hablar cinco minutos. Son las mismas viejas ideas del neoliberalismo rampante y el Estado represor. En muchos puntos similares a las que intentó aplicar la última dictadura.

Disfrazando sus intereses políticos de conocimiento económico técnico, Milei y Espert proponen muchas de las medidas de liberalización económica que fracasaron rotundamente con Martínez de Hoz, así como políticas fuertemente represivas.

Tal como explicábamos detalladamente en otro artículo, el Ministro de Economía de la Junta Militar eliminó decenas de regulaciones e impuestos. Por ejemplo, quitó toda regulación a las empresas extranjeras tanto para girar sus dividendos al exterior como para importar sus productos. La economía nacional se inundó de productos importados, lo que destruyó de manera catastrófica la industria nacional. El resultado fue un fuerte aumento del desempleo y la reprimarización de la economía del país.

Además, la libertad de mover capitales bajo el argumento de que de esa manera vendrían las inversiones vació de dólares al país, ya que las empresas podían cambiar libremente sus ganancias de pesos a dólares y girarlos al exterior sin regulación ni impuestos. El país quedó rápidamente en una crisis de escasez de divisas. En respuesta, la dictadura comenzó entonces con el proceso de endeudamiento más grande de la historia argentina, un problema que el país arrastra hasta hoy.

Además, la dictadura atacó los derechos de los trabajadores para «bajar los costos laborales». Eliminó los convenios colectivos y el salario mínimo. Flexibilizaron las obligaciones del empleador para con sus trabajadores. Todo para beneficio de los empresarios siempre bajo el argumento de hacerle la vida más fácil al «sector privado» y así atraer inversiones. Es exactamente el mismo discurso que repiten los liberales hoy.

No sólo en la economía, sino también en la política autoritaria estos «liberales» tienen lazos de continuidad con la dictadura. Espert es un férreo defensor de la «mano dura». Y no pierde oportunidad de pedir «bala» para los delincuentes, en un país azotado por el gátillo fácil y los abusos de las fuerzas represivas. Cuando se trata de reprimir sí que piden un «Estado presente».

Milei no se queda atrás: pide reprimir la protesta social, e incluso un legislador de su partido llamó a conformar un «Movimiento Antipiquetero», promoviendo la formación de una fuerza de choque paraestatal que recuerda a la represión clandestina de la dictadura y a los tiempos de la Triple A.

Sin ir más lejos, el propio Milei fue asesor personal del genocida Antonio Bussi en la década de los ’90, cuando el ex-militar era Diputado y sus brutales crímenes ya eran por demás conocidos por la sociedad.

Pero no son sólo similitudes, en algunos casos la reivindicación de la dictadura es explícita. Es el caso de la diputada Victoria Villaruel, autora de varios libros en el que justifica el genocidio. Lo hace replicando el argumento que usaban los militares, que sostenían que estaban «luchando contra el terrorismo».

Los «liberales» pueden aparecer como una novedad en la escena política nacional, pero como se ve, es sólo una apariencia: son los mismos fascistas de siempre reciclados bajo un discurso «libertario».

Por eso también los 24 de marzo no son sólo una fecha de memoria de lo que ocurrió en el pasado. Es una pelea política actual, para ponerle un freno al avance de estas políticas que tienen mucho en común con quienes promovieron el genocidio.

Ese es el valor histórico que tiene el hecho de que esta fecha reviente la Plaza de Mayo: una manifestación que muestra la fuerza social mayoritaria que repudia a la dictadura, sus crímenes y su plan económico anti-obrero y anti-popular. Tanto a sus ejecutores del pasado como a quienes de manera reciclada y maquillada buscan relegitimar esas ideas en la actualidad.

Si llegaste hasta acá es porque valorás que, entre tantos medios que defienden intereses capitalistas, exista un portal de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

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